<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914</id><updated>2011-04-21T21:29:59.502+02:00</updated><title type='text'>Wirda</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>58</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-115434080909187500</id><published>2006-07-31T12:04:00.000+02:00</published><updated>2006-07-31T12:13:29.110+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 3, y Capítulo 4</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La semana pasada: Vidrena anunció sus intenciones a Zetra, Jelwyn y Briana salieron de exploración por Branglyn y Garalay tuvo otra discusión familiar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;CAPÍTULO 4&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; El mal gusto en Ternoy era como una epidemia, pensó Vidrena. ¿Aquella gente nunca se cansaba del rojo y negro? Además, ¿para qué quería un vampiro una cama con dosel y cortinajes? ¿Acaso no dormían en sus féretros?&lt;br /&gt; Había una jarra sobre una cómoda. Vidrena la olió con mucho cuidado. Era vino, y no parecía contener ninguna otra sustancia. Se preguntó para qué lo utilizaría el Amo de Redlam. Para emborrachar a su comida, supuso. No había ni rastro de vaso, de modo que Vidrena bebió de la jarra. Un poco de vino se le derramó por las comisuras de la boca y tuvo que limpiárselo con la manga, a falta de otra cosa.&lt;br /&gt; -Tredac -murmuró.&lt;br /&gt; Y bebió otro sorbo. Después del día que había pasado, tenía ganas de emborracharse.&lt;br /&gt; Casi no oyó la llamada a la puerta, a pesar de que había estado esperándola.&lt;br /&gt; -Está abierto.&lt;br /&gt; El vino le había calentado el estómago y las mejillas. Sentía la piel de la cara entumecida.&lt;br /&gt; Farfel entró como esperando una emboscada.&lt;br /&gt; -Adelante, querido, siéntate y desahoga tu conciencia.&lt;br /&gt; -¿Cómo dices?&lt;br /&gt; -A eso has venido, ¿no?&lt;br /&gt; -Hay otros motivos para ir a la habitación de una dama en plena noche.&lt;br /&gt; -¿A la de tu tatarabuela? Muy halagador, pero no me lo creo.&lt;br /&gt; -Podría haber venido a matarte.&lt;br /&gt; Vidrena se rió.&lt;br /&gt; -Hazle caso a una experta, muchacho: los asesinos no llaman a la puerta -le tendió la jarra-. ¿Quieres vino?&lt;br /&gt; Él tomó la jarra y la sospesó.&lt;br /&gt; -¿Has dejado bastante para mojarme la lengua? -Vidrena respondió con una peligrosa elevación de ceja.- Señora, comprendo que pienses mal de mí...&lt;br /&gt; -La verdad es que no sé qué pensar. No te encontré en términos muy amistosos con la guarnición de aquí. Pero si he interpretado bien las poco sutiles alusiones de Alwaid, sí que eras muy buen amigo suyo.&lt;br /&gt; -Señora, no soy un traidor, si es eso lo que estás tratando de preguntarme.&lt;br /&gt; -Muy bien, Capitán Farfel, Estrella Negra o quien demonios seas. Si no eres un traidor, ¿qué eres?&lt;br /&gt; Farfel se terminó la jarra de un solo trago antes de contestar.&lt;br /&gt; -¿Me creerás si te digo que soy un espía?&lt;br /&gt; -¿Al servicio de quién?&lt;br /&gt; -¿No es evidente?&lt;br /&gt; -¿Siempre contestas a una pregunta con otra?&lt;br /&gt; -¿Y tú?&lt;br /&gt; -¿Vas a hablar antes de que amanezca? Comienza a dolerme la cabeza.&lt;br /&gt; Farfel iba a decirle que allí no amanecía nunca, pero por una vez prefirió olvidar la verdad literal. Rebañó una última gota de vino antes de contestar.&lt;br /&gt; -Jelwyn lo planeó todo. Un día le dio un ataque de patriotismo barato y decidió reconquistar Dagmar costase lo que costase. Creo que yo dije algo como: "Sería una buena idea meter un espía ahí dentro". Y él contestó: "Nos hace falta algo más que una buena idea". Y unos días después, apareció con el Plan.&lt;br /&gt; -A ver si lo adivino: uno de vosotros fingía cambiar de bando y luego se dedicaba a informar al otro de todos los movimientos del enemigo.&lt;br /&gt; -Nunca subestimes la locura de un ardiés. El plan de Jelwyn consistía nada menos que en que mis informes convencieran a Alwaid de invadir el Valle de Katerlain para capturar a todos sus habitantes, y luego tomar Dagmar desde dentro.&lt;br /&gt; -Magnífico plan. ¿Y cómo ibais a defenderla?&lt;br /&gt; -Los problemas uno a uno.&lt;br /&gt; -Bonita manera de morir.&lt;br /&gt; -Estaba funcionando hasta el incidente con Artdia Comelt. Si lo hubiera sabido antes, se lo habría contado a Jelwyn, pero había sido idea de Alwaid y a ella no le gusta compartir la gloria. Zetra se enfadó mucho cuando todo se fue al traste, y como Alwaid no había querido compartir la gloria, no pudo compartir el fracaso. Ya sabes cómo es Zetra cuando se enfada.&lt;br /&gt; -Tengo una ligera idea.&lt;br /&gt; -Creo que fue entonces cuando me descubrieron de verdad, lo de enviarme aquí solo fue para divertirse un rato conmigo.&lt;br /&gt; -¿Y qué piensas hacer, ahora que ya no tienes empleo como espía?&lt;br /&gt; - No tengo más remedio que acompañarte. No puedo quedarme aquí ni volver a Ardieor, y no se me ocurre ningún otro sitio adonde ir.&lt;br /&gt; -¿Puedo confiar en ti?&lt;br /&gt; -Te he jurado lealtad y te seré fiel mientras pueda, pero aún tengo una misión que cumplir, y si es preciso traicionarte para cumplirla, lo haré.&lt;br /&gt; -Conque puedo confiar en ti hasta que encuentres la forma de volver a Ardieor para seguir espiando, o conquistar Dagmar tú solo. Y puedo confiar en Alwaid hasta que llegue al Castillo Negro y me las vea con Zetra. Menos mal que aún tengo mi espada, mi perra y mi Lym.&lt;br /&gt; -Solo te pido que no le cuentes nada a Garalay.&lt;br /&gt; -¿Quieres que tu hermana siga pensando que eres un traidor?&lt;br /&gt; -¡Es preciso! Si ella se lo cree, Alwaid también se lo creerá. Y necesito que Alwaid se lo crea.&lt;br /&gt; -Podrías pedirle que fingiera.&lt;br /&gt; -No sabe.&lt;br /&gt; -Está bien, te doy mi palabra de que no le contaré nada a Lym Dagmar.&lt;br /&gt; Farfel se inclinó en una reverencia.&lt;br /&gt; -Gracias.&lt;br /&gt; -Solo por curiosidad. ¿Lo tuyo con Alwaid forma parte de tu trabajo de espía o es un asunto personal?&lt;br /&gt; -Soy un chico facilón, mi Señora. Unas piernas largas, una cintura fina y un buen par de... -Vidrena carraspeó con elocuente energía. Farfel se corrigió a media palabra- ojos azules, y estoy perdido.&lt;br /&gt; -¡Pero ella está muerta! ¡Y tiene mi edad, por las faldas de Rhaynon!&lt;br /&gt; Farfel movió la cabeza como desaprobando lo que acababa de oír.&lt;br /&gt; -No creía que fueras tan intolerante, abuelita.&lt;br /&gt; La puerta se cerró tras él muy despacio. Vidrena se dejó caer en la cama y miró el dosel. Rojo sangre. Se preguntó por qué no le extrañaba.&lt;br /&gt; -¿Quién me mandaba a mí despertarme?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era el hombre más guapo que Briana había visto en su vida. Su sonrisa era muy simpática, y sus modales impecables. La trataba con la misma cortés naturalidad que lo había hecho Níkelon. Era casi el hombre perfecto.&lt;br /&gt;Y hacía cien años que había muerto.&lt;br /&gt;-Te ofrecería avellanas, pero cada vez que lo hago ocurre algo.&lt;br /&gt;Briana no pudo contener una risita nerviosa. Para disimular, alargó la mano y tomó una manzana de la bandeja.&lt;br /&gt;-Tienes mi permiso para respirar, Capitán –le dijo el joven a Jelwyn.&lt;br /&gt;-Aún no estoy seguro de poder hacerlo.&lt;br /&gt;Tairwyn Lym-Dayra Tadenor, Capitán de la Guarnición de Dagmar, y por un breve par de años Señor de Ardieor, rió entre dientes.&lt;br /&gt;-Lo entiendo. No todos los días conoce uno a su tatarabuelo.&lt;br /&gt;-¿Y qué estás haciendo aquí? Se supone que estabas en el Mudo Borroso, velando el sueño eterno de Vidrena.&lt;br /&gt;-Oh, sí, lo estaba. Pero ya que ella me ha abandonado, creo que tengo derecho a tomarme un descanso.&lt;br /&gt;-¿Abandonado?&lt;br /&gt;-Alguien vino y se la llevó. Una damita encantadora. Le ordenó despertarse, le puso un anillo en el dedo, le soltó un discurso diciendo no se qué historias de la patria en peligro y salvar el mundo, y… -Tairwyn chasqueó los dedos- Cuando me quise dar cuenta, me habían dejado solo en medio de la niebla y se habían largado a buscar a Wirda. Ya debería estar acostumbrado –añadió, con un ligero suspiro-. Si algo sabía hacer Dren era abandonarme. Y si algo sé hacer yo bien, es esperar a que vuelva.&lt;br /&gt;Jelwyn había palidecido.&lt;br /&gt;-Una damita…&lt;br /&gt;-Una lym, para ser exactos. Ahora que lo pienso, se parecía mucho a ti. Me dijo que se llamaba…&lt;br /&gt;-Dag.&lt;br /&gt;-Garalay, en realidad.&lt;br /&gt;-Así que para eso quería el Sello.&lt;br /&gt;Jelwyn sonreía como si le hubieran quitado de encima el peso de un castillo. Con una carcajada, se apoderó de un puñado de avellanas.&lt;br /&gt;Sí, pensó Briana, iban a ser unos días muy divertidos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Y dime, amor mío, ¿me has sido fiel?&lt;br /&gt;Farfel volvió la cabeza en la almohada y sonrió a Alwaid. Ella le había atrapado la noche anterior, cuando regresaba de hablar con Vidrena, le había dado un buen mordisco y, después de murmurar: “mejor que el vino”, le había arrastrado al dormitorio más cercano para celebrar el reencuentro.&lt;br /&gt;-¿En un castillo lleno de hombres muertos y feos? ¿Cómo podría no haberlo sido?&lt;br /&gt;Alwaid trató de levantar la ceja. Tantos años y aún no lo conseguía, pensó él, divertido.&lt;br /&gt;-¿Quieres decir que si hubieran sido mujeres guapas y vivas…?&lt;br /&gt;-Mi fidelidad habría tenido mucho más mérito. No te creía tan insegura, mi señora.- En Ardieor había quinceañeras desgarbadas con más seguridad en si mismas en la uña del meñique que Alwaid en todo su centenario (aunque había que reconocer que muy hermoso) cuerpo- ¿Y tú? ¿Me has sido infiel con alguno de esos guapos jovencitos de los Pantanos?&lt;br /&gt;-¿Con la dulce Dren todo el tiempo vigilándome? ¡Imposible!&lt;br /&gt;-¿Intentas darme celos, preciosidad?&lt;br /&gt;-¿Lo estoy consiguiendo?&lt;br /&gt;“Ni de lejos”, pensó él, pero decidió responder con una mirada que esperaba que ella intepretase a su gusto. Con un poco de suerte, dejaría de hablar de tonterías. Pero ella no iba a rendirse.&lt;br /&gt;-¿Ni siquiera con esa jovencita de Dagmar?&lt;br /&gt;Él tardó unos instantes en recordar a qué venía aquella pregunta.&lt;br /&gt;-¿Y qué sabes tú de eso?&lt;br /&gt;-He oído lo que se cuenta en el castillo.&lt;br /&gt;-No tengo por qué darte explicaciones, mi señora, pero la jovencita tenía dos graves inconvenientes.&lt;br /&gt;-¿En serio? ¿Cuáles?&lt;br /&gt;-Primero, que no eres tú.&lt;br /&gt;-Mentiroso. Tienes suerte de que sea una sentimental. ¿Y el otro?&lt;br /&gt;-Que la muy idiota está enamorada de mi hermano.&lt;br /&gt;Como todas las que hubo antes que ella, malditas sean.&lt;br /&gt;-La familia puede llegar a ser un inconveniente.&lt;br /&gt;-Y hablando de familia, ¿qué estás haciendo con Dren?&lt;br /&gt;Alwaid resopló.&lt;br /&gt;-¿Y tú?&lt;br /&gt;-No esperarás que me quede a arder con este maldito castillo. Además, tú te vas con ella, ¿no?&lt;br /&gt;-¿Y qué otra cosa puedo hacer? Está empeñada en matar a Zetra.&lt;br /&gt;-¿Y pretendes impedírselo?&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;-¿Cómo que por qué?&lt;br /&gt;-Desde el principio, tu queridísima mamá te ha estado tratando como… como a un arma, o a un caballo. Peor aún, porque a mí no se me ocurriría arrojar a mi caballo a un calabozo y azotarle sin motivo.&lt;br /&gt;-No fue…&lt;br /&gt;-Fue por el mismo motivo que los cien años anteriores. ¿Por qué ahora y no antes?&lt;br /&gt;Alwaid miró al dosel. Tenía el ceño fruncido, en el inconfundible gesto de alguien que piensa con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt;-Dren. –Se volvió hacia él con una sonrisa triunfal- ¡Ella sabía que Dren iba a volver!&lt;br /&gt;Farfel resopló.&lt;br /&gt;Dagmar estaba cada vez más lejos, y, estuviera donde estuviera Jelwyn, si quería seguir adelante con el Plan, tendría que buscarse a otra persona para abrir las puertas del castillo.&lt;br /&gt;A no ser que él tuviera otra de sus brillantes ideas.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Redlam ardía.&lt;br /&gt;Unas cuantas antorchas aplicadas en los lugares oportunos habían convertido el segundo castillo más tenebroso de Ternoy en aquella pira desafiante al borde del abismo.&lt;br /&gt;Garalay miró de reojo a Vidrena. La Señora de Ardieor parecía estar deseando que Zetra pudiera verlo desde donde estuviera en aquel momento. Sus ojos, más que brillar, chisporroteaban. Y luego se volvió hacia sus acompañantes y dio la orden de marcha.&lt;br /&gt;Garalay dirigió una última mirada al castillo en llamas y a las bestias voladoras que se alejaban de él. Le había costado un buen rato convencer a Vidrena de que aquellos seres no eran más que animales y no merecían morir. Aún no estaba segura de que Vidrena considerara una buena idea liberarles, pero al menos los pobres bichos tendrían una oportunidad. Ellos no tenían la culpa de ser feos.&lt;br /&gt;-Cuéntamelo.&lt;br /&gt;Casi no se había dado cuenta de que Níkelon cabalgaba a su lado. Se volvió a mirarle, y sujetó con más fuerza las riendas para no ceder a la tentación de alargar la mano y tratar de arreglarle el pelo.&lt;br /&gt;-¿Qué quieres que te cuente?&lt;br /&gt;-No sé, lo que estés pensando. Tú siempre insistes en que yo te cuente cosas.&lt;br /&gt;-¿Y esto es una especie de venganza por ello?&lt;br /&gt;-Creía que lo necesitabas.&lt;br /&gt;Por un momento, Garalay pensó en contestarle con alguna insolencia para irritarle y que se alejase de ella. Pero se lo pensó mejor.&lt;br /&gt;-He soñado con Jelwyn –dijo entre dientes. Níkelon no contestó.- Estaba en medio de una tormenta y cuándo le pregunté qué hacía allí me dijo que él era la tormenta.&lt;br /&gt;-Sí, era él. Solo conozco a otra persona capaz de decir algo como eso.&lt;br /&gt;Ella le miró con el ceño fruncido.&lt;br /&gt;-No tiene gracia – Pero él la estaba mirando de una forma que la hizo sonreír a pesar de si misma. Garalay trató de no carraspear antes de decirle: -Siento lo de anoche. No tendría que haberte llamado rata.&lt;br /&gt;-Me han llamado cosas peores.&lt;br /&gt;-Es que… no descubres todos los días que uno de tus hermanos es un traidor y el otro un mentiroso.&lt;br /&gt;-Al menos yo tengo la ventaja de que no me caen bien.&lt;br /&gt;Garalay sospechaba que aquello no era más que una pose.&lt;br /&gt;-Yo no quería a Jaysa. - ¿Y ahora, por qué le decía aquello?- Sabía que no era más que una manipuladora ambiciosa que había decidido que era muy bonito ser la esposa del Joven Señor de Ardieor, fuera el que fuera de los dos. Se lo dije pero no me creyeron.&lt;br /&gt;-¿Te atreviste a decírselo?&lt;br /&gt;-Pensaba que me creerían.&lt;br /&gt;Níkelon parecía a punto de soltar una carcajada.&lt;br /&gt;-Jovencita, si alguien viniera a decirme eso de ti, le cortaría la lengua y se la haría tragar.&lt;br /&gt;-¿Nos disculpas un momento, Nikwyn? -Garalay ocultó una carcajada ante la cara de sorpresa de Níkelon. Ninguno de los dos había oído llegar a Vidrena-. Tengo que hablar con mi lym.&lt;br /&gt;Níkelon inclinó la cabeza y trotó hasta la cabeza de la marcha.&lt;br /&gt;-Bueno, Lym, creo que tenemos que hablar de lo que pasó anoche.&lt;br /&gt;-Anoche pasaron unas cuantas cosas, mi señora.&lt;br /&gt;-Está visto que voy a tener que hablarte claro. Muy bien. No quiero más tonterías. No espero que caigas en los brazos de Farfel lloriqueando de emoción, pero sí un poco de buenos modales. Tú no vas a volver a llamarle traidor y a cambio él no te llamará bruja. Vuestra relación será al menos educada, si no vais a ser amigos.&lt;br /&gt;-¿Y si no?&lt;br /&gt;-Esto es una orden, Lym. No existe la posibilidad del “no”. ¿Ha quedado claro?- Garalay asintió.- Muy bien.&lt;br /&gt;Garalay la vio alejarse a su posición inicial, con los puños apretados hasta que las uñas le hicieron daño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene, aunque no esperéis gran cosa, porque los capítulos que tenía escritos ya se han acabado...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-115434080909187500?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/115434080909187500/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=115434080909187500&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115434080909187500'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115434080909187500'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/07/resumen-del-captulo-3-y-captulo-4.html' title='Resumen del Capítulo 3, y Capítulo 4'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-115373518532173934</id><published>2006-07-24T11:51:00.000+02:00</published><updated>2006-07-24T11:59:45.343+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 2 y Capítulo 3</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el capítulo anterior:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;El bueno de Farfel fue salvado en el último momento (¿alguien dudaba de que ocurriría?), pero la subsiguiente reunión familiar no fue muy agradable. Mientras, en Comelt, han decidido pedir ayuda para ver si el asedio se acaba de una vez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;CAPÍTULO 3&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Vidrena se volvió al oír cómo se abría la puerta.&lt;br /&gt; -Ah, la has traído.&lt;br /&gt; Garalay aún tenía la cara roja y los ojos centelleantes. Vidrena sonrió exagerando la ironía.&lt;br /&gt; -Lamento haber interrumpido tu ataque de nervios, pero te necesito. Mira lo que he encontrado. -Retiró un lienzo negro y descubrió un espejo. Estaba un poco picado-. Tengo entendido que tú sabes qué hacer con ellos. La única vez que vi uno Alwaid estaba dentro. ¿Qué debo hacer?&lt;br /&gt; -¿Quieres comunicarte con... Zetra?&lt;br /&gt; -Por supuesto. Sería descortés presentarme sin avisar. ¿Cómo se hace?&lt;br /&gt; Garalay se acercó al espejo y lo examinó unos instantes. Luego se volvió y miró a Vidrena.&lt;br /&gt; -Mira a tus ojos hasta que todo lo demás desaparezca y piensa en Ella.&lt;br /&gt; Luego se situó en un rincón, desde donde no se la pudiera ver desde el espejo, y llamó a Níkelon a su lado.&lt;br /&gt; Vidrena miró a sus ojos del espejo hasta que comenzaron a dolerle los de la cara. Tenía la vaga conciencia de que en su rincón, Níkelon y Garalay estaban conteniendo el aliento, y en aquel momento se dio cuenta de que no sabía qué decirle a Zetra cuando la viera.&lt;br /&gt; La superficie del espejo comenzó a ondular. Vidrena sintió que se le secaba la lengua. Tragó saliva.&lt;br /&gt; Ella estaba sentada en su trono. Vestida de negro, con el brillante cabello oscuro peinado hacia atrás y recogido con una diadema de plata, y con una niña rubia vestida y peinada de la misma forma sentada en sus rodillas. Garalay respingó como si la hubieran pinchado. Y entonces, Vidrena supo qué decir.&lt;br /&gt; -Hola, mami. ¿Te acuerdas de mí? Soy Vidrena. No Vidriera, ni Vitrina, ni Cristalina, ni Cristalera, ni nada parecido. Vi-dre-na. La hija de Gartwyn, ya sabes.&lt;br /&gt; -Sí, te recuerdo.&lt;br /&gt; No había podido olvidar aquella voz en cien años, y sabía que no la habría olvidado en mil.&lt;br /&gt; -Entonces seguro que sabes por qué estoy aquí.&lt;br /&gt; -Puedo imaginármelo.&lt;br /&gt; Vidrena desenvainó a Wirda y la blandió de forma que Zetra no pudiera evitar verla.&lt;br /&gt; -Disfruta los días que te quedan, mami, porque serán los últimos.&lt;br /&gt; Zetra sonrió.&lt;br /&gt; -Espera, querida, ¿no podríamos negociarlo?&lt;br /&gt; -¿Si podríamos qué?&lt;br /&gt; Zetra tendió las manos como si pensara que Vidrena podía cogérselas.&lt;br /&gt; -Quieres matarme, lo sé. Y también sé que me lo merezco. Pero podría compensarte por todo lo que te he hecho. Podría darte tantas cosas... Mi reino, mi poder, la vida eterna...&lt;br /&gt; Vidrena sonrió.&lt;br /&gt; -¿La vida eterna? ¿Que podrías ofrecerme la vida eterna?&lt;br /&gt; -Y un poder como nunca has podido imaginar.&lt;br /&gt; La voz de Zetra era tan dulce, tan convincente, que Vidrena sintió cómo Garalay se estremecía, tal vez pensando que iba a aceptar la oferta.&lt;br /&gt; -Vida eterna. Hum... Interesante. Pero no, gracias. La única que quiero es la mía, ¿podrías devolvérmela?&lt;br /&gt; Garalay disimuló una carcajada.&lt;br /&gt; -¿Cómo has dicho?&lt;br /&gt; Vidrena se acercó al espejo.&lt;br /&gt; -¿Puedes devolverme mi vida, mami? ¿Puedes hacer retroceder el tiempo? Me gustaría envejecer con Tai, morir en una cama rodeada de mis hijos y mis nietos, sabiendo que he cumplido con mi deber, que Ardieor sigue a salvo. Esa era la vida que yo quería, la que debería haber tenido. La que me robaste. Si no puedes darme esa, la eternidad y tú podéis iros a donde voy a enviaros. -Empuñó a Wirda con ambas manos y la levantó por encima de su cabeza- Hasta pronto, mami.&lt;br /&gt; El primer golpe rompió el espejo de parte a parte. El segundo hizo añicos el resto, pero Vidrena siguió golpeando hasta que Garalay la agarró del brazo. La Señora de Ardieor la miró como si no la conociera, jadeante de rabia. Garalay apartó el cabello de sus ojos y le acarició la mejilla.&lt;br /&gt; -Ya está, Dren, ya ha terminado. ¿Lo ves? Ya se ha ido.&lt;br /&gt; Vidrena asintió.&lt;br /&gt; -¿Lo he hecho bien?&lt;br /&gt; Garalay estaba pálida, pero logró sonreír.&lt;br /&gt; -Ahora mismo debe estar furiosa.&lt;br /&gt; -Mejor. Ahora, diles a Morj y los otros que registren el castillo y se lleven todo lo que les parezca útil. Ya sabes, comida, armas, caballos, agua... Incendiaremos el castillo al marcharnos. No creo que vaya a notarse un poco más de vandalismo.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Briana se sentía avergonzada. Después de la partida de Jelwyn, había vuelto a dormirse y acababa de despertar. No sabía si era el mismo día o había dormido toda una noche, pero había un vestido blanco en una silla, con todos los complementos, incluído un par de zapatos planos que parecían muy cómodos. Estaba poniéndose el segundo cuando Jelwyn volvió a entrar.&lt;br /&gt;Llevaba puestos unos pantalones grises, una camisa blanca sin abrochar y un brillante par de botas.&lt;br /&gt;-Buenos días.&lt;br /&gt;Briana se levantó. Pensaba que no iba a poder mantenerse en pie, pero lo hizo.Avanzó hacia él, y se detuvo a poca distancia.&lt;br /&gt;-Tenéis la camisa desabrochada.&lt;br /&gt;Jelwyn miró hacia abajo.&lt;br /&gt;-No me aclaro con estas… cosas. ¿Cómo demonios se llaman?&lt;br /&gt;-Botones –se rió Briana.- ¿No los utilizáis en Ardieor? –Enseguida se dio cuenta de que había hecho una pregunta tonta, y sin esperar a que él le dijera nada, se los abrochó.&lt;br /&gt;-Te has dejado uno.&lt;br /&gt;-No. El último no se abrocha.&lt;br /&gt;-Entonces, ¿por qué está ahí?&lt;br /&gt;-Tal vez pensando en las personas como vos.&lt;br /&gt;-Ya. ¿Y qué clase de persona se supone que soy?&lt;br /&gt;-Uno de esos cabezotas que insisten en abrocharse todos los botones.&lt;br /&gt;Jelwyn levantó la ceja.&lt;br /&gt;-¿Vamos a ver qué hay ahí fuera?&lt;br /&gt;A ella ni se le había ocurrido preguntárselo. Pero él era de esa clase de personas, pensó mientras se dejaba tomar de la mano y sacar de la habitación.&lt;br /&gt;-Un pasillo.&lt;br /&gt;-¿Qué esperabais?&lt;br /&gt;-¿En el País de las Hadas? ¡Cualquier cosa! -Briana se rió- Muy bien, acabemos con esto.&lt;br /&gt;-¡Y deshonor eterno para quien retroceda!&lt;br /&gt;Comenzaron a caminar. A su izquierda, la luz entraba a través de los vidrios coloreados de unas ventanas apuntadas. El techo era alto, y cuando Briana miró hacia el suelo se vio reflejada.  &lt;br /&gt;A su derecha, se veía una sucesión de puertas cerradas, pero ninguno de los dos se sintió interesado por lo que escondían. Al final del pasillo, encontraron la escalera, y allí abajo, les esperaba lo que parecía ser la salida.&lt;br /&gt;Había un rastrillo en la puerta. Levantado. Y un puente levadizo que no debía haberse levantado en siglos. Y en el foso lleno de plantas acuáticas, algunas incluso con flores, nadaban cisnes y de vez en cuando saltaba un pez rojo. Jelwyn nunca había visto un castillo tan… tan poco castillo. Cuando él y Briana cruzaron el puente, se alejaron un poco y miraron hacia arriba, vieron que las paredes de piedra blanca apenas eran visibles por la cantidad de hiedra y rosales trepadores que se enroscaban en ellas.&lt;br /&gt;-Es bonito –dijo Briana.&lt;br /&gt;-Parece que esté diciendo: “Invádeme”.&lt;br /&gt;-Jelvin, por una vez ¿no podríais dejar de pensar como un guerrero?&lt;br /&gt;Jelwyn estaba a punto de responder cuando oyó el galope de los caballos. Los dos se volvieron al mismo tiempo, para ver un ciervo que huía a toda la velocidad que le permitían sus patas de una jauría de perros y de unos diez jinetes. Presa y cazadores pasaron por delante de ellos demasiado ocupados para verlos, excepto el último, que tiró de las riendas, se detuvo a mirarles y dijo en un perfecto ardiés:&lt;br /&gt;-¡Por las faldas de Rhaynon, mira lo que ha traído el gato! Nunca me habría imaginado que te vería aquí, chico.&lt;br /&gt;Jelwyn sonrió, pero a Briana le pareció algo incómodo.&lt;br /&gt;-¿No te acuerdas de mí? Erryn Grandor, estaba en la Tercera cuando tú aún eras un novato.&lt;br /&gt;-Sí –dijo Jelwyn-, y también me acuerdo de que te mataron cerca de la Tercera Torre.&lt;br /&gt;El hombre desmontó.&lt;br /&gt;-No me lo recuerdes, no fue nada divertido. Pero ¿qué esperabas? ¡Esto es el Otro Mundo! Venid conmigo, seguro que al Capitán le encantará conocerte. –Miró a Briana de arriba a abajo.- ¿Quién es esta maravilla pelirroja?&lt;br /&gt;-Mi dama. Así que piensa en otra cosa, ¿quieres?&lt;br /&gt;-Siempre has sido un granuja con suerte. La primera vez que te vi ya sabía que llegarías a llevar la estrella roja.&lt;br /&gt;Jelwyn se rió.&lt;br /&gt;-Soy un Aletnor de Katerlain, Err, nací con la estrella roja.&lt;br /&gt;Briana nunca se había sentido tan extraña. Allí estaba, en el País de las Hadas, caminando al lado de Jelwyn, que hablaba con un hombre muerto que no hacía más que preguntarle por los conocidos comunes y lo que había ocurrido en Ardieor desde que él lo había dejado, mientras la devoraba con los ojos como preguntándose si tenía alguna probabilidad con ella aunque fuera la dama de un amigo.&lt;br /&gt;Su destino era un claro en medio de un bosquecillo. No habían tardado mucho en llegar, pero la charla del hombre había hecho el camino más largo.&lt;br /&gt;Un joven estaba de espaldas a ellos, y agachado, examinaba la pata de uno de los perros. No se veía ni rastro del ciervo, tal vez, pensó Briana, se había escapado. Entonces Erryn le llamó y el joven se enderezó y se volvió hacia ellos.&lt;br /&gt;Erryn le dio un codazo a Jelwyn.&lt;br /&gt;-Sí, chico, yo también me quedé igual cuando apareció.&lt;br /&gt;Briana sintió que se le secaba la boca.&lt;br /&gt;-¡Vaya! –Dijo el joven sonriendo- ¡Esto sí que no me lo esperaba!&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Los habitantes de los Pantanos se habían tomado en serio lo de saquear el castillo. En poco tiempo, la antigua Sala de Banquetes se llenó de objetos, la mayor parte de ellos inservibles, que habían encontrado y arrastrado hasta allí a falta de un lugar mejor.&lt;br /&gt; Morj había sido el más interesado en buscar toda clase de trastos, Níkelon sospechaba que con el único objeto de impresionar a Garalay. Al menos, ella no parecía dispuesta a dejarse impresionar. Impasible, con aire casi profesional, ordenaba que las cosas destinadas a arder con el castillo se dispusieran en el montón de su derecha, y las útiles de verdad, a su izquierda.&lt;br /&gt; Y en aquellos momentos, por primera vez desde que había comenzado aquella locura, Níkelon la vio dudar. Pues lo que Morj acababa de traerle era un arpa, tan hermosa y bien construida que parecía imposible que estuviera allí.&lt;br /&gt; -Tenemos que dejarla -Pero el tono de su voz indicaba que estaba dispuesta a dejarse convencer de lo contrario.&lt;br /&gt; -Demasiado grande, demasiado pesada -Y Níkelon estaba dispuesto a dar la mitad de su alma por oírla tocar.&lt;br /&gt; -No podemos llevárnosla.&lt;br /&gt; -No es un arma.&lt;br /&gt; -Y no sirve para comer.&lt;br /&gt; -Seguro que ni siquiera está afinada.&lt;br /&gt; Garalay alargó la mano y rozó las cuerdas. Fue apenas un tañido, una nota breve y lastimera, pero todas las conversaciones se apagaron y todos los ojos se volvieron hacia ella.&lt;br /&gt; Morj, con expresión solemne, dejó el arpa en brazos de Garalay y se sentó en cuclillas ante ella.&lt;br /&gt; -No pasará nada por una canción -Levantó la mirada hacia la puerta. Níkelon distinguió una alta figura vestida de negro-. Sí -continuó Garalay como si hablara sola-. Una vieja canción ardiesa en honor de nuestro anfitrión.&lt;br /&gt; Ay, pensó Níkelon, adivinando lo que iba a continuación.&lt;br /&gt; -&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Vivía una dama al lado del mar...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; Él debería haber salido corriendo, pensó Níkelon, pero no lo hizo. Entró en la Sala, poco a poco, con la mirada fija en ella, como un vidente en trance, y se sentó al lado de Morj.&lt;br /&gt; -&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Una de ellas era como el sol&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Fría y morena la otra creció...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; Vidrena decía que era una canción galenda. Níkelon podía imaginársela cantada en galendo, pero en ardiés tenía aquel ambiente siniestro que solo los ardieses podían darle a todo lo que tocaban.&lt;br /&gt; Y Farfel movía los labios en silencio, siguiendo la letra, mientras la hermana menor suplicaba por su vida, los dos juglares la convertían en un arpa y la llevaban a la boda de la hermana mayor.&lt;br /&gt; -&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La primera cuerda que hicieron sonar&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; A la novia oscura hizo temblar&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; La segunda cuerda se lamentó:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; "A su hermanita ella ahogó".&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; Garalay se detuvo un momento, una pausa dramática que casi hizo gritar a Níkelon que acabara de una vez con aquello.&lt;br /&gt; -&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La tercera cuerda sonó bajo el arco:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; «Y ahora sí vas a llorar».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; Las cuerdas del arpa nunca habían parecido más doradas. De reojo, Níkelon vio unas cuantas lágrimas furtivas.&lt;br /&gt; -Deberían haberle ahogado a él -dijo Farfel.&lt;br /&gt; Garalay no replicó. Se limitó a devolverle una mirada fría, dolida. Níkelon apoyó la mano en su hombro y notó cómo temblaba. Farfel le dirigió una mirada congelada.&lt;br /&gt; -Quítale las manos de encima a mi hermana, galendo.&lt;br /&gt; Níkelon estaba a punto de obedecer cuando la mano de Garalay cayó sobre la suya como una garra.&lt;br /&gt; -La lym de la Dama Gris de Dagmar no tiene hermanos.&lt;br /&gt; -Entonces, no tienes ningún motivo para estar enfadada conmigo.&lt;br /&gt; -Una lym tiene motivos más que suficientes para odiar a un traidor.&lt;br /&gt; Ella tenía razón, pensó Níkelon. Pero él recordaba un claro en un bosque, hacía al menos un siglo. Y una frase murmurada como despedida.&lt;br /&gt; -Bien, entonces supongo que no hay más de qué hablar -Farfel se levantó, buscó algo en su bolsillo y lo dejó caer en la falda de Garalay.- Por cierto, recuerdos de Jedllyn.&lt;br /&gt; Inclinó la cabeza en un gesto algo rígido, dio media vuelta y se marchó. Níkelon esperaba que Garalay saliera corriendo detrás de él, pero la joven se quedó mirando el collar de Layda, cuyas cuentas se había molestado Jelwyn en volver a enhebrar en un hilo antes de llevárselo consigo, como si fuera la primera vez que veía algo como aquello.&lt;br /&gt; -¡Oh, maldita sea! -murmuró Níkelon.&lt;br /&gt; Y salió corriendo detrás de Farfel.&lt;br /&gt; Era apenas una sombra en el pasillo. Debía haber caminado muy deprisa para alejarse de allí.&lt;br /&gt; -¡Espera!&lt;br /&gt; Se volvió a mirarle con una sonrisa que era casi un insulto. La luz de las antorchas le daba a su rostro un color rojizo no demasiado sano.&lt;br /&gt; -¿Vas a preguntarme qué atrocidad he cometido con él?&lt;br /&gt; Níkelon se sintió ridículo. Se acercó para no tener que gritarle de punta a punta del pasillo.&lt;br /&gt; -Bueno, si pudieras decirme dónde está...&lt;br /&gt; -Soy su hermano, no su niñera.&lt;br /&gt; Y dio media vuelta con la intención de dejarle plantado. Pero Níkelon no se lo permitió. Corrió detrás de él y le obligó a darse la vuelta.&lt;br /&gt; -No te entiendo. No os entiendo a ninguno. Primero intentas matarme, luego salvas a... Garalay... -por algún extraño motivo, le pareció impropio llamarla "Dagmar" delante de él - en aquel claro en Ardieor, y ahora…&lt;br /&gt; Solo cuando vio la fría mirada del otro se dio cuenta de que estaba clavando las uñas en el brazo de Estrella Negra. Se soltó y dio un paso atrás&lt;br /&gt; -No necesito que me adoptes, galendo. Ya tengo demasiado con un hermano. -&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Dos cuerpos, un alma y ni medio corazón entre los dos&lt;/span&gt;, recordó Níkelon. -Y yo no&lt;span style="font-style: italic;"&gt; intento&lt;/span&gt; matar a la gente. Si hubiera querido matarte, estarías muerto.&lt;br /&gt; -¿Y lo que ocurrió en aquel bosque camino de Katerlain?&lt;br /&gt; -Todos cometemos errores.&lt;br /&gt; Y se alejó por el pasillo tras un dramático revoloteo de capa. Un ardiés de pies a cabeza, pensó Níkelon, con demasiados secretos y ambigüedades para ser gente que presumía de hablar tan claro. Estaba a punto de volver a correr tras él y obligarle a explicarse mejor, pero entonces oyó la voz a su espalda.&lt;br /&gt; -Todo esto es culpa tuya.&lt;br /&gt; -¿Qué es "todo esto"?&lt;br /&gt; -Teníamos una vida tranquila. Vale, de acuerdo, hay una guerra y todo eso, pero aparte de eso era una vida tranquila. Y llegaste tú, con tus preguntas, con esa mirada, con... con... con tu curiosidad. Revolviendo el pasado hasta que los muertos se han levantado de sus tumbas.&lt;br /&gt; -¿Que yo llegué? ¡Tienes mala memoria, princesa! Si quieres culpar a alguien de "todo esto", busca un espejo.&lt;br /&gt; -¡Rata orgullosa! ¡Si no fuera por mí estarías muerto!&lt;br /&gt; -Si no fuera por ti, bonita, nadie habría intentado nunca matarme. Y ahórrate los gritos, porque por más que me chilles, Jelwyn no está aquí para oírte.&lt;br /&gt; Garalay apretó los puños, abrió y cerró la boca tres veces, como pensando una réplica lo bastante hiriente, y al no encontrarla, volvió a entrar en la Sala.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La semana que viene más.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-115373518532173934?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/115373518532173934/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=115373518532173934&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115373518532173934'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115373518532173934'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/07/resumen-del-captulo-2-y-captulo-3.html' title='Resumen del Capítulo 2 y Capítulo 3'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-115309122135224537</id><published>2006-07-17T01:01:00.000+02:00</published><updated>2006-07-17T01:07:01.373+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 1 y Capítulo 2</title><content type='html'>En el capítulo anterior:&lt;br /&gt;Estrella Negra estaba en graves apuros al haber sido descubierta su verdadera identidad. Mientras, Briana descubría lo que les había ocurrido a ella y Jelwyn después de desmayarse, y en Comelt, los sitiados recibían una muy mala noticia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;CAPÍTULO 2&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La fuerza no resuelve nada... la mayoría de las veces (Arnthorn el intrépido)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; Después de tres días, vieron el castillo, al borde del precipicio en lo alto de la montaña.&lt;br /&gt; -Es lo más feo que he visto en mi vida.&lt;br /&gt; -Bonita, aún no has visto nada.&lt;br /&gt; Garalay devolvió a Alwaid su mirada más fría. Alwaid sonrió.&lt;br /&gt; -Dejadlo ya -suspiró Vidrena.&lt;br /&gt; No había podido evitar estremecerse al ver el edificio. Era igual que la primera vez que lo había visto. Le daban ganas de gritar: "¿Es que nada cambia en este maldito país?" Hasta su caballito de los Pantanos, hasta aquel momento tan valiente, que ni siquiera había reculado al subir por aquel estrecho y empinado sendero, trataba de retroceder como si alguien le estuviera tirando de la cola.&lt;br /&gt; -El maravilloso Redlam, lleno de maravillosos habitantes. ¿Cuántos de ellos están vivos?&lt;br /&gt; -Uno. Sin contar a los caballos -Alwaid suspiró-. Al menos, espero que esté vivo. Los hombres pierden mucho después de muertos.&lt;br /&gt; -Me encantará conocer a tu amiguito. Hace siete años que sueño con arrancarle los ojos. Para empezar.&lt;br /&gt; -Ay, sueños, sueños...&lt;br /&gt; -¿Por qué no repasamos el plan? -dijo Níkelon-. Hay algunos detalles que aún no entiendo.&lt;br /&gt; -Alwaid intenta convencer a los guardias de que nos dejen entrar diciéndoles que soy su prisionera. Si no se lo creen, Lym utilizará sus poderes. Y si aún así no funciona, siempre podemos utilizar la violencia.&lt;br /&gt; -Pues qué bien.&lt;br /&gt; -Preparados. Ahí está la puerta.&lt;br /&gt; -Sigo pensando que habría sido más convincente si me hubieras dejado darte un puñetazo en el ojo.&lt;br /&gt; -Tampoco hay que excederse con el realismo.&lt;br /&gt; Vidrena se rodeó las muñecas con la cuerda, Alwaid se inclinó, tomó el caballo por las riendas y se adelantó hasta la puerta de Redlam y gritó en su idioma:&lt;br /&gt; -¡Ah del Castillo!&lt;br /&gt; Vidrena, con la cabeza inclinada de forma que el cabello le cubriese la cara, sonrió. Hasta la voz de Alwaid cambiaba cuando volvía a ser la Señora de los Pantanos.&lt;br /&gt; Nadie contestó desde las murallas.&lt;br /&gt; -No son horas de estar durmiendo -murmuró Alwaid en ardiés.&lt;br /&gt; Insistió dos veces más. Desde el castillo, siguieron sin contestar.&lt;br /&gt; -Lym -dijo Vidrena-. Creo que te necesitamos.&lt;br /&gt; Garalay se adelantó.&lt;br /&gt; -¿Tengo que abrir la puerta?&lt;br /&gt; -Eso parece.&lt;br /&gt; -Apartaos.&lt;br /&gt; Vidrena esperaba algo más espectacular que lo que ocurrió. Garalay miró la puerta, sin molestarse ni en entornar los ojos o acelerar la respiración. Solo se oía el sonido del leve viento que agitaba las capas. Cuando Vidrena comenzaba a sospechar que su lym se había dormido, la puerta se abrió como si alguien se hubiera limitado a darle la vuelta a un picaporte y empujar un poco. Hasta Garalay pareció sorprendida.&lt;br /&gt; Entraron en el patio. Vidrena decidió olvidar su papel de prisionera y desenvainó a Wirda. Todos los que tenían espadas, la imitaron. Miraron a su alrededor. El castillo parecía desierto.&lt;br /&gt; -Esto apesta a trampa -dijo Níkelon.&lt;br /&gt; -O a catástrofe -murmuró Garalay.&lt;br /&gt; Vidrena asintió y se volvió hacia sus seguidores.&lt;br /&gt; -Muy bien. Tened todos los ojos bien abiertos y no os separéis. Alwaid, a mi lado. Lym y Nikwyn, dos pasos detrás de mí. Los demás, seguidnos.&lt;br /&gt; Desmontó y miró hacia el establo. Un muchacho trataba de esconderse tras la puerta.&lt;br /&gt; -Alwaid, dile que venga.&lt;br /&gt; El chico ni debió plantearse desobedecer la orden. Vidrena pensó que si hubiera sido un perro habría acudido con el rabo entre las patas traseras y arrastrándose sobre el vientre.&lt;br /&gt; Tras un breve diálogo con Alwaid, el chico se llevó los caballos al establo.&lt;br /&gt; Alwaid parecía confundida.&lt;br /&gt; -Deben haberse vuelto locos. Dice que todos los guardias están patrullando las montañas en busca de un ardiés y un dragón rojo.&lt;br /&gt; Garalay había palidecido.&lt;br /&gt; -Al parecer le debemos este favor a tu hermano, Lym. Casi lamento no poder conocerle.&lt;br /&gt; -Si hemos de entrar, entremos.&lt;br /&gt; El interior del castillo era más frío aún que el exterior. Tenía un olor polvoriento, estancado, con toques de sangre seca.&lt;br /&gt; -Por aquí -dijo Alwaid.&lt;br /&gt; La siguieron por los oscuros corredores, apenas iluminados por las teas humeantes. Garalay respingó al oír un chisporroteo demasiado cerca de su pelo. Alwaid soltó una risita.&lt;br /&gt; -¿De qué te ríes?&lt;br /&gt; -Si hace un año alguien me hubiera dicho que hoy estaría dando un golpe de estado, me habría reído aún más fuerte.&lt;br /&gt; -¿Tomar un castillo es un golpe de estado?&lt;br /&gt; -Es un principio. Mira, ahí está la puerta de la Sala -Aceleraron el paso para llegar ante la puerta. Alwaid trató de abrirla, pero estaba cerrada por dentro-. ¡Qué raro! -Apoyó la oreja en la puerta- Parece como si estuvieran luchando ahí dentro.&lt;br /&gt; -¿Adiestramiento?&lt;br /&gt; -Eso lo hacen en el patio. O en la Sala de Armas.&lt;br /&gt; -Lym, abre -Vidrena sonrió.- Y esta vez, si es posible, que sea impresionante.&lt;br /&gt; -Haré lo que pueda. Retroceded un poco.&lt;br /&gt; Garalay se colocó ante la puerta. Cerró los ojos y extendió los brazos. A Vidrena le pareció ver cómo una ligera brisa agitaba sus cabellos. Dos manchas rojas aparecieron en sus mejillas. Cuatro gotitas de sudor brotaron del nacimiento de su pelo.&lt;br /&gt; Soltó aire con un ruidoso suspiro y la puerta se rompió en pedazos.&lt;br /&gt; Alwaid y Vidrena entraron en la Sala como dueñas de la casa ofendidas por una discusión entre invitados borrachos. Vidrena se echó la capa hacia atrás de forma que todos pudieran ver a Wirda.&lt;br /&gt; -¿Interrumpo algo?&lt;br /&gt; El Amo de Redlam, que había estado sentado en la mesa, se volvió hacia ellas. Vidrena le miró a los ojos por un instante, y luego miró a su alrededor. Había un hombre apoyado contra la pared opuesta, con una espada chorreante de sangre en cada mano. Dos hombres más, con el uniforme de la Guardia Siniestra del Amo de Redlam, estaban muertos (aunque, pensó Vidrena divertida, aquella palabra en Redlam era muy relativa) a sus pies.&lt;br /&gt; Al entrar ellas, el hombre había inclinado la cabeza de forma que sus cabellos le cubrieran la cara. Los Guardias supervivientes habían dejado de luchar al notar que la atención de su Amo se había desviado, y también miraban a Vidrena como si aquella fuera la primera vez que veían una mujer.&lt;br /&gt; -¿Qué significa esto? -preguntó el Amo de Redlam.&lt;br /&gt; Vidrena le saludó con una burlona inclinación de cabeza.&lt;br /&gt; -El Señor del Castillo, supongo. ¿Te acuerdas de mí?&lt;br /&gt; -Vidrena lym-Gartwyn Aletnor. Creía que habías muerto.&lt;br /&gt; -Exageraciones.&lt;br /&gt; -Y la pequeña Alwaid. La última vez que te ví ibas de camino a un calabozo.&lt;br /&gt; -La vida da muchas volteretas.&lt;br /&gt; -Y que lo digas. Por ejemplo, vampirito, la primera vez que estuve aquí era una prisionera, y ahora soy tu nueva Emperatriz. Y esto es un... ¿Cómo has dicho que se llamaba, hermanita?&lt;br /&gt; -Golpe de estado.&lt;br /&gt; -Si es una broma no tiene gracia.&lt;br /&gt; -¿Tengo cara de estar bromeando? Bueno, ¿vas a jurarme fidelidad o prefieres morir de verdad?&lt;br /&gt; -¿A ti?&lt;br /&gt; Vidrena lanzó un hondo suspiro de hastío.&lt;br /&gt; -Como quieras.&lt;br /&gt; En un único movimiento, tan rápido que el no-muerto no tuvo tiempo ni de darse cuenta de lo que ocurría, Vidrena desenvainó a Wirda y se la lanzó con un ágil giro de muñeca. Wirda describió un arco que Vidrena sabía que en Crinale habrían calificado de elegante, rebanó con exquisita limpieza la cabeza del Amo de Redlam y regresó a las manos de su dueña.&lt;br /&gt; -¡Vaya, no esperaba que me saliera tan bien!&lt;br /&gt; Por un breve instante, antes de convertirse en polvo, la cara del vampiro había expresado un infinito asombro. Alwaid corrió hacia sus restos y los pateó con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt; -¡Y esto es por lo de los Pantanos!&lt;br /&gt; Vidrena paseó su mirada por la Sala. Garalay ni siquiera había parpadeado, aunque Níkelon hizo una mueca de asco. Los Guardias Siniestros que rodeaban al hombre vivo habían muerto al mismo tiempo que su Amo y yacían en el suelo en diversos estados de descomposición.&lt;br /&gt; -¿Alguien más tiene algo que decir?&lt;br /&gt; El joven dejó caer una de sus espadas, pero conservó la otra en la mano. Levantó la cabeza, con un movimiento brusco que echó atrás su pelo y descubrió su cara, y sostuvo la mirada de Vidrena. La Señora de Ardieor oyó una exclamación ahogada a sus espaldas, pero estaba demasiado asombrada por lo que veía para molestarse en volver la cabeza. Muy despacio, como para que ella no pudiera malinterpretarlo, se acercó a siete pasos exactos de Vidrena, clavó la espada en el suelo y se dejó caer sobre una sola rodilla.&lt;br /&gt; -Juro fidelidad a la única, auténtica y legítima Señora de Ardieor, en cuerpo, alma y mente, para bien y para mal, hasta la muerte y más allá.&lt;br /&gt; Vidrena entornó los ojos.&lt;br /&gt; -¿Quién eres?&lt;br /&gt; El hombre miró por encima del hombro de Vidrena, a Garalay.&lt;br /&gt; -Un desterrado, mi Señora.&lt;br /&gt; -¿Por qué no le preguntas a tu lym?&lt;br /&gt; Alwaid tenía los ojos tan brillantes que a Vidrena le pareció que volvía a estar viva. Hasta parecía un poco ruborizada.&lt;br /&gt; -Se lo he preguntado a él. ¿Quién eres?&lt;br /&gt; -¿Alguien llega a saberlo alguna vez?&lt;br /&gt; Vidrena comenzaba a hartarse de aquel juego. Apoyó la hoja de Wirda, plana, bajo la barbilla del hombre, y la levantó poco a poco. Le dio la vuelta de modo que él pudiera sentir el filo y apretó un poco la punta sobre la piel del cuello, no tanto como para cortarle, pero lo suficiente como para que él entendiera que iba en serio.&lt;br /&gt; -Dime quién eres -El efecto de rabia contenida, acentuado por la lenta pronunciación, le quedó muy bien conseguido.&lt;br /&gt; -¿Puedo levantarme?&lt;br /&gt; -Mantén las manos donde pueda verlas.&lt;br /&gt; Apartó la espada y él se levantó.&lt;br /&gt; -Farwyn lym-Kara Aletnor de Dagmar, Capitán de la Segunda Compañía del Valle de Katerlain. Mis amigos me llamaban Farfel.&lt;br /&gt; ¿Es que voy a tener que conocer a todos mis malditos descendientes antes de morir?, pensó Vidrena.&lt;br /&gt; -¡Y ahora te llaman traidor! -gritó Garalay. Vidrena se volvió a mirarla. Estaba pálida, y temblaba como si le hubiera vuelto la fiebre- ¡Estás muerto! ¡Tienes que estar muerto, él dijo que estabas muerto!&lt;br /&gt; -Exageró.&lt;br /&gt; -¡No! -gritó Garalay, reaccionando por fin. Se acercó a él y comenzó a golpearle el pecho como tratando de que le abrieran una puerta- ¡Maldito traidor, embustero, asesino, hijo de..!&lt;br /&gt; La mano de Farwyn salió disparada y le tapó la boca.&lt;br /&gt; -Cuidado, petirrojo, también era tu madre.&lt;br /&gt; Garalay le dio un bofetón.&lt;br /&gt; -¡Me alegro de que esté muerta!&lt;br /&gt; -¿No te encantan las reuniones familiares?&lt;br /&gt; -¡Cállate, Alwaid! -Garalay retrocedió, negó con la cabeza y corrió hacia la puerta- Síguela, Nikwyn. No quiero que vaya sola por ahí.&lt;br /&gt; Farfel saludó con la mano.&lt;br /&gt; -Hasta luego, Nadie.&lt;br /&gt; -Que te zurzan, Estrella Negra.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Cuando Norwyn tenía quince años se escapó de su casa para ser jeddart. No era fácil. Había que burlar las patrullas de trhogol que recorrían los caminos, cruzar la frontera con el Ardieor Libre y entregarse en una Torre o al primer jeddart que se encontrasen. Cada año, centenares de jóvenes hambrientos y sin el más mínimo sentido de la orientación, hartos de trabajar en los campos de las Tierras Peligrosas sin otro futuro que acabar convertidos en trhogol, no-muertos o golosinas para Alwaid, morían mucho antes de llegar a la frontera.&lt;br /&gt; Pero Norwyn había sobrevivido. Antes incluso de llegar a la frontera se había encontrado con el primer jeddart que veía de cerca en su vida. Un joven que iba tarareando una cancioncilla sobre el encuentro en el bosque de Hildwyn y Jassira.&lt;br /&gt; Si la vida hubiera sido justa, el jeddart se habría encontrado con una hermosa Antigua con debilidad por los mortales. Pero la vida nunca es justa, y se encontró con un asustado muchacho de las Tierras Peligrosas que cayó de rodillas y comenzó a recitar una versión muy peculiar del juramento, salpicada de balbuceos. Norwyn no sabía si estaba aguantándose la risa o se había quedado sin palabras al verle. Pero mientras se lo pensaba, llegó el resto de la patrulla. El que parecía estar al mando era casi idéntico al que le había encontrado, solo que tenía el cabello mucho más claro y los ojos mucho más oscuros. Y no solo por el color.&lt;br /&gt; -¿Qué ocurre? ¿Por qué te has quedado ahí plantado?&lt;br /&gt; El jeddart que le había encontrado le señaló con un leve gesto de la cabeza. Norwyn bajó la mirada, tratando de disimular un escalofrío ante el lento y deliberado examen del otro.&lt;br /&gt; -¿Nada más? Córtale el cuello y sigamos adelante, Rhaynon sabe que no nos hacen falta más idiotas.&lt;br /&gt; Estaba hablando en broma, pero Norwyn aún no tenía forma de saberlo.&lt;br /&gt; -No creo que sea una buena idea.&lt;br /&gt; Por un momento, las miradas de los dos jeddart se trabaron en una especie de duelo, hasta que el segundo cedió con una media sonrisa.&lt;br /&gt; -Está bien, si quieres un perrito puedes quedártelo. Pero tú te encargarás de darle el biberón -Dio un taconazo al caballo e hizo una señal a los demás para que le siguieran-. Ya nos alcanzarás.&lt;br /&gt; Norwyn se quedó con el otro en medio del camino.&lt;br /&gt; -¿Cómo te llamas, chico?&lt;br /&gt; -Norwyn, mi Capitán.&lt;br /&gt; -Segundo -La corrección fue tan automática que Norwyn supuso que tenía que hacerla todos los días-. ¿Nada más? ¿Solo Norwyn?&lt;br /&gt; -Sí, mi Ca... Segundo. Solo Norwyn.&lt;br /&gt; -Mejor -Le miró de arriba a abajo, pero aquella vez Norwyn no se sintió molesto-. ¿Cuánto hace que no comes?&lt;br /&gt; -No me acuerdo.&lt;br /&gt; El jeddart desmontó.&lt;br /&gt; -De acuerdo, pues primero vas a comer.&lt;br /&gt; -¿Y ellos?&lt;br /&gt; -Ya les alcanzaremos.&lt;br /&gt; -¿Por qué... por qué haces esto?&lt;br /&gt; Norwyn había oído hablar de las sonrisas de los Aletnor, aquel leve gesto con la boca cerrada y un poco torcida. Pero no era lo mismo oír hablar de ellas que ver una. Estuvo a punto de dejarse caer de rodillas otra vez, pero le pareció que ya había hecho bastante el ridículo por una mañana&lt;br /&gt; -¿Y por qué no?&lt;br /&gt; Se habían sentado al borde del camino, resguardados por unos matorrales, y habían compartido la comida, aunque en realidad Norwyn había comido mucho más que el Segundo de la Segunda de Comelt. Al terminar de comer, ya le había contado toda su historia, sus ambiciones y confusos planes para el futuro. Y el otro le había escuchado como si todo lo que decía hubiera tenido de verdad algún sentido.&lt;br /&gt; Y diez años después, lo único que quedaba de Jelwyn Lym-Kara Aletnor, Señor de Ardieor, Capitán de la Segunda del Valle, amigo y única familia de Norwyn, era aquel horroroso amuleto que ni siquiera podía brillar en su mano.&lt;br /&gt; -Lo siento -dijo Dulyn-. Jel y yo teníamos nuestras diferencias, pero era mi pariente y no quería verlo muerto.&lt;br /&gt; ¿Qué esperaba Dulyn que dijera? Lo único que él quería era que le dejaran solo para llorar a gusto. Si llorar delante de un Aletnor ya era una grosería, delante de cuatro (cinco, si contaba a "Vidrena Conquistando el Castillo Negro") era algo inconcebible para cualquier ardiés.&lt;br /&gt; -No está muerto -corrigió Kayleena.&lt;br /&gt; -Si está prisionero en Ternoy debe estar deseándolo.&lt;br /&gt; Norwyn levantó la mirada y se encontró con la de "Vidrena Conquistando el Castillo Negro". Era curioso lo que ocurría con aquel tapiz. La mirada de la Señora de Ardieor parecía corresponder al estado de ánimo de quien la miraba. En aquellos momentos, estaba llena de lástima por él. O de dolor por su descendiente.&lt;br /&gt; -Anhor, ¿cuántos hombres dices que llevabas en tu pequeña escolta?&lt;br /&gt; -Trescientos.&lt;br /&gt; Norwyn se calló el comentario sobre lo que en Galenday se consideraba "pequeño".&lt;br /&gt; -¿Ibas a invadir Ardieor con trescientos hombres?&lt;br /&gt; La voz de Dayra estaba llena de genuino asombro, y Anhor sonó un poco avergonzado al responder.&lt;br /&gt; -Esperaba asustaros lo suficiente para no tener que utilizarlos.&lt;br /&gt; Norwyn apartó la mirada del tapiz y la clavó en el galendo.&lt;br /&gt; -¿Podrías reunir más?&lt;br /&gt; -Sí, pero...&lt;br /&gt; -Quiero que salgas de Comelt y vayas a buscarles. A todos los que puedas reunir. Y esto es una petición oficial. En nombre del Valle de Katerlain. ¿Alguien tiene algo que decir?&lt;br /&gt; -Sí, yo tengo algo que decir. ¿Cómo voy a salir de Comelt?&lt;br /&gt; Norwyn miró a Dayra. La joven pareció confundida.&lt;br /&gt; -¿El pasadizo? ¡Si ni siquiera sabemos si de verdad existe!&lt;br /&gt; -Buscadlo. Las Damas Grises deben tener alguna idea, para eso están. Y, por cierto -Se levantó y se metió el amuleto en el bolsillo-. Ellos -señaló hacia fuera con la cabeza- pueden decir lo que quieran. Pero mientras no vea su cabeza en una pica, Jelwyn es mi Señor y Capitán, esté aquí, en Ternoy o en cualquiera de los siete infiernos. Espero que nadie lo olvide -Suspiró, de un modo algo más ruidoso de lo que pretendía, tiró un poco del faldón de la cota de malla y salió de la Sala para comunicar las noticias a la Segunda del Valle.&lt;br /&gt; -¡Esto ya es demasiado! ¿Quién se cree que es? ¿Cómo se atreve a pensar que puede darnos órde…?&lt;br /&gt; -Cállate, Dulyn.&lt;br /&gt; Dulyn estaba acostumbrado a quedarse sin la última palabra, pero nunca se quedaba sin su último bufido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-115309122135224537?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/115309122135224537/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=115309122135224537&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115309122135224537'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115309122135224537'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/07/resumen-del-captulo-1-y-captulo-2.html' title='Resumen del Capítulo 1 y Capítulo 2'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-115252537933618776</id><published>2006-07-10T11:25:00.000+02:00</published><updated>2006-07-10T11:56:19.360+02:00</updated><title type='text'>Resumen de lo sucedido y Capítulo 1 de la Cuarta Parte</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Qué ha pasado hasta ahora:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hace  cien años, tras una lamentable cadena de errores militares y diplomáticos, Ardieor cayó en manos de su malvada vecina, Zetra de Ternoy. Solo un pequeño Valle entre las montañas, donde se refugiaron los supervivientes, protegido por un hechizo; y la Ciudad de Comelt, reconquistada veinte años después, resisten a la invasión. Cien años después de la Caída de Dagmar, Garalay, hija del Señor de Ardieor y Lym de la Dama Gris de Dagmar envía a su hermano mayor, Jelwyn, a salvar a Níkelon, el tercer hijo del Rey de Galenday, de un intento de asesinato. El plan de la joven es utilizar a Níkelon, portador de una copia en hierro del Sello de los Señores de Ardieor y de una antigua espada, para cumplir una profecía que dice que alguien llegará del Sur para liberar Ternoy del malvado mandato de Zetra. Aunque sorprendido al principio, Níkelon accede a condición de que las Damas Grises le entreguen la mano de Garalay (lo que molesta bastante a ésta). En una emboscada, los ardieses toman prisionera a una chica que, varios capítulos más tarde, resulta ser Zetra en persona, rompe el hechizo protector del Valle y huye con Layda, la hija de Jelwyn (¿o tal vez no?).  Garalay roba el Sello Ardiés y huye al Otro Mundo, mientras Jelwyn y Níkelon se van a Ternoy con la intención de rescatar a Layda, liberar Ternoy y de paso, si encuentran a Garalay, recuperar el Sello. Por el camino encuentran a Briana, una prisionera que los trhogol llevaban al Castillo Negro y ha conseguido huir, y que tiene misteriosos poderes que no conoce ni ella misma. Garalay despierta a Vidrena con la ayuda del Sello, y juntas encuentran a Wirda dónde... o mejor dicho, cuándo menos se lo esperaban. Luego, Garalay y Vidrena sacan a Alwaid (la gemela de Vidrena) de su prisión en la Fortaleza de los Pantanos, y juntas encuentran a Níkelon, que se ha quedado con la Gente de los Pantanos mientras Jelwyn y Briana se han marchado a seguir buscando a Layda. Tras muchos kilómetros y varias peripecias, Jelwyn y Briana son capturados por el enemigo, y liberados por Estrella Negra, que resulta no ser tan malo como creía todo el mundo (o igual sí). Durante la huida, Briana descubre que puede transformarse en dragón y volar. Y, cuando están a punto de morir de frío, "alguien" aparece en la cueva donde se han refugiado y les rescata.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; CUARTA PARTE: EN EL LUGAR MÁS OSCURO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt; CAPÍTULO 1&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;La eternidad es poco para nosotros (Arnhtorn el Intrépido)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; Se había acostumbrado a pensar en si mismo como Estrella Negra. Ya no recordaba cuánto tiempo hacía que no le llamaban por su verdadero nombre. Alwaid lo sabía, claro, y también Zetra. Y Jedllyn, por supuesto. Y, por un momento, cuando había conocido a Layda, había tenido la impresión de que ella sospechaba algo.&lt;br /&gt; Hacía siete años que sabía que el Plan podía terminar mal. ¿Que podía? Sabía que iba a terminar mal. Solo a él podía habérsele ocurrido una idea tan loca, pero solo a Jedllyn podía habérsele ocurrido tomársela en serio y elaborar el Plan. Un Plan que solo podía terminar de aquella forma desastrosa. Bien, allí estaba. Tendido boca arriba en el suelo del calabozo, hambriento, sediento, aterido de frío y preguntándose cuándo iban a comenzar a divertirse con él. Conocía el proceso, lo había visto miles de veces. Solo el final le causaba cierta curiosidad: ¿Le convertirían en trhogol, en vampiro, en uno de esos no-muertos decrépitos que se arrastraban por los pasillos con pedazos de carne cayéndoseles de los huesos, o se limitarían a matarle de la forma más lenta y dolorosa posible?&lt;br /&gt; Hasta en eso había tenido suerte el maldito Jelwyn. Tenía quien le rescatara. Claro, que él podría haberse negado, o al menos haberlo hecho de una forma más discreta. Pero, recordó con una sonrisa que hizo que le dolieran los músculos de la cara, aquello iba contra su propia naturaleza. Él siempre había sido de los que actuaban primero y pensaban después.&lt;br /&gt; La puerta del calabozo se abrió. Alguien le arrojó un cubo de agua apestosa.&lt;br /&gt; -Estaba consciente, gracias.&lt;br /&gt; -¿Y qué? El Amo quiere verte.&lt;br /&gt; -¿Serviría de algo si os dijera que yo no quiero verle a él?&lt;br /&gt; Ni se molestaron en decirle que no. Tiraron de sus brazos hasta levantarle del suelo y le llevaron a rastras hasta la Sala.&lt;br /&gt; El Amo de Redlam le recibió con su untuosa sonrisa.&lt;br /&gt; -Espero que nuestra hospitalidad te haya sido agradable.&lt;br /&gt; -Sí, las chinches eran muy simpáticas.&lt;br /&gt; Si alguna vez había habido chinches en los calabozos, habían huido años ha en busca de mejores oportunidades.&lt;br /&gt; -Supongo que te preguntarás qué vamos a hacer contigo.&lt;br /&gt; -Pues no.&lt;br /&gt; -Te lo diré de todas formas. La Señora nos ha dicho que le da igual lo que hagamos contigo. Así que he decidido que antes de morir podrías divertirme un poco.&lt;br /&gt; Farfel pasó una rápida mirada a la Sala. Los dos Guardias que le habían llevado a rastras y cuatro más que ya estaban allí, todos vampiros, el espejo cubierto, el Amo de Redlam con aquella sonrisa de gato harto de leche... Se preguntó si tendría tiempo de apartarles de un empujón y tirarse por la ventana. Con un poco de... no, con mucha suerte, llegaría entero al patio. Si no se rompía el cuello o las dos piernas, podía correr hasta la muralla, abrir la puerta, salir corriendo montaña abajo...&lt;br /&gt; Sí, y también podía salir volando como la chica de Jedllyn.&lt;br /&gt; -¿De verdad sois tan buenos con la espada como dicen?&lt;br /&gt; -Vosotros sabréis. En cien años no habéis podido ganarnos...&lt;br /&gt; La sonrisa del vampiro se volvió más ancha aún. Dejó una espada entre los dos, encima de la mesa.&lt;br /&gt; -Si haces una buena exhibición, puede que te dé una muerte rápida. Y definitiva. -¿Era una trampa? Sí, seguro que lo era. Farfel miró la espada, calculando sus probabilidades de matar al otro y salir vivo de allí.- A por él, chicos.&lt;br /&gt; Farfel oyó cómo la puerta se abría. Tomó la espada y se dio la vuelta, en un rápido movimiento.&lt;br /&gt; Allí debía estar media guardia, o el miedo hacía que se lo pareciera. Bien. Si las cosas iban a ocurrir así, él se llevaría a unos cuantos por delante. Ya estaba harto de todo. Hizo un saludo burlón con la espada.&lt;br /&gt; -Adelante, chicos, ¿quién quiere ser el primero en morir?&lt;br /&gt; No era una gran frase, teniendo en cuenta que la mitad de los presentes ya estaban muertos, pero no estaba en condiciones de ser ingenioso.&lt;br /&gt; Los Guardias atacaron. Eran buenos, pero Farfel estaba desesperado. Apuñaló en la garganta al que estaba a su izquierda, le apartó de un empujón y, aun sabiendo que así se cortaba una posible retirada, retrocedió contra la pared para evitar que alguno se pusiera a su espalda.&lt;br /&gt;Esquivó un mandoble, clavó la espada entre las costillas de otro Guardia, atravesando el corazón, y la arrancó a toda velocidad al tiempo que se apoderaba de la espada del muerto y detenía el ataque de otro.&lt;br /&gt; Alguien estaba llamando a la puerta, pero nadie de la Sala pareció darse por enterado. Farfel estaba oyendo a los lobos. Paraba, esquivaba, bloqueaba, hería y golpeaba con las dos espadas a la vez, como si su cuerpo no fuera suyo y él estuviera disfrutando el espectáculo desde fuera, como el Amo de Redlam. Su corazón latía tan fuerte que casi no oía el insistente golpeteo en la puerta. Se le comenzaban a cansar los brazos y el sudor se estaba empezando a añadir a sus problemas, algunas espadas le habían rozado más de lo conveniente para su salud, pero las heridas todavía no habían comenzado a dolerle.&lt;br /&gt; Y entonces, la puerta se hizo astillas.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; -¿Eso es una bandera blanca?&lt;br /&gt; Kayleena arrugó el entrecejo mientras veía cómo Lajja se adelantaba a su escolta y clavaba en el suelo el asta al que había atado aquel trapo que alguna vez debería haber sido blanco.&lt;br /&gt; -No creerás que van a rendirse.&lt;br /&gt; -Si vuelven a intentar convencernos de que nos rindamos nosotros, vomitaré.&lt;br /&gt; -Ni se te ocurra. No podemos desperdiciar comida.&lt;br /&gt; Lajja cruzó los brazos y miró hacia arriba.&lt;br /&gt; -Si habéis terminado de charlar, quiero hablar con la Señora de Ardieor. A solas.&lt;br /&gt; Dayra vio cómo Dulyn palidecía de rabia. La elección del título parecía calculada para ofenderle a él y obligar a discutir a Dayra y Kayleena por cuál de las dos tenía derecho a hablar por Ardieor.&lt;br /&gt; -No vayais -susurró Anhor-. Es una trampa.&lt;br /&gt; -¿Al alcance de nuestras flechas? Es tonta pero no está loca.&lt;br /&gt; -Creía que era al revés.&lt;br /&gt; Kayleena se asomó por la muralla.&lt;br /&gt; -¿Qué garantías tengo de que no es una trampa?&lt;br /&gt; -Las mismas que yo. Pero si tienes miedo, puedes venir acompañada.&lt;br /&gt; -No tengo nada que ocultar.&lt;br /&gt; La sonrisita de Lajja fue casi un insulto, pero Dulyn y Dayra insistieron en acompañar a Kayleena. Los tres permanecieron en el umbral de la Puerta mientras la otra se adelantaba para hablar con ellos.&lt;br /&gt; -Me han enviado algo desde Ternoy que creo que os gustaría tener.&lt;br /&gt; Extendió la mano izquierda, que hasta aquel momento había mantenido cerrada, y la abrió poco a poco. Todo su autocontrol no pudo evitar que Dayra gritase.&lt;br /&gt; -Veo que la joven señora lo ha reconocido.&lt;br /&gt; Un triángulo de latón, de lados torcidos y vértices redondeados, con una piedra azul algo descolorida, rodeada de rayos como intentando parecer un sol sobre una pequeña pirámide escalonada, y lleno de abolladuras semicirculares que parecían hechas a propósito para afear aún más el colgante...&lt;br /&gt; Dayra se recordó a si misma burlándose de la espantosa adquisición de Jelwyn y calificándolo de "lo más feo que había visto en su vida".&lt;br /&gt; ¿Por qué a nadie le gusta mi pobre amuleto de la suerte?, había dicho él.&lt;br /&gt; -Tenemos a vuestro Señor y a su heredera -La voz de Lajja, suave y llena de falsa compasión, llegaba desde muy lejos-. Creo que será mejor que os rindáis.&lt;br /&gt; -¿Qué le habéis hecho?&lt;br /&gt; Lajja miró a Dulyn.&lt;br /&gt; -Oh, no os preocupéis por él, está a salvo y calentito. Atendido por hermosas jovencitas y disfrutando de los mejores manjares de Ternoy.&lt;br /&gt; Era el truco más sucio que Dayra había visto en su vida. La joven recordó a Dulyn un par de noches antes, preguntándole si confiaba en su primo. Ahora sabía de dónde había sacado la idea.&lt;br /&gt; -¿Y dónde está? -Por un momento, Lajja pareció no saber qué decir-. Mira, chica, puedes enseñarme todos los malditos colgantes que quieras, pero si no me lo enseñas a él en persona, no me creeré que hayáis capturado a Jelwyn. Él no es de los que se dejan atrapar vivos.&lt;br /&gt; -¿Eso significa que solo nos creerías si vieras su cabeza clavada en una pica?&lt;br /&gt; -Por ejemplo. -De un zarpazo, Dayra arrancó el amuleto de la mano de Lajja-. Avísanos si lo consigues.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Briana soñaba con una tormenta. Rayos, truenos, viento, lluvia tan espesa que casi no se podía ver nada, excepto a Jelwyn, en pie en medio de la lluvia, con los brazos abiertos y la cara levantada hacia el cielo. Los rayos caían a su alrededor, el viento le sacudía el pelo, el agua resbalaba por su rostro y se metía bajo su ropa.&lt;br /&gt;Briana sabía que era una pregunta tonta, pero no pudo evitar hacerla.&lt;br /&gt;-¿No os asusta la tormenta?&lt;br /&gt;Y él le devolvió una mirada que le provocó escalofríos.&lt;br /&gt;-Yo soy la tormenta –contestó.&lt;br /&gt;Briana despertó sobresaltada en un lugar desconocido. Estaba limpia y acostada en una cama, entre sábanas que olían a espliego, y no en el suelo o sobre un montón de paja sucia. Incluso llevaba un camisón. No se oía nada, salvo el trino lejano de algún pájaro y sonido de viento en las ramas de algún árbol. Un tenue olor a melocotón, pan recién hecho y alguna clase de flor le recordaron que hacía mucho tiempo que no comía.&lt;br /&gt;Poco a poco, volvió a respirar bien. Se incorporó y miró a su alrededor. Estaba en una habitación, pequeña pero cómoda. Además de la cama, contenía un arcón, dos sillas y un banco acolchado junto a la ventana, por la que podía ver un cielo azul con unas pocas nubes y el vuelo de unas cuantas docenas de golondrinas.&lt;br /&gt;Cuando volvió la cabeza a su izquierda, vio que Jelwyn la estaba mirando.&lt;br /&gt;-Buenos días.&lt;br /&gt;Estaba de rodillas, con los codos apoyados en la cama y la barbilla apoyada en los codos. Se levantó y se sentó en la cama.&lt;br /&gt;-¿Te encuentras bien?&lt;br /&gt;Briana se incorporó.&lt;br /&gt;-Esto no es justo.&lt;br /&gt;-¿Lo qué?&lt;br /&gt;-Yo debería estar en vuestro lugar. Debería haberos cuidado mientras estabais herido, y deberíais haberme visto al despertar.&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;-Pues porque… porque estabais herido, mientras que yo no tenía nada, y… ¿Dormís alguna vez?&lt;br /&gt;Jelwyn sonrió.&lt;br /&gt;-¿Para qué?&lt;br /&gt;-¿La palabra “descanso” significa algo para vos?&lt;br /&gt;-“Pérdida de tiempo”.&lt;br /&gt;-A veces me pregunto si sois humano.&lt;br /&gt;En aquel momento se oyó algo que parecía un gemido, y Jelwyn hizo un gesto de dolor.&lt;br /&gt;-Disculpa –dijo. Se agachó y volvió a incorporarse con un animalito que bufaba y se debatía agarrado con dos dedos. Lo dejó sobre la manta, al lado de Briana.- Como iba a decir antes de que este bribón nos interrumpiera, eso son tonterías. Los dos sabemos que soy el más fuerte. Necesitabas descansar.&lt;br /&gt;-¿Qué es esto? –preguntó Briana, asombrada. El animalito, una diminuta criatura de pelo corto, cabeza redonda, orejas puntiagudas y larga cola, se sentó sobre sus cuartos traseros y bostezó mostrando una lengua rosada y unos agudos colmillitos.&lt;br /&gt;-Un gatito. Lleva días rondando por aquí. Ten cuidado con sus uñas.&lt;br /&gt;Briana acarició al gato, olvidando por un momento de qué trataba la conversación.&lt;br /&gt;-¡Es precioso!&lt;br /&gt;-¿No vas a preguntarlo?&lt;br /&gt;-¿Preguntar qué?&lt;br /&gt;-Dónde estamos.&lt;br /&gt;Ni se le había ocurrido.&lt;br /&gt;-¿Dónde…?&lt;br /&gt;-En Branglyn.&lt;br /&gt;Briana trató de recordar dónde había oído aquel nombre y qué significaba.&lt;br /&gt;-¿El País de las…?&lt;br /&gt;Jelwyn le tapó la boca con dos dedos, en suave advertencia.&lt;br /&gt;-Prefieren ser llamadas Antiguas. O Buenas Personas, Amables Vecinos… -Apartó la mano y sonrió. –Mejor no te aburro con la lista completa.&lt;br /&gt;-¿Y cómo llegamos aquí?&lt;br /&gt;-Nos rescataron. Según Dinel, nos necesitan vivos y no haciendo el tonto en Ternoy.&lt;br /&gt;-Pues qué bien. ¿Y cuándo nos dejarán irnos?&lt;br /&gt;-Ni idea. La vigésima vez que se lo pregunté, me mandaron a paseo.&lt;br /&gt;Desde que había despertado, le había visto sonreír más veces que en todo el viaje por Ternoy.  Era la primera vez que le veía de verdad, a la luz natural de un auténtico día. Briana se fijó en todos los detalles que hasta entonces no había visto. Aquella maldita cicatriz solía hacer que el resto de su cara pasase inadvertido, pero también había arruguitas alrededor de los ojos y en la frente, un par de marcas de varicela en el entrecejo y la mejilla, e incluso una cicatriz menor en la barbilla y otra en la oreja derecha.&lt;br /&gt;Se preguntó si él recordaría lo que le había dicho en la cueva, antes de perder el conocimiento. Por un momento, casi oyó otra vez la voz de la Sacerdotisa. Aquello no estaba bien, no era lo que le habían enseñado que era decente y apropiado, y si seguía por aquel camino iba a terminar igual que su madre. Debía portarse como una buena chica, controlar, no, mejor aún, estrangular sus sentimientos, aplastarlos como a insectos fastidiosos. Después de todo, tal vez él lo hubiera olvidado todo, tal vez ni siquiera lo había oído. Sí, esa era la solución. Si se le ocurría decir algo, Briana actuaría como si nada hubiese ocurrido. Aunque era obvio que existía cierta… ligera atracción, eran personas mayores y sabían controlarse. El autocontrol, le había dicho Jelwyn unas cuantas veces mientras intentaba enseñarle a manejar la espada, era muy importante para un jeddart. Y también para una drach. No diría ni una palabra…&lt;br /&gt;-Bri, creo que tú y yo tenemos que hablar en serio.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Maldición&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;-¿De qué?&lt;br /&gt;-De mi nombre. – Briana, demasiado sorprendida para replicar, se quedó mirándole embobada. – Cuando aún quería librarme de ti me daba lo mismo, pero si tengo que oír mi nombre mal pronunciado el resto de mi vida, creo que me volveré loco.&lt;br /&gt;-¿El resto de…?&lt;br /&gt;-Si no malinterpreté aquello de tus mil muertes.&lt;br /&gt;Briana rió.&lt;br /&gt;-¡Maldita sea vuestra memoria! ¿Alguna vez olvidáis algo?&lt;br /&gt;-Lo intenté, ¿sabes? Lo último que deseaba era complicarme la vida con una cría de la edad de mi hermana pequeña. Intenté con todas mis fuerzas arrancarte de mi cabeza, como se arranca una cana con la esperanza de que no vuelva a crecer.&lt;br /&gt;-Pues deberíais haberlo intentado más.&lt;br /&gt;-¡Te dejé a solas con Nikwyn todas las veces que pude!&lt;br /&gt;-Sí, y siempre os asegurabais de volver a tiempo de evitar que ocurriera algo.&lt;br /&gt;-¿Ah, sí? ¿Y quién salió corriendo detrás de mí en los Pantanos?&lt;br /&gt;-¿Os alejasteis lo bastante deprisa como para que no pudiera alcanzaros?&lt;br /&gt;-¡Preciosidad, nadie en este mundo puede correr tanto!&lt;br /&gt;-¡Dejad de gritarme! ¡No es culpa mía!&lt;br /&gt;-No se me dan nada bien estas cosas –Jelwyn pareció melancólico.- Seguro que Nikwyn te recitaría una de esas declaraciones apasionadas de “Arnthorn el intrépido” que ocupan siete páginas. Se las sabe todas, pero yo no he leído el condenado libro más que una vez y ya tuve demasiado. Así que voy a hablar claro –Briana se abstuvo de decirle que ya era hora.- Soy un viejo gruñón, ni siquiera de joven era muy agradable de mirar y en estos momentos no poseo más que lo que llevo puesto. Gobierno, o algo parecido, sobre una ciudad sitiada y un Valle que a estas horas ya debe ser un montón de ceniza, y es más que posible que en cuanto vuelva a Ardieor me condenen por deserción o por cualquier otra cosa que se les ocurra, y, como soy un jeddart y además más viejo que tú, es probable que muera y te deje sola con los gemelos.&lt;br /&gt;-¡¿Gemelos?!&lt;br /&gt;-Y creo que ya te hablé un día de las maldiciones familiares, ¿no? Aunque somos lo bastante educados como para no incluir a los gemelos en la lista de maldiciones.&lt;br /&gt;-¿Queréis dejar de hablar de gemelos?&lt;br /&gt;-¿Y tú quieres olvidarte de todas las tonterías que acabo de decir y contestarme que te encantaría ser la próxima Señora de Ardieor a pesar de todo?&lt;br /&gt;-¿Y ahora es cuando debo arrojarme en vuestros brazos y exclamar: “Sí, sí, y mil veces sí”?&lt;br /&gt;-Bastaría con uno.&lt;br /&gt;-No puedo. Estoy prometida, ¿recordáis?&lt;br /&gt;-Eso tiene remedio.&lt;br /&gt;-No en Lossián.&lt;br /&gt;Jelwyn le dio dos palmaditas en la mano.&lt;br /&gt;-Ya lo encontraremos.&lt;br /&gt;-Podrías mostraros un poco más inseguro, ¿no creéis? Un poco de “no puedo creer que me améis” o “no soy digno de vos” hubiera quedado muy bonito.&lt;br /&gt;-Bri, esas tonterías no son para nosotros. Si no fuera digno de ti, ni me habrías mirado. Y si te dijera que no creo algo que me has dicho, te estaría llamando mentirosa.&lt;br /&gt;Y, antes de que ella tuviera tiempo de sentirse tonta, le dio un beso, rápido pero entusiasta, y salió de la habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Bueno, después de hacer las divisiones apropiadas para que me quepa aquí y no os canséis demasiado, me salen tres capítulos más. A ver si me pongo de una vez y la acabo...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene, Siete Fans&lt;/span&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-115252537933618776?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/115252537933618776/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=115252537933618776&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115252537933618776'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115252537933618776'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/07/resumen-de-lo-sucedido-y-captulo-1-de.html' title='Resumen de lo sucedido y Capítulo 1 de la Cuarta Parte'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-115192032025995624</id><published>2006-07-03T11:40:00.000+02:00</published><updated>2006-07-03T11:52:00.306+02:00</updated><title type='text'>Resumen del  Capítulo 16 y Capítulo 17</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Qué ha pasado: Jelwyn y Briana, que cayeron prisioneros en el capítulo anterior, consiguieron escapar de Redlam con la ayuda de Estrella Negra, y durante la fuga, Briana descubrió que, después de todo, sí que podía transformarse en dragón&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; CAPÍTULO 17&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;...pues era el mas audaz de los caballeros, o eso pensaba él. (Arnthorn el intrépido)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Llevando su caballo de la rienda, Níkelon se acercó a Garalay y al grupito de muchachas que estaban sentadas con ella. Dieciséis pares de ojos se volvieron hacia él cuando la llamó. Carraspeó, algo incómodo.&lt;br /&gt; -Vidrena me ha pedido que vaya a ver qué hay ahí delante. ¿Me acompañas?&lt;br /&gt; Garalay le miró, sorprendida. No era la primera vez que Vidrena mandaba adelantarse a Níkelon para que comprobara si el camino estaba despejado, pero sí era la primera que él quería que ella le acompañara.&lt;br /&gt; -¿Por qué no?&lt;br /&gt; Níkelon sonrió como si no hubiera esperado aquella respuesta.&lt;br /&gt; -¿Te ayudo a montar?&lt;br /&gt; -Puedo sola.&lt;br /&gt; Níkelon vio de reojo cómo Vidrena alzaba las cejas cuando le vio montar detrás de Garalay y tomar las riendas.&lt;br /&gt; -Espero que esto no sea solo una excusa para abrazarme -dijo Garalay un poco más tarde, cuando ya habían dejado atrás a los otros.&lt;br /&gt; Níkelon sabía que no había sido una buena idea. El cabello de Garalay le hacía cosquillas en la cara, y la visión de su cuello y sus orejas hacía que le rechinasen los dientes de ganas de mordisquearlos.&lt;br /&gt; -Por supuesto que no. Es una excusa para hablar contigo sin que nos molesten.&lt;br /&gt; -¿Ahora tienes secretos?&lt;br /&gt; -En realidad, princesa, me debes unos cuantos paseos. Y a falta de bosque... ¿De qué hablabas ayer tanto rato con Morj?&lt;br /&gt; Garalay se rió.&lt;br /&gt; -¿Celos, Nikwyn?&lt;br /&gt; -Más bien envidia. Parecías tomártelo más en serio que a mí.&lt;br /&gt; -No era nada importante, sólo estábamos planeando destruir la más sagrada tradición de las Damas Grises.&lt;br /&gt; -Suena interesante. ¿Qué te dijo, que quiere ser una de ellas?&lt;br /&gt; Garalay se volvió a mirarle, con los ojos muy abiertos.&lt;br /&gt; -¿Cómo lo sabes?&lt;br /&gt; -¡Era una broma! ¿De verdad Morj quiere ser...? ¿Cómo podríamos llamarlos, Hombres Grises, Caballeros grises?&lt;br /&gt; -¡Suena feísimo! En realidad, lo que quieren es aprender lo mismo que las chicas. Y lo único que se me ocurrió contestarle fue: "Es verdad, ¿por qué no?"&lt;br /&gt; -¡Les va a dar algo cuando se enteren!&lt;br /&gt; -Si ellas pueden saltarse las normas cuando quieran, yo también. ¡Hay tanta gente ahí fuera, Nikwyn! Gente con ganas de aprender y cosas que enseñar. Debería existir algo, un lugar donde pudieran encontrarse.&lt;br /&gt; -Princesa, cada vez que comienzo a preguntarme por qué me gustas tanto, haces algo que me lo recuerda.&lt;br /&gt; -Lo tendré en cuenta. -Había sonado casi como una amenaza. Níkelon renunció a replicar.- ¿Qué es eso?&lt;br /&gt; -¿Qué es el qué?&lt;br /&gt; -Ahí delante, ¿no lo ves? ¡Haz correr a este bicho!&lt;br /&gt; -Si hay algo raro, deberíamos volver para informar.&lt;br /&gt; Garalay golpeó con sus talones los flancos del caballo. El animal, sorprendido, relinchó en señal de protesta y se lanzó al galope. Níkelon no tuvo más remedio que agarrarse con todas sus fuerzas a las riendas y al mismo tiempo sujetar a Garalay para evitar que se cayera, mientras pensaba en todo lo que iba a decirle cuando recuperase el aliento.&lt;br /&gt; -¡Para! -gritó ella en un tono de voz que hizo imposible desobedecer, y apenas había Níkelon detenido al caballo cuando ya se había tirado de la silla.&lt;br /&gt; Níkelon desmontó con algo más de calma. En el suelo pudo ver los restos de un campamento: la hoguera apagada hacía días, las mantas, el corazón de una manzana, incluso la cazuelita en la que Jelwyn solía calentarse el agua para la menta. Como si algo o alguien hubiera obligado a sus propietarios a marcharse de allí tan deprisa que no habían tenido tiempo de borrar el rastro.&lt;br /&gt; Garalay estaba de rodillas, muy pálida, observando algo. Níkelon se agachó a su lado. Ya había visto lo suficiente para reconocer lo que eran aquellas gotitas. Cuando ella levantó la mirada, no supo qué decirle. "Lo lamento" le pareció estúpido. Ni siquiera sabía lo que debía lamentar.&lt;br /&gt; -No creo que esté muerto -dijo al fin-. Lo habrías visto.&lt;br /&gt; Garalay miró de nuevo las manchas de sangre.&lt;br /&gt; -No vi a Farfel.&lt;br /&gt; -Deja de atormentarte, seguro que está bien.&lt;br /&gt; Ella reaccionó como si la hubieran pinchado.&lt;br /&gt; -¿Bien? ¡Está herido, Nikwyn, y prisionero! ¿Sabes lo que les hacen a los prisioneros ardieses?&lt;br /&gt; -Si está prisionero, no puede estar en otro sitio que en Redlam.&lt;br /&gt; -Pueden haberlo llevado al Castillo Negro sin pasar por allí.&lt;br /&gt; Había algo espantoso en aquella fría tristeza. Níkelon tenía una ligera idea de cómo tratar con un ataque de ira, o de llanto. Pero Garalay se limitaba a estar allí, sentada sobre sus talones, mirando las manchas de sangre y hablando con una voz opaca, en la que no podía haber ni llanto contenido.&lt;br /&gt; -Dagmar, estás siendo pesimista.&lt;br /&gt; -¿Y no tengo motivos?&lt;br /&gt; -No. Tienes a Vidrena, y también a mí. ¿Es que crees que no soy capaz de desmontar todos los castillos de este maldito país piedra por piedra para encontrarle, aunque solo sea por lo mucho que a ti te importa?&lt;br /&gt; Ella se volvió a mirarle, con un brillo en los ojos que en cualquier otra persona habría podido preceder a las lágrimas.&lt;br /&gt; -Nunca me atreví a decírselo. ¿Crees que lo sabe?&lt;br /&gt; -¡Pues claro que lo sabe! ¡Si hasta yo me di cuenta enseguida! -Se le estaban durmiendo las piernas, así que se dejó caer de rodillas y la cogió de las manos-. Tranquilízate y piensa. Es el mejor jeddart de Ardieor, puede cuidarse solo y además no está solo. Estoy seguro de que Bri es más de lo que parece.&lt;br /&gt; En un impulso que tal vez ni ella pudo explicarse, Garalay le abrazó.&lt;br /&gt; -Te quiero mucho, Nikwyn, aunque no debería decírtelo.&lt;br /&gt; -Sobra una palabra.&lt;br /&gt; Garalay se apartó.&lt;br /&gt; -¿Qué?&lt;br /&gt; -Ese "mucho". Es como si me hubieras dicho que me quieres como a tu perro o a tu hermanito pequeño. O como si fueras a añadir que soy el mejor amigo que has tenido nunca.&lt;br /&gt; -¡Es que lo eres! Solo quería que lo supieras por si no tenía otra ocasión de decírtelo, pero ya veo que ha sido una mala idea. ¿Gris?&lt;br /&gt; Por un momento, Níkelon pensó que Garalay se había vuelto loca. Luego, volvió la cabeza hacia donde ella estaba mirando y vio a la perra. Estaba flaca, pero no parecía herida ni enferma. Indecisa entre sentarse o permanecer en pie, había elegido una postura intermedia que le permitía mover la cola con todas sus fuerzas y golpear el suelo con las patas delanteras. Solo al oír la voz de Garalay se decidió a acercarse.&lt;br /&gt; -Pobrecita, te han dejado sola aquí, esos malvados. -Garalay había liberado sus manos sin demasiados aspavientos y dejó que Gris la olfateara y lamiera su cara. Luego, volvió a ser la Garalay que Níkelon reconocía-. Nikwyn, ayúdame a recoger estas cosas y vamos a contárselo a Vidrena. Tenemos personas a las que rescatar.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Hacía frío. No era ninguna novedad, pero seguía siendo una molestia. En algún lugar detrás de las nubes, se recordó Anhor, hacía sol. Seguro que era la clase de sol que hacía suspirar a la gente por un poco de sombra. Lo añoraba con toda su alma.&lt;br /&gt; -¡Atención, ardieses! -dijo Dulyn. Estaba montado en su caballo, con el casco recién ajustado bajo la barbilla. Anhor pensaba que era un casco demasiado vulgar. Debía haber tenido un águila, un león o alguna otra fiera en la cimera, pero el desinterés de los ardieses por aquel aspecto de la guerra era decepcionante.- Este es el momento más importante de nuestras vidas. Ardieor no ha visto nada semejante desde la caída de Dagmar. Luchad hasta la última gota de vuestra sangre, porque si vencemos, entraremos en la leyenda. Pero si perdemos, seremos historia.&lt;br /&gt; Un jeddart detrás de Anhor preguntó en voz baja.&lt;br /&gt; -¿Eso ha sido lo que llaman una metáfora?&lt;br /&gt; -Me temo que sí -le respondió un compañero.&lt;br /&gt; -Pues estamos apañados.&lt;br /&gt; -¡Eh, Capitán! -gritó otro- ¿Esto va a ser muy largo?&lt;br /&gt; Anhor vio cómo centelleaba la mirada de Dulyn. A la derecha del ardiés, Norwyn sonrió como en señal de aprobación.&lt;br /&gt; -Palurdos -murmuró Dulyn. Y luego hizo dar la vuelta a su caballo y ordenó con voz firme- ¡Abrid la puerta!&lt;br /&gt; Un jeddart algo asustado levantó la tranca. El chirrido de la cadena al alzarse el rastrillo espeluznó a más de uno.&lt;br /&gt; Aunque menos que la voz que sonó a sus espaldas.&lt;br /&gt; -¡Dulyn! ¿Qué significa esto?&lt;br /&gt; Dulyn se volvió a mirar a Norwyn.&lt;br /&gt; -¿Se lo has dicho tú?&lt;br /&gt; -¿Crees que estoy loco?&lt;br /&gt; Yarla carraspeó.&lt;br /&gt; -¿De verdad quieres que alguien conteste esa pregunta?&lt;br /&gt; Dayra se plantó al lado del caballo de Dulyn, con el ceño fruncido y las manos en las caderas.&lt;br /&gt; -He preguntado que qué significa esto.&lt;br /&gt; -Vamos a hacer una salida.&lt;br /&gt; -¿Una salida? ¿Es que se os ha secado a todos el cerebro?&lt;br /&gt; -¿Y qué vamos a hacer? ¿Pudrirnos aquí dentro? Prefiero morir con una espada en la mano -Se inclinó hacia ella y la besó en la frente-. Tranquila, sé cuidarme.&lt;br /&gt; Dayra se mordió el labio inferior.&lt;br /&gt; -Elegí un mal día para dejar de morderme las uñas.&lt;br /&gt; Dulyn hizo que su caballo levantara las patas delanteras, en lo que a Dayra le pareció una exhibición algo inútil, y salió al galope por la Puerta Este de Comelt.&lt;br /&gt; Dayra no se movió mientras el resto de sus acompañantes salían tras él, de una forma algo menos espectacular pero igual de ruidosa. Luego, mientras la puerta se cerraba, subió corriendo las escaleras hasta lo alto de la muralla.&lt;br /&gt; Por la tierra de nadie, entre el campamento enemigo y las murallas de Comelt, cargaron los quinientos jeddart y el galendo. Cabalgaba en cabeza el Gobernador Dulyn, a su derecha, un poco atrasado, Norwyn de la Segunda del Valle, y a su izquierda, tratando de mantenerse a la altura, Anhor de Erdengoth. Cayeron sobre el campamento enemigo como una tormenta de granizo, matando y destruyendo, y un grito de entusiasmo se elevó desde las murallas. Solo Dayra permaneció callada, luchando con todas sus fuerzas contra el impulso de morderse las uñas. De reojo, le pareció ver, no muy lejos de ella en las almenas, la figura traslúcida de una Dama Gris. Prefirió no seguir mirando.&lt;br /&gt; Aquello era lo que había estado esperando, pensaba Anhor. Nada de ocultarse tras las murallas, o de huir ante el enemigo. El viento en la cara, el sonido de la espada contra el acero o la carne enemiga, el olor de la sangre fresca. Casi podía oír el primer verso de la balada celebrando sus hazañas.&lt;br /&gt; Pero no iba a ser tan fácil. Una vez recuperados de la sorpresa, y a las enérgicas órdenes de Lajja, los trhogol reaccionaron. Los ardieses pronto se vieron rodeados.&lt;br /&gt; -¡Retirada! -gritó Yarla.&lt;br /&gt; -¡No!&lt;br /&gt; -¡Son más que nosotros! ¡No pienso dejar que nos maten porque seas demasiado orgulloso para reconocer que has perdido!&lt;br /&gt; -¡En mi ciudad y en mi Compañía soy yo quien da las órdenes! ¡Aún soy el Capitán aquí, a ver si os enteráis!&lt;br /&gt; No valía la pena discutir con él, pensó Yarla. Espoleó a su caballo, saltó por encima de un trhogol, atropelló a otro e hizo un cruce de dedos mental para que los demás tuvieran el sentido común de seguirla cuando gritó la orden de retirada.&lt;br /&gt; En un gesto que encontró algo despectivo, nadie se molestó en perseguirlos mientras huían hacia las murallas. La joven no comenzó a temblar hasta que la puerta estuvo bien cerrada a sus espaldas. Al quitarse el casco, se dio cuenta de que el sudor chorreaba por su frente y empapaba todo su cabello.&lt;br /&gt; Paseó la mirada a su alrededor. Hizo un recuento mental de todos los que habían salido y los que habían muerto o sido heridos en la escaramuza. Y entonces, oyó la pregunta de Dayra, y supo por qué no se habían molestado en perseguirles.&lt;br /&gt; -¿Dónde está Dulyn?&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; El Amo de Redlam comenzaba a estar harto de la niña. Estaba sentada en las rodillas de Zetra, como un perrito faldero, y jugueteaba lanzándose una pelotita dorada de una mano a otra. No le miraba, pero él sabía que aquella sonrisita de superioridad no estaba dirigida a la pelotita. Layda había empezado a sonreír en cuanto él había comenzado a contar cómo el Capitán de la Guardia había reclamado a la prisionera, y había seguido sonriendo mientras él contaba cómo Estrella Negra había dado la alarma al encontrar lo que quedaba del Capitán.&lt;br /&gt; Y entonces, la niña dejó caer la pelotita y levantó la mirada. El Amo de Redlam trató de no ver la sonrisa y continuó contando la persecución, y cómo la chica se había transformado en dragón y había salido volando con el ardiés.&lt;br /&gt; -Señor, ha llegado la segunda patrulla.&lt;br /&gt; Por primera vez desde que le conocía, el Amo de Redlam se alegró de ver a Estrella Negra, aunque hubiera entrado sin llamar.&lt;br /&gt; -Así que enviaste gente a perseguirles -dijo Layda, con su vocecita rezumando miel envenenada.&lt;br /&gt; El no-muerto prefirió no hacerle caso y se volvió hacia Estrella Negra.&lt;br /&gt; -¿Les han encontrado?&lt;br /&gt; Estrella Negra negó con la cabeza.&lt;br /&gt; -Dicen que es como si se los hubiera tragado la tierra.&lt;br /&gt; Layda soltó una risita.&lt;br /&gt; -¿A un ardiés y a un dragón? Demasiado bocado para tragárselo entero.&lt;br /&gt; -Y demasiado duro para masticarlo -añadió Zetra.&lt;br /&gt; Estrella Negra pareció sobresaltarse al verlas. O tal vez fuera solo a la niña, pensó el Amo de Redlam. Para ser un humano, se controlaba bien. Hizo una reverencia en dirección al espejo, y a un gesto de Zetra, se acercó.&lt;br /&gt; -Quién lo hubiera dicho de la muchachita. Parecía tan indefensa... Tuviste suerte de que no te tocara a ti.&lt;br /&gt; -Sí, Señora.&lt;br /&gt; Zetra acarició los cabellos de Layda. La niña sonrió.&lt;br /&gt; -Raro que yo no la conociera.&lt;br /&gt; Estrella Negra devolvió la sonrisa.&lt;br /&gt; -¿Conoces a todos los jeddart de Ardieor?&lt;br /&gt; -A una tan buena la habría conocido.&lt;br /&gt; -¿Sabías que la chica no es ardiesa? -preguntó Zetra.&lt;br /&gt; -No me molesté en averiguarlo.&lt;br /&gt; -¿Ni siquiera cuando hablaste con ella en Dagmar?&lt;br /&gt; Así que Lajja había acabado confesando que la chica había llegado a Dagmar cuando Alwaid aún estaba al mando. Interesante.&lt;br /&gt; -No sé lo que te habrán contado de lo ocurrido en Dagmar, pero te aseguro que no perdí mucho tiempo hablando con la dama en cuestión. Y, ya puesta a malpensar, podrías preguntarte por qué Lajja no te la entregó antes. O por qué no habló de ella cuando mandaste a buscarme. Seguro que nos habríamos ahorrado muchos problemas.&lt;br /&gt; -Lajja ya tendrá su merecido cuando yo lo considere conveniente -Zetra miró al Amo de Redlam-. Buscad hasta debajo de la tierra si es preciso. Quiero sus cabezas en bandeja de plata. Si no tenéis bandeja me conformo con una cesta.&lt;br /&gt; -Las tendrás, mi Señora.&lt;br /&gt; Zetra y la niña se desvanecieron del espejo. El Amo de Redlam lo cubrió con el paño y se dirigió hacia su mesa.&lt;br /&gt; -Ella tiene razón. Eres un hombre muy afortunado.&lt;br /&gt; -Sí, supongo que se podría llamar suerte.&lt;br /&gt; -O asesinato -El vampiro miró sin parpadear al humano. Parecía muy tranquilo. Se limitaba a pasar el peso de su cuerpo de una pierna a otra, esperando la orden de retirarse-. Y, dime, ¿qué era eso tan importante de lo que tenías que hablar con el prisionero?&lt;br /&gt; -¿Es que no tengo derecho a divertirme un poco? La mejor parte de azotar a los ardieses es el burlarse de ellos antes.&lt;br /&gt; -No sin mi permiso -Estrella Negra no hizo ni un movimiento al oír esto, pero el Amo de Redlam advirtió un brillo peligroso en sus ojos-. He estado pensando, estos días, mientras buscábamos a esa linda parejita. Y creo que la historia que nos contaste tiene algunas... incoherencias. Por no decir que es un embuste de principio a fin. Muchacho, ¿de verdad crees que somos tan estúpidos? ¿Una chica medio muerta de miedo consiguió matar al Capitán de mi guardia, encontrar ella sola el camino a las mazmorras y rescatar al ardiés? ¿Sin la ayuda de alguien que conociera el castillo, de alguien interesado en deshacerse de un rival, o que no quería que el prisionero continuara siéndolo? ¿De veras creías que alguien con algo más que aire dentro de la cabeza iba a creerse semejante historia?&lt;br /&gt; -No comprendo a dónde quieres ir a parar, mi señor.&lt;br /&gt; -Y yo no comprendo ese empeño tuyo en seguir llevando tu máscara. Las máscaras no son tan seguras como parecen, chico. Hay dos cosas que no pueden disimular: la voz y los ojos. Una de las pocas ventajas de una larga existencia es que llegas a ver muchas cosas. Algunas se olvidan, y otras no. Como los ojos de Vidrena de Ardieor. Eran del mismo color que los tuyos -Los colmillos del Amo de Redlam centellearon en una sonrisa-. En realidad, creo que sé por qué lo hiciste. Aunque suene como una broma que lo diga yo, la sangre es más espesa que el agua, ¿verdad, Capitán Aletnor? ¿O prefieres que te llame Farfel?&lt;br /&gt; El Amo de Redlam chasqueó los dedos y la máscara se rompió de parte a parte. Los dos pedazos cayeron al suelo con un siniestro repiqueteo. Como si hubiera sido una señal, dos guardias aparecieron en la puerta.&lt;br /&gt; -Llevadle a las mazmorras.&lt;br /&gt; En el rostro del humano se reflejó un inmenso alivio.&lt;br /&gt; -Bueno, alguna vez tenía que ocurrir.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; De una forma o de otra, pensó Garalay, las cosas comenzaban a encajar. Vidrena había recuperado su Sello, su Dama Gris, su espada, su enemiga y un sucedáneo aceptable de Tairwyn. Solo le faltaban su perra y su castillo. Garalay no se sorprendió cuando Gris y Vidrena se reconocieron. Ni siquiera cuando Gris reconoció a Alwaid y hubo que sujetarla para evitar que le mordiera la garganta.&lt;br /&gt; Poco después, mientras cabalgaban lo más deprisa posible hacia Redlam, con Gris trotando al lado de su caballo con ademán orgulloso y mirando de reojo a Alwaid, Vidrena habló de sus planes inmediatos.&lt;br /&gt; -Según el viejo Gaynor, existen tres maneras de apoderarse del típico castillo roquero inexpugnable. La primera es sitiarlo hasta que los defensores se mueran de hambre, pero no tenemos tiempo para eso. La segunda, sobornar a alguien de dentro para que abra las puertas.&lt;br /&gt; Garalay asintió.&lt;br /&gt; -Pero no tenemos nada con qué sobornar a nadie.&lt;br /&gt; -Eso no es del todo cierto. Me tenéis a mí. Alwaid va a capturarme, y acompañada de su fiera escolta de la Fortaleza, se detendrá unos días en Redlam para descansar antes de cruzar las Montañas y entregarme a Zetra. Esa era la tercera manera. Astucia.&lt;br /&gt; -¿Y crees que se lo tragarán?&lt;br /&gt; -Alwaid, querida, nunca subestimes la estupidez de un no-muerto. Soy Dren de Dagmar, y llevo la espada que desea su Señora. Estarán &lt;span style="font-style: italic;"&gt;encantados&lt;/span&gt; de tragárselo. Y cuando media guarnición esté pudriéndose en el suelo, la otra media estará corriendo para no ser ellos quienes estén allí para dar explicaciones.&lt;br /&gt; -Y entonces rescataremos a Jelwyn.&lt;br /&gt; Vidrena no contestó. Tenía la mirada fija en las montañas, y Garalay supuso que estaría puliendo el plan hasta que quedase perfecto.&lt;br /&gt; -Morj, ve a la retaguardia y diles que se den más prisa. No quiero tardar más de tres días en llegar a ese maldito castillo.&lt;br /&gt; -¿Crees que tenemos alguna probabilidad de conseguirlo? -preguntó Níkelon a Garalay poco después-. ¿Podremos entrar en Redlam?&lt;br /&gt; -Oh, seguro que entraremos. Pero yo de ti no apostaría nada a que saldremos.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Pues estamos apañados&lt;/span&gt;, pensó Níkelon. Y de repente las montañas le parecieron mucho más altas. Pero Garalay sonrió como si estuviera leyendo su pensamiento.&lt;br /&gt; -Nikwyn, estás siendo pesimista.&lt;br /&gt; -¿Yo? Tú eres quien no apostaría a que saldremos.&lt;br /&gt; -Bueno, a estas alturas ya deberías saber que yo nunca apuesto -Su sonrisa se volvió casi maligna.- Sería hacer trampa, ¿no crees?&lt;br /&gt; -¿Vas a contármelo alguna vez?&lt;br /&gt; -¿Contarte? ¿El qué?&lt;br /&gt; -Lo de la Cacería -Níkelon sintió cómo ella se envaraba.- Yo te lo cuento todo.&lt;br /&gt; -Pero tú puedes explicarlo. Se te dan mejor las palabras -Níkelon apoyó el dorso de su mano en la frente de Garalay- ¿Qué haces?&lt;br /&gt; -Comprobar que no has tenido una recaída de la Fiebre. Es la primera vez que te oigo reconocer que hago algo mejor que tú.&lt;br /&gt; -No tengo la Fiebre, tontaina, solo... No creo que pueda explicarte lo que sentí, lo que me ocurrió, pero creo que puedo intentar contarte lo que creo que he descubierto. Es Ternoy. Se está muriendo. El Castillo Negro le está matando poco a poco. Se alimenta de su vida como una garrapata. Y Zetra se mantiene viva con el poder del Castillo. ¿Entiendes lo que quiero decir?&lt;br /&gt; -No, pero no importa. Sigue hablando.&lt;br /&gt; -¿Por qué crees que no ha conseguido pasar de Ardieor?&lt;br /&gt; -¿Porque teme el inmenso poder de Galenday?&lt;br /&gt; -Casi aciertas. Imagínatela, la gran bruja, la Emperatriz, la poderosa hechicera inmortal, muerta de miedo en su castillo...&lt;br /&gt; -Eso ha sido una contradicción.&lt;br /&gt; -Oh, déjalo. Lo que quiero decirte es que si no hemos encontrado más habitantes que la gente de los Pantanos, es porque, al menos en esta parte, no hay más. Los ha convertido a todos en monstruos, en trhogol y vampiros, y a saber en qué más. Y Ternoy está muy enfadado.&lt;br /&gt; -Y te lo dijo a ti.&lt;br /&gt; -No me lo dijo. Lo supe -Garalay suspiró-. Me gustaría poder explicártelo, de verdad.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Lajja no había perdido la oportunidad de restregar la captura de Dulyn por las narices de los ardieses. Les había dado hasta el amanecer para decidir si se rendían, y si a esa hora no habían abierto las Puertas, Dulyn sería decapitado ante las mismas murallas, a la vista de todos. Dayra no se había molestado en contestar.&lt;br /&gt; Y Dulyn estaba pasando la noche solo en una tienda rodeada de guardias trhogol, atado a la estaca central, tratando de decidir a quién odiaba más, si a su gemela o a aquella no-humana que le había capturado.&lt;br /&gt; Entonces oyó su voz en la entrada, diciéndoles algo a los trhogol. Y luego, la puerta de la tienda se abrió dejando paso a Lajja de los Pantanos.&lt;br /&gt; -Buenas noches, ¿estás cómodo?&lt;br /&gt; -He estado mejor -Dulyn no pudo resistirse a hacer una demostración de orgullo ardiés-. ¿Cómo está tu pierna?&lt;br /&gt; -Ha estado peor -Lajja sonrió. Una sonrisa de profesional a profesional, pensó Dulyn-. Tuve suerte, podrías haberme hecho mucho daño.&lt;br /&gt; -Y ahora vas a vengarte.&lt;br /&gt; -Será una lástima, un chico tan guapo... Pero si tus amigos no te aprecian lo suficiente como para rendirse, mañana voy a tener que degollarte.&lt;br /&gt; Dulyn no pudo evitar estremecerse. Solo de pensar en el filo de una daga ya comenzaba a dolerle la garganta.&lt;br /&gt; -Pero preferirías no tener que hacerlo.&lt;br /&gt; -Ya puestos a degollar a alguien, hubiera preferido a Jelwyn. A propósito, ¿dónde está?&lt;br /&gt; Dulyn se rió. Aquella mujer debía estar loca. ¿Tenía en sus garras a alguien que podía decirle cuál era el punto débil en las murallas de Comelt (no es que fuera a decírselo, claro, pero aún así, ella podía pensar que podía conseguir que él se lo dijera) y todo lo que le interesaba preguntar era dónde estaba Jelwyn?&lt;br /&gt; -Por mí puede haberse ido al Otro Mundo.&lt;br /&gt; Lajja se agachó ante él. Sus ojos quedaron a la misma altura que los de Dulyn. El ardiés no pudo evitar reparar en que era algo cejijunta.&lt;br /&gt; -Muy oportuno, el Joven Señor. Él se marcha y poco después yo me entero de dónde está el Valle de Katerlain. ¿No te parece un poco extraño?&lt;br /&gt; Dulyn no contestó. Algo muy frío y viscoso acababa de instalarse en la boca de su estómago.&lt;br /&gt; -¿Y no te pareció raro que, a pesar de las muchas veces que Estrella Negra y él se encontraron frente a frente, nunca se mataran el uno al otro? -Lajja sonrió-. Después de todo, conseguimos una Dama Gris...&lt;br /&gt; -Cállate.&lt;br /&gt; -Los hombres son débiles, muchacho. Y más vale servir en el Castillo Negro que reinar en una ciudad y un valle. Por más bonitos que sean. -Lajja se incorporó y le dio una palmadita en la mejilla-. Hasta mañana, Gobernador de Comelt. Espero no tener que degollarte.&lt;br /&gt; Dulyn apretó los labios para no contestar.&lt;br /&gt; No, pensó a solas, perdido ya el sueño para toda la noche. Jelwyn podía ser muchas cosas pero no un traidor. Pero, como había dicho Lajja, habían conseguido a una Dama Gris. Y Dulyn comenzó a recordar. Una mañana en un camino del Círculo de Comelt, cuando Estrella Negra había arrojado a las patas de su caballo lo que luego había resultado ser la espada de Níkelon y se había alejado riéndose, solo para volverse y decirle, desde lo bastante lejos como para que el puñal que él le arrojó no le acertase, que la espada era para Jelwyn. Sus propias palabras en la Sala de la Casa Aletnor, él sí que sabía que tú te habías ido. Lo que me gustaría saber no es a qué estás jugando con ese bastardo enmascarado, sino cuándo terminará, porque algunos empezamos a estar hartos.&lt;br /&gt; Y Jelwyn no había contestado. Jelwyn nunca contestaba cuando le hablaban de Estrella Negra, malditas fueran las almas de los dos. Seguro que en aquel momento se estaban riendo juntos. ¿Qué se podía esperar de alguien que antes de partir sólo se había preocupado de poner a salvo a su Compañía y de darle permiso a su segundo para matarle?&lt;br /&gt; Después de todo, conseguimos una Dama Gris.&lt;br /&gt; Algo frío que rozó su muñeca le hizo respingar.&lt;br /&gt; -Cállate, idiota.&lt;br /&gt; Norwyn. Entre todos los que podían haber ido a rescatarle, tenía que ser aquel paleto de las Tierras Peligrosas con licencia para matarle. Fantástico.&lt;br /&gt; -Esto es por Dayra, ¿entiendes? -murmuró Norwyn mientras terminaba de cortar las ligaduras del otro. Se había pintado la cara y las manos de negro para no ser visto en la oscuridad de la noche y se cubría la cabeza con la capucha. Le tendió una capa a Dulyn.&lt;br /&gt; -¿Te amenazó con cortarte algo que necesitas mucho?&lt;br /&gt; -Sí, la lengua.&lt;br /&gt; Norwyn sonrió y por un breve instante Dulyn sintió que casi podrían haber sido amigos.&lt;br /&gt; -Vámonos de aquí antes de que nos descubran. Esto es un rescate, por si no te has enterado.&lt;br /&gt; Lástima, pensó Dulyn mientras se arrastraba tras el segundo de Jelwyn, escondiéndose en las sombras, quedándose quietos cada vez que se oía algo aunque fuera en el otro extremo del campamento. Habría dado cualquier cosa por ver la cara de Lajja cuando fuera a buscarle a la mañana siguiente.&lt;br /&gt; Horas después, seguía en una ventana de la Torre del Homenaje, mirando hacia el norte.&lt;br /&gt; -¿No vas a dormir?&lt;br /&gt; Dayra. Le había abrazado al verle cruzar la puerta sano y salvo, y luego le había dado tal bofetada que su mejilla aún estaba latiendo. Pero no era eso lo que le había quitado el sueño a Dulyn.&lt;br /&gt; Dayra le apoyó una mano en el hombro. Incluso a través de la ropa, Dulyn sintió lo fría que estaba.&lt;br /&gt; -¿Confías en Jelwyn?&lt;br /&gt; La mano se enfrió más aún.&lt;br /&gt; -¿A qué viene eso ahora?&lt;br /&gt; -¿No te parece raro que se marchara a Ternoy justo antes de que comenzara todo esto? ¿Y que pensara en sacar del Valle a toda su gente?&lt;br /&gt; -No puedes estar hablando en serio.&lt;br /&gt; -¿Y que sea el único de nosotros que ha visto de cerca a Estrella Negra?&lt;br /&gt; -¿Te refieres a cuando intentó matarle?&lt;br /&gt; -Exacto. Intentó. ¿Alguna vez aparte de esa le has visto no conseguir algo?&lt;br /&gt; -Mira, ya sé que no os lleváis bien, pero esto es demasiado. ¿En serio estás pensando que él, un Aletnor de Dagmar... el... ¡el hermano de Farfel, por las faldas de Rhaynon!, es un traidor? ¿Qué tendría que ganar con eso?&lt;br /&gt; -¿Todo Ardieor, por ejemplo?&lt;br /&gt; -Será mejor que te acuestes, estás muy alterado.&lt;br /&gt; -Sí, será mejor -Le dio un beso rápido en la mejilla y se dirigió hacia la puerta. Pero antes de salir, se volvió-. Consiguieron una Dama Gris, ¿recuerdas?&lt;br /&gt; Dayra no contestó. Siguió mirando por la ventana que daba al norte.&lt;br /&gt; -Jelwyn, maldita sea, si no regresas pronto acabaremos todos locos -murmuró.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Habían caminado todo el día. Sin comida, sin agua, sin caballos ni mantas, contra el viento del norte, por unos estrechos senderos llenos de piedrecillas resbaladizas al borde de precipicios cuyo fondo ni un águila hubiera sido capaz de ver si hubiera volado por allí solo para eso.&lt;br /&gt; Encontraron la cueva por pura suerte. Si hubieran pasado un poco más tarde, habría estado más oscuro y no hubieran podido verla. Era apenas una rendija en la pared rocosa, por la que apenas pudieron pasar el cuerpo. En el interior se ensanchaba en una bóveda en la que cabían con comodidad diez o doce personas. En realidad, la cueva era un refugio para las patrullas que recorrían las montañas, pero en la oscuridad ninguno de los dos llegó a ver la leña amontonada en un rincón.&lt;br /&gt; Fuera, arreció el viento. El frío se colaba por la entrada y rezumaba por las paredes. Jelwyn estaba temblando. Briana oía castañetear sus dientes, y se arriesgó a alargar la mano y tocarle la frente. Estaba ardiendo, y al mismo tiempo empapada en sudor. Las heridas se había infectado, y el hambre, la sed y el frío habían hecho el resto. Lo sorprendente era que Jelwyn hubiera aguantado todo el día sin quejarse, y caminando a paso rápido.&lt;br /&gt; -Lo siento, Bri. No debería haberte metido en esto.&lt;br /&gt; Ya se lo había dicho demasiadas veces, y ella ya había tenido bastante con una.&lt;br /&gt; -¿Y qué alternativa teníais? ¿Ahogarme?&lt;br /&gt; Jelwyn intentó reírse, pero le salió una tos.&lt;br /&gt; -Al menos habría sido una muerte rápida.&lt;br /&gt; -¿Cómo es posible que aún no sepáis que prefiero mil muertes horribles a vuestro lado que una vida tranquila con cualquier otro?&lt;br /&gt; Jelwyn se rió en voz baja.&lt;br /&gt; -Yo también te quiero, Bri.&lt;br /&gt; Briana levantó la cabeza, sorprendida. Sabía que era imposible, pero le pareció ver los ojos de Jelwyn brillando en la oscuridad. Y entonces él la besó. No fue un gran beso, desde el punto de vista técnico Estrella Negra lo había hecho mejor. Pero solo el de Jelwyn logró que se olvidase del frío.&lt;br /&gt; Y entonces, él se quedó muy quieto contra ella, y Briana comprendió que aquello había sido una muestra de lo que los ardieses llamaban “sinceridad antes de morir”. Acompañó el cuerpo aún cálido hasta tenderlo en el suelo y comenzó a llorar, sin molestarse en pensar en su dignidad o en la posibilidad de ser descubierta, hasta que se desmayó.&lt;br /&gt; Como si hubiera estado esperando aquel momento, una puerta de luz se abrió en la cueva, justo ante los dos cuerpos. Una niña que solo lo era de aspecto y una mujer de ojos de oro y cabellos de plata aparecieron en el umbral.&lt;br /&gt; -Esto va contra todas las normas, Señora.&lt;br /&gt; -¿Desde cuándo te importan tanto las normas?&lt;br /&gt; -Señora, hasta una &lt;span style="font-style: italic;"&gt;dea ex machina &lt;/span&gt;tiene que respetar alguna norma. Imagínate que alguien cuenta esta historia dentro de algunos años. ¿Piensas que sus oyentes le creerán?&lt;br /&gt; -Se creen cosas más raras -La niña se arrodilló al lado de Jelwyn. -Hemos llegado a tiempo, aún esta vivo.&lt;br /&gt; -La verosimilitud narrativa...&lt;br /&gt; -Dinel, haz el favor de callarte.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Dinel suspiró y puso los ojos en blanco. La niña apoyó sus manos en las frentes de los dos humanos, y poco después, los cuatro desaparecieron de la cueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Y aquí llega un pequeño problemilla, porque aquí es donde llegué a un "atasco". Mis lectores (los siete) tendrán que tener paciencia, pues solo tengo unas pocas páginas más escritas y no sé si podré actualizar todas las semanas, aunque lo intentaré.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En principio, hasta la semana que viene.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-115192032025995624?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/115192032025995624/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=115192032025995624&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115192032025995624'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115192032025995624'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/07/resumen-del-captulo-16-y-captulo-17.html' title='Resumen del  Capítulo 16 y Capítulo 17'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-115127663115656576</id><published>2006-06-26T00:47:00.000+02:00</published><updated>2006-06-26T01:03:51.186+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 15, y Capítulo 16</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el capítulo anterior: Jelwyn y Briana fueron capturados, mientras Garalay tenía una curiosa experiencia nocturna y en Comelt una alegre pandilla planeaba hacer una salida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;CAPÍTULO 16&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Si no puedo nadar, aprenderé a volar (Jalen y Hindy)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Las antiguas costumbres no habían cambiado mucho, pensó Jelwyn mientras le encadenaban al techo del calabozo. Al menos, las agujetas iban a cambiar de lugar.&lt;br /&gt; Le habían dejado solo en aquella penumbra que era casi peor que la oscuridad. Todos los tópicos de Ternoy eran ciertos: la gota de agua que no paraba de caer en alguna parte, las ratas y las cucarachas y los gritos de los torturados. Jelwyn se preguntó si el Amo del castillo ya habría hablado con Zetra y qué instrucciones le habría dado ella.&lt;br /&gt; La puerta del calabozo se abrió. Una figura oscura portando una antorcha la cerró con el talón antes de acercarse. Jelwyn sonrió.&lt;br /&gt; -Vaya, me preguntaba cuándo iban a comenzar a torturarme. ¿Vas a usar el látigo o te limitarás a contarme chistes hasta que muera de aburrimiento?&lt;br /&gt; -El famoso orgullo ardiés. Colgado como un jamón y con ganas de bromear. Igualito que la mismísima Vidrena.&lt;br /&gt; -Si yo soy Vidrena, ¿quién se supone que eres tú? ¿Alwaid?&lt;br /&gt; -¿Nadie ascenderá a costa mía?&lt;br /&gt; -Por ejemplo.&lt;br /&gt; Estrella Negra se acercó hasta casi tocar a Jelwyn y susurró:&lt;br /&gt; -¡Por las faldas de Rhaynon, Jedllyn! ¿Qué más quieres que haga? ¡Ya me estoy jugando el cuello por hablar contigo!&lt;br /&gt; -¿Y qué quieres que haga yo, agradecértelo?&lt;br /&gt; -Vete a la mierda, imbécil.&lt;br /&gt; Estrella Negra se dio media vuelta y caminó hacia la puerta. La voz de Jelwyn le detuvo.&lt;br /&gt; -Bri.&lt;br /&gt; Solo era una sílaba, pero le hirió como un rayo. Se dio la vuelta, sin poder creer lo que creía haber oído.&lt;br /&gt; -¿Cómo has dicho?&lt;br /&gt; -Tu amiguita de Dagmar. Quiero que la saques de aquí.&lt;br /&gt; -¿Bri? ¿Briana? ¿Pelo rojo, ojos grises, una marca de nacimiento..?&lt;br /&gt; -En la muñeca. Sí, es ella.&lt;br /&gt; -¿Qué está haciendo aquí?&lt;br /&gt; -Me la encontré.&lt;br /&gt; -Yo también me encontré a alguien -Más que maligna, la sonrisa de Estrella Negra pareció nostálgica. Jelwyn sintió que se le helaban las tripas.- Una niña preciosa. Se parece a su madre -Y allí estaba. La mirada acusadora-. Deberías habérmelo dicho.&lt;br /&gt; -No es asunto tuyo. Nunca lo ha sido.&lt;br /&gt; -Ella piensa que sí.&lt;br /&gt; -Está equivocada. Ya me quitaste a Jaysa. Layda es mía.&lt;br /&gt; -Maldición, ya te expliqué lo que ocurrió, no tengo por qué...&lt;br /&gt; -¿Sabes que él ha muerto?&lt;br /&gt; -¿También vas a echarme la culpa de eso?&lt;br /&gt; -Saca a Bri de este lugar y todo quedará olvidado. No me iré sin ella.&lt;br /&gt; Estrella Negra suspiró, preguntándose cuándo le había dicho al otro que fuera a sacarle a él.&lt;br /&gt; -¿No podías elegir un momento más oportuno para enamorarte?&lt;br /&gt; -¿Crees que lo he hecho a propósito?&lt;br /&gt; -Acabaremos todos muertos. En fin, haré lo que pueda.&lt;br /&gt; A medio camino de la puerta, se detuvo.&lt;br /&gt; -A propósito, ¿qué le hiciste a la abuelita para que esté tan enfadada contigo? He oído decir que quiere sacarte el hígado con sus propias manos y comérselo con cebolla y vino blanco.&lt;br /&gt; -No es lo que hice. Es lo que no quise hacer.&lt;br /&gt; A Jelwyn le pareció ver cómo las cejas se levantaban bajo la máscara, pero Estrella Negra prefirió no hacer más comentarios.&lt;br /&gt; Al salir del calabozo, le oyó decir a los trhogol que no se divirtieran demasiado, que la Emperatriz le quería vivo.&lt;br /&gt; Transcurrieron unos cuantos cientos de gotitas de agua más. La puerta del calabozo volvió a abrirse. Un trhogol más grande que cualquiera que él hubiera visto, con un látigo en la mano, entró andando de un modo lento, deliberado, calculado para hacerle pasar miedo. Jelwyn tragó saliva.&lt;br /&gt; Orgullo ardiés, había dicho Estrella Negra. Bien, él les enseñaría lo que era eso. No iba a gritar, al menos no durante los diez o veinte primeros latigazos. Y, por supuesto, tampoco iba a llorar. A veces, hasta las maldiciones sirven para algo.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Cuando la sacaron del calabozo para llevarla de nuevo a la Sala del Castillo, Briana pensó que la tal Emperatriz habría salido de la reunión donde se encontraba y que querían mostrársela para ver qué hacían con ella. Pero estaba equivocada. Al entrar y ver la mirada hambrienta del Capitán de la Guardia Siniestra y del Amo del castillo, comprendió que no iban a entregarla a Zetra. Se trataba de una disputa sobre su propiedad.&lt;br /&gt; Por sus gestos, Briana creyó entender que todos los no-muertos que habían intervenido en su captura pretendían quedarse con ella. La sangre de doncella debía ir escasa en aquel castillo, pensó con cierto humor amargo.  &lt;br /&gt; Entonces, Estrella Negra entró en la Sala y se unió a la discusión, aunque sin gritar y midiendo sus gestos, con una elegante indiferencia casi felina, y cuando al parecer los demás rechazaron sus pretensiones, se retiró con una gentil reverencia, diciendo algo que Briana pensó que significaría: "No es más que una chica", o cosa parecida. Al pasar por su lado, sin apenas mirarla, silbó una melodía que ella reconoció por habérsela oído tararear a Jelwyn un par de veces. Briana se preguntó si aquello sería una señal.&lt;br /&gt; El ganador se acercó a ella, con una siniestra sonrisa, la tomó del brazo y se la llevó de la Sala mientras el Amo del castillo le decía algo que hizo que el resto de los monstruos se riera a carcajadas.&lt;br /&gt; Ni siquiera la luz de las antorchas conseguía dar un poco de color a aquella piel macilenta, y nada podría disimular aquel olor a morcilla pasada que emanaba de su cuerpo. En un momento de pánico, Briana se preguntó si los planes del monstruo incluirían convertirla en un ser igual que él para que fuera su esclava para toda la eternidad, y si podría evitarlo rompiéndose la cabeza contra la pared. Pero antes de decidirse, llegaron ante una puerta, él la abrió sin soltar el brazo de Briana y la hizo entrar de un empujón.&lt;br /&gt; De momento, pensó Briana con una súbita náusea, sus intenciones eran bastante evidentes. A la luz de las antorchas que ardían en las paredes, pudo ver que se encontraba en una habitación, amueblada con relativo lujo, aunque su pánico no la permitió fijarse más que en la enorme cama con dosel y cortinas. Aún sonriente, el no-muerto avanzó hacia ella, y Briana comenzó a retroceder. Sorprendida por ser capaz de reparar en semejante tontería en aquellos momentos, se dio cuenta de que él no había cerrado la puerta.&lt;br /&gt; Levantó la barbilla, en un gesto que Jelwyn habría reconocido.&lt;br /&gt; -Si queréis algo de mí tendréis que ganároslo.&lt;br /&gt; Él parecía disfrutar con su miedo, acercándosele poco a poco, a medida que Briana retrocedía. Cuando la espalda de ella tropezó con la pared, el no-muerto se abalanzó sobre Briana.&lt;br /&gt; Briana trató de apartarle, de correr hacia la puerta, pero él era más fuerte, y ella estaba medio mareada por el hambre y la sed, y aquel olor a sangre estancada que emanaba del monstruo. Notó cómo él desgarraba el cuello de su camisa para llegar sin estorbos a su objetivo, y sintió aquellos labios fríos posándose en su cuello. Sin pensar, casi por instinto, Briana levantó la rodilla con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt; Bien, pensó satisfecha mientras el grito de dolor casi la ensordecía y el monstruo se hacía un ovillo, vivos o muertos, los hombres no dejaban de tener su punto débil.&lt;br /&gt; Entonces, vio cómo se cerraba la puerta. Estrella Negra le hizo un gesto para que se mantuviera callada y, con una habilidad que demostraba mucha práctica, corrió hacia el no-muerto, le hundió el arma por la espalda justo en el corazón antes de que a él le diera tiempo de volverse, y luego le cortó la cabeza y la envió bajo la cama de un puntapié.&lt;br /&gt; Briana casi no podía respirar. Estrella Negra saltó sobre el cuerpo que ya comenzaba a pudrirse y le tapó la boca.&lt;br /&gt; -Por favor, no grites, por tu vida y la de él, no grites.&lt;br /&gt; Briana asintió hasta que él se decidió a apartar la mano.&lt;br /&gt; -No iba a gritar. -Aquello era un sueño, tenía que ser un sueño- ¿Qué está pasando? ¿Por qué habéis hecho esto? Yo... yo...&lt;br /&gt; -Ataques de nervios ahora, no, por favor. Espera a que Jedllyn y tú estéis a salvo. -Se inclinó y recogió el arma del muerto- ¿Sabes cómo se utiliza una espada?&lt;br /&gt; -¿Se clava por el extremo puntiagudo?&lt;br /&gt; Estrella Negra se volvió con una sonrisa torcida con la boca cerrada que casi hizo que a Briana le diera un vuelco el corazón.&lt;br /&gt; -Típico de Jedllyn. Pasa semanas a solas con una chica y todo lo que se le ocurre hacer con ella es Adiestramiento Básico.-Le tendió la espada por la empuñadura, y la miró a los ojos, ya serio-¿Qué es él para ti?&lt;br /&gt; -¿Cómo decís?&lt;br /&gt; -No te hagas la tonta, preciosidad, me has entendido a la primera. ¿Qué significa ese hombre para ti? ¿Te has imaginado alguna vez lo que sentirías en sus brazos? ¿Te has preguntado a cual de los dos se parecerían los niños? ¿Ya sabes cuántos serán y cómo se llamarán? ¿Crees que no podrías vivir sin él? ¿&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Matarías&lt;/span&gt; por él?&lt;br /&gt; Briana sintió que se le secaba la boca y se le hacía un nudo en la garganta. Sí a todo, pensó. Pero no era algo que se atreviera a decir. No a Estrella Negra. Trató de no carraspear antes de responder.&lt;br /&gt; -¿Cuál es la respuesta correcta?&lt;br /&gt; -¿Qué quieres decir con eso?&lt;br /&gt; -No os hagáis el tonto. ¿Qué es lo que tengo que contestar para que le ayudéis? Porque estoy dispuesta a hacer o decir cualquier cosa.&lt;br /&gt; Su sonrisa hizo que Briana sintiera que aquella había sido la respuesta correcta.&lt;br /&gt; -Lo que quiero que hagas es esto: vamos a bajar a las mazmorras, rescataremos a ese ardiés cabeza cuadrada y luego vosotros os iréis y yo subiré aquí, descubriré el cadáver y daré la alarma. Y, esto es importante, si acaso os capturan, tú le has matado. -Señaló con la cabeza al cadáver que ya comenzaba a pudrirse- ¿Entendido? Eres una terrible guerrera ardiesa y nadie puede vencerte en una lucha individual.&lt;br /&gt; -¿Se lo creerán?&lt;br /&gt; Apenas podía creérselo ella.&lt;br /&gt; -Tenemos que intentarlo.&lt;br /&gt; -¿Qué significa él para vos?&lt;br /&gt; -No te lo creerías.&lt;br /&gt; -Intentadlo.&lt;br /&gt; -¡Ay, preciosidad! Él es mi pesadilla. Mi amuleto de la mala suerte. Mi herida en el estómago y mi piedra dentro de la bota. De las dos botas. Ahora, vamos a sacarle de esa mazmorra. Antes de que sea tarde. –Sacudió la cabeza como para sacarse algo de dentro y se rió en voz baja- ¡Maldita sea, esto no es justo, yo te vi primero!&lt;br /&gt; -Lo siento.&lt;br /&gt; -No te preocupes, preciosidad, es la historia de mi vida.&lt;br /&gt; Nadie les vio mientras bajaban a los calabozos, escondiéndose entre las sombras, aprovechando cada recoveco para pasar desapercibidos. De algo le tenía que servir a Estrella Negra el tiempo que había pasado en aquel dichoso castillo. Los trhogol de guardia no tuvieron tiempo de reaccionar cuando él desenvainó la espada y apuñaló al primero de ellos en un movimiento casi simultáneo. Su compañero trató de dar la alarma, pero un puñal en su garganta y la posterior intervención de la espada se lo impidieron. Estrella Negra arrastró los dos cadáveres a un rincón oscuro, buscó las llaves y entró en el calabozo. Briana quedó en la puerta, vigilando.&lt;br /&gt; Jelwyn seguía colgado del techo, en la postura tradicional de los prisioneros de Ternoy. Estrella Negra se mordió el labio inferior. Incluso a la débil luz de la antorcha, podía ver que el ardiés se encontraba en un estado lamentable. Tenía el rostro hinchado, lleno de moratones, y la espalda ensangrentada por los latigazos, y parecía inconsciente. Estrella Negra buscó el cuenco de agua y le mojó la cara. Jelwyn abrió los ojos todo lo que pudo, que tampoco fue mucho.&lt;br /&gt; -Ya creía que no ibas a venir -farfulló.&lt;br /&gt; -¿Creías que tu Alwaid iba a fallarte? -Le temblaban tanto las manos que casi no pudo meter la llave en la cerradura. Cuando al fin lo consiguió, apenas pudo evitar que Jelwyn cayera en el suelo en lugar de en sus brazos- ¡Oh, malditos sean! ¿Qué te han hecho?&lt;br /&gt; -He estado peor.&lt;br /&gt; Estrella Negra lo dudaba, pero tenía demasiada prisa para ponerse a discutir. Se pasó el brazo de Jelwyn por un hombro y uno de los suyos por la cintura. Oyó cómo Jelwyn respingaba cuando le rozó las heridas de la espalda, pero no podía andarse con remilgos.&lt;br /&gt; -¿Puedes andar?&lt;br /&gt; -Tendré que hacerlo. ¿Dónde está Bri?&lt;br /&gt; -Aquí mismo, armada y peligrosa.&lt;br /&gt; Poco a poco, anduvieron hacia la puerta. Briana se tapó la boca como para contener un grito cuando vio el aspecto de Jelwyn.&lt;br /&gt; -No exageres, Bri, solo ha sido una paliza. Podría haber sido peor.&lt;br /&gt; Porque solo había sido el principio, pensó Estrella Negra, pero prefirió no decir nada.&lt;br /&gt; -Ahora voy a soltarte. ¿Crees que podrás sostenerte en pie?&lt;br /&gt; Jelwyn asintió. Se tambaleó un poco cuando Estrella Negra se alejó de él, pero se mantuvo en pie.&lt;br /&gt; -Recuerda lo que te he dicho, preciosidad.&lt;br /&gt; Briana asintió. Estrella Negra comenzó a caminar hacia la salida de las mazmorras, pero a medio camino se dio la vuelta y regresó junto a Briana.&lt;br /&gt; -Por si acaso no volvemos a vernos.&lt;br /&gt; La tomó por los hombros y la besó antes de que ella pudiera pensar en alguna forma de evitarlo. Cuando se apartó, Briana trató de darle un bofetón, pero él atrapó su muñeca antes de que lo consiguiera.&lt;br /&gt; -Me lo había ganado, ¿no?&lt;br /&gt; Y, tras dirigirle una mirada burlona a Jelwyn, se dirigió con su paso tranquilo hacia la salida.&lt;br /&gt; -Bu... bueno, Jelvin, no podéis ir por ahí sin camisa... yo bus... buscaré algo.&lt;br /&gt; Le quitó la cota de malla y la capa a uno de los trhogol muertos y ayudó a Jelwyn a ponérsela, y luego comenzaron a caminar, todo lo deprisa que pudieron, hacia la salida del castillo. Jelwyn iba recuperando poco a poco el uso de sus piernas y sus brazos, pero seguía necesitando su ayuda para no derrumbarse.&lt;br /&gt; Briana oía como si tuviera los oídos taponados. Tal vez se debiera a la altura, pero al mismo tiempo, su muñeca, donde tenía el Signo estaba comenzando a dolerle como nunca le había dolido, con un ardor pulsátil, una quemazón casi obsesionante que estaba haciendo que se olvidase hasta del peligro.&lt;br /&gt; Pero el peligro existía, como les recordó el grito de alarma que pareció resonar en todo el castillo casi al mismo tiempo que ellos salían al patio. Jelwyn soltó una maldición y trató de acelerar el paso. Casi cayeron los dos al suelo. Briana sintió como si el frío la partiera por la mitad. Una campana comenzó a repicar en lo alto del torreón, tal vez una señal de alarma. Los centinelas de la puerta corrieron hacia ellos. Más trhogol y no-muertos salieron de otras puertas que daban al patio.&lt;br /&gt; Briana sentía su frente goteante de sudor, y al mismo tiempo un frío casi paralizante. A su lado, Jelwyn parecía haber perdido toda su energía.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Busca un lugar alto&lt;/span&gt;, murmuró una voz en su mente. Por un momento, Briana pensó que era la Sacerdotisa. Pero, ¿cuándo había estado ella de su parte?&lt;br /&gt; -¡A la muralla, Jelvin!&lt;br /&gt; Él pareció reaccionar. No podía correr, pero levantó la espada con ademán desafiante.&lt;br /&gt; -No me atraparán vivo -siseó.&lt;br /&gt; Pero estaban rodeados, y los centinelas se acercaban cada vez más.&lt;br /&gt; Y entonces, como en un sueño, Briana comprendió lo que le estaba ocurriendo. El dolor ardiente de su muñeca se había extendido a todo su cuerpo. Su corazón parecía haberse trasladado al Signo, y latía tan deprisa que creyó que estaba a punto de desmayarse. Reconoció los síntomas. Los había oído explicar tantas veces con apenas disimulada envidia...&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; ¡Dama de Plata! ¡Voy a Transformarme!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; Se volvió hacia Jelwyn, que estaba, él sí, a punto de desmayarse. La herida de la pierna, curada a toda prisa antes de que les llevaran al castillo, se había abierto y la sangre goteaba en el suelo. Briana nunca había sido azotada, pero el aspecto de la espalda de Jelwyn le daba una ligera idea de lo que debía estar sintiendo el ardiés.&lt;br /&gt; No había tiempo que perder. Briana sabía que debería haber subido a un lugar alto para su primer vuelo. Pero, como solía decir la Sacerdotisa, ella nunca hacía las cosas como era debido. Soltó la espada, cruzó los brazos sobre su pecho y cerró los ojos. Se suponía que debía pensar en el viento, pero no pudo. No era posible que nadie lograra pensar mientras su cuerpo dejaba de pertenecerle, se diluía, se transformaba. No era posible pensar en nada, ni siquiera en el viento, sabiendo que lo que hasta entonces había sido brazo, antebrazo y mano, acababa de convertirse en alas.&lt;br /&gt; Briana abrió la boca en un grito de entusiasmo, pero no oyó más que un rugido. Agarró a Jelwyn antes de que tocara el suelo, batió las alas y salió volando mientras los dardos de ballesta silbaban a su alrededor. En su mente, cruzó los dedos para que ninguno le acertara a Jelwyn.&lt;br /&gt; Pasó por encima de la muralla y se lanzó en picado hacia el fondo del precipicio, se remontó de una forma casi instantánea antes de tocar el suelo y planeó por el interior del cañón. Sabía que nunca volvería a sentirse de aquella manera, con la risa burbujeando en su garganta como leche hirviendo en un puchero y casi tan incontenible. Pero tenía que buscar un lugar donde aterrizar, dejar a Jelwyn en el suelo y volver a ser ella misma.&lt;br /&gt; Lo encontró en la ladera de una montaña, que parecía no tener una pendiente muy pronunciada. Se dejó caer poco a poco, soltó a Jelwyn antes de tocar el suelo y volvió la cabeza para mirarse.&lt;br /&gt; ¡Soy una drach roja!&lt;br /&gt; Se le había secado la garganta. Una drach roja. Una reina. Más poderosa que cualquier drach viva. Más que Brela.&lt;br /&gt; Solo entonces se acordó de Jelwyn. Estaba donde ella le había dejado, muy quieto. Briana se transformó en un parpadeo y, ya en su forma humana, se arrodilló a su lado y le buscó el pulso en el cuello.&lt;br /&gt; Estaba vivo. Briana se dejó caer sobre sus talones y dejó escapar un suspiro de alivio.&lt;br /&gt; Jelwyn gimió y entreabrió los ojos.&lt;br /&gt; -¿Por qué no estamos muertos?&lt;br /&gt; ¿Y por qué tenía que preguntarlo?, pensó Briana.&lt;br /&gt; -Mis poderes.&lt;br /&gt; Habían conseguido clavarle un dardo en el talón, pero la bota había evitado que la herida fuera muy profunda. Briana lo arrancó lo mejor que pudo, se desgarró un pedazo de camisa y vendó aquella herida y la de la pierna, lamentando que la camisa no pudiera estar más limpia.&lt;br /&gt; Jelwyn sonrió.&lt;br /&gt; -Casi no lo contamos, ¿verdad?&lt;br /&gt; Briana se ruborizó casi como cuando Estrella Negra la había besado, y cruzó los dedos para que él hubiera decidido no recordar aquel detalle.&lt;br /&gt; -No, casi no lo contamos.&lt;br /&gt; Entonces, casi por sorpresa, él la abrazó. Briana apoyó la mejilla en su hombro y se relajó mientras las manos de Jelwyn le palmeaban la espalda y le acariciaban el pelo.&lt;br /&gt; -¿Por qué no me contaste que tenías esa clase de poderes?&lt;br /&gt; -No sabía si me creeríais. No quería que me tuvierais miedo. Y ni siquiera... ni siquiera sabía que pudiera hacerlo. Jelvin, yo... Vámonos de aquí, no sé vos, pero lo que es yo, ni muerta volveré a ese maldito castillo.&lt;br /&gt; -Yo tampoco.&lt;br /&gt; -Entonces será mejor que nos pongamos en marcha. ¿Hacia dónde está el norte?&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-115127663115656576?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/115127663115656576/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=115127663115656576&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115127663115656576'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115127663115656576'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/06/resumen-del-captulo-15-y-captulo-16.html' title='Resumen del Capítulo 15, y Capítulo 16'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-115071532975190088</id><published>2006-06-19T12:56:00.000+02:00</published><updated>2006-06-19T13:08:49.780+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 14 y Capítulo 15</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el capítulo anterior: Continúa el asedio de Comelt. Representantes de la ciudad sondean a Anhor para tratar de adivinar la actitud oficial de Galenday sobre el asunto. Mientras tanto, en Ternoy, todo el mundo continúa avanzando, y comienzan a oírse cosas raras por las noches.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;CAPÍTULO 15&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ni siquiera yo soy invencible (Arnthorn el Intrépido)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Hacía unos diez, tal vez doce, días que los encargados de buscar a Jelwyn habían salido de Redlam, y el Capitán de la Guardia Siniestra ya comenzaba a plantearse la posibilidad de sugerir que regresaran al castillo, ya que de todas formas el ardiés iba a tener que pasar por allí si quería atravesar las Montañas. Pero el temor a regresar fracasado y enfrentarse a la ira de su Amo y las burlas de Estrella Negra le retenían en los Páramos.&lt;br /&gt; Hasta que una mañana encontraron lo que buscaban.&lt;br /&gt; El Capitán de la Siniestra esperaba encontrar a Jelwyn solo, o acompañado por Níkelon, o incluso por alguno de sus jeddart. Pero lo que en ningún caso esperaba era encontrarle con una chica. Y con una que cuando vio que les tenían rodeados y que su compañero había saltado espada en mano, hizo lo mismo y pegó su espalda a la de él.&lt;br /&gt; -Suelta el arma, ardiés. No te va a servir de nada.&lt;br /&gt; -Entonces, ¿por qué no vienes tú a buscarme?&lt;br /&gt; El Capitán de la Siniestra hizo un saludo burlón sosteniendo la hoja de la espada ante su nariz, y atacó. Jelwyn lo detuvo sin muchos problemas. Briana respingó cuando comenzaron a atacar por su lado. Saltaron chispas de las espadas al chocar las hojas. El No-muerto lanzó un mandoble contra las piernas de Jelwyn que él trató de parar cruzando el puñal y la espada. La hoja de la espada del otro se escurrió por la parte superior del aspa e hizo un profundo corte en la parte externa del muslo derecho de Jelwyn, por encima de la rodilla. La única muestra de dolor de Jelwyn fue una brusca aspiración, pero la sangre que manaba de la herida le recordó al vampiro los días que llevaba sin comer en condiciones. Si su Amo no le hubiera ordenado que se los trajera vivos, pensó, resentido. Al menos, trataría de hacerse con la chica si la Señora no la quería para nada.&lt;br /&gt; Uno de los Guardias, como si hubiera sentido que pensaba en ella, golpeó la mano de la chica con la hoja de la espada. Briana gritó de dolor y dejó caer el arma. No tuvo tiempo de inclinarse a recogerla.&lt;br /&gt; -Suelta tus armas o la chica morirá.&lt;br /&gt; Jelwyn miró a Briana. La joven tenía la punta de la espada de un vampiro rozando su garganta, la de otro sobre su corazón y la de un tercero en el vientre. Por un momento, el ardiés calculó sus posibilidades de huir.&lt;br /&gt; -¿Qué te dije de la espada, Bri?&lt;br /&gt; Briana tenía los ojos enrojecidos y lacrimosos.&lt;br /&gt; -Marchaos. Salvaos si podéis.&lt;br /&gt; -No seas tonta, es a mí a quien quieren -Jelwyn se volvió hacia el vampiro-. Nos mataréis de todas formas, ¿verdad?&lt;br /&gt; -¿Y qué más da? Ya no tienes adónde volver. El Valle ha caído, tu padre ha muerto y Comelt está sitiada. Ardieor ya no existe, ahora lo que importa es salvar la vida.&lt;br /&gt; Jelwyn palideció. Retrocedió un paso y dejó caer la espada y el puñal. No trató de escapar cuando le ordenaron montar en su caballo, ni se resistió cuando le ataron las manos al arzón de la silla. Briana lloraba en silencio. Ataron las cuerdas tan fuerte que las manos comenzaron a amoratarse casi enseguida, y luego, dos guardias tomaron a los caballos por las riendas, los demás formaron una barrera a su alrededor, y, a una orden de su Capitán, galoparon hacia Redlam.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Dayra observó cómo el enemigo avanzaba otra vez hacia las murallas, arrastrando algo con ellos.&lt;br /&gt; -Vaya, ya comenzaba a preguntarme cuándo aparecerían.&lt;br /&gt; Dulyn soltó una risa despectiva.&lt;br /&gt; -¿Catapultas? ¿Es que esta gente no ha evolucionado nada en cien años?&lt;br /&gt; -Esperemos que no. ¡Arcos preparados! Nos llevaremos a unos cuantos tiradores por delante.&lt;br /&gt; El bombardeo fue breve. Los trhogol no debían haber calculado bien el peso de muchas piedras, ya que algunas rompieron la catapulta, otras cayeron a medio camino, aplastando a algunos de ellos, y otras pasaron muy por encima de las murallas y cayeron en las calles de Comelt. Pocas se estrellaron en las murallas, y éstas hicieron poco daño. Ante las burlas de los jeddart, Lajja pareció dudar un momento, pero enseguida irguió la cabeza en ademán orgulloso y gritó una orden.&lt;br /&gt; -¡A cubierto! -chilló Dulyn, al ver las pequeñas redomas que volaban hacia ellos procedentes de las catapultas.&lt;br /&gt; -¡Contened la respiración! -ordenó Dayra.&lt;br /&gt; Se imaginaba lo que contenían.&lt;br /&gt; Entonces oyó la voz a sus espaldas. Canturreaba como para sí misma, pero Dayra podía oír con claridad todas las palabras. Por un momento pensó en levantarse y obligarla a agacharse, pero la Dama Gris, con la cara levantada hacia el cielo y los brazos abiertos, parecía tan inamovible como el propio castillo mientras invocaba a todos los vientos, instándoles a arrancar árboles, piedras del camino e incluso tejados de las casas, a desencadenar tempestades y a mil cosas más que Dayra encontró algo exageradas.&lt;br /&gt; Tal vez un hechizo más corto hubiera sido más útil, pensó Dayra, pero al menos el viento arrastró los vapores del ácido hacia el enemigo, y el agua de la tempestad limpió la muralla.&lt;br /&gt; -¡No me lo puedo creer! ¡Me ha salido bien! ¡Y es la primera vez que lo hago!&lt;br /&gt; La Dama Gris de Comelt estaba empapada de pies a cabeza. Dayra la miró con el ceño fruncido.&lt;br /&gt; -¿Puedes hacer que se detenga? No quiero que se me inunde la ciudad.&lt;br /&gt; -Déjala un poco más. Les será más difícil pelear con el terreno embarrado.&lt;br /&gt; Los trhogol huían, más asustados del agua que del veneno.&lt;br /&gt; -¿Crees que volverán por hoy?&lt;br /&gt; -Lo que creo es que estamos teniendo demasiada suerte.&lt;br /&gt; -Aguafiestas.&lt;br /&gt; Dayra se rió.&lt;br /&gt; -Nunca mejor dicho.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Era de noche y los lobos seguían aullando. Garalay se removió bajo su manta. Sentía un peso en la boca del estómago, como si le hubiera sentado mal algo que hubiera comido. Su corazón latía al ritmo de aquellos aullidos que parecían despertar ecos en las paredes de su cráneo.&lt;br /&gt; Garalay se incorporó. La llamada se había vuelto irresistible. Estaba bien, pensó. Si la querían, iban a tenerla. Caminó descalza en la oscuridad, esquivando los cuerpos dormidos por instinto. Ni el oído mejor entrenado hubiera podido percibirla. Le fue fácil despistar a los centinelas y continuar andando en la oscuridad.&lt;br /&gt; Y de repente, había luna llena. Una luna más grande, más brillante y más redonda de lo que ella hubiera visto nunca. Y cuerpos a su alrededor, cuerpos grises y peludos gimoteando, moviendo las colas, olfateándola, mordisqueando sus dedos, golpeando sus piernas con los fríos hocicos incitándola a correr con ellos por el bosque.&lt;br /&gt; ¿De dónde ha salido este bosque? se preguntó la parte de Garalay que aún se sentía humana. Pero la otra parte había tomado el mando, y ninguna de las dos se preocupó de si su ropa se arrugaba o ensuciaba al caer al suelo.&lt;br /&gt; La luna brillaba entre las ramas de los árboles, los arbustos y las ramas bajas golpeaban las pantorrillas de Garalay, las piedras se clavaban en las plantas de sus pies. Pero el viento nocturno era cálido, y los lobos iban de caza, saltando y corriendo como si no pisaran el suelo. Fantasmas grises cazando en un bosque de tiempos más remotos, bajo una luna olvidada años atrás. Y Garalay en cabeza, con los jefes de la manada.&lt;br /&gt; A su derecha, un lobo aulló la señal de que había encontrado el rastro. Toda la manada, y Garalay con ellos, le siguieron.&lt;br /&gt; La presa no era un ciervo, un gamo ni nada que Garalay pudiera reconocer. Era grande, bello y majestuoso. A ella le pareció un unicornio, o quizás un caballo alado, o todo al mismo tiempo. Pero algo en el animal le impedía percibirlo con claridad. Veía un destello blanco como la luna, huyendo ante ella, tratando de escapar. Pero los lobos fueron más rápidos. Unos saltaron a sus cuartos traseros, otros a sus costados.&lt;br /&gt; Garalay hundió sus dientes en el cuello.&lt;br /&gt; Y entonces, comprendió. Supo que, a pesar de su poder y de su magia, a pesar de su maldad y de sus monstruos, había cosas en Ternoy que Zetra no podía controlar. Mientras la sangre de la antigua bestia bajaba por su garganta, Garalay supo que ella formaba parte de aquello, del bosque fantasma, de los antiguos lobos, del poder que retenía encastillada, temblando en su trono, a la autodenominada Emperatriz de Ternoy.&lt;br /&gt; Recuerda quién eres, fue lo último que pensó mientras oía cómo el corazón de la bestia latía cada vez más despacio hasta apagarse por completo. Y luego cayó desplomada en medio de los Páramos, en una oscuridad de repente más acogedora que amenazante.&lt;br /&gt; Despertó al día siguiente al oír voces. Aún con los ojos cerrados, sintió el roce de la lana cubriéndola, y reconoció el olor de su capa. Abrió los ojos y se encontró con los de Vidrena, agachada a su lado.&lt;br /&gt; -¿Has pasado buena noche?&lt;br /&gt; Su boca aún sabía a sangre. Le dolían los pies y sentía los músculos agarrotados.&lt;br /&gt; -Nikwyn y yo te hemos estado buscando toda la noche. Nos tenías preocupados. No es sano dormir al raso, y menos desnuda.&lt;br /&gt; -El bosque... -murmuró Garalay.&lt;br /&gt; -¡Nikwyn, ve a decir que la hemos encontrado, y que se pongan en marcha de una vez! Vamos, querida, te he traído tu ropa.&lt;br /&gt; Garalay se incorporó.&lt;br /&gt; -Gracias.&lt;br /&gt; Níkelon se marchó de mala gana. Garalay comenzó a vestirse. Vidrena sonrió y fijó su mirada en el anillo dorado que colgaba de su cuello.&lt;br /&gt; -¿No sería más cómodo que llevaras ese anillo en el dedo?&lt;br /&gt; Vidrena no se había molestado en contarle a Garalay que sabía que estaba comprometida con Níkelon, ni siquiera mediante indirectas, pero aquella tentación había sido demasiado irresistible para ella. Con cierto deleite, se dio cuenta de que Garalay se había ruborizado.&lt;br /&gt; -Me viene grande. En todos los dedos.&lt;br /&gt; -Hay formas de arreglarlo, ¿sabes? A no ser que no quieras que nadie sepa que lo tienes.&lt;br /&gt; -Lo que me gustaría saber es por qué me estás preguntando por un pedazo de oro en lugar de por lo que te gu gustaría preguntarme.&lt;br /&gt; Vidrena sostuvo la mirada mientras la joven se ajustaba la falda, con un ligero gesto de disgusto al ver que le venía ya mucho más ancha que cuando había salido del Valle.&lt;br /&gt; -Me da miedo lo que puedas contestarme.&lt;br /&gt; Garalay pasó la cabeza por el cuello de la blusa. Su mirada pareció divertida mientras tiraba de las cintas que cerraban el escote.&lt;br /&gt; -Creía que la gran Dren de Dagmar no tiene miedo a nada.&lt;br /&gt; -Por supuesto. No conozco el miedo ni la piedad, y la muerte cabalga a mi lado... cuando puede alcanzarme. Pero hay cosas que prefiero no saber. Al menos no todavía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Cabalgaron durante tres días y sus correspondientes noches, sin descansar. A Briana le dolía todo el cuerpo cuando llegaron a Redlam, pero peor que el cansancio era aquella sensación de derrota. Su fuga en los Pantanos no había servido de nada, y para colmo le había fallado a Jelwyn. No había tenido ocasión de hablar con él desde que les habían capturado. Ni siquiera se había atrevido a mirarle.&lt;br /&gt; El Signo comenzó a molestarla otra vez. Picaba hasta casi arder, hasta que a Briana casi se le saltaban las lágrimas de dolor. Y la risa de la Sacerdotisa en su cabeza sonaba tan fuerte que Briana se habría tapado las orejas si no hubiera tenido las manos atadas.&lt;br /&gt; Se subía a Redlam por un estrecho sendero al borde de un precipicio cortado casi en vertical. Briana miró hacia abajo y se mareó, así que mantuvo la vista al frente, hacia el castillo.&lt;br /&gt; Estaba construido tan al borde del precipicio que las murallas parecían formar parte de la montaña. Un viento frío que soplaba desde el norte parecía proceder del siniestro edificio. Cuando la oscura puerta se abrió, Briana tuvo la sensación de que una inmensa bestia acababa de tragársela.&lt;br /&gt; Les obligaron a desmontar y les llevaron a la sala del castillo. Briana tenía agujetas, y también le dolía el vientre, pero se dejó arrastrar sin quejarse. Al menos, estaba al lado de Jelwyn.&lt;br /&gt; -Así que son estos. Buen trabajo.&lt;br /&gt; En lo primero que se fijó Briana al ver al Amo de Redlam fue en sus orejas. Los lóbulos estaban pegados al cráneo, mientras que el resto de la oreja se encontraba en posición perpendicular. El efecto era desazonador, en especial porque el Amo de Redlam no tenía mucho pelo, aunque el poco que tenía lo llevaba muy largo.&lt;br /&gt; -La Emperatriz se alegrará de verlos.&lt;br /&gt; Hizo que les arrastraran ante un bulto cubierto por un paño negro, y retiró el paño. Un enorme espejo apareció ante los asombrados ojos de Briana. Jelwyn se limitó a sonreír como si ya estuviera sobre aviso.&lt;br /&gt; El No-muerto hizo una serie de pases ante el espejo, y una neblina grisácea cubrió la superficie. Cuando la niebla se aclaró, Briana vio un salón, oscuro a excepción de cuatro velas negras alrededor de un trono, y en el trono estaba sentada una niña. Llevaba un vestido rojo, y cintas negras entretejidas en sus trenzas. Aunque no la había visto nunca, Briana la reconoció por los ojos. No debía haber muchas niñas de aquella edad con uno de cada color.&lt;br /&gt; Jelwyn palideció y se mordió los labios.&lt;br /&gt; -¿Dónde está la Emperatriz? -preguntó el Amo de Redlam en mal ardiés.&lt;br /&gt; -Reunida.&lt;br /&gt; La niña no paraba de balancear sus piececitos calzados con sandalias.&lt;br /&gt; -¿Reunida? ¿Reunida con quién?&lt;br /&gt; -Reunida con quien no te importa. Si puedes esperar, vuelve en una hora, y si no, dame el recado y ya se lo daré yo si me acuerdo.&lt;br /&gt; -Muy bien, preciosa. ¿Reconoces a este tipo?&lt;br /&gt; La niña se fijó en Jelwyn. Ni siquiera parpadeó.&lt;br /&gt; -Se parece a alguien que conocía.&lt;br /&gt; -Entonces, pequeña, si quieres y te acuerdas, dile a la Emperatriz cuando salga de su reunión que, como ella ordenó, hemos capturado a tu padre.&lt;br /&gt; -¿De veras? -se burló la niña, y Briana, de reojo, vio un centelleo de alarma en los ojos de Jelwyn- ¿Vosotros solitos?&lt;br /&gt; -No interrumpas, jovencita, ¿es que los ardieses no te enseñaron modales?&lt;br /&gt; Por primera vez, la niña pareció alterarse. Un centelleo de cólera atravesó sus ojos.&lt;br /&gt; -Me estoy aburriendo. ¿Qué le digo a la Emperatriz?&lt;br /&gt; -Que volveré.&lt;br /&gt; Arrojó de nuevo el paño sobre el espejo.&lt;br /&gt; -Llevadles a las mazmorras.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; La Dama Gris de Comelt despertó sobresaltada, sintiendo el sabor de la sangre en su lengua. Aquel sueño había sido más vívido, más real de lo debido. Por un momento, incluso al despertar no había reconocido la Casa Aletnor.&lt;br /&gt; La Dama Gris de Vaidnel la miró con cara de preocupación.&lt;br /&gt; -¿Qué te ocurre, Comelt?&lt;br /&gt; -Nada, un sueño. ¿Ya es mi turno?&lt;br /&gt; -Aún no.&lt;br /&gt; -Da lo mismo, no tengo ganas de dormir. Descansa tú un poco.&lt;br /&gt; Durante todo el día y parte de la noche, las tropas de Lajja se habían estrellado contra las murallas de Comelt como era previsible que ocurriese. Las murallas de Comelt eran casi invulnerables, incluso ante las catapultas de Lajja. Solo el hambre podía acabar obligando a los ardieses a rendirse.&lt;br /&gt; Pero los defensores de Comelt no se hacían ilusiones. Sabían que el tiempo estaba de parte de los sitiadores, que no podían esperar ayuda exterior y que, aunque llegasen a recibirla, tenía que ser una ayuda muy eficaz.&lt;br /&gt; La Dama Gris se alisó la ropa, se puso la capa y salió de la Sala. Anduvo de puntillas por el pasillo hasta llegar al patio. Casi se sorprendió al ver que aún era de día. Se había acostado después de la comida, pero creía haber dormido más.&lt;br /&gt; -¿Artdia Comelt?&lt;br /&gt; Él había llegado a su lado muy en silencio.&lt;br /&gt; -¡Anhor! Me has dado un buen susto.&lt;br /&gt; -Lo siento. ¿Qué haces aquí sola?&lt;br /&gt; -He tenido una mala siesta. ¿Y tú?&lt;br /&gt; -Me toca guardia en las murallas. Voy hacia allí.&lt;br /&gt; -¿Puedo acompañarte? Me gustaría caminar un poco -Como Anhor parecía dudar, la Dama Gris añadió mirando al suelo con lo que esperaba que él considerase dulce modestia-: Prometo que me iré enseguida si hay peligro.&lt;br /&gt; Casi pudo leer los pensamientos del joven. Debía estar preguntándose hasta qué punto alguien podía impedirle algo a una Dama Gris, y si sería correcto intentarlo.&lt;br /&gt; No tardó mucho en decidirse. La Dama Gris sonrió cuando él le ofreció el brazo.&lt;br /&gt; -En cierto modo, me siento más cómodo con vosotras que con las otras... chicas. Ya sé que te parecerá una tontería, pero aunque seáis...&lt;br /&gt; -¿Brujas?&lt;br /&gt; Anhor carraspeó.&lt;br /&gt; -Como iba diciendo, aunque... tengáis ciertos poderes, bien, te parecerá una tontería, pero al menos lleváis vestidos y no espadas.&lt;br /&gt; La Dama Gris se rió.&lt;br /&gt; -A los ardieses les ocurre justo lo contrario.&lt;br /&gt; Anhor le ofreció la mano para ayudarla a subir los escalones. La Dama Gris no tuvo corazón para decirle que no era necesario. El orgullo del pobre chico ya estaba sufriendo demasiado con tantas mujeres armadas que tenían cosas mejores (o peores, según se mirase) que hacer que desfallecer de amor por el. Así que la Dama Gris aceptó la mano, observando que era una mano grande, seca y con callos donde la rozaba la empuñadura de la espada, casi como la de un jeddart, y trató de no subir demasiado deprisa.&lt;br /&gt; -Ahí están -murmuró. El campamento enemigo parecía tranquilo. No se veía a nadie, pero ella podía olerlos. En realidad, era difícil no hacerlo. Los trhogol olían a pelo de perro mojado con agua estancada que hubiera estado comiendo carne podrida. Por más tiempo que estuviera oliéndolo, pensó la Dama Gris, no se acostumbraría a aquella pestilencia.&lt;br /&gt; Soplaba un viento frío, que atravesaba su capa, su vestido e incluso su camisa. Por un momento, la Dama Gris imaginó que el viento tenía dedos. Unos dedos demasiado atrevidos.&lt;br /&gt; -Artdia Comelt, ¿qué haces aquí?&lt;br /&gt; Ella no lo había sabido hasta que había oído su voz.&lt;br /&gt; -Buscarte.&lt;br /&gt; La Dama Gris de Dagmar sonrió.&lt;br /&gt; -Pues ya me has encontrado. ¿Qué puedo hacer por ti?&lt;br /&gt; -Mejor paseemos, me estoy helando.&lt;br /&gt; La Dama Gris de Dagmar pasó un brazo por la cintura de su compañera y juntas se alejaron por la muralla en dirección al castillo. Era un paseo habitual en Comelt en las tardes de verano, sobre todo entre las parejas que querían pensar que el atardecer era un espectáculo en su honor, pero bajo aquel cielo descolorido, no llegaba ni a la altura de una parodia. Anhor miró cómo se alejaban, y, antes de que comenzara a formarse un pensamiento en su cabeza, oyó la voz de Dulyn.&lt;br /&gt; -Estoy harto de todo esto.&lt;br /&gt; Estaba apoyado en las almenas, mirando al campamento enemigo. Sus dedos tamborileaban sobre la piedra.&lt;br /&gt; Yarla dio un último bocado a la manzana que se estaba comiendo y arrojó el corazón con todas sus fuerzas hacia los trhogol.&lt;br /&gt; -¿Estás pensando lo que yo creo que estás pensando?&lt;br /&gt; -Lo veo peligroso.&lt;br /&gt; -¿Tienes miedo, Norwyn?&lt;br /&gt; -De ellos no. Pero Dayra y Kayleena son otro asunto. Y tengo entendido que no lo aprueban.&lt;br /&gt; Nunca les entendería, pensó Anhor. Siempre dispuestos a matarse entre ellos, pero siempre juntos los tres en alguna trastada&lt;br /&gt; -¿De qué estáis hablando?&lt;br /&gt; Dulyn se volvió para responder a Anhor. El galendo tuvo la impresión de que hasta aquel momento había olvidado que él estaba allí.&lt;br /&gt; -De una salida. Un ataque por sorpresa para ver si logramos romper el cerco.&lt;br /&gt; -Son demasiados. No creo que pueda hacerse.&lt;br /&gt; -Entonces, ¿no saldrás con nosotros?&lt;br /&gt; Ardieses, pensó Anhor. De una idea nebulosa habían pasado en cuatro palabras y sin ninguna etapa intermedia a llamarle cobarde. ¿Cómo había podido soportarles Níkelon?&lt;br /&gt; -Si los ardieses pueden pensarlo, un galendo puede hacerlo. Avisadme cuando sea la hora. Estaré afilando mi espada.&lt;br /&gt; Se dirigió hacia su puesto en la muralla con la barbilla muy alta y la espalda muy recta. Tras él, oyó cómo Yarla decía con una irritante risita:&lt;br /&gt; -¡Galendos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-115071532975190088?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/115071532975190088/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=115071532975190088&amp;isPopup=true' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115071532975190088'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115071532975190088'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/06/resumen-del-captulo-14-y-captulo-15.html' title='Resumen del Capítulo 14 y Capítulo 15'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-115010170382530867</id><published>2006-06-12T10:28:00.000+02:00</published><updated>2006-06-12T10:41:43.846+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 13 y Capítulo 14</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el Capítulo anterior: Comenzó el asedio de Comelt, la Gente de los Pantanos comenzó su viaje hacia el Castillo Negro, y Jelwyn y Briana abandonaron los Bosques y entraron en los Páramos Secos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;CAPÍTULO 14&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;A veces oigo aullar a los lobos, como si me estuvieran llamando (Jalen y Hindy)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Anhor estaba de guardia en las murallas. El enemigo parecía dormir en su campamento, situado a un tiro de flecha de la ciudad, o al menos no se oía ningún ruido. No había luna ni estrellas, pero al lado de cada centinela había una antorcha para que pudieran verse o hacerse señales unos a otros.&lt;br /&gt; Unos pasos firmes sonaron en los estrechos peldaños de madera fijos a la muralla que Anhor no quiso honrar con el nombre de escalera. Anhor se puso firme. Como representante de Galenday en las murallas de Comelt, se proponía dejar en buen lugar a su país.&lt;br /&gt; -¿Todo bien, centinela?&lt;br /&gt; Anhor se relajó. Solo era Norwyn, el Capitán interino de la Segunda del Valle. ¿Sólo?, se burló de si mismo. Después de haberle visto en acción aquella tarde en aquellas mismas murallas, nunca volvería a dejarse engañar por unos ojos grandes y unas mejillas rollizas.&lt;br /&gt; -Sin novedad.&lt;br /&gt; Norwyn sonrió. A Anhor aún le costaba acostumbrarse a aquellas sonrisas ardiesas con la boca cerrada, como si en aquel país todos estuvieran avergonzados de sus dientes.&lt;br /&gt; -Has peleado bien esta tarde.&lt;br /&gt; Anhor abrió la boca para una respuesta cortés, una muestra de modesto orgullo, si es que tal cosa podía existir, pero en su lugar acabó diciendo un gracias más sincero de lo que él mismo esperaba. Norwyn le devolvió el habitual de nada y luego añadió por sorpresa:&lt;br /&gt; -Si no estás muy cansado, algunos de nosotros vamos a reunirnos en "La espada partida", ¿te gustaría acompañarnos cuando termines tu turno de guardia?&lt;br /&gt; -Será un placer.&lt;br /&gt; No se lo habría perdido aunque no hubiera podido tenerse en pie.&lt;br /&gt; Norwyn comenzó a caminar por la muralla, en dirección al Castillo. A Anhor le pareció que la noche se hacía menos fría mientras el ardiés saludaba a cada centinela con una frase amable o una broma privada.&lt;br /&gt; La guardia se le hizo muy larga a Anhor. Se despidió de su relevo de una forma algo precipitada y corrió hacia "La espada partida", temeroso de que los demás ya se hubieran ido.&lt;br /&gt; Pero seguían allí. Cantaban "Tragando barro en los Pantanos" con un entusiasmo digno de mejor causa, bebían lo que él esperó que no fuera la famosa Reserva Especial y comían las escasas raciones que les correspondían haciéndolas durar todo lo posible mientras el perro de la taberna les miraba con ojos lastimeros y gemía de vez en cuando. Anhor le acarició la cabeza antes de sentarse entre Norwyn y Yarla, que se separaron a propósito para ello. La chica le guiñó un ojo.&lt;br /&gt; -No le tomes demasiado cariño a "Bicho". Puede que tengas que comértelo.&lt;br /&gt; Anhor esperaba que aquello fuera una broma.&lt;br /&gt; -Necesitaremos los caballos, y los perros son más fáciles de atrapar que los gatos y las ratas, así que serán las primeras víctimas cuando se termine la comida -añadió Norwyn, con su sonrisa más amable.&lt;br /&gt; Anhor siempre había estado más interesado en las armas que en la política, como su hermano mayor, o en las viejas leyendas, como Níkelon, pero no era tan tonto como suponían algunos de sus preceptores. Aquello apestaba a indirecta. Se sirvió una copa de lo que resultó ser sidra y bebió un poco antes de responder.&lt;br /&gt; -Os podéis quedar con mi parte de perro. Yo esperaré a las ratas. A no ser que tengáis una idea para que ninguno de nosotros tenga que hacer algo tan desagradable.&lt;br /&gt; -En realidad, queríamos hablarte de eso. ¿Hay muchos hombres esperándote al otro lado del Gardford?&lt;br /&gt; Directo al corazón, pensó Anhor.&lt;br /&gt; -¿Cómo sabéis que me esperan al otro lado del Gardford?&lt;br /&gt; -No me imagino a un príncipe de Galenday viajando sin escolta.&lt;br /&gt; Anhor iba a contestar que Níkelon lo había hecho, pero prefirió no recordárselo. Tanta admiración hacia su hermanito ya comenzaba a molestarle.&lt;br /&gt; -Era una escolta pequeña.&lt;br /&gt; -¿Podrías conseguir más?&lt;br /&gt; -¿Estáis pidiendo ayuda a la Corona de Galenday?&lt;br /&gt; -Siempre que Galenday pidió ayuda, Ardieor se la dio.&lt;br /&gt; -¿Esto es oficial?&lt;br /&gt; Yarla contestó en lugar de Norwyn.&lt;br /&gt; -Cuando lo sea, no hablaremos en una taberna. Solo estamos... tanteando el terreno. Para no tragar más barro del necesario.&lt;br /&gt; -Si me di... Si de mí dependiera, ni siquiera pisaríais el barro. Pero aunque consiguiera salir de aquí no es seguro que me dieran hombres para venir a rescataros.&lt;br /&gt; Ya se imaginaba la cara de su hermano cuando lo intentara: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Pero, Anhor, ¿a nosotros qué se nos ha perdido en Ardieor?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; Norwyn suspiró.&lt;br /&gt; -¿Y de qué serviría, de todas formas? Si al menos el Capitán estuviera aquí... Él sabría qué hacer.&lt;br /&gt; Una voz burlona respondió a sus espaldas.&lt;br /&gt; -Seguro. Jelwyn Aletnor volverá volando sobre un dragón rojo y terminará él solo con todos nuestros problemas. Y todos seremos felices para siempre.&lt;br /&gt; La luz de las lámparas y del fuego perdió brillo por un instante mientras Dulyn tomaba asiento y les miraba con mucha atención, uno por uno.&lt;br /&gt; -Simpática reunión: el segundo de Jelwyn, la Capitana de la Guardia y el hermano del príncipe de Garalay. ¿Conspirando, tal vez?&lt;br /&gt; -Por supuesto. Estábamos planeando vender el Castillo a la Corona de Galenday, si esos de ahí fuera no hacen una oferta mejor.&lt;br /&gt; Yarla palideció.&lt;br /&gt; -¡Cielos, Nor, no lo digas ni en broma!&lt;br /&gt; -No te preocupes, preciosidad. Norwyn no le quitaría a su precioso Capitán el último pedazo del Viejo Ardieor. ¿Es verdad que antes de huir te dio permiso para matarme?&lt;br /&gt; -Puedes dormir tranquilo, Kay se lo ha quitado. Al menos hasta que termine todo esto.&lt;br /&gt; Norwyn tenía los puños tan apretados que Anhor creyó que los nudillos iban a rasgarle la piel.&lt;br /&gt; -Jelwyn no ha huido, se ha ido a...&lt;br /&gt; -A rescatar a su pequeña traidora.&lt;br /&gt; Norwyn se levantó tan deprisa que casi derribó la mesa. Abrió la boca un par de veces, como para decir algo, pero al final se fue tras dos jeddart que acababan de levantarse, tal vez para irse a dormir, o para ocupar su puesto en las murallas. Yarla miró a Dulyn, indignada.&lt;br /&gt; -Estarás contento.&lt;br /&gt; -No del todo, pero sí más que hace un rato.&lt;br /&gt; Anhor se levantó, dio las buenas noches a la pareja de una forma que a él mismo le pareció precipitada y corrió tras Norwyn.&lt;br /&gt; -¡Espera! -El ardiés se detuvo, pero no se volvió. Al llegar a su altura, Anhor se dio cuenta de que estaba llorando-. Oye, no ha sido para tanto, seguro que has oído cosas peores.&lt;br /&gt; -Tú no puedes entenderlo.&lt;br /&gt; -¡Claro que no! ¡Nadie me explica nada!&lt;br /&gt; Norwyn se limpió la cara de un manotazo.&lt;br /&gt; -Si no llego a salir de allí, le habría aplastado las narices de un puñetazo, y si hubiera empezado no sé si habría podido detenerme. ¿Cómo se atreve a hablar así? ¡Mi Capitán es el mejor de los hombres! ¡Mejor que él, mejor que todos los malditos habitantes de esta maldita ciudad, y desde luego, muchísimo mejor que su condenado Farfel! -Le miró como desafiándole a contradecirle, pero Anhor no conocía tanto a los implicados como para estar en condiciones de hacerlo-. Desde que me escapé de casa para unirme a los jeddart ha sido mi padre, mi hermano, mi mejor amigo. ¿Y a quién elige para llevarse a Ternoy? ¡A un maldito galendo al que casi acaba de conocer! -Anhor prefirió no recordarle quién era el "maldito galendo"- "Llévales a Comelt, Nor, ahora tú eres el Capitán", y me tiró su estrella como un hueso a un perro. ¡Maldita sea su alma! ¿Acaso yo se la había pedido? ¡Y encima tengo que soportar a Dulyn y su ingenio de tres al cuarto! ¡Y un asedio! ¡Por las lágrimas de Dagmar, sólo soy un paleto de las Tierras Peligrosas! ¿Qué sé yo de defender una ciudad? ¡Lo único que sé es obedecer órdenes! ¡Van a matarnos a todos como a conejos y será por mi culpa!&lt;br /&gt; Anhor temió que toda la ciudad se despertara con aquella última frase. Pero si lo hizo, no dio muestras de ello.&lt;br /&gt; -Entonces, ¿por qué no rendirnos ahora mismo?&lt;br /&gt; Norwyn sonrió.&lt;br /&gt; -También nos matarán si nos rendimos. Que se lo trabajen. Oye, que esta conversación quede entre nosotros, ¿vale? Aún tengo una reputación que conservar.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Al acostarse cada noche, Briana pensaba que ya no podría volver a levantarse. No era solo el cansancio, ni tener el estómago casi pegado a la columna vertebral, ni la lengua seca la mayor parte del tiempo. También estaba lo otro, aquella carga en el pecho, más pesada cuanto más se acercaba al norte. Briana no se atrevía a llamarla miedo, y menos aún a decírselo a Jelwyn, pero era muy parecido. Se preguntaba si él sentiría lo mismo, pero no se atrevía a preguntárselo, y no había forma de adivinarlo por su actitud.&lt;br /&gt; Llevaban casi diez noches durmiendo en los Páramos cuando oyeron los aullidos. Briana se despertó sobresaltada.&lt;br /&gt; -¿Estás oyendo eso?&lt;br /&gt; -Sssí.&lt;br /&gt; -Creía que me estaba volviendo loco, pero si tú también los oyes es que están ahí de verdad.&lt;br /&gt; -¿Qué son?&lt;br /&gt; -Lobos. No me imaginaba que los hubiera en Ternoy.&lt;br /&gt; -¿Nos harán daño?&lt;br /&gt; -No.&lt;br /&gt; Lo había dicho muy seguro, pero Briana le oyó incorporarse y doblar las mantas como si ya no fuera a utilizarlas, en toda la noche.  Poco después, comenzó a oírle afilar la espada.&lt;br /&gt; -¿Qué son lobos?&lt;br /&gt; La piedra se detuvo un momento, como si la pregunta hubiera sorprendido a Jelwyn.&lt;br /&gt; -Ah, claro, si nunca habías visto un perro... Los lobos son animales como Gris, pero algo más grandes y más feroces.&lt;br /&gt; Como si hubiera sentido la llamada, o entendido su nombre, la perra gimoteó. Briana le acarició la cabeza.&lt;br /&gt; -¿Y de verdad no...?&lt;br /&gt; -Si no nos metemos con ellos, ellos no se meterán con nosotros. Al menos eso ocurre en Ardieor.&lt;br /&gt; -Entonces, ¿por qué no os dormís?&lt;br /&gt; -¿Por qué no te duermes tú?&lt;br /&gt; -Porque yo sí que reconozco que me dan miedo.&lt;br /&gt; -Muy bien. Ya que insistes en comportarte como una niña, te contaré un cuento. -Briana soltó una risita, y Jelwyn se lo pensó un momento antes de comenzar-. Hace mucho tiempo, en un país lejano, vivía un caballero pobre que estaba enamorado de la hija del rey. Pero ella ni siquiera se daba cuenta de que él existía, y el caballero estaba cada vez más desesperado, hasta que un día apareció un terrible dragón y se dedicó a asolar el reino. Los mejores caballeros intentaron matarlo y terminaron cocidos dentro de sus armaduras. Sobornarlo con oro y doncellas tampoco dio resultado. Entonces, el caballero pobre se presentó al rey y le dijo: "Mataré al dragón si me concedéis la mano de vuestra hija". Y el rey le contestó: "De acuerdo, la cabeza del dragón por la mano de mi hija". Así que el caballero fue en busca del dragón, localizó su cueva y el camino por donde iba a beber al río todas las mañanas, excavó un agujero en medio del camino, se escondió dentro y lo cubrió con hojas. Cuando el dragón bajó a beber, le atravesó el vientre con su espada y lo mató, le cortó la cabeza y regresó al palacio a reclamar su recompensa.&lt;br /&gt; -¿Y se la dieron?&lt;br /&gt; -Por supuesto. En una preciosa cajita de madera de cedro.&lt;br /&gt; -¡No!&lt;br /&gt; -Había pedido la mano, no a la princesa entera.&lt;br /&gt; -¡Pero eso es hacer trampa! Él...&lt;br /&gt; -Tampoco le fue tan mal. Gracias a la sangre del dragón se había vuelto invulnerable, así que se convirtió en un héroe famoso, acabó siendo muy rico y encontró una buena chica con las dos manos y mucho mejor que la princesa.&lt;br /&gt; -Es un cuento horroroso. Además, ¿por qué tiene que matar un dragón? ¿No hay otras cosas que matar, en los cuentos?&lt;br /&gt; -Bri, solo es un cuento, no te lo tomes como algo personal.&lt;br /&gt; -¡Es que lo es! Yo... bueno, los lossianeses descendemos de dragones-Ya estaba dicho y no podía retirarlo, pero podía tratar de arreglarlo-. Al menos eso dice la leyenda. Las hembras de dragón vieron a los hombres que llegaron de Ardieor y les gustaron más que sus compañeros, así que tomaron forma de mujer y se fueron con ellos, y como los ardieses no se habían llevado mujeres, o habían muerto por el camino, las aceptaron con mucho gusto, y de sus hijos descendemos los actuales habitantes de Lossián.&lt;br /&gt; Jelwyn permaneció un momento en silencio. Briana deseó que el fuego estuviera encendido para ver su cara y poder imaginarse qué estaba pensando. Al final, cuando habló, lo hizo muy despacio.&lt;br /&gt; -¿Y cómo supieron las hembras de dragón cómo es una mujer? Si nunca habían visto ninguna...&lt;br /&gt; -Los recuerdos. Ellas podían, bueno, se dice que podían... leer las mentes de los hombres, así que las sacaron de allí.&lt;br /&gt; -¿Y sus... descendientes... también pueden leer las mentes?&lt;br /&gt; Briana se mordió el labio inferior. No por primera vez, se arrepintió de haber hablado. Estaba preparada para enfrentarse a la incredulidad de Jelwyn, pero que él la creyera y encima quisiera saber más era demasiado para ella.&lt;br /&gt; -No lo sé. Nunca lo he intentado.&lt;br /&gt; Por suerte, pensó, en la oscuridad él no podía verle la cara para averiguar si le estaba mintiendo.&lt;br /&gt; -Espero que no -se rió en voz baja-. No creo que mi mente sea la lectura más apropiada para una jovencita.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Cada noche, antes de poder acostarse a descansar, tenían que desbrozar el terreno. Níkelon pensaba que tal vez por unos días, la fauna del bosque (si es que existía) les agradecería el esfuerzo, pero aquellos árboles parecían invencibles. Lo extraño era que con tan poca luz y tanta competencia por ella, pudiera crecer tanta maleza en aquel maldito bosque. Debía ser una tierra muy fértil, a pesar de todo.&lt;br /&gt; Aquello se parecía a cualquier cosa menos a la marcha implacable de un ejército conquistador. Vidrena dedicaba gran parte de los momentos de descanso a adiestrar a su gente, se repartían turnos de guardia y se mantenía una estricta disciplina, pero al mismo tiempo, Garalay y sus nuevas amigas solían abandonar la formación cuando divisaban alguna planta curiosa, y pasaban largo rato hablando en un extraño batiburrillo de idiomas sobre hierbas y sus diferentes usos en sopas y pociones. Distintas versiones de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;La doncella cisne&lt;/span&gt; y &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tragando barro en los Pantanos&lt;/span&gt; acompañaban la marcha, con tanto entusiasmo que Níkelon estaba convencido de que Zetra les podía oír desde el Castillo Negro.&lt;br /&gt; Sin embargo, avanzaban más deprisa de lo que creía Níkelon, en parte gracias a la senda que Jelwyn había abierto. Una mañana se encontraron al borde de los Páramos. Permanecieron un momento en la linde del bosque, indecisos, con los ojos entornados para defenderse de lo que en comparación con las tinieblas del bosque era una luz deslumbrante, a pesar del cielo siempre gris. Vidrena apoyó la mano en su frente y miró hacia las Montañas de Hierro, que incluso a tanta distancia parecían enormes, y luego se volvió y les ordenó a todos que se movieran de una vez.&lt;br /&gt; Jelwyn y Briana habían tenido buen cuidado de no dejar rastros aquella vez, de modo que la gente de los Pantanos no tuvo otra guía que la palabra de Alwaid y el instinto de Vidrena. Pero aún así avanzaron muy deprisa. Una noche, Níkelon despertó sobresaltado por el mismo sonido que acababa de despertar a Briana.&lt;br /&gt; Garalay respingó.&lt;br /&gt; -¡Lobos! ¿Cómo es posible que haya lobos en Ternoy? ¿Qué comen?&lt;br /&gt; -Niñas preguntonas -contestó Alwaid.&lt;br /&gt; -No creo que se atrevieran con una lym -Vidrena se incorporó, caminó hasta donde estaba Garalay y se sentó a su lado-. Dime, Lym, ¿las Damas Grises todavía hacen... aquello? Ya sabes, la Cacería.&lt;br /&gt; Garalay asintió. Luego, recordando que estaban a oscuras, dijo que sí. Por un momento, volvió a ver a la Dama Gris de Vaidnel tal como la habían encontrado la mañana siguiente a la primera noche de luna llena de verano: desnuda, con los pies ensangrentados, los brazos y las piernas llenas de arañazos, la cara manchada de sangre de algún animal y la mirada alucinada de quien no recordaba muy bien qué había ocurrido la noche anterior. No había hablado hasta después de bañarse, sólo para decir: "El año que viene que lo haga Comelt, yo ya no estoy para estos trotes".&lt;br /&gt; -¿Qué es la Cacería?&lt;br /&gt; -Una vez al año, una Dama Gris va al encuentro de los lobos y caza con ellos. Y como ellos.&lt;br /&gt; Níkelon sintió un escalofrío.&lt;br /&gt; -¿Por qué?&lt;br /&gt; -Cosas de las Damas Grises.&lt;br /&gt; -Puede que algunas personas no necesiten dormir, pero a mí me gustaría al menos intentarlo -respondió Garalay en tono terminante.&lt;br /&gt; Y no se habló más aquella noche.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-115010170382530867?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/115010170382530867/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=115010170382530867&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115010170382530867'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/115010170382530867'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/06/resumen-del-captulo-13-y-captulo-14.html' title='Resumen del Capítulo 13 y Capítulo 14'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114946025986651234</id><published>2006-06-05T00:20:00.000+02:00</published><updated>2006-06-05T00:30:59.890+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 12 y Capítulo 13</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el capítulo anterior:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Briana hizo una mortífera demostración de "sus poderes", Níkelon informó a Garalay de cómo había ido la primera operación más o menos armada de los rebeldes de los Pantanos, y Vidrena hizo ciertos planes...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;CAPÍTULO 13&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Las noches son tan... oscuras (Jalen y Hindy)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Lajja se echó el pelo atrás con ambas manos, reteniéndolas un momento en la nuca, y luego cojeó hasta el pie de las murallas de Comelt. Tras ella, siete trhogol llevaban ensartadas en sus picas las cabezas de siete jeddart. A Kayleena le temblaron las manos, y las apoyó en la muralla para poder controlarlas. Dayra observó a su enemiga con aire profesional.&lt;br /&gt; -Está nerviosa.&lt;br /&gt; -Es su gran momento.&lt;br /&gt; -Debería haberle cortado la pierna.&lt;br /&gt; -Oh, no te preocupes, sobrino, hiciste un buen trabajo. No creo que pueda correr en mucho tiempo.&lt;br /&gt; -Así podré alcanzarla y cortarle el cuello.&lt;br /&gt; -¿Puedo hablar ya? -gritó Lajja desde el suelo.&lt;br /&gt; -¡Eh, mirad, sabe hablar! -se rió alguien. A Dayra le pareció reconocer la voz de Norwyn.&lt;br /&gt; A su lado, Anhor carraspeó. La situación le parecía demasiado seria como para que los ardieses tuvieran ganas de gastar bromas.&lt;br /&gt; -¡Seguro que también sabe hacer el pino!&lt;br /&gt; -Más cortesía, niñas. Habla.&lt;br /&gt; -Soy Lajja de Grent, Señora de Ardieor -Los ardieses silbaron y abuchearon, pero Lajja se limitó a esperar con los brazos cruzados a que se cansaran-, Gobernadora de Dagmar y todos los títulos anexos.&lt;br /&gt; -¿&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Los títulos anexos&lt;/span&gt;? ¿Qué demonios es eso?&lt;br /&gt; -Ella sabrá.&lt;br /&gt; -Oh, Rhaynon, preferiría a Estrella Negra. Por lo menos, él no habla.&lt;br /&gt; -Como veo que no tenéis ganas de escucharme, sólo os diré una palabra: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;rendíos&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt; -¿A ti?&lt;br /&gt; -Dama Kayleena, tu hermano me dio recuerdos para ti antes de comenzar a suplicar por su vida. Dice que pronto os veréis en el infierno.&lt;br /&gt; Anhor observó cómo las manos de la jeddart se crispaban sobre la almena, pero no se movió ni un músculo de su cara.&lt;br /&gt; Una flecha se clavó entre los pies de Lajja. La mujer respingó y dio un salto atrás. Los ardieses se rieron.&lt;br /&gt; -Y ahora escucha tú esto: nunca nos rendiremos a una pulga de la perra de Zetra. Si quieres mi ciudad, tendrás que pagar con tu sangre. Y ni siquiera eso será bastante.&lt;br /&gt; Lajja suspiró.&lt;br /&gt; -Oh, maldición, sois tan previsibles.&lt;br /&gt; Se dio media vuelta y regresó a sus filas. Los defensores de Comelt la vieron marchar en silencio.&lt;br /&gt; -¿Desde cuándo es tu ciudad?&lt;br /&gt; -Ahora no, sobrino.&lt;br /&gt; Refunfuñando aún, Dulyn se dirigió hacia el otro extremo de la muralla. Cada uno en su puesto, recordó Anhor. Hasta él, que aún no tenía muy claro con quién iba, y que había sido, por decirlo de alguna manera, arrastrado en aquella pesadilla de retirada, tenía un puesto.&lt;br /&gt; Durante tres días de batalla campal, los ardieses habían contenido a duras penas a las tropas de Ternoy. Anhor sabía que nunca olvidaría el olor de la sangre, el ruido del acero hundiéndose en la carne, el sabor de la tierra sobre su lengua, y sobre todo, aquellas espantosas agujetas en sus brazos. No le habían enseñado nada de aquello en las clases de historia, y, desde luego, no se parecía en nada a un torneo. Para empezar, la mayoría de los que luchaban contra él no eran humanos. Y todos querían matarle.&lt;br /&gt; Se había sentido desnudo sin su armadura, aunque debía reconocer que con aquella cota de malla era más fácil levantarse del suelo, y no sabía qué hacer con el brazo izquierdo sin un escudo que sostener en él. "Molesta", le había contestado Dulyn cuando le había preguntado por qué los ardieses no utilizaban escudos.&lt;br /&gt; Ni siquiera mientras se retiraban habían dejado de luchar. Dulyn había discutido la orden hasta el final, pero ante la perspectiva de quedarse él solo a proteger la retirada había cambiado de idea.&lt;br /&gt; La orden de Dayra le devolvió al presente.&lt;br /&gt; -¡Preparados los arcos!&lt;br /&gt; Se debía hacer todo lo posible para que el enemigo ni siquiera se acercase a la Puerta, recordó Anhor mientras veía cómo la primera línea de trhogol cargaba y las flechas ardiesas volaban a su encuentro. Todos estaban cansados, nerviosos, muchos heridos, pero tenían algo de lo que el enemigo no disponía: las murallas de Comelt.&lt;br /&gt; Pero la ciudad había sido tomada dos veces, recordó Anhor mientras su espada cortaba de un tajo una cuerda con un garfio que había llegado a aquella altura de la muralla. El grito furioso de los asaltantes mientras caían le produjo un cierto alivio.&lt;br /&gt; El cielo estaba gris, hacía frío, Anhor aún tenía agujetas en el brazo, y, por un enloquecido momento, creyó oír a lo lejos el aullido de cien lobos.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Los habitantes de los Pantanos cargaron sus posesiones en sus animales de carga y abandonaron sus chozas sin mirar atrás. Vidrena, pensando que Garalay no podría aguantar el viaje a pie, le había ofrecido uno de los caballos. Pero la lym no había aceptado, argumentando que ya estaba recuperada del todo y que había personas que necesitaban ir a caballo más que ella. Caminaba al lado de Níkelon, al parecer tan tranquila y tan sana como si no hubiera pasado la Fiebre.&lt;br /&gt; Alwaid apresuró el paso hasta colocarse al lado de Vidrena.&lt;br /&gt; -Están liados.&lt;br /&gt; -¿Cómo lo sabes?&lt;br /&gt; -Oh, vamos, Dren, hasta un ciego se daría cuenta. La próxima vez que paremos pregúntale de dónde ha sacado ese anillo que lleva al cuello.&lt;br /&gt; -No es asunto nuestro.&lt;br /&gt; -Creía que la virtud de las Damas Grises era asunto de las Señoras de Ardieor.&lt;br /&gt; -Solo si ellas se me quejan. Y de momento, ella no ha protestado. Además, ¿quién sabe cuánto han cambiado las normas de la Orden desde mis tiempos?&lt;br /&gt; -No tanto.&lt;br /&gt; -Déjala en paz, Alwaid. Todo lo que tienes es resentimiento porque no te permito morderla.&lt;br /&gt; -Aguafiestas.&lt;br /&gt; Vidrena miró al cielo. Como enemiga, Alwaid había sido cargante. Como medio amiga, era peor aún.&lt;br /&gt; Alwaid aparte, el camino de salida de los Pantanos estaba siendo muy fácil. Era sorprendente lo que se adelantaba con guías que se sabían el camino. Casi no se habían mojado los pies.&lt;br /&gt; Tardaron apenas dos días en salir de allí. Al llegar al borde del bosque, Vidrena llamó a Alwaid.&lt;br /&gt; -¿Y ahora qué?&lt;br /&gt; -El camino más corto es atravesarlo. Pero no existe ninguna senda digna de ese nombre.&lt;br /&gt; Níkelon, se acercó a curiosear.&lt;br /&gt; -Ahora parece que sí. Y recién abierta.&lt;br /&gt; Garalay saltó a su lado.&lt;br /&gt; -¡Jelwyn!&lt;br /&gt; Níkelon señaló algo en el suelo.&lt;br /&gt; -Y Gris.&lt;br /&gt; Garalay se rió.&lt;br /&gt; -¡Dren, Jelwyn ha pasado por aquí! ¡Si nos damos prisa igual podremos alcanzarle y todo!&lt;br /&gt; -No seas niña, lym. No voy a forzar la marcha hasta agotar a todo el mundo para que tú puedas alcanzar a tu hermano.&lt;br /&gt; -Pero él está ahí solo, y... y es el mejor jeddart de Ardieor, podría serte muy útil. Seguro que te encantaría conocerle...&lt;br /&gt; -El mejor jeddart de Ardieor debe saber arreglárselas solo. Ya nos conoceremos en mejor ocasión.&lt;br /&gt; -Seguro que si hubiera sido tu hermano... -comenzó a decir Garalay, pero se interrumpió al darse cuenta de que iba a decir una tontería.&lt;br /&gt; -Yo habría salido corriendo en dirección contraria.&lt;br /&gt; En los días posteriores hallaron más pruebas del paso de Jelwyn y Briana por los Bosques. Hogueras apagadas, señales talladas en las cortezas de los árboles, además de la propia senda que estaban siguiendo, más otras señales que indicaban el paso de un perro por allí.&lt;br /&gt; Pero hubo uno que les sorprendió de verdad. Lo notaron primero por el olfato, un intenso olor a carne podrida que les obligó a todos a taparse las narices. Vidrena desenvainó a Wirda y se acercó a investigar.&lt;br /&gt; -Quedaos aquí.&lt;br /&gt; Al borde de un arroyo había un animal muerto. Era el oso más grande que Vidrena había visto nunca. A sus espaldas oyó el silbido de admiración de Alwaid.&lt;br /&gt; -¿Cómo habrá muerto? -oyó que preguntaba Níkelon en voz baja.&lt;br /&gt; Así es como me obedecen, pensó Vidrena.&lt;br /&gt; Vidrena envainó a Wirda y tomó una rama rota que le pareció lo bastante larga como para tocar al oso sin acercarse demasiado. La bestia pesaba mucho y no pudo darle la vuelta (ni tenía ganas de hacerlo). Pero aun así, pudo comprobar que la única herida visible era un gran pedazo de carne que le habían cortado. Cerca de la orilla del arroyo aún se distinguían los restos de una hoguera.&lt;br /&gt; -Debían estar muy hambrientos -La voz de Garalay había sonado rara. Vidrena se volvió a mirarla. La tez de la muchacha se había vuelto verdosa. Debía estar haciendo grandes esfuerzos por contener las náuseas.&lt;br /&gt; -Ve a aquellos matorrales. -Garalay hizo un gesto de agradecimiento y corrió hacia el lugar indicado- ¡Vamos, circulad! No querréis quedaros aquí todo el día.&lt;br /&gt; Níkelon recogió algo del suelo. Era una esquirla de metal, tan pequeña que no la hubiera visto si no hubiera estado buscando en el suelo. Parecía haber formado parte de una de las dagas de Jelwyn.&lt;br /&gt; Garalay regresó de entre los matorrales algo avergonzada, se enjugó la boca en el arroyo y se limpió la cara.&lt;br /&gt; -Jelwyn le lanzó una daga. Eso debió matarle.&lt;br /&gt; Níkelon había hablado más para tranquilizarla a ella que porque lo creyera de verdad.&lt;br /&gt; -¿A ese monstruo con una daga? No lo creo.&lt;br /&gt; Si Alwaid había sabido alguna vez lo que era la delicadeza, lo había olvidado tiempo atrás. Pero Garalay no pareció afectada. Níkelon recordó que, si Jelwyn hubiera muerto, ella le habría visto. Por algún motivo, la idea no le tranquilizó.&lt;br /&gt; Vidrena carraspeó.&lt;br /&gt; -Lamento interrumpir esta interesante conversación, pero tenemos que marcharnos de aquí antes de que todo el mundo eche las tripas.&lt;br /&gt; Garalay tenía la mirada fija en el agua. Se sobresaltó cuando Níkelon la tocó en el hombro.&lt;br /&gt; -¿Qué ocurre, Dagmar?&lt;br /&gt; -No lo sé. Es solo que todo me parece demasiado fácil. ¿Qué pasa en este país? ¿Dónde está toda la gente? ¿Sólo estaban habitados los Pantanos?&lt;br /&gt; Níkelon se calló que tal vez a aquellas horas, todos los habitantes de Ternoy estaban en Ardieor.&lt;br /&gt; -Solo Alwaid lo sabe, pero no creo que quiera decírnoslo -murmuró.&lt;br /&gt; Después de llenar los pellejos de agua, todos se alejaron de allí lo más deprisa que pudieron. El olor de la carne podrida les siguió durante todo el día.&lt;br /&gt; Aquella noche, mientras todos dormían, Vidrena fue a buscar a Níkelon a su puesto de centinela. Lo que Alwaid le había dicho por la mañana había estado rondándole la cabeza todo el día.&lt;br /&gt; Nunca había sido de las que se andan con rodeos, así que lanzó un ataque directo que pilló a Níkelon con la guardia baja.&lt;br /&gt; -¿Qué hay entre mi lym y tú?&lt;br /&gt; Él no tuvo tiempo de inventar una mentira.&lt;br /&gt; -Estamos comprometidos. Dio su palabra de casarse conmigo.&lt;br /&gt; -¿Una lym? -Vidrena nunca había estado tan sorprendido-. ¿Y las Damas Grises no te han convertido en sapo?&lt;br /&gt; -Al contrario, ellas fueron quienes la convencieron de que me aceptara. A cambio de mi ayuda con todo el asunto de la profecía. ¿Te lo contó ella?&lt;br /&gt; -No me contó lo del compromiso. ¿Tan mal están las cosas? ¿Tanta ayuda necesita Ardieor que las Damas Grises han olvidado la más importante de sus tradiciones?&lt;br /&gt; -Señora, una de ellas estuvo a punto de ser ejecutada por traición. Las Damas Grises han cambiado mucho desde tus tiempos -Níkelon trató de no recordar un claro en el bosque, una figura vestida de negro arrodillada al lado de Garalay-. ¿Me creerías si te dijera que cuando les pedí a Dagmar no esperaba que me la concedieran?&lt;br /&gt; -Por favor, no la llames Dagmar cuando hables conmigo. Me da dentera. ¿Qué ocurrió, pensaste que pidiendo una condición imposible a cambio de tu ayuda ibas a poder volver a Crinale con la frente alta? Se nota que no las conocías.&lt;br /&gt; -Deberías haber estado allí para aconsejarme.&lt;br /&gt; -Podrías haberte limitado a decir "no".&lt;br /&gt; -¿Y pasar el resto de mi vida sin volver a verla, permitir que me considerara un cobarde? Dren, lo mirara por donde lo mirara no tenía ninguna escapatoria. No la tuve desde que abrí los ojos y la vi, aquella mañana en Comelt.&lt;br /&gt; -No cabe duda, eres un Erdengoth de pies a cabeza. -Le dio una palmadita en la espalda.- Pero anímate, chico, podría ser peor.&lt;br /&gt; -Lo sé. ¿Por qué no estás enfadada?&lt;br /&gt; Vidrena se encogió de hombros.&lt;br /&gt; -Nunca terminé de verle la gracia a la forma de vida de las Damas Grises. Si aún fuera la Señora de Dagmar y mi Dama Gris viniera a quejarse a la Torre Norte, tendría que tomar medidas. Pero solo soy Dren, mi lym no se ha quejado y no creo que hagáis tan mala pareja -Se rió en voz baja-. ¡Cielos, me habría encantado ver tu cara cuando te dijeron que sí! -Níkelon se calló.- Anda, ve a dormir, yo terminaré tu guardia. De todas formas no tengo sueño...&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; -Si no dejáis de mirar a vuestro alrededor acabaréis con el cuello torcido.&lt;br /&gt; Jelwyn dejó ir una sonrisa algo tirante.&lt;br /&gt; -Soy un hombre de bosques y montañas, Bri. Las llanuras sin árboles me hacen sentir demasiado visible.&lt;br /&gt; Hacía casi tres días que habían abandonado los Bosques y ninguno de los dos se había acostumbrado a estar tan al descubierto. No había más que hierba y matorrales, lo bastante espesos para molestarles pero no tanto como para ocultarles.&lt;br /&gt; Jelwyn no se había atrevido a encender el fuego más que cuando el temor a no ver había sido superior al temor a ser visto, pero aun así, no había tardado en apagar las llamas y dejar unas tenues brasas que no sirvieron más que para que vieran su cena.&lt;br /&gt; Había tanto silencio que Briana sentía cómo le zumbaban los oídos. Durante el día, la acompañaban el viento en su cara y los cascos de los caballos, pero por la noche sentía más frío del que en realidad tenía, y le echaba la culpa al silencio.&lt;br /&gt; Jelwyn apartó la mirada de las brasas. Briana estuvo a punto de gritar del susto. Sus ojos se veían como un tenue reflejo rojizo en el fondo de una mancha oscura, y la cicatriz en la cara parecía una larga falla atravesando un continente arrasado. Tragó saliva, pensando que la llanura y la oscuridad también estaban afectando a su mente.&lt;br /&gt; Hacía días que Jelwyn no se afeitaba, para no malgastar el agua, y debía hacer mucho tiempo que no se cortaba el pelo, pues ya le llegaba casi por los hombros. Se había convertido en el prototipo de lo que en Galenday creían que era un ardiés: un bárbaro melenudo y apestoso.&lt;br /&gt; Pero hacía semanas que Briana quería hacerle una pregunta y no se iba a callar.&lt;br /&gt; -¿Cómo... cómo os hicisteis esa herida?&lt;br /&gt; Jelwyn estiró un poco hacia la izquierda la comisura de sus labios.&lt;br /&gt; -Ya pensaba que nunca te atreverías a preguntarlo. Eres más valiente que Nikwyn -Briana prefirió no preguntar si aquello era un reproche o un cumplido.&lt;br /&gt; Oh, cielos, pensó Briana, ahora me odiará para siempre. En el fondo de su mente, la Sacerdotisa se burló de ella. ¿Qué importa? ¿De veras crees que habrías tenido alguna oportunidad con un hombre como él, aunque no estuvieras comprometida con otro?&lt;br /&gt; -No me acuerdo -La voz parecía proceder de muy lejos-. Recuerdo que llegué a aquella aldea, vi a Jaysa muerta, monté en mi caballo y salí al galope. No sé cuánto tardé en encontrarles, ni siquiera cuántos trhogol había, sólo recuerdo que cargué contra ellos como si tuviera conmigo a toda la caballería de Galenday, y luego me desperté en mi cama. Aún no sé qué pasó entre tanto. Me contaron que me habían encontrado encima de veinte o más trhogol muertos, pero no creo que fuera yo quien los amontonó como si fueran troncos cortados para el fuego.&lt;br /&gt; -Lo siento.&lt;br /&gt; -¿Por qué? No fue culpa tuya.&lt;br /&gt; -Pero os he obligado a recordarlo.&lt;br /&gt; -Estuve como muerto durante días, pero Dag me obligó a volver. Dicen que me gritó como Dren en la Balada: "¡Te ordeno que no te mueras!".&lt;br /&gt; -Me da la impresión de que vuestra Dag no es la clase de persona a la que se pueda desobedecer.&lt;br /&gt; Jelwyn sonrió. Briana pensó que el momento de tristeza ya había pasado.&lt;br /&gt; -¡Desde luego! ¿Sabes cómo conocí a Nikwyn? Ella soñó que iban a matarle y me envió a Galenday para que lo impidiera. Ni se me ocurrió dudar de ella. Se presentó en el Lago justo el día en que estaba a punto de capturar a la reina de las percas y me lo dejó caer encima como un cubo de agua fría. Aquella misma tarde ya estaba camino de Gueldou. Me pregunto dónde estarán ahora.&lt;br /&gt; No mencionó a Layda, pero Briana igual oyó el nombre. Los dos se quedaron mirando las brasas, mientras el silencio les iba sitiando poco a poco.&lt;br /&gt; -Os vais a reír, pero creo que me gustaban más los bosques.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114946025986651234?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114946025986651234/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114946025986651234&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114946025986651234'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114946025986651234'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/06/resumen-del-captulo-12-y-captulo-13.html' title='Resumen del Capítulo 12 y Capítulo 13'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114885626504551657</id><published>2006-05-29T00:34:00.000+02:00</published><updated>2006-05-29T00:44:25.120+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 11 y Capítulo 12</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el capítulo anterior: Jelwyn y Briana siguen andando por los Pantanos, Garalay se está recuperando de la fiebre, Vidrena tiene un plan y Estrella Negra tiene problemas...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; CAPÍTULO 12&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Me río en la cara del peligro! (Arnthorn el Intrépido)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Briana nunca había sido capaz de distinguir un árbol de otro, pero aquel viaje por los Bosques Siniestros le estaba enseñando. Estaban los árboles bajos y retorcidos, los altos y retorcidos, los que tenían ramas que se le enredaban en el pelo, los que tenían raíces que se enganchaban en sus pies y aquellos cuyas ramas bajas se empeñaban en atrapar sus pantalones. Briana se sentía ya en condiciones de escribir todo un tratado de botánica.&lt;br /&gt; El día que encontraron el arroyo se quedaron quietos entre los arbustos, mirándolo sin acabar de creérselo, hasta que los caballos, impacientes, les empujaron con el morro y trotaron para hundirlos en el agua.&lt;br /&gt; -Dicen que si los caballos beben, es que el agua es buena.&lt;br /&gt; -¿Quién lo dice?&lt;br /&gt; -No lo sé, pero me arriesgaré a hacerle caso.&lt;br /&gt; Jelwyn se arrodilló ante el arroyo y hundió sus manos en el agua. Briana le oyó murmurar "Fría", y luego le vio beber algo más ansioso de lo debido. Poco después, ya estaba arrodillada a su lado, con la cara casi hundida en el agua y sin importarle que su pelo estuviera empapándose.&lt;br /&gt; Los dos levantaron la cabeza casi al mismo tiempo, se miraron y se echaron a reír.&lt;br /&gt; -Voy por los pellejos de agua.&lt;br /&gt; Briana asintió y se sentó sobre sus talones. Se echó atrás el cabello, sintiendo la suciedad bajo sus dedos, y, en un impulso, introdujo la cabeza en el agua y frotó con todas sus fuerzas.&lt;br /&gt; Cuando sacó la cabeza, Jelwyn le estaba alargando el jabón.&lt;br /&gt; -Si lo prefieres, me alejaré un poco. Grita si me necesitas.&lt;br /&gt; No era lo mismo, pensó Briana mientras se desabrochaba la camisa para enjabonarse el cuerpo y los brazos además de la cabeza. Aquella vez no iba a tener ropa limpia para cambiarse, pero era la primera corriente de agua lo bastante importante como para lavarse que encontraban desde que habían salido de los Pantanos, y Briana no se había dado cuenta de lo mucho que añoraba la sensación de limpieza hasta aquel momento.&lt;br /&gt; Un movimiento entre los arbustos al otro lado del arroyo llamó su atención. Al principio, se sintió indignada pensando en que quizás Jelwyn la estuviera espiando, pero él se había ido por el otro lado. Luego, los arbustos se apartaron y Briana vio al animal.&lt;br /&gt; Abrió la boca para gritar, pero no pudo. La bestia, un oso más grande que ninguno de los que ella hubiera oído hablar, devolvió su mirada desde el otro lado del arroyo. Su pelaje era de un gris blanquecino, sus ojos rojizos; sus garras eran de un tamaño mayor al que tenía derecho cualquier animal.&lt;br /&gt; Briana se levantó poco a poco. El oso se levantó sobre sus patas traseras, abrió la boca y rugió. Briana seguía sin poder gritar. Pero el animal debió encontrarla despreciable, o poco nutritiva, y se dirigió hacia los caballos. Briana gritó. El oso ni siquiera se volvió a mirarla. Ella estaba desarmada, a excepción del puñal que Jelwyn insistía en obligarla a llevar encima. Pensó en lanzárselo, pero no estaba segura de poder acertarle, ni siquiera de saber cómo lanzarlo. De modo que le lanzó una piedra. El oso no se dio por enterado.&lt;br /&gt; Briana volvió a gritar, y aquella vez Jelwyn respondió al grito. Apareció con la espada desenvainada en la mano izquierda, un puñal de lanzar en la derecha y un rugido de cólera que rivalizaba con el del oso. Se dio cuenta de la situación con una sola mirada y se interpuso entre el oso y los caballos con las armas en posición de ataque. Lanzó el puñal y sostuvo la espada ante si. Briana se preguntó si la espada serviría de algo, mientras veía asombrada cómo el puñal se clavaba en un punto a la derecha del ojo derecho del monstruo sin más efecto que el de obligarle a emitir unos bramidos que casi la ensordecieron. Comenzó a dar manotazos, rugió más fuerte aún y cargó contra Jelwyn.&lt;br /&gt; Briana nunca pudo explicar qué le había ocurrido. Gritó como si le hubieran arrancado una uña por sorpresa, corrió hacia Jelwyn y le apartó de la trayectoria del oso de un empujón.&lt;br /&gt; En pie ante el animal, Briana abrió los brazos y clavó su mirada en la de él. Luego cerró los ojos y contuvo la respiración.&lt;br /&gt; Y el monstruo cayó muerto en plena carrera. La inercia le llevó hasta sus pies, donde se estremeció un par de veces, moviendo las patas, y, exhalando un gruñido, quedó quieto.&lt;br /&gt; Briana abrió los ojos poco a poco. Jelwyn seguía en el suelo, mirándola como si fuera la primera vez que la veía. Ella sonrió con aire de disculpa y luego se desmayó.&lt;br /&gt; Recuperó el conocimiento al lado de una hoguera. Jelwyn la había acostado con las piernas y los brazos estirados y la capa doblada bajo su cabeza.&lt;br /&gt; -No te muevas -le oyó decir en voz baja, y luego oyó un tintineo y algo rozó sus labios-. Abre la boca -Briana obedeció, aún algo confusa, y un pedazo de miel cristalizada cayó sobre su lengua.- Deja que se disuelva.&lt;br /&gt; Briana esperó a que la miel se deshiciera en su boca y, cuando se sintió algo más fuerte, se incorporó poco a poco. Él había clavado un gran pedazo de carne en una estaca y la estaba asando en la hoguera.&lt;br /&gt; -Al parecer os enseñaban algo más que buenos modales en ese templo -Jelwyn pinchó el pedazo de carne para ver si estaba bien asado y le dio la vuelta -No sé si esto tendrá buen sabor, pero se lo tiene bien merecido, así que nos lo comeremos y fingiremos que nos gusta.&lt;br /&gt; -¿Qué habéis hecho con el resto?&lt;br /&gt; -Pensaba que sería buena idea quedarnos con la piel, pero no tenemos tiempo de curtirla como es debido, así que he dejado el cuerpo para quien lo encuentre. ¿Puedes comértelo sola o prefieres que te ayude?&lt;br /&gt; -No estoy tan débil.&lt;br /&gt; -Deberías estarlo. He visto a más de una Dama Gris quedarse agotada después de hacer cosas más fáciles. Podrías habérmelo dicho -añadió tras una pausa que Briana encontró bastante incómoda.&lt;br /&gt; -¿Qué podría haberos dicho?&lt;br /&gt; -Que eres una Dama Gris.&lt;br /&gt; El Signo comenzó a cosquillear en su muñeca, aunque Briana fingió no darse por enterada. De una forma algo nebulosa, recordó lo que él le había dicho que eran y hacían las Damas Grises.&lt;br /&gt; -No lo soy -El cosquilleo del Signo casi la hizo gritar. Se lo rascó con todo el disimulo que pudo mientras aguantaba la mirada de Jelwyn.&lt;br /&gt; -Pues nunca le digas que te lo he dicho, pero eres casi tan buena como Dag. Con un poco de adiestramiento... -Entornó los ojos con aire calculador-. ¿Fue otro de los motivos por los que te sacrificaron? ¿Les daban miedo las cosas que puedes hacer?&lt;br /&gt; Briana sintió que se le secaba la lengua. Soy lo más parecido a un amigo que encontrarás en este antro, recordó de repente, así que será mejor que confíes en mí. No se lo cuentes a nadie. Ni menciones la palabra drach. Pero lo más parecido a un amigo que había encontrado en aquel antro se había esfumado sin dejar rastro. Jelwyn había pasado más tiempo con ella que el tal Estrella Negra, la había salvado de aquellos seres que la perseguían, había cuidado de ella...&lt;br /&gt; Y seguro que no la iba a creer. Lo primero que había aprendido Briana desde que había salido de Lossián era que las chicas de los otros países no iban por ahí convirtiéndose en dragones. Y, en el dudoso caso de que Jelwyn la creyera, Briana no estaba segura de cómo iba a reaccionar él, y de cómo reaccionaría ella ante su reacción. Mejor dejaba de pensar en ello.&lt;br /&gt; -Creo que sí. Fue por eso.&lt;br /&gt; Jelwyn movió la cabeza.&lt;br /&gt; -Majaderos -Sonrió, cortó un trozo de carne asada y se lo tendió en la punta del puñal-. Ten cuidado, quema.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Lo primero que Níkelon oyó mientras llegaban a la aldea fue la voz de Garalay. Estaba cantando la última estrofa de "La doncella cisne", y otras voces de muchacha la acompañaban, muy despacio, como si estuvieran tratando de aprendérsela. Una vacilante flauta, algo desafinada, trataba de seguirla.&lt;br /&gt; -¡Cielos! -se quejó Vidrena- ¿Aún se canta esa espantosa canción?&lt;br /&gt; -Eso parece.&lt;br /&gt; -La odiaba en Crinale y la odié cuando Hyrna la cantaba en Dagmar.&lt;br /&gt; -¿Es una canción galenda?&lt;br /&gt; Aquello explicaba muchas cosas.&lt;br /&gt; -Por supuesto. En una canción ardiesa las hermanas habrían ahogado al caballero.&lt;br /&gt; Habían llegado a la aldea justo en el último verso, aunque Níkelon pensó que sin el arpa perdía su efecto. Garalay estaba rodeada de la que parecía ser toda la población femenina de la aldea, sentadas en el suelo y mirándola con adoración. Níkelon no pudo evitar preguntarse cómo habrían logrado convencerla para que se dejase recoger el pelo en una trenza. Y entonces Garalay miró en su dirección y sonrió.&lt;br /&gt; La vida era injusta, pensó Níkelon. Allí estaba él, el héroe victorioso, regresando al hogar con sus seguidores. Y su dama debería haber estado esperándole preocupadísima, debería habérsele quedado mirando embelesada, con los labios temblorosos y los ojos brillantes de ternura, como en Arnthorn el intrépido. No debería haberle sonreído con aquel aire de superioridad, ni haberle dicho con cierta frialdad que se alegraba de verle entero. Níkelon se preguntó qué haría ella si alguna vez regresaba tuerto, manco o desnarigado. Lo más seguro, se contestó, enfadarse con él por no haberla obedecido.&lt;br /&gt; Por eso, Níkelon estaba en su puesto de guardia, escuchando la noche de los Pantanos, tratando de ver algo más allá de la luz de su antorcha y aprovechando que nadie le veía a él para hurgarse la nariz.&lt;br /&gt; Había atrapado un moco algo más molesto y escurridizo que los demás cuando le sobresaltó el sonido de unos pasos. Níkelon se levantó y dijo un "Quién va" algo vacilante.&lt;br /&gt; Le respondió una risita.&lt;br /&gt; -¿Todo bien, centinela?&lt;br /&gt; Ella y su trenza entraron en el círculo de luz.&lt;br /&gt; -¿Dagmar?&lt;br /&gt; -No me llames así a estas horas, parece que creas que soy ella.&lt;br /&gt; -¿No es un poco tarde para que un petirrojo esté despierto?&lt;br /&gt; Garalay se sentó sobre sus talones, al lado de la antorcha clavada en el suelo, y le miró con la ceja izquierda arqueada.&lt;br /&gt; -A veces cantamos de noche, ¿no lo sabías? ¿Vas a quedarte en pie?&lt;br /&gt; Níkelon se calló la réplica que comenzaba a ocurrírsele y se sentó a su lado. Garalay miró al cielo.&lt;br /&gt; -Están ahí, detrás de toda esa oscuridad. Puedo sentirlas.&lt;br /&gt; Níkelon se estremeció al pensar qué cosas espantosas podían estar agazapadas detrás de la oscuridad.&lt;br /&gt; -¿El qué?&lt;br /&gt; -Las estrellas. Y tal vez la luna, si aún no se ha puesto. O si aún está en una fase visible. Si te concentras, puede que consigas oír los grillos. En noches como esta solía asomarme a la ventana de la Torre para escucharles -Níkelon estaba pensando en cómo responder algo que estuviera a la altura, cuando ella se volvió a mirarle-. Cuéntamelo.&lt;br /&gt; -¿Que te cuente qué?&lt;br /&gt; -La batalla, escaramuza o como quieras llamarlo. Cuéntamelo.&lt;br /&gt; -Creía que Vidrena ya te lo había contado.&lt;br /&gt; -Oh, sí, pero ella solo cuenta hechos. Cómo la atacó el enemigo, cómo contraatacó ella, y en cuántos segundos lo convirtió en carne picada. No habla de lo que sintió mientras ocurría. Del miedo.&lt;br /&gt; -Princesa, no sé si te habrás dignado darte cuenta, pero soy un hombre, ¿sabes?&lt;br /&gt; -Algo había observado. ¿Y..?&lt;br /&gt; -Que en mi triple condición de hombre galendo, caballero de la Guardia Real y jeddart de Ardieor, mi orgullo se convierte en... carne picada cada vez que mi novia me obliga a contarle cuánto miedo he pasado y en qué circunstancias -Esperó unos instantes, para ver cómo reaccionaba ella, pero al parecer su curiosidad era mayor que su habitual hostilidad cada vez que oía la palabra "novia"-. Ha sido toda una experiencia -terminó diciendo.&lt;br /&gt; El plan había parecido casi perfecto cuando Vidrena lo había ideado en la aldea, explicó Níkelon. Solo se trataba de saltar la empalizada del fuerte, deslizarse como sombras hasta el lugar donde guardaban las armas, robarlas y escapar sin hacer ruido. Había pasado de cuasiperfecto a bueno al llegar ante el fuerte y ver lo alta que era la empalizada. Alwaid había hecho un comentario acerca de lo destructivo que iba a ser aquello para sus uñas, pero a nadie le había hecho gracia. El plan había llegado a mediocre, una vez saltada la empalizada. Habían llegado agotados a lo más alto y hubieran sido descubiertos si Vidrena no hubiera decapitado con tanta eficiencia al trhogol antes de que diera la alarma. Pero el plan aún podía empeorar: no había forma de abrir la puerta de la armería. Tras varios intentos, lograron forzarla. Y pasó a ser más que desastroso cuando Alwaid estornudó.&lt;br /&gt; -¿Que estornudó? No sabía que las de su... especie pudieran hacer eso.&lt;br /&gt; -Vidrena cree que lo hizo a propósito. Y lo que iba a ser un simple robo con escalo y nocturnidad se ha convertido en una carnicería. Vidrena ha dicho algo así como: ¿Recordáis lo que os he explicado sobre las espadas? ¡Pues ahora es el momento de demostrarlo!, ha desenvainado a Wirda, ha lanzado un landraik tan fuerte que me extraña que no lo hayas oído desde aquí y ha saltado sobre el pobre trhogol que ha abierto la puerta. Le ha dado tal patada en el pecho que creo que ya estaba muerto cuando le ha clavado la espada en el corazón.&lt;br /&gt; -¿El pobre trhogol?&lt;br /&gt; -Bueno, ellos no pueden evitar ser como son... Y luego... ¿sabes? Estos chicos de los Pantanos no tienen una técnica muy depurada que digamos, pero tienen miles de años de rabia y odio acumulados. Creo que ni los ardieses tenéis tanto -Níkelon se estremeció-. Me han asustado más ellos que la posibilidad de que los trhogol me mataran.&lt;br /&gt; Y aquella imagen de Alwaid con antorchas, incendiando el fuerte, rompiéndoles el cuello a los trhogol con sus propias manos y mordiendo gargantas como un animal rabioso...&lt;br /&gt; Al menos, las gentes de los Pantanos habían dejado de estar a pie y desarmados, aunque seguían siendo demasiado pocos.&lt;br /&gt; Permanecieron largo rato callados, mientras Garalay asimilaba toda la información y Níkelon recuperaba la serenidad que había estado a punto de perder varias veces mientras le contaba el asalto al fuerte.&lt;br /&gt; -Y para colmo, vuelvo y te encuentro tan tranquila, cantando. ¿No podrías ni siquiera fingir un poquito de preocupación por mi seguridad?&lt;br /&gt; -Pero Nikwyn, eso es injusto, yo ya sabía que no iba a pasarte nada.&lt;br /&gt; -¿Y si algún día no vuelvo entero?&lt;br /&gt; Garalay sonrió.&lt;br /&gt; -Depende de lo que hayas perdido.&lt;br /&gt; Níkelon no pudo evitar devolverle la sonrisa.&lt;br /&gt; -De momento, menos que Alwaid. Ella se ha roto dos uñas.&lt;br /&gt; -Oh, vaya, qué tragedia.&lt;br /&gt; -Vidrena le ha dicho que si alguna vez vuelve a estornudar cuando no debe, la empalará en una estaca roma. Y creo que hablaba en serio. ¿Sabes cuándo he pasado más miedo? En medio de la pelea, he sido arrastrado al lado de Vidrena, y la he oído decir: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Muy bien, mi amor, como en los viejos tiempos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; -Debe haberte confundido con...&lt;br /&gt; -No me hablaba a mí, princesa. Hablaba con Wirda.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; -Presta atención, Nikwyn.&lt;br /&gt; Estaban todos inclinados sobre el mapa que Alwaid había dibujado en el suelo, y que representaba el camino más corto hacia el Castillo Negro. Vidrena disparaba preguntas como dardos de ballesta, y Alwaid le disparaba respuestas más o menos a la misma velocidad. Una muchacha de los Pantanos trataba de copiar el mapa lo mejor que podía en un pergamino. Níkelon se preguntó de dónde lo habría sacado.&lt;br /&gt; -Redlam guarda el Desfiladero que lleva su nombre, y que es lo único parecido a un Puerto que hay en las Montañas de Hierro. Es un castillo roquero, al borde de un precipicio, y se accede a él por un sendero tan estrecho que solo cabe una persona a la vez. El castillo perfecto. No se puede sitiar ni tomar al asalto. No como otros que recuerdo.&lt;br /&gt; -Nunca se me ocurriría sitiar un castillo con la poca gente de que dispongo.&lt;br /&gt; -¿Por qué no se puede sitiar? Si el sendero es tan estrecho, no creo que cueste mucho bloquearlo.&lt;br /&gt; -Oh, pequeñín, puedes bloquear el sendero todo lo que quieras. Pero tus maestros deberían haberte enseñado para qué sirve un sitio.&lt;br /&gt; -No entiendo a qué te refieres -Níkelon decidió no hacer caso de aquel "pequeñín".&lt;br /&gt; -Un sitio sirve para que la guarnición se rinda por hambre, sed, enfermedad o aburrimiento. O por todo a la vez -contestó Vidrena por él. Entornó los ojos-. Y apostaría mi mano derecha a que Redlam conserva la misma guarnición que cuando yo pasé por allí.&lt;br /&gt; -Con una o dos nuevas adquisiciones -Alwaid miró a Garalay-. Espero que mi precioso Estrella Negra siga con vida. Es un ejemplar espléndido.&lt;br /&gt; Garalay arrugó la nariz.&lt;br /&gt; -¿A quién le importa él ahora? Continúa.&lt;br /&gt; -¿Quieres decir que la guarnición de Redlam son... como tú?&lt;br /&gt; -Tu chiquitín tarda en captar las cosas, Dren.&lt;br /&gt; -¿Qué viene después de Redlam?&lt;br /&gt; -Suponiendo que consigamos tomarlo, o pasar por allí sin que nos vean.&lt;br /&gt; -No pienso dejar enemigos a mis espaldas. Supón que lo hemos tomado.&lt;br /&gt; -Es tu sueño. De acuerdo, luego el camino es bastante fácil, dentro de lo que cabe...&lt;br /&gt; Níkelon trató de concentrarse y escuchar, pero Garalay estaba a su lado, en cuclillas, con la mano apoyada en su hombro para no perder el equilibrio, y no podía evitar mirarla de reojo de vez en cuando.&lt;br /&gt; -...Y ya hemos llegado al Castillo Negro -terminó Alwaid- ¿Qué hacemos ahora, llamar a la puerta?&lt;br /&gt; -Ya se me ocurrirá algo -Vidrena miró a la joven que había estado copiando el plano-. ¿Has terminado? -La muchacha asintió-. Pues a prepararse todo el mundo. Nos vamos al Castillo Negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta la próxima semana&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114885626504551657?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114885626504551657/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114885626504551657&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114885626504551657'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114885626504551657'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/05/resumen-del-captulo-11-y-captulo-12.html' title='Resumen del Capítulo 11 y Capítulo 12'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114829258275362241</id><published>2006-05-22T12:03:00.000+02:00</published><updated>2006-05-22T12:09:42.776+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 10 y Capítulo 11</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el Capítulo anterior: En Comelt, Dulyn ha tenido que bajarse del burro ante Kayleena, en los Pantanos Garalay ha despertado y se ha puesto al día en las noticias que Níkelon tenía de Jelwyn, y mientras tanto, éste y Briana continúan andando hacia la salida de los Pantanos. ¿Llegarán?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;CAPÍTULO 11&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Las espadas son un asunto muy serio (refrán ardiés, citado en "Jalen y Hindy")&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Era como un ritual, pensó Briana. Cada noche, desde que le había conocido, después de ocuparse de los caballos, encender la hoguera y cenar, Jelwyn afilaba su espada y su puñal. Para él, parecía no existir nada más en el mundo que aquella hoja de acero y la piedrecita que pasaba por ella una y otra vez. Briana no podía evitar pensar que parecía otra persona, tan seria y concentrada, sin ningún problema o preocupación que le atormentase.&lt;br /&gt; -¿Sabes utilizar esto?&lt;br /&gt; La había sorprendido mirándole. Briana trató de disimular.&lt;br /&gt; -¿La piedra de afilar? No parece difícil.&lt;br /&gt; -Me refiero al puñal. O a una espada.&lt;br /&gt; -En el Templo no entraban muchas espadas. Y no se esperaba que las niñas nos interesáramos por ellas.&lt;br /&gt; -Oh, ¿de veras? ¿En qué se esperaba que os interesarais las niñas?&lt;br /&gt; -En aprender a ser buenas esposas. Se supone que eso no incluye apuñalar a los maridos.&lt;br /&gt; Aquello había sido un error. Briana recordó aquella incómoda conversación de dos noches antes y esperó que él no lo tomase como una especie de indirecta. Pero Jelwyn no parecía recordar nada. Su sonrisa estaba llena de amistosa ironía cuando contestó:&lt;br /&gt; -¿Qué hay que aprender para ser una buena esposa?&lt;br /&gt; -Conversación agradable, buenos modales, cómo ser ahorrativa, coser y bordar, moralidad, música...&lt;br /&gt; -¿Música?&lt;br /&gt; -Para entretener a los invitados a nuestras fiestas. -Briana estaba comenzando a sentir el irresistible deseo de olvidar sus buenos modales y asestar un fuerte puñetazo en aquella sonrisa-. También nos enseñaban a leer y escribir, y las ceremonias de la Dama de Plata por si decidíamos quedarnos en el Templo a Servirla.&lt;br /&gt; Cánticos, oraciones, barrer el altar, limpiar la imagen de la Dama una vez a la semana, cuidar del jardín para que Ella siempre tuviera rosas frescas...&lt;br /&gt; -Pues si piensas hacer alguna de esas cosas, primero tendrás que aprender cómo salir viva de aquí -le tendió el puñal, y cuando Briana alargó la mano, lo apartó-. Lección número uno: nunca agarres un puñal por la hoja. Sobre todo si está recién afilado.&lt;br /&gt; A partir de aquella noche, Briana comenzó a recibir lo que Jelwyn llamaba "adiestramiento básico". Justo después de cenar y antes de la sesión de afilamiento de puñal. La fatiga de haber estado todo el día caminando entre el barro no parecía afectarle a él, aunque ella sentía los brazos y las piernas llenos de agujetas.&lt;br /&gt; -Creía que nunca diría esto, pero lo haces peor que Dag.&lt;br /&gt; Briana acababa de perder la espada por tercera vez.&lt;br /&gt; -¿Vuestra hermana no sabe luchar con espada?&lt;br /&gt; Jelwyn se agachó, recogió la espada y se la alargó. Briana adoptó algo parecido a la posición de defensa que él le había enseñado.&lt;br /&gt; -Es peor que eso. Ni siquiera tiene interés por aprender. Por eso dejamos que se fuera con las Damas Grises.&lt;br /&gt; Briana suspiró.&lt;br /&gt; -La comprendo -Él ni siquiera se molestó en levantar la ceja-. ¿Qué son las Damas Grises?&lt;br /&gt; Jelwyn bajó la voz para darle un tono siniestro.&lt;br /&gt; -Brujas. Bailan bajo la luna llena, maldicen a la gente y ven cosas que están lejos.&lt;br /&gt; Briana se acordó de la Vidente bidente.&lt;br /&gt; -¿Predicen el futuro?&lt;br /&gt; -A veces.&lt;br /&gt; -¿Y aciertan?&lt;br /&gt; -De vez en cuando.&lt;br /&gt; -Bueno, yo conocí a una bruja que no acertaba ni una.&lt;br /&gt; -En todos los oficios hay incompetentes. Levanta un poco más la espada.&lt;br /&gt; -¿Así?&lt;br /&gt; -¿Has notado que cada vez hay menos barro? -dijo Jelwyn un tiempo después, cuando ya estaban descansando en sus mantas.&lt;br /&gt; -¿Queréis decir que estamos saliendo de los Pantanos?&lt;br /&gt; -Eso parece.&lt;br /&gt; -Bien. Estoy harta del barro. Por muy bueno que sea para la piel, es asqueroso.&lt;br /&gt; Jelwyn frunció el ceño.&lt;br /&gt; -¿Bueno para la piel?&lt;br /&gt; -Eso decían algunas damas de Lossián.&lt;br /&gt; -Me parece que la gente de tu país está un poco loca.&lt;br /&gt; -¿Me he metido yo con la gente de vuestro país?&lt;br /&gt; -Eso es diferente. Hace siglos que todo el mundo sabe que los ardieses estamos locos.&lt;br /&gt; Al día siguiente se confirmaron las sospechas de Jelwyn. Casi no lo pudieron creer al encontrarse fuera de los Pantanos. Sus primeros pasos por la tierra seca les hicieron daño en los pies.&lt;br /&gt; Se sentaron bajo un arbusto chaparro y medio mustio, y Jelwyn sacó los mapas de las alforjas.&lt;br /&gt; -Debemos de estar por aquí -señaló con el dedo, justo en el borde de los Pantanos-. Aquello debe ser el principio de los Bosques Siniestros. ¿Prefieres que los atravesemos o que los rodeemos?&lt;br /&gt; -¿Cuál es el camino más corto?&lt;br /&gt; -Creo que atravesarlo. Pero temo que también sea el más peligroso.&lt;br /&gt; -¿Asustado? -bromeó Briana.&lt;br /&gt; Jelwyn no se molestó en contestar, pero sus cejas lo hicieron por él.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;*****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; El intenso frío despertó a Layda. Alargó la mano para cubrirse con la manta, pero descubrió que la manta seguía allí.&lt;br /&gt; A la mañana siguiente, pensó, le pediría otra manta a una de aquellas pálidas muchachitas asustadizas que servían en el Castillo. Y entonces vio la tenue fosforescencia, aquella luminosidad desganada en la que ya había reparado en noches anteriores. Entornó los ojos para enfocar mejor, y tras varios intentos, lo consiguió.&lt;br /&gt; Una mujer, y un hombre a su lado. Viejos, melancólicos. La palabra llegó a su mente sin que ella pudiera evitarlo.&lt;br /&gt; Fantasmas. Lo que faltaba, pensó Layda, y sintió más frío aún cuando se dio cuenta de que la estaban mirando.&lt;br /&gt; -Os estoy viendo.&lt;br /&gt; No sabía en qué idioma hablaría aquella gente, si es que podía hablar, y el galendo de Layda era bastante deplorable, así que habló en ardiés. No esperaba respuesta, más bien una reacción, en concreto una desaparición instantánea. Por eso se incorporó sorprendida cuando la voz respondió dentro de su cabeza en un intento de ardiés.&lt;br /&gt; -¿Quién tú?&lt;br /&gt; -Layda. ¿Y vosotros?&lt;br /&gt; -No sabemos. No recordamos. ¿Niña?&lt;br /&gt; Layda pensó un momento antes de contestar.&lt;br /&gt; -Creo que sí.&lt;br /&gt; -Otra niña, antes. Mucho tiempo. Ahí.&lt;br /&gt; Layda se preguntó si se referirían a Alwaid, o a la propia Zetra, o a alguna otra niña. La idea de que alguna niña aparte de Alwaid o Zetra hubiera dormido alguna vez en aquella cama le pareció tan descabellada que casi soltó una carcajada. Pero se contuvo. Los fantasmas estaban tan melancólicos que reírse, aunque no fuera de ellos, le pareció un insulto.&lt;br /&gt; -¿Qué queréis?&lt;br /&gt; -Ayuda. Descansar. Dormir.&lt;br /&gt; -Yo también. ¿Podríais iros? -Layda recordó a tiempo sus buenos modales- Por favor.&lt;br /&gt; Los fantasmas respondieron con un suspiro y se desvanecieron en el aire. Layda sintió de nuevo en su cuerpo el calor de las mantas.&lt;br /&gt; Se tendió en la cama y se tapó hasta la cabeza.&lt;br /&gt; Por si acaso.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Al principio, Jelwyn había creído que sería fácil cabalgar por el bosque. Pero pronto fue consciente de que había cometido un error. Los espinos, las malezas y las ramas bajas les impidieron el paso hasta tal punto que tuvieron que desmontar.&lt;br /&gt; -Si lo llego a saber, me llevo mulas en lugar de caballos -fue su único comentario.&lt;br /&gt; Briana no respondió. Estaba demasiado ocupada tratando de convencerse de que si le sudaban las manos y se le había secado la garganta no era por miedo. En Lossián, los bosques eran agradables y civilizados. Tenían claros, y senderos, la luz del sol se filtraba entre las hojas, los pájaros cantaban, y olían a resina y a hierba fresca. Y, sobre todo, no parecían estar acechando.&lt;br /&gt; -¿Te ocurre algo?&lt;br /&gt; -¿Siempre hace tanto frío?&lt;br /&gt; -No lo sé, nunca había estado aquí. Y mis antepasados no se molestaban en indicar esas cosas en el mapa.&lt;br /&gt; Tanta fe en unos antepasados muertos y unos mapas viejos hizo sonreír a Briana.&lt;br /&gt; -Deberíamos haberlos rodeado -oyó murmurar a Jelwyn mientras echaba mano a su puñal y comenzaba a despejar el camino.&lt;br /&gt; Sin demasiada consideración, su brazo subía y bajaba, oscilando de derecha a izquierda, cortando ramas bajas, matorrales y un par de animalillos que se interpusieron en su camino. No se detuvo hasta que el brazo estuvo entumecido y la oscuridad era ya demasiado profunda como para ver qué cortaba.&lt;br /&gt; Al menos no iban a tener que preocuparse por la leña. Si acaso, tendrían que preocuparse por la posibilidad de quedar atrapados en medio de un incendio si la leña prendía demasiado.&lt;br /&gt; Briana se sentó y, con infinita paciencia, comenzó a arrancarse todas las espinas que se le habían clavado.&lt;br /&gt; Jelwyn comenzó a sacar las provisiones de sus alforjas. Briana le oyó murmurar algo mientras observaba su valioso saquito de menta, cada vez más ligero.&lt;br /&gt; -No nos queda mucha agua.&lt;br /&gt; Aplastó una buena porción de terreno antes de sentarse, hizo un círculo de piedrecitas y encendió una pequeña hoguera.&lt;br /&gt; -Para vernos las caras, al menos.&lt;br /&gt; Briana sonrió. Una parte de ella le estaba diciendo que, peligro de incendios aparte, el fuego era una imprudencia. Pero la parte más fuerte se alegraba de tener un poco de luz y calor.&lt;br /&gt; -Y yo creía que los Pantanos eran horrorosos -bromeó-. Me pregunto si vivirá gente aquí.&lt;br /&gt; -Y qué clase de gente, me pregunto yo.&lt;br /&gt; Aquella noche, la conversación se había vuelto demasiado siniestra para el gusto de Briana. Cada noche, después de practicar con la espada o el puñal, y de la cada vez más escasa cena, Jelwyn y ella hablaban hasta que se dormían. A él le gustaba hablar de Ardieor, y a Briana le gustaba escucharle, y también le gustaba la cara de interés que ponía él cuando le hablaba de Lossián, de la vida en el Templo, de Liatan y sus travesuras, de su primo Garlyn, el único de toda la familia de su madre que se había molestado en tratarla como a un ser humano, y de su prima &lt;span style="font-style: italic;"&gt;mi-papá-es-el-rey-y-vosotros-tenéis-que-hacer-lo-que-yo-mande&lt;/span&gt; Brela. Briana no volvió a mencionar a su prometido, y Jelwyn no se molestó en preguntar por él. Era como si los dos estuvieran solos en el mundo, y a pesar del miedo, del frío, del cansancio y de los malditos árboles, Briana estaba segura de que nunca volvería a ser tan feliz como entonces.&lt;br /&gt; Siempre y cuando él no tomase por costumbre el asustarla mencionando a los habitantes de los Bosques.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Los bebedizos de los Pantanos eran amargos pero efectivos. Garalay se recuperó en pocos días, y aunque sus cuidadoras no la permitían aún levantarse, podía recibir todas las visitas que quisiera. La primera que apareció fue Vidrena, para asegurarse de que todo iba bien, y para explicarle su plan para conseguir armas y transportes y sus progresos con el adiestramiento de los aldeanos. Más tarde, Níkelon se quejó de que Vidrena le había robado su misión de liberar los Pantanos y volvió a preguntarle a Garalay si de verdad había sido necesario secuestrarle. Garalay tampoco estaba muy segura de ello, pero, como la Dama Gris de Dagmar solía decir, había un motivo para todo. Y en estas estaban cuando los emisarios que habían enviado a comunicar al resto de las aldeas de los Pantanos que el Liberador había aparecido por fin, regresaron con algunos representantes.&lt;br /&gt; Níkelon, a quien todo le había parecido demasiado fácil cuando había ocurrido y casi había esperado con impaciencia el momento en que alguien le pusiera tan en duda como él se ponía a si mismo, salió de la choza para enfrentarse con ellos. Diez hombres jóvenes, con miradas hoscas y las bocas torcidas en un gesto desconfiado.&lt;br /&gt; Parecían haber nombrado su portavoz al más alto de todos, un joven moreno con una verruga en la mejilla derecha que había dicho llamarse Morj. Vidrena estaba en pie ante él, con su cara de "Yo estoy al mando" y un cierto aire de superioridad, o tal vez era la impresión que producía porque era más alta que Morj. Níkelon se adelantó, se presentó por su nombre ardiés completo y les pidió que se sentaran.&lt;br /&gt; -¿Y cómo sabemos que eres quien dices ser?&lt;br /&gt; En cuanto oyó la pregunta, Níkelon pensó que todos debían estar pensando que habían sido unos estúpidos, que Morj tenía razón y que lo mejor que podían hacer era ahogar a aquellos visitantes antes de que los trhogol llegasen a descubrir que habían estado allí.&lt;br /&gt; Vidrena apoyó con disimulo su mano en la empuñadura de Wirda. Era el momento de salir corriendo, pensó Níkelon.&lt;br /&gt; -¿Y cómo sabéis que no lo es?&lt;br /&gt; Los cuellos de los emisarios se volvieron hacia su derecha tan deprisa que Níkelon oyó crujir más de una vértebra. Vidrena sonrió y dijo en galendo:&lt;br /&gt; -Disfruta del espectáculo.&lt;br /&gt; Garalay estaba en la puerta de la choza. Estaba descalza, pero se había envuelto en la piel que servía de manta, y el cabello le caía sobre los hombros con un brillo que indicaba que debía haber pasado un buen rato cepillándolos para lograr aquel efecto.&lt;br /&gt; Avanzó muy despacio, como si no recordase muy bien cómo se caminaba. Níkelon contuvo el deseo de levantarse para ayudarla. Sabía que ella no se lo habría perdonado nunca.&lt;br /&gt; -Es posible que no sea el que estáis esperando. ¿Y qué? Por lo menos él se ha molestado en venir aquí a ayudaros, que es más de lo que nadie ha hecho por Ardieor. Pero si lo preferís, seguiremos nuestro camino y no os molestaremos más. Si preferís convertiros en monstruos o en alimento para sanguijuelas, si la gran ilusión de vuestra vida es seguir siendo esclavos hasta después de muertos, y sentaros alrededor de vuestras hogueras a lamentaros de lo desgraciados que sois y hablar de lo mucho que deseáis que llegue alguien que os libre de Zetra, solo tenéis que decirlo y no os causaremos más problemas. Si estáis esperando que aparezca alguien tan alto como cuatro torreones y con una espada más grande que él, lamento decepcionaros, pero ese hombre no existe. Nikwyn no puede derrotar a Zetra él solo, necesita vuestra ayuda.&lt;br /&gt; Morj aprovechó su pausa para respirar.&lt;br /&gt; -¿Y quién eres tú para hablarnos así, sin tener ni idea de..?&lt;br /&gt; -Soy la hija del Señor de Ardieor. Mi pueblo lleva casi seiscientos años luchando solo contra vuestra Emperatriz, sin recibir más ayuda que palabras amables y palmaditas en la espalda, y eso cuando alguien se acuerda de dárnoslas. He perdido a más parientes y amigos de los que vosotros nunca sabréis contar, y aún así, a menos de los que han perdido la mayoría de los ardieses. Pero nosotros no nos hemos sentado a esperar, lloriqueando por un liberador. Porque quien no tiene valor para luchar por sus sueños, ni siquiera merece soñar.&lt;br /&gt; El silencio que siguió a sus palabras fue casi sólido. Níkelon volvió a sentirse diminuto, apabullado por aquella criatura que apenas podía mantenerse en pie. Vidrena aprovechó la ocasión.&lt;br /&gt; -Mañana vamos a atacar un fuerte no muy lejos de aquí. ¿Vendréis con nosotros?&lt;br /&gt; -Con vuestro permiso, voy a descansar un rato.&lt;br /&gt; Níkelon se levantó para acompañarla.&lt;br /&gt; -Esto no es necesario -murmuró Garalay, pero no se resistió cuando él le rodeó la cintura con el brazo y puso el de ella sobre sus hombros. Sin embargo, sí que se negó a acostarse. Se quedó sentada en el jergón, aún envuelta en la manta. Níkelon se sentó a su lado.&lt;br /&gt; -Sal a hablar con ellos, no querrás que Dren haga todo el trabajo.&lt;br /&gt; -Oh, estoy seguro de que a ella le gusta.&lt;br /&gt; -Lo sé, pero el Liberador eres tú.&lt;br /&gt; Fuera de la choza, Vidrena estaba comenzando a explicar a Morj y sus compañeros, y a todos los de la aldea que iban a acompañarla, su plan para el día siguiente. Pero allí dentro solo estaban ellos dos.&lt;br /&gt; Antes de que ella pudiera imaginarse en qué estaba pensando, ya la había besado, y antes de que pudiera abofetearle, o limpiarse con la manga, o hacer algo aún más insultante, Níkelon ya había salido de la choza y trataba de fingir que no había ocurrido nada.&lt;br /&gt; Pero Vidrena le miró como si para ella no existieran las paredes.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Estrella Negra entró en la Sala del Castillo de Redlam.&lt;br /&gt; -¿Querías verme?&lt;br /&gt; El Amo de Redlam apartó la mirada del patio y sonrió. O al menos puso toda su voluntad en intentarlo (tal vez buena, pero Estrella Negra no podía asegurarlo).&lt;br /&gt; -He recibido un mensaje de la Señora. He pensado que te gustaría saberlo.&lt;br /&gt; -¿Buenas noticias?&lt;br /&gt; -El Valle de Katerlain ha caído. Nuestras... gloriosas tropas de Dagmar entraron en él, mataron a todos sus habitantes y lo incendiaron.&lt;br /&gt; Estrella Negra parpadeó. No podía hacer otra cosa.&lt;br /&gt; -¿A todos?&lt;br /&gt; -Eso dice, pero ya conoces a Lajja. Dice haber matado ella misma al Señor de Ardieor.&lt;br /&gt; Era de día, o al menos lo que pasaba por día en Ternoy. La mayoría de los No-muertos podían soportar aquella luz crepuscular, y se decía que el Amo de Redlam podía soportar hasta la luz directa del sol, aunque nadie lo había comprobado. En aquellos momentos, la aguda mirada de sus ojillos estaba clavada en la cara de Estrella Negra como si pudiera traspasar la máscara y ver la expresión de la cara del joven.&lt;br /&gt; -Pareces un poco molesto...&lt;br /&gt; -&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Molesto?&lt;/span&gt; ¡Estoy furioso! Yo debería haber estado allí. ¡Yo les dije cómo entrar en el Valle! ¡Me merecía participar en la caída!&lt;br /&gt; -Pero hay un problema. Al parecer, alguien muy importante para la Emperatriz no estaba en el Valle. Ella piensa que el muy inconsciente está paseándose por Ternoy y quiere que le encontremos y le capturemos. Vivo, a ser posible.&lt;br /&gt; -¿Otra vez el principito? ¡Los hay que no escarmientan!&lt;br /&gt; -Jelwyn Aletnor -Estrella Negra silbó-. Exacto. Por eso he pensado en ti. A veces me da la impresión de que tienes algo personal contra él...&lt;br /&gt; -Estamos en bandos opuestos. No sé si te habrás enterado de que hay una guerra allí abajo.&lt;br /&gt; La cara del Amo de Redlam no cambió de expresión, pero en sus ojos vidriosos apareció un destello que prometía problemas para el humano.&lt;br /&gt; -Tengo entendido que mataste a su hermano.&lt;br /&gt; -No fue a propósito.&lt;br /&gt; -¿Tropezaste y le clavaste la espada sin querer?&lt;br /&gt; Estrella Negra suspiró. ¿Por qué tenía que revolver aquello? Lo último que deseaba en aquellos momentos (en cualquier momento, se corrigió) era recordar al maldito Farfel Aletnor.&lt;br /&gt; -No sabía que fuera su hermano. Para mí era otro estúpido Capitán con demasiado sentido del honor ardiés.&lt;br /&gt; -Luego mataste a su esposa. Y no puedes decir que no lo supieras.&lt;br /&gt; ¿Por qué estaba sonriendo de aquella manera? Estrella Negra comenzó a tener sudores fríos, pero se obligó a sonreír.&lt;br /&gt; -Fue difícil no enterarme, ella me lo dijo. Parecía creer que no la mataría si creía que iba a ser una buena rehén.&lt;br /&gt; -¿Y no lo hubiera sido?&lt;br /&gt; -No habíamos ido a tomar rehenes.&lt;br /&gt; -De todas formas, clavarla en un árbol de un lanzazo en el estómago parece una invitación a tomárselo como algo personal.&lt;br /&gt; Estrella Negra se obligó a reírse.&lt;br /&gt; -La chica se lo había buscado. Ni siquiera debería haber estado allí, solo mandaba una patrulla, no eran bastantes ni para defender un corral. Pero al parecer su familia vivía en aquella aldea y ella quería demostrarles lo bien que manejaba una espada.&lt;br /&gt; -Estás muy bien informado. A veces me pregunto si no serás ardiés.&lt;br /&gt; Estrella Negra tuvo la impresión de que su máscara comenzaba a derretirse.&lt;br /&gt; -¿Lo parezco?&lt;br /&gt; -¿Les traicionaste porque te echaron o te echaron porque descubrieron que eras un traidor?&lt;br /&gt; Estrella Negra levantó la barbilla.&lt;br /&gt; -Señor, yo nunca he traicionado a nadie -Esperaba que el otro comprendiera por su tono de voz que la conversación estaba terminando-. Y con tu permiso, creo que deberíamos comenzar la búsqueda de ese hombre antes de que él mismo se presente aquí a preguntarnos el camino hacia el Castillo.&lt;br /&gt; -¿Me estás dando órdenes?&lt;br /&gt; La voz del Amo de Redlam estaba cargada de amenazas, pero Estrella Negra estaba furioso.&lt;br /&gt; -No Señor -aunque no lo bastante como para ser temerario-, solo era una sugerencia.&lt;br /&gt; -Pensándolo bien, creo que no voy a enviarte a ti. Acabo de recordar que la última vez que intentaste capturarle, todos los trhogol que te acompañaban terminaron muertos. No podemos permitirnos perder material en plena guerra.&lt;br /&gt; Estrella Negra estuvo a punto de recordarle que no era a Jelwyn a quien había estado intentando capturar en aquella desafortunada expedición por Galenday, pero en lugar de ello, respiró hondo para controlar su rabia y evitar que le rechinaran los dientes, y contestó en un tono tan frío que se sorprendió a si mismo:&lt;br /&gt; -Como desees, mi Señor.&lt;br /&gt; -Muy bien, puedes retirarte -Estrella Negra golpeó el suelo con sus talones, se dio media vuelta y caminó hacia la puerta, lo bastante rápido como para parecer diligente, pero no tanto como para que el otro pensara que estaba huyendo.&lt;br /&gt; Solo cuando supo que la puerta estaba bien cerrada a sus espaldas se permitió apoyarse en la pared y dejar que sus piernas temblaran un buen rato.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene&lt;/span&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114829258275362241?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114829258275362241/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114829258275362241&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114829258275362241'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114829258275362241'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/05/resumen-del-captulo-10-y-captulo-11.html' title='Resumen del Capítulo 10 y Capítulo 11'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114769625851257153</id><published>2006-05-15T14:26:00.000+02:00</published><updated>2006-05-15T14:30:58.536+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 9, y Capítulo 10</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt; En el capítulo anterior: Jelwyn intentó sin éxito huir de Briana, Garalay y sus dos acompañantes se encontraron con la gente de los Pantanos, y  en Ardieor, una Torre ha divisado al ejército de Ternoy, que se acerca a Comelt con no muy buenas intenciones.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; CAPÍTULO 10&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;font-size:85%;" &gt;Yo he nacido para este momento, para esta guerra. Puedo oír cómo me llaman las trompetas. La gloria me espera y nunca se debe hacer esperar a una dama (Arnthorn el Intrépido)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Estaba oscureciendo cuando Jelwyn decidió que ya habían caminado bastante. Comieron un pedazo de pan con carne seca cada uno, queso, avellanas tostadas y manzanas. Habían consumido sus últimas reservas de leña en aquella hoguera, y Jelwyn comenzaba a preguntarse cómo se las arreglaría al día siguiente para prepararse su menta cuando advirtió que Briana estaba bostezando.&lt;br /&gt; -Acuéstate, Bri, yo haré la guardia.&lt;br /&gt; -¿Y no vais a dormir?&lt;br /&gt; -Estamos en territorio enemigo, alguien ha de permanecer despierto.&lt;br /&gt; -No me parece justo que veléis mientras yo duermo.&lt;br /&gt; -Te despertaré para la segunda guardia.&lt;br /&gt; -No, no lo haréis.&lt;br /&gt; -¿Dudas de mi palabra?&lt;br /&gt; -Hasta ahora no me habéis despertado para ninguna guardia, no creo que comencéis a hacerlo de repente.&lt;br /&gt; Jelwyn elevó la ceja izquierda, pero el gesto que tanto solía intimidar a sus jeddart no produjo el menor efecto en Briana.&lt;br /&gt; -Si todos los trhogol de los Pantanos nos caen encima, no me eches a mí la culpa.&lt;br /&gt; -Nunca he tenido intención de echaros la culpa de nada.&lt;br /&gt; Jelwyn sostuvo su mirada un momento. Pero un jeddart siempre sabe cuándo es el momento de rendirse. Extendió las mantas al lado de Briana.&lt;br /&gt; -¿Contenta?&lt;br /&gt; -Más tranquila -Permaneció unos instantes callada, como tratando de decidirse a algo. Jelwyn la oyó carraspear al menos dos veces-. Jelvin, ¿Quién os regaló eso que lleváis al cuello?&lt;br /&gt; -Lo compré en Galenday.&lt;br /&gt; -¿Queréis decir que lo lleváis porque os gusta?&lt;br /&gt; -¡Es un amuleto de la buena suerte!&lt;br /&gt; -¿Aterroriza a la mala para que huya?&lt;br /&gt; -No lo pregunté, solo lo compré porque... tienes razón, es espantoso, pero me hizo gracia.&lt;br /&gt; -En realidad no creéis en la suerte, ¿verdad?&lt;br /&gt; -Solo creo en mi espada.&lt;br /&gt; -Eso ha sonado muy... muy orgulloso.&lt;br /&gt; -Otra de las muchas maldiciones que recayeron sobre mi familia, me temo.&lt;br /&gt; Los ojos de Briana chispearon.&lt;br /&gt; -¿Maldiciones?&lt;br /&gt; -Bri, este no es el lugar ni el momento para hablar de maldiciones. Te asustarías.&lt;br /&gt; -¿Parezco asustada?&lt;br /&gt; No, no lo parecía. Y aquello era lo más sorprendente de ella. La había visto dormir la primera noche que había pasado con él y con Níkelon, tan tranquila como si les hubiera conocido toda su vida. Briana podía dormir rodeada de fuegos fatuos, gorgoteos sospechosos y murmullos amenazantes. Si la maldición del insomnio (Jelwyn nunca recordaba si era la segunda o la tercera) había caído sobre los descendientes de Garlyn, Briana se había librado de ella.&lt;br /&gt; -¿Qué estáis pensando?&lt;br /&gt; -¿Cuántos años tienes?&lt;br /&gt; Briana movió los dedos en un rápido cálculo.&lt;br /&gt; -Casi veinte. ¿Cuántos tenéis vos?&lt;br /&gt; -Demasiados.&lt;br /&gt; -¿Demasiados para qué?&lt;br /&gt; Era una buena pregunta. Y tenía un montón de malas respuestas.&lt;br /&gt; -Podría ser tu padre -exageró Jelwyn. Briana entornó los ojos, como calculando las probabilidades.&lt;br /&gt; -No creo. Hasta que yo os lo dije, ni siquiera sabíais que Lossián existe. Y no aparentáis más de treinta.&lt;br /&gt; -¿Nada más? Pues me siento como si fueran trescientos -Briana soltó una risita-. Bri, ¿tienes poderes? -Debía haber tocado un punto débil, porque por un momento, los ojos de Briana perdieron todo su brillo-. Nadie había conseguido nunca hacerme hablar tanto.&lt;br /&gt; El brillo reapareció.&lt;br /&gt; -¿Les disteis alguna oportunidad? Seguro que se asustaron la primera vez que os oyeron decir: “Yo estoy al mando”.&lt;br /&gt; -Tú también deberías estar asustada.&lt;br /&gt; -Hace tiempo que rebasé el límite del miedo. Ya no me hace efecto. ¿A que soy más divertida que Gris como animal de compañía? Y además soy vuestra, no prestada.&lt;br /&gt; -Eso no es verdad. Ni eres mía ni eres un animal.&lt;br /&gt; -Níkelon dijo...&lt;br /&gt; -Nikwyn es un buen chico, pero a veces se porta como un imbécil. Dejemos las cosas claras, Bri. Tal vez no tenga edad para ser tu padre, pero tú tienes la misma que mi hermana, así que pórtate como si lo fueras y los dos nos sentiremos más cómodos.&lt;br /&gt; Briana se ruborizó. Jelwyn se preguntó si sería de indignación o de simple vergüenza.&lt;br /&gt; -Yo no pretendía...&lt;br /&gt; -Mejor.&lt;br /&gt; -Para vuestra información, Capitán, creo que debo deciros que no tenía ningún interés en coquetear ni nada parecido. Estoy comprometida para casarme el año que viene. Con un hombre.&lt;br /&gt; -No iba a ser con un gato.&lt;br /&gt; -¿Qué es un gato?&lt;br /&gt; Jelwyn renunció a explicárselo.&lt;br /&gt; -¿Recuerdas que esta mañana has prometido que obedecerías mis órdenes?&lt;br /&gt;      -Sí.&lt;br /&gt; -Pues esto es una orden: duérmete de una vez.&lt;br /&gt; Briana se dio la vuelta y dejó caer la cabeza sobre su capa, que había doblado hasta formar una especie de almohada.&lt;br /&gt; Jelwyn permaneció largo rato mirando su nuca, hasta que la inmovilidad y la respiración regular le convencieron de que de verdad estaba dormida. Luego, muy despacio y sin hacer ruido, se incorporó y se sentó al otro lado de los restos de la hoguera, con la espada al alcance de la mano.&lt;br /&gt; Se suponía que debía montar guardia, se dijo. Casi quince años de práctica (maldición familiar aparte) le habían enseñado a mantenerse atento, pero todo lo que podía mirar en aquel momento era el efecto de las llamas en la cara de Briana. Sin saber muy bien lo que hacía, se llevó la punta de los dedos de la mano derecha a la base del cuello.&lt;br /&gt; -Que Rhaynon me ayude, -murmuró- esto no puede estar pasándome a mí.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Las Torres Vigía no podían defender ellas solas el Círculo de Comelt. Ni siquiera los fuertes podían hacerlo. Pero hacían bien el trabajo para el que habían sido concebidas. La primera torre encendió los fuegos de alarma. Salieron mensajeros hacia las otras torres y hacia las aldeas. En cada una, la misma orden: evacuar a niños y ancianos, y a quienes no estuvieran adiestrados para luchar. Transmitir el mensaje a Comelt y prepararse para resistir, aun contra toda esperanza, para retrasar el ataque a la ciudad todo lo posible.&lt;br /&gt; Dayra no tardó en actuar cuando llegaron los primeros refugiados. Ordenó recoger todas las cosechas, aunque los frutos no estuvieran maduros, los rebaños fueron encerrados y nadie podía salir de la ciudad sin un permiso especial.&lt;br /&gt; -¿Qué ocurre?&lt;br /&gt; Dayra acababa de dar la última de sus órdenes, y ni siquiera había recordado la existencia de Anhor hasta que él le habló.&lt;br /&gt; -¿Y esa cara tan seria?&lt;br /&gt; -Las tropas de Ternoy han atravesado la frontera y vienen hacia aquí. Es mejor que te marches.&lt;br /&gt; -¿Me estás echando?&lt;br /&gt; -Mira, Alteza, puede que te parezca muy descortés por mi parte, pero en estos momentos, lo más asqueroso, cruel y sanguinario de Ternoy viene directo hacia Comelt. Debes ponerte a salvo antes de que estemos sitiados del todo y no puedas salir. Esto es la guerra, no un torneo.&lt;br /&gt; -Sé distinguir una cosa de otra, gracias. ¿Crees que porque solo he luchado en torneos no podré soportar una batalla? ¿O es que como te fue tan fácil vencerme crees que no soy más que un niño mimado?&lt;br /&gt; -¿Has visto alguna vez un trhogol de cerca?&lt;br /&gt; -¿Temes que no sepa reconocer al enemigo cuando lo vea?&lt;br /&gt; -Lo que temo es que te maten y tener que soportar las estupideces de otro impetuoso principito de Crinale. Mira, estoy a punto de marcharme a la Frontera para tratar de evitar que esos gusanos de Dagmar lleguen a Comelt, y no estoy de humor para oír tonterías. Si sigues aquí cuando regrese, atente a las consecuencias.&lt;br /&gt; Por un momento, a Anhor le pareció más terrible lo que pudiera hacerle ella que morir en la batalla. Pero exhibió su sonrisa más valerosa, echó atrás sus hombros, sacó pecho y la miró de frente.&lt;br /&gt; -No estaré aquí cuando regreses, mi Señora. Voy contigo a la Frontera. Puedo sentirlo en cada cabello, en cada poro de mi piel. Yo he nacido para este momento, para esta guerra. Puedo oír cómo me llaman las trompetas. La gloria me espera y...&lt;br /&gt; Dayra entornó los ojos.&lt;br /&gt; -¿En qué capítulo de “Arnthorn el intrépido” sale ese discurso? -se rió al ver cómo Anhor se ruborizaba-. ¿Quieres hacer algo heroico de verdad? Acompáñame a convencer a Dulyn de que debemos arrastrarnos delante de Kayleena.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Garalay había regresado al Círculo de Piedras. Una parte de ella sabía que aquello era imposible, pero al resto le daba igual. Alguien estaba tocando un arpa tras la gran piedra central, y no pudo resistirse a ver quién era.&lt;br /&gt; Allí estaban las dos. O las tres. Mait, Rhaynon (velo incluido) y su arpa. Destrozando La doncella cisne. Cada vez que sus dedos pulsaban una cuerda producían el sonido de un cuchillo resbalando sobre un plato de cerámica. Garalay trató de impedir que le rechinaran los dientes. Fue inútil.&lt;br /&gt; Rhaynon acalló los últimos sonidos de la canción con la mano y le hizo un gesto a la joven para que se sentara.&lt;br /&gt; -Cuánto honor. Esperaba encontrar a Dinel. ¿Todos los que enferman de la fiebre pasan por esto o es una especie de sueño ancestral de las Aletnor de Dagmar?&lt;br /&gt; -Ironía. Eso está bien. Demuestra que se está curando.&lt;br /&gt; -Me alegro. ¿Vuestra hermana sigue con aquel asunto del perro?&lt;br /&gt; -Hay algunas complicaciones con la calificación jurídica. Parece que el tribunal no se acaba de poner de acuerdo en si fue un intento de robo o de secuestro. ¿Qué opinas tú, Dagmar?&lt;br /&gt; -¿Querían pedir rescate?&lt;br /&gt; -Interesante pregunta. Se la trasladaré en cuanto termine este sueño.&lt;br /&gt; -No estaré soñando esto por esa tontería, ¿verdad?&lt;br /&gt; -No, en realidad estamos aquí para transmitirte el típico mensaje enigmático que solo tendrá sentido cuando te encuentres en una situación desesperada.&lt;br /&gt; -Muy bien, pues adelante con él.&lt;br /&gt; Pero Mait se calló, y Garalay ya estaba a punto de preguntar si le estaban tomando el pelo cuando vio que Rhaynon, poco a poco, se levantaba el velo y lo echaba atrás. Garalay se encontró mirando su propia cara.&lt;br /&gt; -Recuerda siempre quién eres -fue lo último que oyó decir a Mait.&lt;br /&gt; Garalay abrió los ojos. Sentía dolor en todo su cuerpo, como si se hubiera caído por una ladera muy empinada y se hubiera golpeado con todas las piedras que había en ella. Parpadeó para enfocar la vista, y miró hacia todos los lados, pero no reconoció nada de lo que vio.&lt;br /&gt; Se encontraba en una choza, al parecer de barro, con el techo de juncos. Una vela de sebo hacía lo que podía por alejar las sombras, y al volver la cabeza para ver si había algo a su izquierda, Garalay vio que la llama se reflejaba en una mata despeinada de cabello rubio.&lt;br /&gt; -¿Nikwyn? -murmuró. No se sentía con fuerzas para hablar más alto, pero él se despertó, si es que había estado durmiendo, y se arrodilló al lado de su... a falta de una palabra mejor, Garalay consideró que se podía llamar cama.&lt;br /&gt; -¡Has despertado!&lt;br /&gt; Garalay se tragó la observación irónica sobre su inteligencia. Tenía demasiadas cosas importantes que preguntarle.&lt;br /&gt; -¿Dónde estoy? ¿Cómo he llegado hasta aquí?&lt;br /&gt; -Vidrena te trajo.&lt;br /&gt; Así que no todo había sido un sueño. Garalay sonrió y cerró los ojos.&lt;br /&gt; -¿He tenido la Fiebre?&lt;br /&gt; -Sí. Estás... estamos en una especie de aldea en los Pantanos. Me han dicho varias veces cómo se llama pero no sé pronunciarlo.&lt;br /&gt; -¿Dónde está Jelwyn?&lt;br /&gt; -Se ha ido.&lt;br /&gt; Garalay abrió los ojos y se incorporó. Los oídos le zumbaron unos breves segundos, y vio a Níkelon algo borroso. Tuvo que esperar unos segundos antes de poder contestar.&lt;br /&gt; -¿Que se ha qué?&lt;br /&gt; -Dijo que el liberador era yo y que él tenía cosas más importantes que hacer en Ternoy. No te preocupes, tiene quien le cuide.&lt;br /&gt; Y, antes de que ella pudiera decir algo, Níkelon le habló de aquella primera noche en la que había galopado hasta el amanecer con un Jelwyn furioso y más callado aún de lo habitual en él, y de los primeros días grises y fríos en los Pantanos hasta que habían encontrado a Briana. Garalay sintió frío en el estómago cuando Níkelon le habló de la marca de nacimiento en forma de dragón, pero no dijo nada. Níkelon le habló del encuentro con los habitantes de los Pantanos, de la despedida de Jelwyn al día siguiente y de cómo Briana había irrumpido en su choza poco después.&lt;br /&gt; -Traté de explicarle que Jelwyn solo había pensado en lo mejor para ella, pero me dijo que ella misma decidiría lo que era mejor y me amenazó con marcharse sola si no le decía por dónde se había ido Jelwyn. Así que le dije: “Supongo que esto no tendrá nada que ver con sus lindos ojos verdes”.&lt;br /&gt; -Son azules.&lt;br /&gt; -Lo mismo dijo ella.&lt;br /&gt; Garalay se rió.&lt;br /&gt; -Pobrecilla, no sabe lo que le espera.&lt;br /&gt; -No tuve más remedio que prestarle mi caballo y decirle por dónde se había ido ese cabeza cuadrada. Espero que no les pase nada.&lt;br /&gt; -Jelwyn sabrá mantenerles a los dos a salvo.&lt;br /&gt; -Entonces, ¿por qué me pediste que cuidara de él?&lt;br /&gt; Garalay sintió un embarazoso calor en las mejillas.&lt;br /&gt; -Confiaba en que lo hubieras olvidado.&lt;br /&gt; -¿Olvidarlo? Antes olvidaría mi nombre, mi cara, mi casa y todas las palabras que he aprendido. Aunque tuviera que esperar cuarenta años a que cumplieras tu palabra, y viviera cien más a tu lado, nunca olvidaría aquel momento.&lt;br /&gt; -Déjalo ya, Nikwyn, tampoco fue para tanto. No, no quería decir eso. Lo que quiero decir es que... bueno, no le des tanta importancia. Yo creía que no iba a volver a verte, y... quise saber qué le encuentran.&lt;br /&gt; -¿Y?&lt;br /&gt; -Me han pasado cosas peores.&lt;br /&gt; -Ya. Cosas como retortijones, dolores de muelas y Fiebre de los Pantanos, ¿no? Bien, Princesa, ¿puedo tener esperanzas?&lt;br /&gt; -¿Y quién soy yo para prohibírtelo?&lt;br /&gt; -Por favor, Dagmar, basta de juegos. Lo que estoy tratando de preguntarte es si ya me quieres, aunque sólo sea un poco.&lt;br /&gt; -No lo sé.&lt;br /&gt; -¿Cómo que no lo sabes?&lt;br /&gt; -Nikwyn, me duele desde la cabeza hasta los dedos gordos de los pies, tengo el estómago revuelto y la boca reseca, y odio a todo el universo. ¿Y tú solo eres capaz de pensar en si ya te quiero? Si tuviera bastantes fuerzas, te echaría de aquí a patadas. ¿Dónde está Vidrena?&lt;br /&gt; Como si hubiera oído la pregunta, la voz de la Señora de Ardieor resonó cerca de la puerta de la choza.&lt;br /&gt; -¡Prestad atención, tontainas! -Garalay no pudo contener una risita. Al parecer, el ritual de la Primera Lección no había cambiado en seiscientos años. Vidrena incluso se permitió una pausa dramática- Esto -nueva pausa dramática durante la cual se debía alzar el arma para que todos la vieran bien- es una espada. Se empuña por aquí, y se clava -última pausa dramática para dejar caer la espada al suelo de forma que se clave y bambolee un poco- por aquí. ¿Alguna pregunta?&lt;br /&gt; -Vidrena está donde le gusta estar. Al mando.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Kayleena se había presentado en la Sala con la más absoluta expresión de inocencia en su cara, como si no supiera por qué estaban ellos allí. Pero a Dayra no se le escapó que iba ya preparada para salir al galope hacia donde fuera.&lt;br /&gt; -Lo sabes.&lt;br /&gt; Dayra no estaba de humor para juegos. Si Kayleena esperaba una acalorada discusión con Dulyn sobre la legitimidad o no de las aspiraciones de cada uno, iba a quedarse decepcionada.&lt;br /&gt; -Las Damas Grises lo han Visto.&lt;br /&gt; -Entonces también deben haber visto por qué estamos aquí.&lt;br /&gt; Kayleena se permitió una sonrisita de superioridad.&lt;br /&gt; -No necesito una Dama Gris para eso.&lt;br /&gt; Dayra oyó cómo rechinaban los dientes de Dulyn.&lt;br /&gt; -Acabemos lo antes posible.&lt;br /&gt; Desenvainó la espada, se dejó caer sobre una sola rodilla y recitó el Juramento como si cada palabra fuera una muela que le estaban arrancando. Dayra lo hizo con un poco más de dulzura, para compensar.&lt;br /&gt; -Muchas gracias -dijo Kayleena-. Y ahora, creo que hay algo que debéis saber.&lt;br /&gt; Y les contó lo que las Damas Grises habían visto en el Valle de Katerlain.&lt;br /&gt; No había transcurrido ni una hora cuando las Damas Grises, desde lo alto de la muralla, vieron cómo las dos Compañías de Comelt, la Guardia de Kayleena y las dos del Valle, acompañadas por un decidido Anhor de Galenday, salían de la ciudad con dirección norte. No se oía ni una canción, ni una broma. Todos sabían que aquello iba a ser algo más que una emboscada.&lt;br /&gt; -¿Crees que servirá de algo? -preguntó en voz baja la Dama Gris de Comelt.&lt;br /&gt; Artdia Dagmar negó con la cabeza. La Dama Gris de Vaidnel abrió la mano derecha y mostró las dos runas que tenía en ella.&lt;br /&gt; -Problemas.&lt;br /&gt; Como si no fuera evidente, pensó la de Dagmar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114769625851257153?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114769625851257153/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114769625851257153&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114769625851257153'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114769625851257153'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/05/resumen-del-captulo-9-y-captulo-10.html' title='Resumen del Capítulo 9, y Capítulo 10'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114704144456915388</id><published>2006-05-08T00:26:00.000+02:00</published><updated>2006-05-08T00:37:24.596+02:00</updated><title type='text'>Resumen del capítulo 8, y Capítulo 9</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el capítulo anterior:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Jelwyn, Níkelon y Briana pasaron una noche algo agitada en una aldea de habitantes de los Pantanos, Garalay enfermó de fiebres después de amenazar con el tétanos a unos trhogol que pasaban por allí, y Anhor descubrió varias cosas muy interesantes en Comelt.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;CAPÍTULO 9&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Lucharemos hasta el último hombre! O al menos, hasta el penúltimo (Arnthorn el Intrépido).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; La patrulla llegó al galope a la Torre Vigía. La joven que la mandaba desmontó del caballo a toda prisa, apartó con muy malos modos al perro que trataba de saludarla, y entró en la Torre.&lt;br /&gt; -¡Viene un ejército!&lt;br /&gt; Dos jeddart que jugaban al ajedrez levantaron la mirada del tablero. El que dormitaba en la litera se incorporó de un salto. Los que estaban afilando sus espadas, limpiándose las botas o aseando la Torre, la miraron como si se hubiera vuelto loca.&lt;br /&gt; -¿Qué entiendes tú por un ejército?&lt;br /&gt; -Oh, nada importante. Unos cien mil trhogol armados hasta los dientes. Nada con lo que no podamos terminar nosotros treinta.&lt;br /&gt; -Tampoco hace falta que seas irónica.&lt;br /&gt; -¡Lo que hace falta es que demos la alarma! ¡Esto es una invasión!&lt;br /&gt; -¿Seguro que no estás exagerando?&lt;br /&gt; -¡Sube a comprobarlo! ¡Seguro que ya pueden verse desde aquí!&lt;br /&gt; El jefe de la guarnición hizo una seña a uno de los jeddart, que envainó su espada y subió por las escaleras. Cuando bajó estaba pálido.&lt;br /&gt; -Tenemos que dar la alarma -susurró. No podía hablar más alto.&lt;br /&gt; -¿Esto es agua? -preguntó la jeddart señalando la jarra que había sobre la mesa de ajedrez.&lt;br /&gt; -Vino.&lt;br /&gt; -Mejor.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Por la mañana, Jelwyn se había levantado poco a poco, para no despertar a Bri, cuya cabeza seguía apoyada en su hombro. A la débil luz que entraba por la puerta y que se mezclaba con la que desprendían las pocas brasas que quedaban, había observado que ella sonreía. Por primera vez se preguntó qué edad tendría. Demasiado joven para haber sufrido tanto. No tenía ningún derecho a llevarla con él, aunque hubiera sido seguro, que no lo era, y Nikwyn no podía dejar a la Gente de los Pantanos ahora que les habían encontrado.&lt;br /&gt; Así que Jelwyn caminaba por los Pantanos con la única compañía de Gris y el caballo que llevaba de las riendas. Era lo más razonable y sensato que podía hacer. Tal como había planeado al principio, como debería haber ocurrido si Nikwyn no se hubiera metido por el medio. Él ya tenía bastantes problemas con todo lo que le esperaba, y bastantes preocupaciones con Layda. No podía ocuparse de un muchachita débil que no iba a darle más que problemas, aunque no pudiera evitar ver su cara cada vez que cerraba los ojos.&lt;br /&gt; Sí, ya tenía bastantes preocupaciones, y la última era que alguien le estaba siguiendo. Un caballo galopaba tras sus pasos, sin molestarse en disimular el chapoteo de los cascos, y Gris, que se suponía que era una feroz perra guardiana, había levantado las orejas y movía la cola.&lt;br /&gt; Bien, era inútil tratar de huir. Por el sonido, se trataba de un solo perseguidor, así que no había más que enfrentarse a él. Con un poco de suerte, incluso podía pillarle desprevenido. Tal vez ni siquiera le estuviese persiguiendo, podía estar paseando por allí por pura casualidad. Cosas más raras se han visto.&lt;br /&gt; Jelwyn desenvainó la espada y plantó los pies en el suelo lo mejor que pudo. Sostuvo el arma ante sí, con todos los músculos en tensión, preparado para atacar.&lt;br /&gt; El perseguidor apareció tras una mata de juncos. Al verle, frenó el caballo de una forma tan brusca que estuvo a punto de salir despedida por encima de la cabeza del animal, y la capucha de la capa gris que llevaba le cubrió la cara por un momento. Se la echó atrás con un gesto decidido, mostró una cara tan roja por la ira como por el esfuerzo, y le fulminó con una muy lograda mirada de dignidad ofendida.&lt;br /&gt; -¡Bajad esa espada, Jelvin Aletnor, alguien podría salir herido!&lt;br /&gt; ¿Bajarla? ¡La maldita espada había estado a punto de caérsele de las manos!&lt;br /&gt; -¿Bri? ¿Qué diantre crees que estás haciendo?&lt;br /&gt; -No, Jelvin, ¿qué... eso creéis que estáis haciendo vos? ¿Creéis que es propio de un caballero abandonar a una dama después de haber pasado la noche con ella?&lt;br /&gt; -Primero: Si crees que cinco horas durmiendo obligan a algo, eres demasiado inocente para este mundo. Segundo: Ya te dije que no soy un caballero. Y tercero: si de verdad supieras algo de caballeros, sabrías que abandonar a las damas es una costumbre muy arraigada entre ellos. Sobre todo después de haber pasado la noche con ellas.&lt;br /&gt; Ella debería haberse ruborizado, pensó Jelwyn, hasta una ardiesa lo hubiera hecho, pero Briana había palidecido como si hubiera estado un mes siendo el desayuno de Alwaid. Tal vez estuviera pensando en algún caballero al que hubiera conocido alguna vez, se dijo Jelwyn. O tal vez en alguno que &lt;span style="font-style: italic;"&gt;no&lt;/span&gt; hubiera conocido. En &lt;span style="font-style: italic;"&gt;alguien que pasaba por allí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; -Bri, ¿es que no lo entiendes? Esto va a ser peligroso. Podrías morir.&lt;br /&gt; -Que yo sepa, vos no sois inmortal.&lt;br /&gt; -¡Bri, esta no es tu guerra! ¡Solo quiero que estés a salvo!&lt;br /&gt; -¡Yo no quiero estar a salvo! ¡Lo que quiero es volver a casa! ¡Y nunca lo conseguiré quedándome a salvo en estos pantanos asquerosos! ¿No comprendéis que nunca llegaré a ninguna parte si no me pongo en marcha?&lt;br /&gt; Se detuvo jadeante, con un brillo temerario en los ojos, como desafiándole a llevarle la contraria. Jelwyn notó que, contra todo sentido común, estaba a punto de sonreír.&lt;br /&gt; -¿Es así como has convencido a Nikwyn de que te deje marchar?&lt;br /&gt; Un intento de sonrisa apareció en la cara de Briana como respondiendo a la de él.&lt;br /&gt; -Le amenacé con escaparme.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Pobre principito,&lt;/span&gt; pensó Jelwyn, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;todas le dejan&lt;/span&gt;. Pero imaginarse a Briana sola en medio de Ternoy siguiéndole, para acabar a saber dónde y en qué manos, le hizo tomar una decisión.&lt;br /&gt; -Desmonta.&lt;br /&gt; Briana obedeció. Permaneció en pie al lado del caballo, pálida, con los cabellos alborotados por la fría y húmeda brisa de los Pantanos y la mano en las riendas, algo temblorosa. La capa que Níkelon le había prestado antes de dejarla marchar le llegaba casi hasta los pies. Jelwyn trató de apartar de su mente el sospechoso parecido que en aquellos momentos tenía la joven con una Dama Gris, y cuando habló trató de parecer más enfadado de lo que en realidad se sentía:&lt;br /&gt; -Yo estoy al mando. Cuando te dé una orden, obedecerás. Y con un poco de suerte saldremos vivos de esta. ¿Entendido? -Briana asintió. Su rostro mantenía una expresión seria, casi solemne, pero Jelwyn no pudo dejar de notar que sus ojos brillaron de alegría en cuanto comprendió lo que él estaba diciendo-. Muy bien. Si eres una buena chica y salimos enteros de este maldito país, te doy mi palabra de jeddart de que te devolveré a tu Lossián aunque sea lo último que haga en esta vida.&lt;br /&gt; Sin pensar ni por un momento en su propia seguridad, Briana se rió y abrazó al ardiés. Tras un estupefacto instante, Jelwyn le devolvió el abrazo.&lt;br /&gt; -Gracias -murmuró Briana, más o menos a la altura de la garganta de Jelwyn.&lt;br /&gt; -No hay de qué.&lt;br /&gt; Y la expresión nunca había sido tan cierta.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Sí, era definitivo. Garalay había contraído la Fiebre de los Pantanos. Su piel ardía y sus piernas se habían vuelto líquidas. Violentos escalofríos recorrían su cuerpo, y al caer la noche entraba en un delirio en que hablaba de garrapatas, arañas y cucarachas. Pero Vidrena se negó a detenerse. Siguieron caminando, sosteniendo a la enferma entre Alwaid y ella, con la esperanza de encontrar ayuda en alguna parte.&lt;br /&gt; Al tercer día, Garalay no se había recuperado del delirio nocturno, y seguía hablando, aunque hacía horas que Vidrena y Alwaid habían dejado de escucharla.&lt;br /&gt; -Descansemos un rato. Me duelen los hombros.&lt;br /&gt; Alwaid asintió, y las dos apoyaron las espaldas contra un tronco y se dejaron resbalar poco a poco hacia el suelo, llevando a Garalay con ellas. Garalay se rió como si alguien estuviera haciéndole cosquillas. Alwaid suspiró.&lt;br /&gt; -Al menos ella es feliz.&lt;br /&gt; -¿Crees que morirá?&lt;br /&gt; -La Fiebre es rápida. Ya lo habría hecho.&lt;br /&gt; Oscurecía. Vidrena iba a proponer que se quedasen allí toda la noche cuando cuatro hombres salieron de detrás de un matojo de cañas. Garalay seguía riéndose, pero Vidrena miró sin inmutarse las lanzas que apuntaban a sus caras.&lt;br /&gt; -Podemos con ellos -murmuró Alwaid.&lt;br /&gt; -Tal vez, pero ¿queremos?&lt;br /&gt; -¿Qué quieres decir con eso de si queremos?&lt;br /&gt; -Que tal vez sepan cómo ayudar a Lym.&lt;br /&gt; Vidrena comenzó a levantar la mano izquierda, pero rectificó a tiempo, sacó la derecha de detrás de Garalay y la levantó en un gesto que esperó que aquellos hombres considerasen apaciguador. El que parecía el jefe habló en un ardiés algo vacilante.&lt;br /&gt; -Daos presas en nombre del Liberador de los Pantanos.&lt;br /&gt; -Iremos donde queráis. Pero tendréis que llevar a nuestra amiga, nosotras ya no podemos con ella.&lt;br /&gt; El más alto y fuerte de los cazadores asintió y tomó a Garalay en brazos con una facilidad que Vidrena encontró bastante humillante. Garalay soltó una risita y perdió el conocimiento.&lt;br /&gt; -¿Qué tiene?&lt;br /&gt; -La Fiebre. ¿La habéis pasado?&lt;br /&gt; -¿Quién es ese Liberador de los Pantanos?&lt;br /&gt; Alwaid le había pisado la pregunta, pensó Vidrena.&lt;br /&gt; -Lo sabréis cuando os llevemos ante él.&lt;br /&gt; El hombre se negó a decir nada más hasta que llegaron a la aldea. Alwaid y Vidrena esperaron, en medio del círculo formado por las chozas, rodeadas por los cazadores y sus lanzas, hasta que uno de ellos, que había entrado en una de las chozas a «avisar de su llegada al Liberador» salió seguido por un joven.&lt;br /&gt; De reojo, Vidrena notó que Alwaid había palidecido. Miró hacia donde miraba Alwaid y supo por qué.&lt;br /&gt; Era casi igual que Tairwyn, pero fijándose bien, Vidrena logró encontrar al menos siete diferencias. Cuando él llegó a su altura, ya había conseguido dominarse y pudo mirarle sin temblar, y responder a su saludo con una cortés inclinación de cabeza. Aunque el caso era que aquella nariz le recordaba a otra que había visto en alguna parte... Solo para comprobarlo, le habló en galendo.&lt;br /&gt; -El Liberador de los Pantanos, supongo.&lt;br /&gt; Él la miró con curiosidad. Aquello le terminó de confirmar que no era Tairwyn.&lt;br /&gt; Pero entonces, el joven dejó de sonreír de una forma tan brusca que la sonrisa anterior pareció haber sido una ilusión óptica. Palideció como si le hubieran golpeado y la respuesta que iba a dar a Vidrena se olvidó para siempre.&lt;br /&gt; -¡Dagmar!&lt;br /&gt; Garalay se dignó abrir los ojos y le miró.&lt;br /&gt; -Oh, no, otra pesadaza -Vidrena reconoció la broma, unas noches antes habían comentado entre ellas que la clase de pesadillas repetitivas que solían sufrir las Aletnor deberían llamarse "pesadazas", por lo aburridas.&lt;br /&gt; -¿Qué le ocurre?&lt;br /&gt; -Fiebre de los Pantanos. Se recuperará, pero tiene que descansar en un sitio seco y abrigado.&lt;br /&gt; Él asintió, la tomó de brazos del portador y se encaminó hacia la choza de la que había salido.&lt;br /&gt; -Pero bueno, esto es el colmo. ¿Le has visto? ¡Ni siquiera nos ha reconocido!&lt;br /&gt; -Cállate, Alwaid. El Liberador de los Pantanos y yo tenemos que hablar.&lt;br /&gt; Uno de los hombres de los Pantanos intentó impedir la entrada de Vidrena en la choza, pero bastó con una mirada amenazadora de la Señora de Ardieor para que encontrase de repente algo más urgente que hacer.&lt;br /&gt; Le encontró arrodillado al lado de una piel en la que había tendido a Garalay. Al otro lado, una anciana intentaba tranquilizarle mientras preparaba una especie de cataplasma para la joven.&lt;br /&gt; -¿Podemos hablar? -Él se volvió como si le hubiera mordido algo, dirigió una mirada desconfiada a Garalay y se levantó. Llevó a Vidrena al rincón más alejado de la choza y comenzó a disculparse en ardiés. Vidrena le interrumpió.&lt;br /&gt; -Veo que mi Lym te importa mucho.&lt;br /&gt; La mirada del joven fue de lo más elocuente, pero su respuesta fue lo bastante neutra como para que no le pudiesen acusar de nada.&lt;br /&gt; -Mi Capitán me mataría si le ocurriese algo.&lt;br /&gt; Vidrena levantó la ceja. Aunque el joven vestía como un jeddart, no hablaba el ardiés como un ardiés, ni siquiera como uno de Comelt.&lt;br /&gt; -¿De qué parte de Galenday eres, muchacho?&lt;br /&gt; -De Crinale. Antes de que me lo preguntéis, mi nombre es Níkelon de Erdengoth.&lt;br /&gt; -¿Erdengoth? ¡Bromeas! No te pareces en nada a un Erdengoth.&lt;br /&gt; -¿Y qué aspecto se supone que debe tener un Erdengoth?&lt;br /&gt; -Piel blanca, pelo negro, ojos oscuros y nariz enorme.&lt;br /&gt; A su pesar, Níkelon rió.&lt;br /&gt; -Ese es mi hermano mayor. Yo debo haber salido a la otra rama de la familia. Si no os molesta, Señora, me gustaría saber quién me está interrogando.&lt;br /&gt; -No te lo vas a creer.&lt;br /&gt; -Intentadlo.&lt;br /&gt; -Vidrena Lym-Gartwyn Aletnor, Señora de Ardieor, Gobernadora de Dagmar y Princesa de Galenday, aunque no estoy segura de poder utilizar este título después de lo de Igron... Puedes llamarme Dren, pero si se te ocurre llamarme “abuela” o algo parecido te cortaré la lengua.&lt;br /&gt; Había hablado demasiado, pensó Vidrena, él tardaría en recuperarse.&lt;br /&gt; -Es una broma, ¿verdad? -le oyó decir con voz más aguda de lo normal.&lt;br /&gt; Vidrena extendió la mano izquierda y le mostró el Sello.&lt;br /&gt; -Lym me despertó. Ahora, si no es molestia, hace cien años y una semana que no tomo una cena decente. Y mientras, me explicarás qué hace un príncipe de Galenday metido en este lío, ¿de acuerdo?&lt;br /&gt; Níkelon asintió, y poco después estaban sentados los dos ante un brasero. Vidrena comía con unos modales tan impecables como si se hubiera encontrado en la propia Sala de Banquetes de Crinale, y escuchaba sin interrumpir más que para pedir alguna aclaración que le parecía muy importante.&lt;br /&gt; -¿Puedes enseñármelos? -preguntó cuando Níkelon le habló de su espada y su anillo de hierro.&lt;br /&gt; Níkelon, algo incómodo, se quitó el anillo del dedo y se lo entregó. Vidrena tendió su mano y los comparó.&lt;br /&gt; -Impecable. Se ven hasta las pulgas. -Le dio la vuelta y lo miró por dentro-. Sí... -murmuró al ver la pequeña runa en el interior, justo tras el Sello, y se lo tendió a Níkelon para que lo mirara-. Fíjate, la marca de Irrwyn. El mejor herrero de Ardieor. No le habría dejado irse de Dagmar por nada del mundo -Níkelon deslizó el falso Sello de nuevo en su dedo, aunque de repente le parecía bastante más pesado. Pero Vidrena ya estaba mirando la espada. Recorrió muy despacio con sus dedos las dos tes bajo la empuñadura, y su sonrisa hizo sentir a Níkelon como un ladrón. Vidrena le dio la vuelta al arma y se la entregó por la empuñadura-. Sé digno de ella, Nikwyn. Fue del mejor hombre de Ardieor.&lt;br /&gt; Cállate, imbécil, dijo una voz en lo más hondo de la cabeza de Níkelon, pero, él se hizo el sordo. Hacía largo rato que había visto su espada.&lt;br /&gt; -¿Esa es Wirda?&lt;br /&gt; -En hoja y empuñadura. ¿Quieres sostenerla?&lt;br /&gt; -¿Puedo?&lt;br /&gt; Vidrena sacó a Wirda de su vaina y se la tendió por la empuñadura. Níkelon tuvo por un momento la extraña impresión de que la espada estaba examinándole, pero debió encontrarle de su gusto, porque no se resistió cuando los dedos del joven se cerraron alrededor de la empuñadura.&lt;br /&gt; -Le caes bien -confirmó Vidrena. Níkelon le dio la vuelta muy despacio, observando el reflejo de las brasas en la hoja. No había letras grabadas junto a la empuñadura-. Nadie es el dueño de Wirda, por eso no hay marcas. Ella es quien manda y quien elige. Fíjate en su equilibrio. Y en su hoja. Está tan bien afilada que la sangre resbala sin dejar rastro.&lt;br /&gt; -Es perfecta -murmuró Níkelon, por decir algo. Estaba sentado frente a una leyenda, y tenía otra en sus manos, Garalay dormía en una choza cercana y él sentía la mirada de Alwaid en su nuca. Habría hecho falta más ingenio del que él tenía para decir algo inteligente en aquellas circunstancias.&lt;br /&gt; Devolvió la espada a Vidrena con cierto alivio, tomó un pedazo de carne y comenzó a mordisquearlo mientras miraba las brasas.&lt;br /&gt; Una súbita idea hizo que su corazón se acelerase. ¿Y si la profecía estaba equivocada? ¿Y si era la propia Vidrena quien debía regresar a los Pantanos y él había sido solo un error de interpretación?&lt;br /&gt; -Bueno, -la voz de Vidrena había irrumpido en sus pensamientos, pero a Níkelon no le pareció mal, dado el rumbo que éstos estaban tomando- ¿cómo piensas liberar los Pantanos?&lt;br /&gt; -No lo sé.&lt;br /&gt; -¿Te has dado cuenta de lo que tienes ahí fuera, Nikwyn? -Él negó con la cabeza. Vidrena bajó la voz-. Un ejército.&lt;br /&gt; -Un ejército a pie, armado con lanzas de caza y sin adiestrar.&lt;br /&gt; -Lo conseguiremos, Nikwyn, confía en mí.&lt;br /&gt; ¿Cómo había pasado ella del "tú" al "nosotros"?, se preguntó Níkelon para empezar, y luego se preguntó qué clase de "nosotros" sería aquel, si de verdad o al estilo de Jelwyn.&lt;br /&gt; -¿Por qué habría de hacerlo? Perdiste Ardieor.&lt;br /&gt; Vidrena le miró con los ojos entornados y replicó con una voz que daba más miedo aún por su fría tranquilidad:&lt;br /&gt; -Cualquiera puede perder una batalla.&lt;br /&gt; -Perdiste una guerra, mi Señora.&lt;br /&gt; -Tal vez no tenga Ardieor, pero aún tengo la vida. Esta guerra no ha terminado. Así que te voy a decir lo que haremos. Conseguiremos armas, entrenaré lo mejor que pueda a tu gente y luego nos pondremos en marcha.&lt;br /&gt; Sí, pensó Níkelon, era un "nosotros" al estilo Jelwyn, o peor aún, porque sin saber cómo se oyó decir:&lt;br /&gt; -¿Hacia dónde?&lt;br /&gt; -Nikwyn, bonito, no hagas preguntas tontas. Hacia el Castillo Negro.&lt;br /&gt; Níkelon permaneció unos instantes estupefacto. Luego se echó a reír. Y entonces fue a Vidrena a quien le tocó sorprenderse.&lt;br /&gt; -Lo siento, Señora. No me río de ti. Pero es todo tan gracioso... por un momento me ha parecido estar oyendo a otra persona.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Iré al Castillo Negro, rescataré a Layda, volveré con ella y dejaré que decida si quiere irse de Ardieor conmigo o quedarse y heredar a su abuelo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; Sí, pensó Níkelon mientras, tras disculparse con Vidrena, se dirigía hacia la otra choza para ver cómo se encontraba Garalay, era una lástima que Jelwyn no se hubiera quedado para conocer a su tatarabuela. Hubiera sido un encuentro memorable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la próxima semana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114704144456915388?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114704144456915388/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114704144456915388&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114704144456915388'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114704144456915388'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/05/resumen-del-captulo-8-y-captulo-9.html' title='Resumen del capítulo 8, y Capítulo 9'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114650679327225628</id><published>2006-05-01T19:52:00.000+02:00</published><updated>2006-05-01T20:06:33.303+02:00</updated><title type='text'>Resumen del capítulo 7, y Capítulo 8</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el capítulo anterior: Jelwyn, Briana y Níkelon se encontraron por fin con la gente a la que se supone que tienen que "liberar", y más o menos al mismo tiempo, Anhor llegó a Ardieor y conoció a Dayra de una forma no muy digna.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;CAPÍTULO 8&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tranquilas, señoras, vuestro honor está a salvo (Jalen y Hindy).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Era una noche tranquila en "La espada partida". De hecho era una noche tan tranquila que el tabernero, sus dos hijos, su hija y las dos camareras estaban sentados alrededor de una de las mesas jugando a los dados. Como el tabernero era muy escrupuloso con ciertas cosas, las apuestas se realizaban con garbanzos secos. Su hija iba ganando.&lt;br /&gt; El perro, que dormitaba junto a la chimenea, levantó la cabeza, enderezó las orejas y ladró. Poco después, la puerta se abrió y una ráfaga de viento acompañó al interior de la taberna a siete jeddart y a un completo desconocido. Uno de los jeddart apartó la capucha que cubría su cara. Al reconocer a la Gobernadora Dayra, el tabernero sonrió como un profesional e hizo una reverencia.&lt;br /&gt; -¡Señora! ¡Cuánto honor volver a verte! ¿Cuándo has llegado?&lt;br /&gt; -Acabo de llegar.&lt;br /&gt; Dayra hizo un gesto a sus acompañantes y se sentaron alrededor de la mesa más cercana a la chimenea. El perro se les acercó moviendo la cola. Dayra le rascó entre las orejas.&lt;br /&gt; -Hola, "Bicho".&lt;br /&gt; -¿Qué va a ser? -El tabernero, con las prisas, se había atado mal el delantal pero confiaba en que sus clientes no lo notasen- ¿Sidra, vino, cerveza, Reserva Especial? ¿Algo de comer?&lt;br /&gt; -Buena idea. Trae algo de comer, lo que tengas preparado. Y vino para todos.&lt;br /&gt; -Como ordenes, señora. ¿Mandas algo más?&lt;br /&gt; -Sí, me gustaría saber dónde está todo el mundo.&lt;br /&gt; -Ay señora mía, estos son tiempos terribles. Que las Tres me libren de criticarle, pero ya sabes que mis mejores clientes son los jeddart, y entre los que están sitiados en la Casa Aletnor, los sitiadores y los que están siempre de guardia en el Castillo...&lt;br /&gt; -¿De qué estás hablando? No entiendo nada.&lt;br /&gt; -Oh, lo siento, olvidaba que no estabais aquí cuando empezó. Y va cada vez a peor. Anteayer intentaron una salida, dicen que ha habido heridos, aunque no puedo asegurarlo, no les he visto. Y la gente está empezando a pensar cosas, señora. Es intolerable lo que está ocurriendo, y cuando la gente piensa... -En aquellos momentos, Dayra habría golpeado al tabernero en su gorda narizota. Él pareció darse cuenta de que la integridad de su nariz estaba en peligro, se detuvo en plena perorata y comenzó otra vez.- El Gob... El Señor Dulyn ha sitiado la Casa Aletnor hasta que la Señora... Dama Kayleena... le jure lealtad como Señor de Ardieor. Las Damas Grises están encerradas en la Casa, con Kayleena, y se dice que algo horrible ha ocurrido en el Valle. El Señor de Ardieor, el Capitán Heryn, quiero decir, ha renunciado, Jelwyn se ha ido y no se sabe nada de Garalay ni de la pequeña Layda.&lt;br /&gt; -¿Se han vuelto todos locos?&lt;br /&gt; El tabernero hizo una mueca poco comprometedora. En su opinión, loco era una palabra demasiado corta para lo que le estaba ocurriendo a aquella familia, empezando por el propio Dulyn.&lt;br /&gt; Dayra suspiró.&lt;br /&gt; -Sírvenos la cena.&lt;br /&gt; Lo primero es lo primero. Cuando tuviera el estómago más lleno y la garganta menos seca, ya pensaría en algún modo de arreglar las cosas.&lt;br /&gt; O al menos de desempeorarlas un poco.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; -Le voy a sacar los ojos.&lt;br /&gt; Como amigos del Liberador de los Pantanos, Jelwyn y Briana habían sido alojados en una choza cuyos propietarios se habían mudado a la de unos familiares, según les hicieron entender. Níkelon se había ido a dormir a la del que parecía el jefe de la aldea.&lt;br /&gt; Después de la cena, las brasas de la hoguera habían sido repartidas entre todos las chozas y depositadas en un hondo hueco en el centro de cada una. A su débil luz, Jelwyn advirtió que lo único parecido a muebles que había allí eran pieles de distintos tamaños, cestos y cántaros. De las paredes colgaban lanzas, arcos y flechas, y algo de sospechoso parecido con cañas de pescar.&lt;br /&gt; -¡No! -ordenó Jelwyn al ver que Briana iba a acostarse en el lado izquierdo del jergón que iban a compartir aquella noche- Yo dormiré del lado de la puerta.&lt;br /&gt; -Como gustéis.&lt;br /&gt; Briana rodó hasta el otro lado.&lt;br /&gt; Jelwyn se apartó de la entrada de la choza y dejó caer la cortina de juncos que servía de puerta. Luego, con toda la naturalidad del mundo, se sentó en su lado del jergón, desenvainó la espada, se quitó las botas, se tendió al lado de Briana con la mano izquierda apoyada en la empuñadura de su espada y cubrió a ambos con la piel que en aquel lugar debía hacer el papel de manta.&lt;br /&gt; -¿No confiáis en esta gente? Parecen buenas personas.&lt;br /&gt; -Es posible que estas buenas personas tengan visitantes que no lo sean tanto.&lt;br /&gt; Briana se estremeció al recordar a los trhogol.&lt;br /&gt; -¿De verdad Níkelon va a quedarse con ellos?&lt;br /&gt; -Para eso está aquí.&lt;br /&gt; -A mí no me parece muy convencido.&lt;br /&gt; Jelwyn pensó que a él tampoco se lo parecía. Níkelon le había parecido más asustado que decidido a liberar a nadie de nada. Tenía ganas de volver a ver a Garalay aunque solo fuera para decirle que él ya le había advertido que cometía un error.&lt;br /&gt; -Buenas noches, Bri -murmuró, y se volvió de cara a la puerta.&lt;br /&gt; Poco tiempo después, estaba dormido.&lt;br /&gt; Briana despertó sobresaltada cuando él le dio una patada en la espinilla. Estuvo a punto de protestar, pero se dio cuenta de que él estaba dormido y al parecer sufriendo una pesadilla. Se agitaba, suplicaba en voz baja, y parecía sufrir tanto que a Briana se le hizo un nudo en la garganta. De repente, el Signo comenzó a cosquillear en su muñeca, y a la débil luz de las brasas, Briana vio cómo su mano, como si tuviera voluntad propia, se acercaba poco a poco a la sudorosa frente de Jelwyn. Sintió un golpe en el estómago cuando sus dedos rozaron la piel del ardiés.&lt;br /&gt; Había oído hablar de cosas como aquella. Le habían advertido que no debía jugar con ellas, que entrar en otra mente podía costarle la locura o algo peor. Pero estaba dispuesta a arriesgarse.&lt;br /&gt; Sintió en la cara un viento frío, que olía a carne y madera quemadas. Su caballo galopaba, pero los cascos se habían pegado al suelo y no iba a llegar nunca a su destino. Briana estuvo a punto de apartar la mano para no seguir sintiendo aquello, pero la mano se negó a moverse de donde estaba, y la obligó a mirar a los ojos muertos de aquella joven clavada de un lanzazo en el vientre en un viejo roble moribundo y cargado de muérdago.&lt;br /&gt; Jelwyn gritó y se incorporó de un salto.&lt;br /&gt; -¡Jaysa!&lt;br /&gt; Briana apartó la mano esperando que él no hubiera notado su intromisión, pero Jelwyn se limitó a mirarla como si la viera borrosa y se dejó caer de nuevo sobre el jergón.&lt;br /&gt; -Lo siento, Bri, ¿te he despertado?&lt;br /&gt; -No, ya estaba despierta. ¿Qué os ocurría?&lt;br /&gt; -Pesadillas.&lt;br /&gt; Briana sabía que no debía preguntarlo, que lo más sensato era darse media vuelta y cerrar los ojos, pero...&lt;br /&gt; -¿Quién es Jaysa?&lt;br /&gt; Jelwyn cerró los ojos, y por un momento Briana temió que se hubiera dormido.&lt;br /&gt; -Era mi esposa.&lt;br /&gt; -¿La madre de Layda?&lt;br /&gt; -Murió en combate. La mató tu amable caballero negro de Dagmar.&lt;br /&gt; Briana prefirió creer que en realidad él no tenía intención de ofenderla, ni estaba enfadado con ella.&lt;br /&gt; -Y no pudisteis hacer nada para evitarlo.&lt;br /&gt; -¿Cómo lo sabes?&lt;br /&gt; Briana pensó un momento antes de contestar.&lt;br /&gt; -Si no hubiera sido así no tendríais pesadillas. Liatan también tenía pesadillas a veces.&lt;br /&gt; -¿Liatan?&lt;br /&gt; La voz de Jelwyn había sonado interesada. Briana supuso que en aquel momento, él deseaba hablar de cualquier cosa que no le hiciera pensar en sus propias pesadillas.&lt;br /&gt; -Mi compañera de celda en el Templo de la Dama de Plata.&lt;br /&gt; -¿Vivías en un templo? ¿Qué eres, una especie de sacerdotisa?&lt;br /&gt; Por suerte, pensó Briana, podía controlar la expresión de su cara.&lt;br /&gt; -No. El Templo tiene la costumbre de acoger a las... huérfanas.&lt;br /&gt; -¿No tienes familia?&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; ¿Quién me mandaba hablarle de esto?&lt;/span&gt; se preguntó Briana.&lt;br /&gt; -Mi madre murió poco después de que yo naciera. Nunca dijo quién había sido mi padre. Tal vez alguien que pasaba por allí. Su familia me entregó al Templo para tratar de olvidar la deshonra.&lt;br /&gt; -Y por pura casualidad fuiste elegida por sorteo para convertirte en una ofrenda al mar -Briana no hubiera sabido decir si aquella voz le parecía sarcástica o tan solo amarga.&lt;br /&gt; -Cualquiera en mi lugar habría hecho lo mismo.&lt;br /&gt; -Aquella mañana durante el desayuno dijiste que debía ser elegida una chica de buena familia.&lt;br /&gt; Briana había estado temiendo aquello desde que él había comenzado a interrogarla. Maldita sea su memoria, pensó. Jelwyn debía de ser una de esas personas que con un mínimo esfuerzo pueden recordar hasta su propio nacimiento.&lt;br /&gt; -Mi madre era una de las hijas del anterior rey. La heredera al trono. Supongo que mis tíos temían que yo quisiera reclamar alguna clase de... derechos.&lt;br /&gt; -¿Por eso quieres volver a Lossián? ¿Para reclamar tus derechos?&lt;br /&gt; Briana ni siquiera había pensado en ello.&lt;br /&gt; -No. Quiero... Quiero volver para hacerles pagar todo lo que me han hecho. Quiero arrancarle el corazón a mi tío y a mi prima Brela con mis propias manos y reducir a cenizas el Templo, arrasar las Islas Occidentales, aniquilar a los kashis, regresar a... Dagmar y pulverizar hasta su última piedra. Quiero...&lt;br /&gt; -Bueno, ahora sé lo que yo no quiero. No quiero ofenderte por nada del mundo.&lt;br /&gt; Briana no pudo evitar reírse.&lt;br /&gt; -¿Os importaría que no siguiera hablando? No me siento cómoda con esta conversación.&lt;br /&gt; -Como quieras.&lt;br /&gt; Jelwyn volvió a darse la vuelta, cara a la entrada de la choza. Briana permaneció tendida mirando al techo.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Idiota&lt;/span&gt;, dijo la voz de la Suma Sacerdotisa, &lt;span style="font-style: italic;"&gt;puede que él ya no esté casado, pero vos seguís estando prometida. Y además, aún la quiere.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Vaya, cuanto tiempo que no os oía, Señora.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Dejad la ironía aparte, Briana.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Señora, mi prometido cree que estoy muerta, y a estas alturas ya debe estar cortejando a Brela.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; No hubo una ruptura oficial.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Pero la habrá,&lt;/span&gt; aseguró Briana,&lt;span style="font-style: italic;"&gt; en cuanto regrese a Lossián habrá una ruptura tan oficial que hasta los Piratas se enterarán, ya lo creo que sí.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; ¿Y luego qué?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Ya pensaré en eso cuando llegue “luego”. Callaos de una vez.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; -¿Bri?&lt;br /&gt; Debía haberlo dicho en voz alta.&lt;br /&gt; -No ocurre nada, Jelvin, solo pesadillas.&lt;br /&gt; Briana oyó como Jelwyn se daba la vuelta, y luego sintió cómo la rodeaba con un brazo. Todos sus músculos se tensaron, pero si Jelwyn se dio cuenta, no hizo ningún comentario. La voz de la Sacerdotisa comenzó a protestar, pero Briana la acalló con lo más parecido a un bofetón mental que conocía. Poco después, estaba dormida con la cabeza apoyada en el hombro de Jelwyn.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Anhor tenía la cabeza a punto de estallar. Dayra había conseguido lo que Dulyn llamaba un “salvoconducto” en su peculiar estilo pomposo y le había llevado a la Casa Aletnor, donde esperaba encontrar a quien le diera información sobre lo que había ocurrido con Níkelon. Anhor había pasado la mañana en una amplia Sala, bajo la mirada iracunda de una dama que trataba de aplastar un castillito, escuchando lo que de Níkelon tenían que contarle cuatro Damas Grises, una Lym y no menos de dos docenas de jeddart. Durante su viaje por Galenday, Anhor había descubierto que, a su manera despistada e inocente, Níkelon había hecho estragos en los tiernos corazoncitos de jóvenes damas y doncellas. Como conocía a las jóvenes damas y doncellas de Galenday, la noticia no le había sorprendido mucho. Pero descubrir que había guerreros hechos y derechos que le admiraban, toda una Orden de hechiceras que le habían elegido nada menos que para salvar el mundo y una princesa que se había comprometido a casarse con él (aunque sobre este particular las Damas Grises no habían entrado en detalles y le habían suplicado el más riguroso secreto) era más de lo que el mejor caballero de Galenday podía asimilar en una mañana. Y eso sin entrar en el asunto de quién demonios en Tredac estaba vendiendo vino a Ternoy, qué más le estaría vendiendo y quién más aparte de él y de los anteriores Señores de Gueldou estaría vendiéndole algo.&lt;br /&gt; Norwyn dejó la copa de vino sobre la mesa.&lt;br /&gt; -Está bueno.&lt;br /&gt; Anhor lo habría dicho con más palabras, entre las cuales se habrían encontrado al menos "afrutado" y "retronasal", aunque no supiera el significado de "retronasal".&lt;br /&gt; -Nikwyn habla mucho de ti, ¿sabes?&lt;br /&gt; -¿De veras?&lt;br /&gt; Norwyn bebió otro sorbo.&lt;br /&gt; -Oh, sí, eres su héroe. Le dice a cualquiera que pueda oírle lo maravilloso que eres. Casi no se le nota cuánto te envidia.&lt;br /&gt; Anhor no contestó. Siempre había sabido que todos en Crinale le envidiaban, incluyendo a sus hermanos, y eso hacía aún más mortificante lo ocurrido con Dayra en el Puente. Si en Crinale llegaban a enterarse de que había sido vencido por una mujer con una espada, Anhor iba a tener que tomar medidas. Dudaba entre el exilio, el suicidio o amenazar con el desafío a cualquier imbécil que osase recordarle el incidente. Terminó la conversación lo más deprisa que pudo sin ser grosero y se reunió con Dayra.&lt;br /&gt; No dijo nada hasta que estuvieron a medio camino del castillo.&lt;br /&gt; -Háblame de ese lugar. De... ¿Cómo dijiste que se llamaba?&lt;br /&gt; -Ternoy. ¿Qué quieres saber?&lt;br /&gt; -Cómo llegar.&lt;br /&gt; -Es fácil. Solo tienes que viajar hacia el norte hasta que te encuentres con el Therdeblut, pasarlo y ya estás allí -Dayra entornó los ojos-. No estarás pensando en ir, ¿verdad?&lt;br /&gt; -He venido a buscar a Níkelon y no volveré a Galenday sin él. Y si tengo que ir a buscarle a Ternoy, pues iré a Ternoy.&lt;br /&gt; -No sabrías ni por dónde empezar a buscar.&lt;br /&gt; -¿Y qué he de hacer, quedarme aquí hasta que aparezca?&lt;br /&gt; -Volver a casa, contarles lo que has averiguado y esperar noticias.&lt;br /&gt; -¿Y si no hay noticias? ¿Y si Níkelon nunca regresa?&lt;br /&gt; -Entonces, tampoco arreglarás nada perdiéndote en Ternoy. Mira, solo te pido que seas mi invitado durante una semana o dos, las que quieras. Si después decides irte a Ternoy, te prestaré toda la ayuda que pueda. ¿De acuerdo?&lt;br /&gt; Tal vez para gustarle, pensó Anhor, Dayra se había puesto un vestido blanco con bordados dorados en la orilla de la falda, las mangas y el escote, una larga capa azul oscuro, y se había recogido el cabello con una diadema de plata. En aquellos momentos, además, lucía un brillo en los ojos y una sonrisa casi suplicante, que la convirtieron en irresistible.&lt;br /&gt; -Una semana. Pero luego me iré.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; Habían conseguido un pescado para desayunar. Sin sal sabía asqueroso, pero tenían hambre. Garalay pensó que mientras no encontrasen la forma de hacerse con armas, mantas y algún animal de transporte, no tendrían ni la más mínima oportunidad de llegar ni a medio camino. Se estaba preguntando cómo iban a conseguir todo lo que necesitaban cuando aparecieron los cinco trhogol.&lt;br /&gt; Por las insignias, debían ser una patrulla de la Fortaleza que aún no sabía que se había derrumbado. Mostraron sus dientes en lo que ellos debían creer que era una sonrisa al verla allí sola. Vidrena y Alwaid habían desaparecido unos instantes antes, para dedicarse a lo que fuera que se dedicase cada una cuando estaba sola. Garalay le había asegurado a Alwaid cuando se había marchado que sabría cuidarse sola. Pero no había contado con aquello.&lt;br /&gt; Empuñó con actitud desafiante aquel montón de óxido que Vidrena se empeñaba en llamar espada. Los trhogol enseñaron los dientes en la mueca que en ellos pasaba por sonrisa y le dijeron algo que debían encontrar muy gracioso.&lt;br /&gt; A Garalay comenzaron a temblarle las manos. El sudor frío le confirmó lo que ya había notado: estaba asustada.&lt;br /&gt; Los trhogol estaban dando vueltas a su alrededor, riéndose y diciéndole cosas. Garalay tenía la garganta seca y sentía su lengua como un sapo que hubiera pasado demasiado tiempo al sol, pero, sorprendiéndose a si misma, se oyó bromear.&lt;br /&gt; -No necesito vuestra compañía, chicos. Marchaos, volved bien peinados, limpios y depilados, y si tenéis mucha suerte me dignaré consideraros escoria.&lt;br /&gt; Hasta aquel momento no se había dado cuenta de que el miedo también podía ser divertido. Pero debía obrar con sentido común. Habló con su entonación más persuasiva, poniendo todo su poder en lo que decía, con la esperanza de que un presentimiento o algo por el estilo hicieran regresar a tiempo a Vidrena.&lt;br /&gt; -Chicos, no tenéis ni idea de con quién estáis hablando. Esta espada es el arma más mortífera jamás forjada, así que por vuestro propio bien os recomiendo que no me provoquéis -Trató de no temblar al oír la carcajada de respuests-. ¿No me creéis? Pues bien, sabed que un solo rasguño con esta espada puede hacer que vuestras mandíbulas se cierren tan fuerte que se os partirán esos horrorosos dientes que tenéis, la nuca se os volverá tan rígida como el corazón de vuestra señora, los músculos de vuestra cara comenzarán a tener espasmos, aunque tal vez eso os haga parecer más guapos, quién sabe -Garalay advirtió un movimiento entre los juncos y su mente cruzó los dedos para que fuera Vidrena. Continuó hablando para distraer a los trhogol-. Pero entonces comenzarán las persistentes contracciones de los músculos de vuestro tronco y vuestras extremidades, comenzaréis a sudar hasta quedaros sin líquido, y entonces, cuando creáis que todo ha terminado, vuestra respiración se volverá silbante, se os acelerará el pulso y subirá vuestra temperatura corporal -Los trhogol estaban tan atentos a su voz que habían dejado de moverse. Garalay nunca había conseguido controlar a nadie de aquel modo. Casi lamentaba que su Maestra no estuviera allí para verla-. Y cuando creáis que ya no podéis sufrir más, moriréis entre horribles dolores. Solo habrán pasado cuatro días, pero os parecerán cuarenta. Y todo eso ocurrirá con un solo roce de la hoja de mi espada.&lt;br /&gt; Y aquel fue el momento que Vidrena eligió para hacer su aparición triunfal.&lt;br /&gt; -¡Hola! ¿Interrumpo algo?&lt;br /&gt; Eran cinco contra una, pero Garalay sabía que no tenían la menor oportunidad. Se apartó un poco del círculo, mientras Wirda hacía lo que más le gustaba. Tengo que recordar esto, se dijo, y en aquel momento un dardo de ballesta pasó rozando su mejilla derecha y se clavó en uno de los trhogol.&lt;br /&gt; Alwaid se había unido a la fiesta.&lt;br /&gt; -¿Dónde te habías metido?&lt;br /&gt; Alwaid remató al último trhogol antes de contestar.&lt;br /&gt; -Así me gusta, Dren, que seas agradecida.&lt;br /&gt; -Hablo en serio, Alwaid. ¿Dónde estabas?&lt;br /&gt; Alwaid mostró lo que parecía un conejo muerto, que había dejado caer al entrar en la pelea junto a Vidrena.&lt;br /&gt; -Odio el pescado.&lt;br /&gt; Garalay se inclinó a recogerlo. El conejo tenía una herida en la garganta. Garalay miró a Alwaid y vio una diminuta gota de sangre en la comisura de sus labios. Será de los trhogol, pensó, pero ni ella misma se lo creía.&lt;br /&gt; -Está desangrado -murmuró.&lt;br /&gt; -Oye, Lym, yo no me meto con tus aficiones.&lt;br /&gt; -Alwaid, la próxima vez que quieras irte de caza, me avisas para que yo me quede con ella, ¿de acuerdo?&lt;br /&gt; -¿Estás insinuando que lo he hecho a propósito para que la capturasen?&lt;br /&gt; Vidrena miró a Garalay.&lt;br /&gt; -¿Cómo te encuentras?&lt;br /&gt; -Mareada.&lt;br /&gt; -Suele ocurrir la primera vez -Pero había inquietud en su mirada cuando acarició la mejilla de Garalay. Respingó y se volvió hacia Alwaid-. ¡Está ardiendo!&lt;br /&gt; -¡Oh, vaya, no habíamos contado con eso!&lt;br /&gt; -¿Tengo la Fiebre?&lt;br /&gt; -No te preocupes, la mayoría sobreviven.&lt;br /&gt; -¿Y qué pasa con los otros?&lt;br /&gt; Ni Alwaid ni Vidrena se molestaron en contestar.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114650679327225628?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114650679327225628/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114650679327225628&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114650679327225628'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114650679327225628'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/05/resumen-del-captulo-7-y-captulo-8.html' title='Resumen del capítulo 7, y Capítulo 8'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114597882851860284</id><published>2006-04-25T17:20:00.000+02:00</published><updated>2006-04-25T17:27:08.543+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 6, y Capítulo 7</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Resumen del Capítulo anterior: Alwaid, Vidrena y Garalay siguen avanzando por los Pantanos, mientras Anhor de Galenday ha descubierto dónde se llevaron a Níkelon y planea represalias, y en Ardieor, Dulyn intenta proclamarse Señor por las buenas o por las malas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; CAPÍTULO 7&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Yo os desafío a todos, por traidores y fementidos, a los muertos y a los vivos, y a las aguas de los ríos (Arnthorn el intrépido)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Otro amanecer. Otro mediodía. Más barro, más agua sucia, más animales asquerosos, más silencio. Otro maravilloso día en los Pantanos.&lt;br /&gt; Y Jelwyn se había equivocado. Briana estaba aguantando. De hecho, pensaba Níkelon, estaba soportando el viaje mejor que él mismo. O al menos, con más ánimo.&lt;br /&gt; Ánimo. Níkelon no pudo evitar que la palabra le hiciera sonreír. ¿Cuánto hacía que la conocían? ¿Tres, cuatro días? En tan poco tiempo, el tipo más siniestro que había conocido en su vida se permitía a si mismo sonreír más de una vez al día, y Níkelon habría jurado que le había oído tararear «Tragando barro en los Pantanos». Jelwyn se preocupaba de que Briana se terminase toda su ración de comida, no se dormía hasta que ella había cerrado los ojos, incluso trataba de elegir el mejor sendero para evitar que la chica tropezara. Y eso que su primera intención había sido dejarla atrás.&lt;br /&gt; -Oh, vaya, Gris ha traído otra cosa de esas.&lt;br /&gt; -Buena chica, Gris. Pero podrías traerlas de dos en dos.&lt;br /&gt; -O de tres en tres -Jelwyn tomó por la cola a la pequeña bestia-. Voy a despellejarla -anunció con tanta solemnidad como si se tratase de un enorme ciervo.&lt;br /&gt; Briana le miró alejarse.&lt;br /&gt; -¿Por qué se va cada vez?&lt;br /&gt; Níkelon ya comenzaba a sentirse molesto.&lt;br /&gt; -¿Quieres que sea sincero?&lt;br /&gt; -¡Por favor!&lt;br /&gt; -Creo que intenta dejarnos solos el mayor tiempo posible para que me enamore de ti y olvide a su hermana.&lt;br /&gt; Briana abrió los ojos todo lo que pudo.&lt;br /&gt; -Creía que eráis su amigo.&lt;br /&gt; -Él cree que lo hace por mi bien.&lt;br /&gt; -Pues no os ofendáis, pero creo que no va a dar resultado. No es que seáis desagradable, pero...&lt;br /&gt; -No te preocupes, a mí me ocurre lo mismo. -Le tendió la mano-. ¿Amigos?&lt;br /&gt; -Claro -Briana estrechó la mano de Níkelon. Se estremeció al ver que la mirada de él se desviaba hacia el Signo-. No es un dragón.&lt;br /&gt; Él apartó la mirada del Signo para clavarla en sus ojos.&lt;br /&gt; -¿Quién ha hablado de dragones?&lt;br /&gt; Briana sintió que se le había secado la garganta.&lt;br /&gt; -Todo el mundo -soltó-. Desde que llegué a Dagmar todo el mundo habla de dragones. ¡Y estoy empezando a estar harta! ¿Qué le ocurre a la gente de esta parte del mundo con los dragones rojos?&lt;br /&gt; Níkelon la miró como calculando qué debía o no decirle.&lt;br /&gt; -No le digas a Jelwyn que te lo he contado.&lt;br /&gt; Y así fue como, por primera vez, Briana oyó la historia completa de los Aletnor de Dagmar después de que Garlyn les abandonara, la Profecía, las cuatro señales y las teorías que las Damas Grises habían elaborado a partir de ellas. Briana no se rió al oírlo, como él esperaba, sino que palideció y se mordió el labio inferior. Níkelon creyó oír el mecanismo de su cerebro encajando las piezas que él le había dado con las que tenía ella.&lt;br /&gt; -Es lo más... extraño que he oído en mi vida.&lt;br /&gt; -Pues es lo que nos ha traído aquí, aunque parezca increíble.&lt;br /&gt; Briana miró a su alrededor.&lt;br /&gt; -¿No creéis que Jelvin tarda demasiado?&lt;br /&gt; Era incapaz de pronunciar el nombre a la manera ardiesa. Jelwyn había abandonado al quinto intento, y Níkelon trataba de no sonreír cada vez que notaba el leve espeluzno que recorría a su amigo cada vez que oía la versión lossianesa de su nombre.&lt;br /&gt; -Tal vez esté intentando pescar.&lt;br /&gt; -¿Sin caña?&lt;br /&gt; -Así es él.&lt;br /&gt; -¿Hace mucho que le conocéis?&lt;br /&gt; -No lo sé. A veces pienso que le conozco toda mi vida, y otras que nunca llegaré a hacerlo. Todos los ardieses son extraños, y él es el peor de todos.&lt;br /&gt; -Pero si os dijera «Seguidme al séptimo infierno», ni siquiera pensaríais en decir que no.&lt;br /&gt; -Él nunca diría eso. Es un héroe siniestro y solitario. No se necesita más que a si mismo y cualquiera que quiera acompañarle corre el peligro de ser abandonado en medio de Ardieor. O en medio de los Pantanos.&lt;br /&gt; Briana se rió.&lt;br /&gt; -Aun así, tarda demas..&lt;br /&gt; Y entonces oyeron el grito pidiendo ayuda.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Dayra empezaba a necesitar un trago. Aquella debía haber sido la patrulla más aburrida de los últimos cien años. Ya comenzaba a encontrar sospechoso que siempre le tocase a ella patrullar la Frontera Sur. Seguro que era lo único en lo que Jelwyn y Dulyn se ponían de acuerdo.&lt;br /&gt; Al ver de nuevo el Castillo de Comelt, tan ceñido a la montaña que parecía parte de ella, con aquellas murallas como brazos rodeando la ciudad a sus pies, tuvo la extraña impresión de que más que abrazarla trataban de ahogarla, y se estremeció.&lt;br /&gt; -Capitana, viene alguien -Dayra miró hacia delante, protegiéndose los ojos con la mano-. Parece uno de los nuestros.&lt;br /&gt; -Por supuesto. Los trhogol no pueden pasar el Círculo, ¿verdad?&lt;br /&gt; El jeddart se ruborizó al oír su tono irónico.&lt;br /&gt; -Quiero decir de la Segunda.&lt;br /&gt; Dayra le sonrió. El pobre no tenía la culpa de que ella estuviera de mal humor. Y el ver a aquel jeddart cabalgando hacia ellos como si se hubiera vuelto loco la hacía desear más de un trago.&lt;br /&gt; -Ve a preguntarle qué ocurre.&lt;br /&gt; El joven espoleó a su caballo, deseoso de quedar bien con su Capitana. Dayra le vio alcanzar al otro, detenerse y tras una breve conversación regresar los dos al paso.&lt;br /&gt; -Capitana -saludó el jeddart. Dayra frunció el ceño.&lt;br /&gt; -¿No te había dejado en la torre cerca del puente de la Frontera?&lt;br /&gt; -De ahí vengo, Señora. Iba a la ciudad cuando he visto que os acercabais y he decidido venir a decírtelo antes que a nadie.&lt;br /&gt; Donde el jeddart había dicho nadie, ella entendió Dulyn. Dayra levantó la ceja derecha sin desfruncir el ceño. Fue toda una hazaña, pero no impresionó al otro.&lt;br /&gt; -¿Decirme el qué?&lt;br /&gt; -No te lo vas a creer, pero hay un caballero galendo con armadura completa desafiando a los ardieses en el Puente de Comelt. A todos los ardieses. Incluidos los que aún no han nacido, los muertos, los ríos, los bosques y los animales. Dice que somos traidores y... fementidos, sea lo que sea eso, y que quiere hacernos pagar cara nuestra osadía. Más o menos.&lt;br /&gt; -¡Como si no tuviéramos bastantes problemas! -Era la excusa perfecta para evitar Comelt por el momento, pero Dayra disimuló su suspiro de alivio. Seleccionó seis jeddart que la acompañaran, ordenó al resto que le explicasen a Dulyn lo ocurrido, y se dirigió con su escolta y el mensajero hacia el Puente de Comelt.&lt;br /&gt; Allí estaba, esperándoles. Tenía un caballo blanco que piafaba y caracoleaba, con bridas enjoyadas, una armadura reluciente, un yelmo con cimera en forma de cabeza de león, un escudo con una rosa roja coronada sobre fondo blanco, una larga lanza y una espada. Y mucha imaginación, por lo que Dayra pudo entender del desafío. Debía hacer al menos tres días que estaba desafiando y aún no se le habían terminado las personas, animales y cosas a las que desafiar. Dayra se preguntó si habría comido, dormido o satisfecho alguna necesidad básica, y si en este último caso se habría quitado la armadura.&lt;br /&gt; Al verles, el caballero dejó de obligar a moverse al caballo, levantó la espada en señal de desafío y volvió a comenzar con lo de traidores y fementidos y todo aquel montón de tonterías que, ahora que lo recordaba, Dayra había leído un par de veces en la copia de "Arnthorn el intrépido" que tenía en el castillo. La joven sonrió, se ajustó el casco bajo la barbilla y ordenó al jeddart que cabalgaba a su izquierda que aceptase el desafío.&lt;br /&gt; -¿Yo?&lt;br /&gt; -En mi nombre. No quiero que ese caballerito sepa que soy una mujer hasta que le haya enseñado unas cuantas cosas sobre traición y fementimiento.&lt;br /&gt; El jeddart respondió al desafío. El caballero se bajó la visera, se protegió con el escudo y enristró la lanza. Dayra desenvainó la espada, espoleó a su caballo y galopó colina abajo hacia el puente.&lt;br /&gt; En cuanto a armamento, la ventaja estaba de parte del caballero, pero el caballo de Dayra no llevaba tres días caracoleando, iba cuesta abajo y lo montaba una jinete furiosa. Dayra esquivó con un ágil quiebro de su cuerpo la lanza del caballero y la rompió de un solo golpe de espada. De paso, golpeó el escudo y le hizo una abolladura. Pero el galendo pasó de largo, hizo dar la vuelta al caballo, desenvainó la espada y volvió a cargar contra Dayra, ahora desde arriba.&lt;br /&gt; Dayra cargó en línea recta. Si uno de los dos no se apartaba, ambos caballos (por no hablar de los jinetes) iban a terminar con el cráneo fracturado. El galendo lo entendió y trató de desviar su trayectoria, o al menos de frenar al caballo, pero Dayra no se detuvo. Se irguió sobre los estribos y, para sorpresa del caballero, saltó sobre él. Los dos rodaron por el suelo con gran estrépito metálico. Un grito de alarma salió de los jeddart, pero Dayra se las había arreglado para caer encima. Se incorporó, jadeante, y apoyó la punta de su espada en la junta entre el yelmo y la coraza. El caballero, que había hecho inútiles esfuerzos por levantarse, se quedó quieto.&lt;br /&gt; -Apretad vuestra espada, ardiés, y arrebatadme la vida, ya que me habéis despojado de mi honor.&lt;br /&gt; Dayra suspiró.&lt;br /&gt; -Tu honor me importa una boñiga de vaca, galendo. Quiero saber quién eres y qué te hemos hecho para que estés tan enfadado con nosotros.&lt;br /&gt; -¡Oh, dioses, vencido por una mujer! ¡Ahora sí que deseo estar muerto!&lt;br /&gt; Dayra envainó la espada.&lt;br /&gt; -Créeme, sería un placer concederte tu deseo, pero no me gusta matar humanos, aunque sean tan idiotas -Tendió la mano al caballero caído-. ¿Vas a contestar a mi pregunta, sí o no?&lt;br /&gt; -Puedo levantarme solo.&lt;br /&gt; Dayra levantó la ceja poniéndolo en duda, pero se apartó y cruzó los brazos mientras el caballero luchaba contra su propio peso para incorporarse. Tras denodados esfuerzos, logró mantenerse sobre sus piernas, se quitó el yelmo, se echó el pelo atrás, se inclinó y besó la mano de Dayra.&lt;br /&gt; -Soy Anhor de Erdengoth, de la Guardia Real de Crinale.&lt;br /&gt; -Dayra Hamlyn, Gobernadora de Comelt -Dayra entornó los ojos-. Erdengoth... ¿Eres el hermano de Nikwyn?&lt;br /&gt; -Si con ese nombre os referís al Príncipe Níkelon de Erdengoth, me temo que sí. ¿Dónde está?&lt;br /&gt; -Es una historia demasiado larga para contártela aquí. Será mejor que me acompañes a Comelt.&lt;br /&gt; -¿Como prisionero?&lt;br /&gt; -Si te empeñas... pero sería más cómodo para los dos que fueras mi invitado.&lt;br /&gt; Los dientes de Dayra, algo desiguales pero sanos, centellearon en una sonrisa. Anhor hizo otra reverencia y volvió a besarle la mano.&lt;br /&gt; -Con vuestro permiso, Señora, hay algo que debo hacer con urgencia. Luego seré todo vuestro.&lt;br /&gt; Dayra trató de no sonreír al verle caminar, todo lo deprisa que podía sin perder la dignidad, hacia unos matorrales tras los cuales desapareció. Luego se volvió y silbó a su caballo para que regresara.&lt;br /&gt; Bueno, pensó, no ha sido un viaje perdido, después de todo.&lt;br /&gt; El chico era muy guapo, aquello había que reconocerlo. Pero ella seguía necesitando un trago.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Jelwyn estaba rodeado. Eran siete, vestidos con cortas túnicas de cuero y abarcas, con las piernas envueltas en unas pieles atadas con tiras de cuero, llevaban los cabellos largos, recogidos a la espalda, estaban armados con unas lanzas que parecían muy afiladas y le amenazaban con ellas, aunque por el momento no se habían decidido a utilizarlas.&lt;br /&gt; Jelwyn empuñaba su espada con la cara más fiera que podía poner alguien sorprendido con agua hasta las rodillas, con un pequeño mamífero despellejado en una mano, y que trataba de hacer olvidar a la inesperada aparición que en el momento en que le habían encontrado estaba tratando de utilizar su espada como arpón para pescar.&lt;br /&gt; Cuando Níkelon llegó corriendo, seguido por Briana y una desesperada Gris, la mitad de los amenazadores habitantes de los Pantanos se dieron la vuelta como uno solo y se quedaron mirándole.&lt;br /&gt; Jelwyn envainó su espada con toda la tranquilidad que pudo aparentar y guiñó el ojo a Níkelon entre dos de los guerreros, o tal vez cazadores, de los Pantanos.&lt;br /&gt; Níkelon comprendió. Supo que estaba en uno de esos momentos. Sintió como si Garalay le estuviera susurrando al oído lo que debía hacer.&lt;br /&gt; Y lo hizo.&lt;br /&gt; Cerró su mano izquierda, la extendió de forma que se viera el anillo de hierro y dijo, esperando que de alguna manera, aquellos hombres entendieran el ardiés:&lt;br /&gt; -He vuelto.&lt;br /&gt; Nunca hasta entonces un discurso tan corto había causado una reacción tan espectacular. Los siete hombres cayeron de rodillas, y el que parecía el más viejo incluso se echó a llorar.&lt;br /&gt; Y luego, en un ardiés vacilante, les invitaron a su aldea.&lt;br /&gt; No era más que un círculo de cabañas situadas alrededor de una pequeña plaza. Níkelon pensó que debía estar construida sobre el único terreno seco que había por allí. Había otras cabañas construidas sobre los arbustos más altos (que allí debían tener categoría de árboles), y una especie de cobertizo algo alejado.&lt;br /&gt; Níkelon fue recibido con un entusiasmo que casi le dio miedo. Aunque las Damas Grises se lo habían dicho, no esperaba que de verdad aquella gente le hubiera estado esperando durante cien años, que recordasen y creyesen cada palabra que había pronunciado Hildwyn. En un instante toda la aldea se movilizó para prepararles una cena, alojamiento y cualquier cosa que desearan. Sacaron todas sus reservas de una especie de bulbos y tubérculos que debían constituir la base de su alimentación, les sirvieron agua limpia y fresca (Níkelon se preguntó de dónde la sacarían) y una especie de cerveza suave, e incluso sacrificaron y asaron un ternero.&lt;br /&gt; Desde que habían salido del Valle no habían comido tan bien. Níkelon miró de reojo a Briana, que parecía maravillada ante tantos manjares, y se preguntó cuánto tiempo habría pasado la muchacha sin probar una comida decente.&lt;br /&gt; -¿Te quedarás con nosotros?&lt;br /&gt; Níkelon dejó de comer, algo avergonzado de sus modales, y bajó la mirada hacia la cara del niño. Jelwyn sonrió.&lt;br /&gt; -Claro que se quedará con vosotros. Para eso ha venido.&lt;br /&gt; Todo había ocurrido tan deprisa que a las Damas Grises no les había dado tiempo a explicarle a Níkelon lo que debía hacer en los Pantanos. Liberarles... se decía muy pronto, pero él no tenía ni idea de cómo se liberaba a la gente.&lt;br /&gt; -¿Puedo ver la espada? -preguntó uno de los ancianos. Níkelon la desenvainó y la dejó clavada en el suelo, advirtiendo con la mirada a Jelwyn que no se riese. La gente de los Pantanos se quedó mirándola con la boca abierta, con los ojos fijos en las dos «tes» grabadas cerca de la empuñadura. Níkelon esperaba que de un momento a otro alguien se arrodillara para adorarla.&lt;br /&gt; Pero un risueño alboroto estropeó la solemnidad del momento: unas muchachas se habían atrevido por fin a acercarse a Briana y a tocarle el pelo. La joven lossianesa no había sabido reaccionar de otro modo que quedándose quieta y esperar que se cansasen de ella. No había dado resultado. En aquel momento, estaban abrumándola a preguntas sobre las características de su cabello, cómo lo cuidaba y si aquel era su color natural.&lt;br /&gt; -¿La chica es tuya? -le preguntó el anciano a Níkelon.&lt;br /&gt; Níkelon estuvo a punto de contestar que Briana no era de nadie, que había elegido acompañarles por su propia voluntad, pero entonces su mirada cayó sobre Jelwyn, que observaba la escena como preguntándose si debía intervenir, y respondió:&lt;br /&gt; -De él.&lt;br /&gt; Jelwyn volvió la cabeza como si le hubiera mordido algo. Níkelon respondió a su mirada furiosa con una inocente sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114597882851860284?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114597882851860284/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114597882851860284&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114597882851860284'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114597882851860284'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/04/resumen-del-captulo-6-y-captulo-7.html' title='Resumen del Capítulo 6, y Capítulo 7'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114536825189692593</id><published>2006-04-18T15:46:00.000+02:00</published><updated>2006-04-18T15:50:51.926+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 5, y Capítulo 6</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el capítulo anterior: Briana les explicó quién es a sus dos "rescatadores" y mientras tanto, Alwaid, Vidrena y Garalay escaparon por los pelos de la destrucción de la Fortaleza de los Pantanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; CAPÍTULO 6&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Problemas, problemas... ¿acaso la vida es otra cosa que un gran problema? (Arnthorn el intrépido)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; La Reina Madre de Galenday se había despertado temprano, había cumplido con sus ya escasos deberes protocolarios (un par de audiencias y una docena de cartas) y se había sentado en la terraza a bordar un poco antes de que comenzara a molestarla todo el mundo. Sabía que podía estar tranquila mientras las princesas y los pequeños nobles sufrían sus clases, los entrenamientos con las armas y demás obligaciones que los mantenían ocupados hasta el mediodía.&lt;br /&gt; No sabía que él ya había llegado a Crinale, así que se sorprendió al verle andando por el jardín, pero no tanto como cuando se detuvo a un par de pasos de ella, con expresión severa, y dijo con voz grave:&lt;br /&gt; -Vos lo sabíais.&lt;br /&gt; Sonaba como una acusación. La anciana Reina levantó la cabeza del bordado y contempló a su segundo nieto, embutido en su deslumbrante armadura, con el casco bajo el brazo y las espuelas más afiladas de Galenday.&lt;br /&gt; -¿A qué os referís, Alteza?&lt;br /&gt; -No os hagáis la tonta, Majestad, sabéis a qué me refiero.&lt;br /&gt; -Mi Señor, sé muchas cosas, pero no puedo reconocer que las sé si no me decís cuál de todas creéis que sé.&lt;br /&gt; Le habría invitado a sentarse a su lado, pero sabía que con aquella armadura (¡por los mil dioses! ¿Qué hacía él con armadura a aquellas horas?) iba a necesitar ayuda para levantarse.&lt;br /&gt; -Dónde está Níkelon. Sé que lo sabéis. No es posible que vuestra amiga Dinel no os lo haya dicho. Si es que no lo habéis planeado entre las dos.&lt;br /&gt; -Está bien, lo reconozco. Sé dónde se supone que debería estar vuestro hermano -Apartó el bordado y se levantó para mirarlo a los ojos- ¿Tenéis algo más que preguntarme?&lt;br /&gt; -He perdido casi un mes buscándole en Galenday. ¿Por qué no me dijisteis desde el principio que fue secuestrado por un ardiés? ¿Por qué he tenido que enterarme por las habladurías de un juglar borracho?&lt;br /&gt; -¿Un juglar?&lt;br /&gt; -Estaba durmiendo en el establo aquella noche y oyó lo que ocurría. Me contó que había oído ruido de lucha, a Níkelon suplicando por su vida y al ardiés ordenándole que le acompañase. ¡Oh, abuela! ¿Cómo se puede consentir tal afrenta?&lt;br /&gt; -No, no lo habéis entendido bien, estoy segura de que no ocurrió así...&lt;br /&gt; Anhor sonrió.&lt;br /&gt; -Habéis guardado el secreto en vano. Cuando le he contado a Su Majestad lo que le ocurrió a Níkelon en Gueldou, me ha ordenado partir a Ardieor enseguida para rescatarle. Mi escolta y yo partiremos dentro de una hora, y poco después saldrán mensajeros hacia todos los Señoríos de Galenday.&lt;br /&gt; -¿Para qué? -preguntó la Reina, aunque ya se lo temía.&lt;br /&gt; -¿Para qué creéis? Esos malditos traidores van a devolvernos a Níkelon aunque tenga que retarles a duelo uno a uno.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Vidrena había esperado que la caída de la Fortaleza hubiera producido una gran conmoción en los Pantanos. Al menos, una cierta sensación de libertad en la atmósfera, o de limpieza en el aire. Pero el olor a putrefacción, el aspecto enfermizo de todo lo que la rodeaba y el burbujeo de los gases en las aguas cenagosas permanecían tal como ella lo recordaba.&lt;br /&gt; Y además estaba hambrienta. Habían estado caminando, guiadas por Alwaid, todo el día, hasta el gris atardecer de los Pantanos. Por el camino habían recogido unas cuantas ramas secas, o por lo menos todo lo secas que podían estar allí, y Vidrena había tenido la paciencia de frotar las que parecían más secas hasta hacer brotar una llama.&lt;br /&gt; -Una lástima que no tengáis nada que asar en ella -bromeó Alwaid, que, como aún no había terminado de digerir su comida, podía sentirse generosa con las dos humanas hambrientas.&lt;br /&gt; -¿Qué tal tu lengua?&lt;br /&gt; -No os la aconsejo, dicen que es venenosa.&lt;br /&gt; La situación era estúpida, pensó Vidrena, ellas tres solas mientras atardecía, alrededor de una hoguera de segunda clase, sin comida, sin mantas, ni agua digna de tal nombre. Sin poder hacer otra cosa que mirarse las caras, y, maldita fuera ella, la de Alwaid la conocía demasiado bien, y la de la Lym le traía malos recuerdos.&lt;br /&gt; Garalay estaba mirando la espada del muerto. Al principio, Vidrena había tenido la esperanza de que fuera un arma mágica, pero lo único prodigioso en aquella espada era el hecho de que pudiera soportar tanto óxido sin caerse a pedazos.&lt;br /&gt; Vidrena sonrió.&lt;br /&gt; -¿Te importaría demostrarme lo que te han enseñado a hacer con una espada?&lt;br /&gt; -Solo recibí dos años de Adiestramiento.&lt;br /&gt; Vidrena se levantó.&lt;br /&gt; -Hagamos un poco de ejercicio.&lt;br /&gt; Alwaid arqueó las cejas.&lt;br /&gt; -¿Aún no has hecho bastante ejercicio?&lt;br /&gt; Garalay miró a los ojos de Vidrena. Reconocía aquella mirada. La había visto miles de veces en los ojos de su padre y sus hermanos, incluso en los de Kayleena. Vidrena quería divertirse.&lt;br /&gt; Suspiró, de forma que su verdadera opinión quedase bien clara, y se levantó. Adoptó la posición de "en guardia" tal como la recordaba. Vidrena alzó las cejas en señal de desaprobación.&lt;br /&gt; -¡Esa espada más alta! -Garalay tragó saliva y obedeció- ¡Y esos pies más separados!&lt;br /&gt; Hasta que Garalay no estuvo en la posición que consideró correcta, Vidrena no desenvainó a Wirda. El ataque fue tan fulminante que Garalay ni siquiera pudo explicarse cómo había volado la espada de su mano.&lt;br /&gt; -¿Ya no os explican aquello de que una espada es como un pájaro?&lt;br /&gt; Vidrena recogió la espada del suelo y se la entregó a Garalay. Aquella vez la lym se defendió algo mejor, pero su espada volvió al suelo.&lt;br /&gt; Alwaid carraspeó.&lt;br /&gt; -Perdón por interrumpir, pero me ha picado la curiosidad. ¿Qué clase de pájaro?&lt;br /&gt; -Uno de esos pequeños y delicados, pero muy listos. Si lo aprietas demasiado, se muere. Si no lo aprietas lo bastante... vuela.&lt;br /&gt; Por tercera vez, la espada de Garalay se convirtió en pájaro.&lt;br /&gt; Alwaid se rió con tantas ganas que casi cayó de espaldas.&lt;br /&gt; Una violenta oleada de sangre subió a la cabeza de Garalay. Por muy antepasada suya que fuera, no iba a dejar que Vidrena la pusiera en ridículo delante de la Señora de los Pantanos.&lt;br /&gt; -¡No necesito saber manejar una espada! ¡Soy una lym!&lt;br /&gt; Alargó la mano, y su espada se alzó del suelo y voló hacia ella, mientras Wirda huía de la mano de Vidrena y se clavaba donde antes había estado la otra. Con una sonrisa siniestra, Garalay apoyó la punta de su espada en la garganta de Vidrena.&lt;br /&gt; Los ojos de Vidrena estaban llenos de miedo, pero Garalay sintió que no temía a su espada.&lt;br /&gt; -¿Quién eres?&lt;br /&gt; Por un breve instante, cuando se había despertado en el Mundo Borroso, Vidrena ya la había mirado de aquella manera.&lt;br /&gt; -La lym de la Dama gris de Dagmar, ¿recuerdas? Te lo dije. Pero si te refieres a mi verdadero nombre, mi madre me llamó Dagmar.&lt;br /&gt; -Lo sabía -murmuró Vidrena.&lt;br /&gt; -Pero mis amigos me llaman Garalay.&lt;br /&gt; Vidrena apartó la espada con el canto de la mano.&lt;br /&gt; -Yo te llamaré Lym. -Se inclinó, recogió a Wirda del suelo y la envainó-. Es lo que eres, ¿no?&lt;br /&gt; Garalay se sintió más estúpida que nunca en su vida. Más estúpida incluso que aquella tarde con Níkelon en el Círculo de Piedras.&lt;br /&gt; -Lo siento, Dren, no sé lo que me ha ocurrido.&lt;br /&gt; -No importa.&lt;br /&gt; -Dren, yo...&lt;br /&gt; Nunca llegó a terminar la frase. Un súbito dolor, como si la hubiera atravesado una hoja de acero al rojo, la hizo caer de rodillas. Desde muy lejos, oyó la voz de Alwaid.&lt;br /&gt; -¿Qué le ocurre?&lt;br /&gt; Vidrena la hizo callar con un solo gesto. Garalay levantó la cabeza. Parecía estar llorando. A la luz del fuego, Vidrena creyó ver hasta las lágrimas, unas gruesas lágrimas rojas que resbalaban por las mejillas, la nariz, la barbilla, y caían sobre la ropa sin mancharla.&lt;br /&gt; -Creía que vosotras no podíais hacer eso.&lt;br /&gt; -Yo también lo creía.&lt;br /&gt; Una parte de Garalay las estaba oyendo y se preguntaba de qué estaban hablando. La otra estaba en el Valle de Katerlain, mirando cómo el Señor de Ardieor luchaba con Lajja. Vio cómo él la miraba, y leyó en su mirada que él la había visto, y también que aquella lucha era más que nada una cuestión de principios. El veneno de las Damas Grises fluía por sus venas, paralizando su cuerpo poco a poco, helando su corazón. Como si fuera necesario, pensó la parte de Garalay que sabía que estaba en los Pantanos.&lt;br /&gt; El Señor de Ardieor cayó muerto al suelo. Garalay se cubrió la cara con las manos, y cuando la levantó, Vidrena no se sorprendió al no ver ni rastro de lágrimas en ella.&lt;br /&gt; -¿Quién?&lt;br /&gt; Garalay se lo dijo. Vidrena se mordió los labios.&lt;br /&gt; -Una más en la cuenta de Mami.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Las jeddart de la Guardia de Kayleena se consideraban a si mismas muy especiales. Para empezar, eran la única Compañía de Ardieor integrada solo por mujeres, y ni siquiera se las llamaba Compañía, entre otras cosas porque no tenían Capitana fija. El cargo correspondía por turnos trimestrales a todas las que hubieran permanecido más de tres años en la Guardia.&lt;br /&gt; Aquel trimestre, la Capitana de la Guardia de Kayleena era Yarla Andlier, de veinticuatro años, nariz respingona, pelirroja, con una sorprendente escasez de pecas en la cara y una no tan sorprendente escasez de rodeos y contemplaciones. Una fea cicatriz en su muslo derecho y otra en el hombro, muy cerca del cuello, aparte de otras casi invisibles en diversas partes de su cuerpo, demostraban que al menos de temeridad no andaba escasa.&lt;br /&gt; En su calidad de Capitana, le había correspondido dar la bienvenida a Norwyn y la Segunda del Valle, y todos sus acompañantes, acomodarles lo mejor que había podido en la Casa Aletnor, escoger una pequeña escolta para Lym Vaidnel, que insistía en ir al Castillo a entregar su mensaje a la Dama Gris a pesar de la hora que era, y tratar de escuchar con el oído pegado a la cerradura de los aposentos de Kayleena qué demonios había ocurrido para que se presentaran de madrugada, con tanta gente y al parecer, para quedarse.&lt;br /&gt; Cuando regresó al dormitorio común de la Guardia, sus mejillas se habían vuelto del color del pergamino. Cuando terminó de contarles a sus compañeras que el Señor de Ardieor había sido depuesto, que el Hechizo del Valle se había roto, Layda había sido secuestrada, Jelwyn se había ido a buscarla y nadie sabía dónde estaban Garalay, el Sello Ardiés ni Níkelon (aunque Nor sospechaba que el galendo se había ido con Jelwyn), todas se quedaron igual de pálidas.&lt;br /&gt; Las que permanecían sentadas, se levantaron de un salto al percibir los pasos que se acercaban, y cuando Kayleena entró, las cien jeddart se dejaron caer sobre una sola rodilla (un jeddart nunca se arrodilla del todo) e inclinaron la cabeza.&lt;br /&gt; -No hagáis tonterías, no soy la Señora de Ardieor. Solo he aceptado representarle hasta que regrese.&lt;br /&gt; -¿Y si no..?&lt;br /&gt; -Lo hará. Jelwyn no es de los que se dejan matar. Ahora estad preparadas. Tengo el presentimiento de que Dulyn vendrá muy pronto a reclamar lo que cree que le pertenece.&lt;br /&gt; -¡Que lo intente! -La jeddart sonrió de una forma que dejaba ver más de lo deseable una feroz dentadura- Se va a enterar de lo que es bueno.&lt;br /&gt; Kayleena levantó la mirada y suspiró. Había esperado que hubiera complicaciones desde que Norwyn le había dicho que tenía permiso de Jelwyn para matar a su testarudo primo si era necesario. Seguro que se lo había contado a toda la Guardia.&lt;br /&gt; Como en respuesta a la bravuconada de la joven, unos fuertes golpes procedentes de la puerta exterior resonaron en toda la casa.&lt;br /&gt; -¡Por las enaguas de Rhaynon, qué pronto ha reaccionado!&lt;br /&gt; -Chicas, formalidad. Que nadie mate a nadie sin mi permiso. Y vigilad vuestro lenguaje, que os conozco.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Vidrena no tenía sueño. Nadie lo tendría después de haber dormido cien años, pero ni siquiera antes Vidrena había sido de las que duermen toda la noche. Levantó la cabeza para mirar las estrellas, solo para recordar que en Ternoy no las había.&lt;br /&gt; Hacia el sur estaba Dagmar. Vidrena procuró suspirar en voz baja para no despertar a Garalay. Deseaba con todas sus fuerzas ir hacia el sur, a ver qué había hecho Alwaid con su castillo, sentir tierra ardiesa bajo sus pies y ver estrellas al levantar la cabeza por la noche. Pero no era posible. Cosas más importantes la esperaban en el norte.&lt;br /&gt; -¿Pensando otra vez, Dren?&lt;br /&gt; -¿Tú tampoco puedes dormir?&lt;br /&gt; -De noche no -Alwaid miró a Garalay, que dormía hecha un ovillo al lado de los rescoldos de la hoguera- Es bonita, ¿verdad?&lt;br /&gt; -No tiene más remedio, es mi tataranieta -Vidrena no pudo evitar un escalofrío. Hasta que había pronunciado la palabra, no se había dado cuenta de lo vieja que era ella en realidad. Miró a Alwaid-. Podrías haberme dejado morir, allí abajo. Te habría bastado con no matar a aquel bicho, o cerrarme la puerta de salida del túnel en las narices y dejar que la Fortaleza me aplastara.&lt;br /&gt; -Sí, y luego vérmelas con una Lym furiosa. Ya has visto lo que puede hacer. -Garalay se removió inquieta en sueños y murmuró algo. Alwaid bajó la voz- ¿Sabes en qué nos estamos metiendo, Dren? -Vidrena no contestó-. No tenemos comida, no tenemos más armas que nuestras espadas y mi ballesta, y solo me dio tiempo a coger tres o cuatro dardos antes de que derribaras la Fortaleza...&lt;br /&gt; -¿Tengo yo la culpa de que tu famosa fortaleza estuviera tan mal construida que se cayó al romperse una columna? -Alwaid apretó los labios y miró el fuego.- Improvisaremos.&lt;br /&gt; Alwaid le devolvió la mirada.&lt;br /&gt; -Improvisaremos -repitió- Bueno, es tu vida. Yo, como ya estoy muerta...&lt;br /&gt; -¿Qué se siente?&lt;br /&gt; -Es incómodo. No te imaginas lo difícil que es peinarse sin un espejo. Beber sangre tiene gracia los diez primeros años, pero con el tiempo se vuelve monótono. A veces sueño con ensaladas y filetes muy hechos. ¡Menos mal que nunca me ha gustado el ajo!&lt;br /&gt; -Tendrá sus compensaciones.&lt;br /&gt; Alwaid sonrió.&lt;br /&gt; -Bueno, hasta hace un par de días, no tenía que preocuparme por que alguien me matase.&lt;br /&gt; -De momento, puedes dormir tranquila.&lt;br /&gt; -Quiero que sepas que solo cumplía con mi deber. Si hubiéramos estado en el mismo bando hasta me habrías caído bien. Incluso creo que empezabas a gustarme.&lt;br /&gt; Vidrena pensó que prefería no saber qué le habría hecho Alwaid si ella no hubiera estado empezando a gustarle. Y aquello le recordó que hacía tiempo que quería preguntarle algo a su gemela maligna.&lt;br /&gt; -¿Ella te habló alguna vez de Gartwyn?&lt;br /&gt; No le había dado ninguna entonación especial, pero Alwaid sabía tan bien como ella a quién se refería el pronombre. Vidrena la notó un poco nerviosa al responder:&lt;br /&gt; -¿A qué viene eso ahora?&lt;br /&gt; -Cuando creyó que yo sería lo bastante mayor para entenderlo, mi abuelo me llevó a pasear donde no pudieran molestarnos y me dijo: "Dren, como sé que pronto comenzarás a oír cosas, voy a contarte la verdad antes de que lo haga otro". Y me explicó que nadie sabía quién era mi madre, excepto tal vez Dinel, y ella no quería decirlo, y que mi padre vivía en Crinale con su esposa y mis medio hermanos. Así que he pensado que tal vez a ti te ocurrió algo parecido.&lt;br /&gt; Alwaid tardó tanto en contestar que Vidrena creyó que se había dormido.&lt;br /&gt; -Ella me lo explicó todo desde el principio. Mi origen, sus motivos y mi misión en la vida. Me mostró varias veces a Gartwyn en el Espejo. Le Miraba a menudo. Incluso vimos cómo te quedabas paralizada como una idiota mientras aquella criatura le apuñalaba. ¿Qué te ocurrió, Dren? ¿Un ataque de miedo?&lt;br /&gt; Vidrena resopló.&lt;br /&gt; -Deberías haber conocido a Igron. Hacéis buena pareja.&lt;br /&gt; De repente, le llegó una imagen a la mente. La cara de Tairwyn ante las ruinas de Graynan, y su juramento de vengarse de quien hubiera hecho aquello. Se preguntó si él consideraría una especie de traición que ella aún no hubiera clavado una estaca en el corazón de Alwaid.&lt;br /&gt; -Tú has empezado -Alwaid sonrió-. ¿Sabes por qué ella no puede pronunciar tu nombre?&lt;br /&gt; -¿Algún defecto en la lengua?&lt;br /&gt; -Porque no es el que ella te dio. Fue Dinel quien te lo puso después de secuestrarte.&lt;br /&gt; -Es curioso, Dinel lo llamó rescate.&lt;br /&gt; -¿Nunca te has preguntado por qué te rescató a ti y no a mí? ¿Si se guió por algún criterio o se limitó a llevarse a la primera que vio? -Miles de veces, pensó Vidrena, pero no iba a reconocerlo ante Alwaid-. ¿Si te eligió porque la mayoría de los hombres se sienten más dispuestos a morir por una heroína rubia, o si lanzó una moneda al aire para decidirse? ¿Nunca te has preguntado si no eres yo por el espesor de una moneda?&lt;br /&gt; -Seguro que hubo un motivo.&lt;br /&gt; -Tu madre te llamó Asrin. Ése es el nombre que sabe pronunciar.&lt;br /&gt; -Sus defectos de pronunciación no son problema mío.&lt;br /&gt; Alwaid movió la cabeza.&lt;br /&gt; -La legendaria testarudez ardiesa.&lt;br /&gt; Ninguna de las dos volvió a hablar en toda la noche.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Dulyn había irrumpido en la habitación de la Dama Gris mientras ella hacía inventario de las existencias de hierbas medicinales. La joven había dado órdenes de que no la molestasen, pero al ver la cara de Dulyn se había tragado la protesta. No se había quejado cuando él la había casi arrastrado al patio de armas con bruscos modales ni cuando había visto que allí les esperaban ni más ni menos que siete jeddart. Así que esas tenemos, había pensado mientras cabalgaban al paso hasta la Casa Aletnor. Iba a ser divertido.&lt;br /&gt; Kayleena les había hecho esperar. La Dama Gris observaba con disimulo cómo la vena de la frente de Dulyn se hinchaba cada vez más, hasta que Kayleena entró en la Sala. La Dama Gris no necesitó más que una ojeada para ver que ella también llevaba una escolta de siete. Yarla, Norwyn, tres chicas de la Guardia y dos jeddart del Valle.&lt;br /&gt; Y Dulyn estaba a punto de hacer el idiota como siempre.&lt;br /&gt; -Buenas noches, sobrino. ¿No podías dormir?&lt;br /&gt; -Vamos al grano, Dama Kayleena. Quiero el Juramento. Ahora mismo.&lt;br /&gt; Kayleena miró a la Dama Gris.&lt;br /&gt; -Bienvenida, Artdia Comelt. ¿Has venido a visitar a tus compañeras?&lt;br /&gt; -Déjate de evasivas, Kayleena. Mi tío ha enloquecido, Layda ha desaparecido y Jelwyn ha huido de Ardieor, así que yo soy el Señor de Ardieor -Kayleena ladeó la cabeza, con una semisonrisa incrédula-. Estoy esperando.&lt;br /&gt; -Por mí puedes esperar a que te crezca barba y te llegue al suelo, sobrino. Si alguien tiene derecho a ser la Señora de Ardieor soy yo.&lt;br /&gt; -Mi padre...&lt;br /&gt; -Tu padre está muerto, Dulyn. Yo soy la pariente viva más cercana del Señor de Ardieor, así que el Sello me corresponde a mí. Recuerdas nuestras leyes y costumbres, ¿verdad?&lt;br /&gt; Cuando Kayleena pronunciaba con tanta suavidad y delicadeza cada palabra, era el momento de correr para ponerse a salvo. Pero Dulyn debía estar en uno de sus días temerarios.&lt;br /&gt; -Ya es hora de que algunas costumbres cambien.&lt;br /&gt; -Los Aletnor de Dagmar hemos gobernado Ardieor desde el principio, y lo seguiremos gobernando mientras los ardieses quieran. No vamos a renunciar por el capricho del descendiente de una princesa deshonrada y del segundón de un hidalgüelo del Sur de Galenday.&lt;br /&gt; Dulyn respingó como si le hubieran golpeado el codo contra algo puntiagudo. La Dama Gris, que, como todo Ardieor, sabía lo orgulloso que estaba Dulyn de su lejano parentesco con la Casa Real de Galenday, apenas pudo contener una sonrisa maliciosa. Y estuvo al borde de la risa histérica cuando vio que Kayleena miraba de soslayo a «Vidrena conquistando el Castillo Negro», tal vez temerosa de que la antigua Señora de Ardieor saltase del tapiz para vengar el insulto a su hermana.&lt;br /&gt; -Di los Aletnor del Castillo Negro. ¿Por qué no reclamas de paso el trono de Ternoy? O mejor aún, ¿por qué no les entregas Lo que Queda de Ardieor? Después de todo, tus gloriosos antepasados ya entregaron el resto.&lt;br /&gt; -Y tu anterior Dama Gris era una traidora.&lt;br /&gt; La Dama Gris hizo un intento de llamada a la sensatez. La Orden estaba de parte de los Aletnor de Dagmar hasta la muerte y más allá, recordó. Pero las Damas Grises siempre habían guardado un poco de su lealtad para los Gobernadores de las ciudades donde vivían.&lt;br /&gt; -¿Por qué no convocamos un Consejo y lo..?&lt;br /&gt; Por una vez, Dulyn y Kayleena se mostraron de acuerdo.&lt;br /&gt; -¡NO!&lt;br /&gt; -Solo era una idea.&lt;br /&gt; -Si no has venido a jurar lealtad hasta la muerte y más allá al verdadero Señor de Ardieor, es mejor que te vayas, sobrino. Y no regreses hasta que estés dispuesto a portarte como un jeddart.&lt;br /&gt; La Dama Gris miró a su alrededor. Veía, lo mismo que debía estar viendo Dulyn, que a la escolta de siete se habían unido al menos otros siete jeddart, todos con la misma expresión ceñuda que Norwyn y las manos en las empuñaduras de sus espadas. Una persona sensata, pensó, ya estaría doblando la rodilla. Pero estaban tratando con Dulyn de Comelt.&lt;br /&gt; -Nos vamos. Pero si nosotros no podemos entrar en esta casa, Señora, tú no podrás salir. Artdia Comelt, nos vamos.&lt;br /&gt; Ella sintió que se le secaba la garganta. Notó las miradas fijas en ella, los alientos contenidos en espera de una respuesta. Incluso creyó oír los latidos de los corazones.&lt;br /&gt; -No.&lt;br /&gt; Dulyn inclinó la cabeza. La Dama Gris supuso que ya se lo esperaba.&lt;br /&gt; -Como quieras.&lt;br /&gt; Y él y su escolta salieron con las barbillas apuntando al cielo y las espaldas rectas como lanzas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114536825189692593?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114536825189692593/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114536825189692593&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114536825189692593'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114536825189692593'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/04/resumen-del-captulo-5-y-captulo-6.html' title='Resumen del Capítulo 5, y Capítulo 6'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114462266936894602</id><published>2006-04-10T00:37:00.000+02:00</published><updated>2006-04-10T00:44:29.396+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 4, y Capítulo 5</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el capítulo anterior:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Vidrena y Garalay sacaron a Alwaid de las mazmorras de  la Fortaleza de los Pantanos, mientras Jelwyn y Níkelon tratan de acostumbrarse a la idea de que ahora tienen una compañera.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; CAPÍTULO 5&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hacia el Oeste se fueron y no regresaron más (Balada de Garlyn de Ardieor, citada en "Jalen y Hindy")&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; Jelwyn despertó sobresaltado. No debería haberse dormido haciendo la guardia, fue lo primero que pensó. Lo segundo fue mirar hacia sus mantas a ver qué hacía la chica. Maldijo en voz baja al darse cuenta de que ella se había ido.&lt;br /&gt; Las mantas aún estaban calientes, no debía hacer mucho que se había marchado, podía alcanzarla y darle su merecido.&lt;br /&gt; Fue fácil seguir el rastro. Ella no se había molestado en disimularlo. Lo primero que Jelwyn se encontró fue a Gris, que primero le ladró y luego le saludó como si no le hubiera visto en años. Y luego se dio cuenta de que había estado oyendo un chapoteo que se interrumpió en cuanto la perra comenzó a ladrar. Atravesó el matojo de juncos y la vio.&lt;br /&gt; Estaba arrodillada a la orilla de lo que parecía una pequeña laguna de agua naciente. Se había desabrochado el vestido, se las había arreglado para recogerse el cabello en una especie de nudo y se estaba frotando el cuello y detrás de las orejas con todas sus fuerzas. Soltó un chillido de protesta al verle y trató de cubrirse con el vestido. No había mucho que cubrir, se dijo Jelwyn, pero apreció el detalle.&lt;br /&gt; -¿Qué estás haciendo?&lt;br /&gt; La respuesta fue tan desafiante como su mirada.&lt;br /&gt; -Lavarme.&lt;br /&gt; -No te servirá de mucho si luego vuelves a ponerte eso.&lt;br /&gt; -Lo siento, no tuve tiempo para coger ropa limpia cuando me arrojaron al mar.&lt;br /&gt; Jelwyn estuvo a punto de soltarle un discurso sobre la importancia de ser prevenida, pero se lo pensó mejor. Por un momento, se preguntó qué habría querido decir ella con lo de que la habían “arrojado al mar”.&lt;br /&gt; -No te muevas de aquí.&lt;br /&gt; Y dio media vuelta para regresar al campamento antes de que ella pudiera contestarle.&lt;br /&gt; Encontró a Níkelon sentado en sus mantas, apuntándole con la ballesta.&lt;br /&gt; -Baja eso, podrías hacerle daño a alguien.&lt;br /&gt; -¿Dónde te habías metido?&lt;br /&gt; Jelwyn abrió las alforjas y comenzó a buscar su ropa de repuesto.&lt;br /&gt; -Tu chica se había fugado, y he ido a perseguirla.&lt;br /&gt; -No es mi chica. ¿La has encontrado?&lt;br /&gt; Jelwyn tomó la camisa y los pantalones, los enrolló para que ocuparan menos sitio y se los acomodó bajo el brazo.&lt;br /&gt; -Suelo encontrar lo que busco. Ve encendiendo el fuego para el desayuno.&lt;br /&gt; Cuando regresó a la laguna (más bien un charco, se corrigió al volver a verla), la chica seguía en la misma postura. Jelwyn depositó el bulto en un lugar que le pareció bastante seco.&lt;br /&gt; -Ropa limpia y jabón -Ante su mirada sorprendida, añadió-: Nunca se sabe lo que se puede encontrar por el camino. Si necesitas ayuda para algo, estaré aquí al lado.&lt;br /&gt; Tal vez ella pensara que era para vigilarla, pero le daba lo mismo. Llamó a Gris e hizo que la perra se sentara a su lado mientras escuchaba el frenético chapoteo de la joven intentando quitarse toda la suciedad de encima.&lt;br /&gt; -Nikwyn cree que eres una princesa, ¿es cierto?&lt;br /&gt; El chapoteo se detuvo un momento, como si ella se hubiera quedado tan sorprendida que no pudiera moverse. Jelwyn estaba a punto de repetir la pregunta cuando le llegó la respuesta.&lt;br /&gt; -No.&lt;br /&gt; Lo que él se imaginaba.&lt;br /&gt; -Vaya, se va a sentir muy decepcionado.&lt;br /&gt; -Si tan importante es para él, podéis decirle que lo soy, a mí me da lo mismo.&lt;br /&gt; Jelwyn soltó una carcajada.&lt;br /&gt; -Demasiado lista para ser una princesa. Pero es cierto que no eres de los Pantanos. ¿Naciste en las Tierras Peligrosas?&lt;br /&gt; -Señor, interrogar a una pobre doncella indefensa antes del desayuno no es propio de caballeros.&lt;br /&gt; -No soy un caballero.&lt;br /&gt; -No hace falta que lo juréis. Ni siquiera me habéis dicho vuestro nombre...&lt;br /&gt; -Pues estamos en paz. Tú tampoco me has dicho el tuyo.&lt;br /&gt; -No me lo habéis preguntado.&lt;br /&gt; La voz había sonado justo a su espalda. Jelwyn se levantó, se volvió poco a poco, en orgullosa demostración de que no le había sorprendido, y la miró de arriba a abajo.&lt;br /&gt; La ropa le venía grande, y se había doblado las perneras de los pantalones por encima de los tobillos y las mangas de la camisa hasta cerca del codo. Había improvisado un cinturón con una tira de su vestido, y un lazo para recogerse una coleta en la nuca con otra. El resto del vestido debía estar en el fondo de la laguna, anclado con una piedra o quizás con su propia suciedad. Jelwyn tardó un momento en darse cuenta de que le estaba tendiendo la pastilla de jabón.&lt;br /&gt; -Soy Briana. Briana Vaidnel, de Lossián.&lt;br /&gt; Jelwyn se guardó el jabón en el bolsillo.&lt;br /&gt; -Jelwyn Lym-Kara Aletnor -Procuró no sonreír-. De Katerlain -La miró de arriba a abajo- ¿Sabes que tienes un nombre muy largo para ser una chica tan pequeña? Te llamaré Bri. -Briana trató de protestar, pero él la interrumpió-. ¿De verdad lo eres?&lt;br /&gt; -¿Si soy el qué?&lt;br /&gt; -Una pobre doncella indefensa.&lt;br /&gt; Ella se ruborizó un poco.&lt;br /&gt; -¿Me creeríais si dijera que sí?&lt;br /&gt; -¿Y tú me creerías si te dijera que eres la primera que conozco? -se rió y le ofreció el brazo. Briana le miró como pensándose si debía sentirse ofendida, pero al final decidió que no valía la pena.&lt;br /&gt; Níkelon, que trataba de encender fuego, levantó la cabeza del patético montón de leña al oírles llegar. Sonrió y lanzó un silbido en voz baja al ver el nuevo aspecto de Briana.&lt;br /&gt; -Nikwyn, esta es Bri.&lt;br /&gt; -Briana -corrigió ella en voz baja, pero ninguno de los dos dio muestras de haberla oído.&lt;br /&gt; -Bri, él es Níkelon de Erdengoth, nada menos que un auténtico príncipe de Galenday. Se escapó de su palacio para vivir emocionantes aventuras.&lt;br /&gt; -Y he terminado en un pantano asqueroso con nada menos que un insoportable auténtico Señor de Ardieor que se cree muy gracioso.&lt;br /&gt; Los ojos de Briana se abrieron como impulsados por resortes.&lt;br /&gt; -¿Estoy en Ardieor?&lt;br /&gt; -No, en Ternoy. Ardieor está algo más al Sur -De repente, Jelwyn se dio cuenta de algo importante- ¿De dónde has dicho que eres?&lt;br /&gt; -De Lossián.&lt;br /&gt; -Lossián se hundió en el Mar Oriental.&lt;br /&gt; Briana suspiró como si llevase años oyendo aquella frase.&lt;br /&gt; -Mis antepasados eran unos sentimentales, le pusieron al nuevo país el nombre del antiguo.&lt;br /&gt; -Lossián... -murmuró Jelwyn como si se le estuviera ocurriendo alguna idea.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; En los pasadizos secretos de la Fortaleza de los Pantanos, la única iluminación era una fosforescencia procedente de la putrefacción de los hongos de las paredes. Un repugnante olor dulzón impregnaba el aire, y algunas gotas de humedad resbalaban por las paredes. Alwaid caminaba en la penumbra de aquel retorcido laberinto con la misma seguridad que Garalay por el bosque, escogiendo siempre la que parecía la bifurcación correcta y pasando sin prestar atención a señales o corredores que parecían más anchos o cómodos.&lt;br /&gt; -Tanto pasadizo secreto me parece falta de confianza en vosotros mismos.&lt;br /&gt; -Tú también tenías uno.&lt;br /&gt; -Uno, no toda la red de Caminos Reales de Galenday.&lt;br /&gt; Garalay sabía que no era cierto, al menos según las leyendas, pero no pensaba contradecir a Vidrena delante de Alwaid.&lt;br /&gt; -Por cierto, ¿dónde estaba?&lt;br /&gt; Por toda respuesta, Vidrena se rió.&lt;br /&gt; El pasadizo se ensanchó de repente en una amplia cámara. Los hongos parecían brillar más que en el resto de los pasadizos, sobre todo alrededor de una gruesa columna. Apoyado en la columna, había lo que parecía una armadura vacía. Vidrena se acercó a curiosear.&lt;br /&gt; En sus manos, la armadura sostenía una espada. Vidrena recordó que Garalay no tenía ningún arma, y pensó que aquella tenía un aspecto tan bueno como cualquier otra. Levantó poco a poco la visera del yelmo, y sintió un hormigueo en la boca del estómago cuando las cuencas vacías de una calavera le devolvieron la mirada.&lt;br /&gt; -Yo estaba mejor conservada. Lym, ¿sabes utilizar una espada?&lt;br /&gt; Por el tono de voz de Garalay advirtió que ella también intentaba disimular sus nervios.&lt;br /&gt; -Se clava por el extremo puntiagudo, ¿no?&lt;br /&gt; -Ya. ¿Adiestramiento básico?&lt;br /&gt; Descruzó con mucho cuidado las manos del muerto (no quería que una se le quedara en las suyas) y logró hacerse con la espada.&lt;br /&gt; -Dren.&lt;br /&gt; En la voz de Garalay se oía una tensión que Vidrena no pudo menos que reconocer. Se volvió, con Wirda en la mano izquierda y la otra espada en la derecha.&lt;br /&gt; Lo que vio casi hizo que las dos espadas se le cayeran al suelo.&lt;br /&gt; Un ser tan grande como su cabeza, de cuerpo globular, del que colgaban diez largos pedúnculos, la contemplaba con diez ojos situados en las puntas de otros tantos pedúnculos situados en la parte superior del globo. Una gran boca abierta dejaba ver unos dientes afiladísimos.&lt;br /&gt; -No te vas a apartar por las buenas, ¿verdad?&lt;br /&gt; Uno de los ojos se acercó a la cara de Vidrena. Ella retrocedió, y tropezó con la columna. Algo sorprendida, sintió que la columna temblaba. Pero le preocupaba más la idea de que estaba atrapada. Oyó a Garalay gritarle algo a Alwaid, pero no lo entendió.&lt;br /&gt; Un rápido movimiento de Wirda cortó el pedúnculo que sostenía el ojo que se había acercado a la cara de Vidrena. El bicho aulló y retrocedió, y una sangre negruzca manó de la herida. Vidrena estuvo a punto de resbalar con el pedúnculo que había caído al suelo, y mientras recuperaba el equilibrio, del muñón nació un ojo nuevo.&lt;br /&gt; Pero al retroceder, el monstruo había dejado espacio para que Vidrena atacase. Vidrena utilizó la espada del muerto para entretenerle cortando otro pedúnculo, mientras trataba de clavarle a Wirda en el centro del globo, donde suponía que debía hallarse, si no el corazón, al menos un órgano vital. El monstruo esquivaba sus ataques con rápidos desplazamientos a derecha e izquierda, o de arriba a abajo.&lt;br /&gt; Algo pasó por su lado y se estrelló en la columna. Parecía una bola de fuego. Vidrena oyó una exclamación furiosa de Garalay.&lt;br /&gt; Otro de los pedúnculos del monstruo salió disparado hacia su cuello con la evidente intención de estrangularla. Vidrena levantó las dos espadas para detenerlo.&lt;br /&gt; Y el monstruo cayó al suelo, muerto. Vidrena parpadeó, sorprendida. Entonces vio a Alwaid bajando la ballesta que había tomado de la pared.&lt;br /&gt; -¡Un Innombrable! Creía que ya no quedaban.&lt;br /&gt; -¿Un animalito de tu Emperatriz?&lt;br /&gt; -Tenía que ser más listo, pero los hizo demasiado pequeños, y no se pudo poner un cerebro más grande. Aunque dicen que el tamaño no es lo que importa.&lt;br /&gt; Vidrena rodeó el cuerpo lo más lejos que pudo por si le daba por regenerarse, y entregó la espada del guerrero muerto a Garalay.&lt;br /&gt; Algo crujió a su espalda. Alwaid respingó, y Garalay tenía una mirada horrorizada. La columna se estaba rompiendo. Mientras la miraban asombradas, se partió por la mitad. Los murciélagos que hasta entonces habían estado colgando del techo con quiróptera indiferencia, se soltaron y comenzaron a revolotear chillando.&lt;br /&gt; -¿Qué has hecho?&lt;br /&gt; -¿Yo?&lt;br /&gt; -¡Esto se hunde! ¡Tenemos que salir de aquí!&lt;br /&gt; Y, dando ejemplo, echó a correr por uno de los túneles que salían de la cámara. Vidrena indicó a Garalay que entrase tras ella, y salió la última.&lt;br /&gt; Ni siquiera la prisa y el miedo hicieron que Alwaid se equivocase de camino. El suelo temblaba, las paredes se estremecían, los murciélagos chillaban como dándoles prisa. A Garalay le dolía el pecho, por el esfuerzo y por la falta de aire. Oía tras ella la respiración jadeante de Vidrena, y se preguntó en qué forma estaría la Señora de Ardieor después de cien años sin hacer ejercicio.&lt;br /&gt; Cuando llegaron ante una pared, Garalay estaba ya tan desorientada que creyó que Alwaid se había equivocado (o tal vez no) y las había llevado a un callejón sin salida donde iban a morir aplastadas. Pero Alwaid volvió a tantear la pared en busca del resorte, y la puerta secreta se abrió con una facilidad que indicaba que debía utilizarse a menudo. Alwaid salió por ella con tanta velocidad como el dardo de su ballesta, y no dejó de correr hasta que se creyó a salvo. Agotada, se dejó caer al suelo, y Vidrena y Garalay cayeron a su lado. Los murciélagos, aún chillando, pasaron por encima de sus cabezas. Nunca volvieron a saber de ellos.&lt;br /&gt; Una grieta se abrió en la Fortaleza de los Pantanos, en zigzag desde el tejado a la base. Y mientras la miraban con la boca abierta, la grieta se ensanchó y el castillo, desde las almenas hasta las bases de los gruesos muros, se precipitó al suelo partido en dos. Los muros cayeron hacia adelante con un ruido que ensordeció a las tres observadoras, y una ola se extendió por las cenagosas aguas y empapó a las tres jóvenes.&lt;br /&gt; Garalay tosió, escupió y se limpió los ojos enfangados con la manga. A su lado, Vidrena se limitó a echarse hacia atrás el empapado cabello. Pero Alwaid se levantó y chilló:&lt;br /&gt; -¡Oh, no! ¡Mi madre va a matarme por esto!&lt;br /&gt; -Creía que ya estabas muerta -se oyó decir Garalay, sin poder creer que su voz sonase tan tranquila.&lt;br /&gt; -Es una forma de hablar.&lt;br /&gt; -Míralo por el lado bueno. Si cree que estás hecha papilla bajo unas ruinas, se llevará una sorpresa cuando lleguemos.&lt;br /&gt; -Vete a hacer gárgaras, Dren. ¡Ese era mi castillo!&lt;br /&gt; -Ahora ya sabes lo que se siente.&lt;br /&gt; Alwaid pateó el suelo con todas sus fuerzas. Levantó un par de pellas de barro, y una enorme rana huyó saltando al agua.&lt;br /&gt; Garalay miró a su alrededor. Hasta donde alcanzaba su vista, no había más que árboles achaparrados, de troncos y ramas retorcidos, matas de juncos y lagunas cubiertas de algas y plantas acuáticas, todo ello envuelto en una neblina que le daba un aspecto fantasmal.&lt;br /&gt; -Esta tierra está enferma.&lt;br /&gt; -No tanto como parece -Como en respuesta, se oyó el grito de un ave acuática.&lt;br /&gt; -Vamos a pasar mucho frío. ¿Alguien ha pensado en traerse mantas?&lt;br /&gt; -¿Cuándo? ¿Cuando se hundía mi Fortaleza, cuando unos murciélagos histéricos casi nos tiran al suelo o cuando corríamos por los pasadizos secretos como gallinas decapitadas?&lt;br /&gt; -No te lo tomes así, ¿vale? Tú eres la que conoce el camino, así que pongámonos en marcha antes de que se me congelen los pies.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Briana pensaba que durante el desayuno Jelwyn olvidaría sus planes de interrogarla, pero no conocía la legendaria testarudez ardiesa. Cuando hubieron terminado la comida sólida y la emprendieron con la sempiterna menta, de la que parecía poseer ingentes cantidades, Jelwyn volvió a intentar convencerla de que se quedara en la primera aldea de gente de los Pantanos que encontrasen. Briana, que comenzaba a creer que aquella gente de los Pantanos era un invento de Jelwyn, volvió a negarse con la más gentil de sus sonrisas.&lt;br /&gt; -Esa persona a la que tenéis que rescatar, ¿está aquí, en los Pantanos?&lt;br /&gt; Jelwyn la miró con los ojos entornados, como queriendo ver a través de ella, pero Briana no se inmutó.&lt;br /&gt; -Hagamos un trato: nosotros te hablamos de nuestra misión y tú nos cuentas cómo has llegado hasta aquí desde Lossián, donde quiera que esté.&lt;br /&gt; Si él esperaba resistencia, se debió quedar muy decepcionado.&lt;br /&gt; -Me parece justo. Comenzad.&lt;br /&gt; Jelwyn le habló del Valle de Katerlain, de la larga guerra contra Zetra, de la trampa que les había tendido ésta, de cómo se había llevado a Layda y de cómo él pensaba rescatarla quisiera ella o no ser rescatada y aunque fuera lo último que hiciera en su vida. Cuando terminó, ni él mismo se creía que hubiera podido ser tan sincero con alguien que casi acababa de conocer.&lt;br /&gt; -Ahora te toca a ti.&lt;br /&gt; Briana comenzó a hablar muy despacio, tratando de controlar sus palabras, temiendo decir algo de más. Pero había algo en la mirada de los dos hombres, sobre todo en la de Jelwyn, que la hizo sentir que, tal vez por primera vez en su vida, podía confiar en alguien.&lt;br /&gt; -Lossián está muy lejos de aquí, a orillas del Mar Occidental. El otro extremo de este continente. Según las leyendas, hay que atravesar un desierto y una estepa, o tal vez sea al revés, y entonces se llega a una cordillera montañosa, y al otro lado está Lossián. Pero desde que Garlyn llegó allí, nadie ha cruzado las montañas en ninguna dirección, así que no puedo asegurar que el desierto y la estepa sigan allí.&lt;br /&gt; «Desde la época en que Garlyn y sus hombres llegaron a Lossián, no hemos tenido más contacto con el exterior que los piratas de las Islas Occidentales, y la mayor parte del tiempo hemos estado en guerra con ellos. Así que creíamos que Ardieor ya no existía, y el resto del mundo no nos importaba. En Lossián tenemos lo necesario para vivir.&lt;br /&gt;  «Pero hace tres años comenzó la sequía. Cuando ya hacía un año que no llovía y los pozos y los manantiales, y hasta los ríos, comenzaban a secarse, y los piratas se volvían cada vez más numerosos y atrevidos, la Sacerdotisa del Templo de la Dama de Plata fue a visitar a un Oráculo, y el Oráculo dijo que todo se arreglaría si... si era sacrificada una doncella de buena familia. Solo había que adornarla con su vestido más bonito y sus mejores joyas y ponerla en una barca como ofrenda a los dioses del mar. Y yo fui la elegida por la Dama -Briana se dio cuenta de que Níkelon palidecía y Jelwyn apretaba las mandíbulas, pero ninguno de los dos la interrumpió-. Me pusieron en la barca, me dieron un narcótico para que fuera lo menos doloroso posible, y dejaron que me arrastrase la marea.&lt;br /&gt; -Y allá se fue nadando como un cisne... -murmuró Níkelon. Y por un momento le pareció oír otra voz, un poco burlona, que decía: Deberían haberle ahogado a él, por imbécil.&lt;br /&gt; -¿Cómo?&lt;br /&gt; -Nikwyn cree que tu historia es como una canción ardiesa. ¿Qué pasó luego?&lt;br /&gt; -Fui capturada por unos piratas que me llevaron a tierra y me vendieron a unos hombres rarísimos llamados kashis que me llevaron a un castillo cerca de aquí.&lt;br /&gt; -¿Qué castillo? -Jelwyn lo había dicho en un tono tan brusco que Briana se sobresaltó, pero él no se molestó en disculparse a pesar de la mirada de reproche de Níkelon.&lt;br /&gt; -No me dijeron cómo se llama.&lt;br /&gt; -¿Cómo es?&lt;br /&gt; Briana cerró los ojos y trató de ver de nuevo el castillo.&lt;br /&gt; -Está en lo alto de una colina. Tiene dos torres, una a cada extremo de un patio, y en medio del patio hay un árbol marchito. Me pregunto por qué no lo habrán arrancado.&lt;br /&gt; -¡Dagmar! Jel, ¿te das cuenta? ¡Ha estado en Dagmar!&lt;br /&gt; -¿Quieres callarte y dejar que continúe?&lt;br /&gt; -Ya no hay mucho que contar. He estado encerrada en un calabozo de ese castillo, sin ver a nadie más que a la mujer pálida y al hombre de negro, y un día me sacaron del calabozo para llevarme a algún lugar hacia el norte, pero conseguí deshacer los nudos de las cuerdas que me ataban y me escapé. Y ya sabéis el resto.&lt;br /&gt; -¿Qué hombre de negro?&lt;br /&gt; -Uno que estaba allí cuando... cuando llegué. Él hablaba como vos, y se dio cuenta de que yo le entendía pero no me delató. Vino a verme al calabozo y me prometió que me ayudaría. -En realidad, pensó Briana, él no le había prometido nada, pero casi lo había insinuado-. Pero desapareció y no volví a verle.&lt;br /&gt; -¿Llevaba el rostro cubierto por una máscara?&lt;br /&gt; -¿Le conocéis?&lt;br /&gt; -¿Alguna vez se llega de verdad a conocer a alguien?&lt;br /&gt; -Al menos le conoces lo bastante para querer matarle.&lt;br /&gt; -Tanto como él a mí. Estamos en guerra, no sé si habrás llegado a enterarte.&lt;br /&gt; Níkelon abrió la boca para decir algo al respecto, pero una mirada de Jelwyn hizo que se lo pensara mejor. Briana pensó que, si por un momento había llegado a ganarse la confianza del ardiés, estaba a punto de perderla, pero no pudo callarse.&lt;br /&gt; -Fue amable conmigo.&lt;br /&gt; -Seguro que sí.&lt;br /&gt; Briana se le quedó mirando como tratando de adivinar si había una segunda intención debajo de aquellas tres palabras y si en tal caso debía sentirse insultada.&lt;br /&gt; -Hacía tiempo que nadie se preocupaba tanto por mí.&lt;br /&gt; -El encantador Estrella Negra. Siempre preocupándose por las chicas en apuros.&lt;br /&gt; -¿Se llama así?&lt;br /&gt; Jelwyn se puso en pie.&lt;br /&gt; -Si ya has terminado de desayunar, creo que es hora de irnos.&lt;br /&gt; Níkelon la miró con una sonrisa de disculpa.&lt;br /&gt; -No es culpa tuya. Le gusta hacer esas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta la semana que viene.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114462266936894602?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114462266936894602/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114462266936894602&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114462266936894602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114462266936894602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/04/resumen-del-captulo-4-y-captulo-5.html' title='Resumen del Capítulo 4, y Capítulo 5'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114401734146978205</id><published>2006-04-03T00:27:00.000+02:00</published><updated>2006-04-03T00:35:41.490+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 3, y Capítulo 4</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Capítulo anterior: Mientras Jelwyn y Níkelon se encontraban con Briana, que trataba de huir de los trhogol, Garalay y Vidrena han encontrado a Wirda en el lugar más inesperado: Dagmar. Y han reaparecido en la Fortaleza de los Pantanos. Podría ser peor. O tal vez no.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; CAPÍTULO 4&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Nunca olvido a mis amigos. Ni a mis enemigos (Arnthorn el Intrépido)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Garalay se apoderó de una de las teas de la pared y observó el lugar donde se encontraban. La bóveda era alta, y en su techo las arañas parecían haber fundado toda una civilización. Había manchas de humedad en las paredes, pequeños charcos en el suelo y mucho polvo y restos de comida por todas partes. Incluso creyó distinguir un hueso de pollo, pero antes de que comenzara a preguntarse dónde criarían las gallinas, Vidrena tiró de su brazo.&lt;br /&gt; Había un estrecho corredor a su derecha. Los gritos del hombre procedían de su interior. Por lo tanto, Vidrena, en lo que al principio pareció un gesto sensato, la arrastró hacia otro un poco más ancho a su izquierda.&lt;br /&gt; Pasaron ante puertas cerradas con llave y con diminutas ventanas enrejadas a la altura de los ojos. Vidrena insistió en atisbar por cada una, como buscando a alguien, y Garalay se temía a quién. Como suele ocurrir, la persona a la que buscaban estaba en la última celda.&lt;br /&gt; La cerradura ofreció una resistencia solo testimonial a Wirda. Saltó en tantos pedazos que Garalay se sintió agradecida por no tener que recogerlos, aunque tanto estrépito debía haberse oído en todos los Pantanos. Vidrena detuvo su irrupción en la celda al ver que Garalay no la seguía con la antorcha. Se volvió y le hizo un gesto exasperado. Garalay no tuvo más remedio que obedecer.&lt;br /&gt; Alwaid colgaba de la pared por las muñecas. Las puntas de los dedos gordos de sus pies apenas rozaban el suelo, su camisa estaba rasgada por la espalda, y cuando la rodearon vieron a la luz de la antorcha las huellas de los latigazos.&lt;br /&gt; Vidrena levantó a Wirda, y golpeó con ella las cadenas. Las cortó como si fueran hilos y Alwaid cayó al suelo.&lt;br /&gt; -Levántate.&lt;br /&gt; Alwaid abrió los hinchados párpados y sonrió.&lt;br /&gt; -¿Vidrena? -murmuró, sin terminar de creérselo.&lt;br /&gt; -¿A quién esperabas? -Alwaid se incorporó poco a poco. Trastabilló y estuvo a punto de caer, pero Vidrena no hizo el menor ademán de ayudarla, y dirigió a Garalay una severa mirada para que ni lo intentara-. Date prisa antes de que nos descubran.&lt;br /&gt; -¿Nos descubran?&lt;br /&gt; -Por si aún no te has enterado, esto es un rescate.&lt;br /&gt; -¿Tú me estás rescatando? ¿Por qué? ¿Cómo sé que no es una trampa?&lt;br /&gt; -Si es una trampa, hermanita, es para mí. Y en cuanto a por qué te estoy rescatando... no estoy haciendo más que devolverte un favor.&lt;br /&gt; -Nadie ascenderá a mi costa -recordó Alwaid.&lt;br /&gt; -No te hagas ilusiones, tengo un par de deudas más que saldar contigo, pero cada cosa a su tiempo. Primero hemos de salir de aquí.&lt;br /&gt; -Tengo sed -Alwaid señaló a Garalay-. ¿Es para mí?&lt;br /&gt; Garalay dio un paso atrás, buscando la protección de Vidrena.&lt;br /&gt; -Hablaremos de tu sed cuando nos saques de aquí, ¿de acuerdo?&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Briana estaba envuelta en la manta de Jelwyn, junto al fuego recién encendido. Había comido carne seca, queso y manzanas frescas (no debía hacer ni una semana que habían estado en el árbol), y en aquel momento se calentaba las manos con un tazón de menta.&lt;br /&gt; -¿Qué es eso?&lt;br /&gt; El corazón de Briana fue a parar de un salto cerca de su páncreas. Jelwyn estaba señalando el Signo.&lt;br /&gt; -Una marca de nacimiento. ¿Y lo de vuestra cara?&lt;br /&gt; No pretendía preguntarlo de aquella manera, pero él tampoco tenía porqué haberla sobresaltado preguntando por el Signo. Algo asustada, se dio cuenta de que Nikwyn la miraba con los ojos muy abiertos.&lt;br /&gt; -Una herida de guerra. –Lo había dicho con tranquilidad, sin darse por ofendido. Y luego se volvió a mirar a Níkelon. -¿Cuál de los dos se lo explica?&lt;br /&gt; -Tú estás al mando -contestó Níkelon con lo que a Briana le pareció algo de guasa. Jelwyn le dirigió una mirada asesina, resopló y luego miró a Briana.&lt;br /&gt; -No puedes venir con nosotros. No estamos aquí de paseo. Vamos en una misión muy peligrosa. Más de lo que tengo ganas de explicar.&lt;br /&gt; -Una misión -repitió Briana, sin terminar de comprender del todo qué le estaban diciendo y disimulando un bostezo. Se sentía caliente, cómoda y saciada por primera vez en mucho tiempo y comenzaba a adormilarse. Él hizo un gesto de impaciencia.&lt;br /&gt; -Tenemos que rescatar a alguien -Era prudente, pensó Briana, en la medida en que aún era capaz de pensar. Quería convencerla del peligro, pero no daba más detalles sobre la misión por si ella no era de fiar. Briana lo entendió, ella tampoco acababa de fiarse de ellos-. Es muy peligroso, y no es asunto tuyo. Encontraremos más de eso que te perseguía, miles de ellos, y cosas peores, y tenemos pocas probabilidades de salir vivos. Es demasiado arriesgado para llevarte con nosotros.&lt;br /&gt; -Os acompañaré.&lt;br /&gt; Él negó con la cabeza.&lt;br /&gt; -No podemos permitirlo. Pero tampoco podemos volver atrás para dejarte en lugar seguro. Sólo puedo indicarte el camino, o dejarte en algún poblado de habitantes de los Pantanos y confiar en que...&lt;br /&gt; -He dicho que os acompañaré. Me habéis salvado la vida y quiero demostraros mi agradecimiento. No seré una carga, sé... sé hacer muchas cosas útiles. Puedo cocinar -no era una mentira, se dijo, había dicho que podía no que sabía-, y también sé coser y bordar, y...&lt;br /&gt; -¿Sabes manejar una espada, componer un brazo o una pierna rota, distinguir las hierbas comestibles de las que no lo son, cazar o pescar?&lt;br /&gt; -Aprenderé.&lt;br /&gt; Níkelon le miró divertido desde el otro lado de la hoguera.&lt;br /&gt; -Déjala en paz, Jel, no vas a librarte de ella. Y sabes que no podemos dejarla aquí sola.&lt;br /&gt; Briana le devolvió una mirada llena de gratitud.&lt;br /&gt; -Si le ocurre algo o nos causa problemas será culpa tuya.&lt;br /&gt; Briana supuso que aquello era lo más parecido a una rendición que podrían conseguir. No pudo aguantar más. Después de tanto tiempo sin descansar de verdad, no podía mantenerse despierta. Cerró los ojos, y antes de dormirse del todo sintió cómo él la acompañaba poco a poco hasta el suelo y la arropaba con la manta.&lt;br /&gt; -Además, a Gris le gusta -añadió Níkelon, viendo cómo la perra se había acurrucado al lado de la joven.&lt;br /&gt; Jelwyn le contestó en galendo.&lt;br /&gt; -A Gris le gusta cualquier cosa que huela a humano. Y más si le ha dado un trozo de carne seca.&lt;br /&gt; Níkelon asintió. Había comprendido que el otro no se fiaba de que la joven estuviera dormida y prefería no ser entendido.&lt;br /&gt; -No resistirá.&lt;br /&gt; -¿Qué?&lt;br /&gt; -Ella. No resistirá este viaje. Mírala bien, Nikwyn, no hay más que piel encima de esos huesos. Cuando se nos acabe la comida, cuando no encontremos nada qué cazar por el camino... Ni siquiera sé con qué peligros podemos encontrarnos. No puedo aceptar esa responsabilidad.&lt;br /&gt; -No podemos hacer otra cosa. No podemos abandonarla, y ha dejado muy clara su voluntad.&lt;br /&gt; -Te gusta, ¿verdad?&lt;br /&gt; -Eso no importa, por lo que parece a ella le gustas tú.&lt;br /&gt; -Galendo, cuando quiera una mujer me la buscaré yo mismo, muchas gracias.&lt;br /&gt; Briana se agitó en sueños como si tuviera una pesadilla.&lt;br /&gt; -No espero que en tu condición de rudo guerrero ardiés hayas reparado en ello, pero mientras mirabas cuánta carne tiene encima de los huesos, ¿te has fijado en su vestido?&lt;br /&gt; -¿Hay algo en lo que fijarse?&lt;br /&gt; -Es de seda. Y de buena calidad, aunque esté estropeada -Por fin encontraba algo de lo que Jelwyn no sabía nada. Níkelon saboreó su momento de gloria-. Es muy cara. Procede de unos gusanitos... mejor no te aburro con los detalles. En Galenday sólo la llevan los nobles muy ricos. Y mi familia, por supuesto.&lt;br /&gt; -Si esta chica es una princesa, los requisitos para conseguir el título deben haber cambiado mucho desde los Viejos Tiempos.&lt;br /&gt; -No creo que sea de los Pantanos.&lt;br /&gt; Jelwyn le dirigió una mirada ceñuda.&lt;br /&gt; -Mañana hablaremos con ella. Ahora tenemos que decidir quién hace la primera guardia.&lt;br /&gt; -¿Cómo?&lt;br /&gt; La sonrisa del ardiés fue casi perversa.&lt;br /&gt; -Ella está durmiendo en mi manta, y la tuya no es lo bastante grande para compartirla, así que la utilizaremos por turnos -Una moneda brilló en la palma de su mano- ¿Lobo o cara?&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Acababan de liberarla y ya estaba dándoles problemas.&lt;br /&gt; -No tengo la menor intención de ir a ninguna parte con la camisa rota y los pantalones sucios. Es una cuestión de principios -dijo Alwaid, apoyando los brazos en las caderas.&lt;br /&gt; -¿Y qué pretendes, volver a Dagmar en busca de otra camisa?&lt;br /&gt; -Me conformo con mis antiguos aposentos aquí. Y necesito un trago -añadió mirando otra vez a Garalay.&lt;br /&gt; -Pues tendrás que buscar tu trago en otra parte. Mi Lym no es para ti, ¿entendido?&lt;br /&gt; -Egoísta.&lt;br /&gt; Garalay seguía sin entender por qué Vidrena había rescatado a Alwaid. La Sanguijuela no se podía conformar con tender una emboscada a algún trhogol y robarle su ropa. Tenía que ser la suya, sus camisas, sus pantalones, sus botas, su capa y una de sus espadas. Garalay sospechaba que Alwaid planeaba recuperar hasta su máscara. Y todo de un negro inmaculado. Cuestión de principios. O de finales, tal como parecían estar poniéndose las cosas.&lt;br /&gt; -Es tu castillo, Alwaid. Tú conoces el camino mejor que nosotras.&lt;br /&gt; Ese era el problema, pensó Garalay. A Alwaid no le costaba nada conducirlas a una emboscada. Y sólo Vidrena estaba armada. Garalay esperaba que en algún momento su antepasada se dignara explicarle algo.&lt;br /&gt; Alwaid las condujo por los estrechos y oscuros corredores de la Fortaleza, escondiéndose de cada ruido sospechoso que percibían, incluso de los que parecían más lejanos, hasta sus aposentos, situados en lo alto de un torreón. La escalera de caracol tenía los escalones tan altos que Garalay, poco acostumbrada a subir escaleras, sintió las piernas agarrotadas a medio camino.&lt;br /&gt; Con una sonrisita triunfal, Alwaid empujó la puerta y entró. Vidrena, con la mano en la empuñadura de Wirda, y Garalay, la siguieron.&lt;br /&gt; Había un hombre, sentado ante una mesa situada al lado de una enorme cama. En señal de confianza, o tal vez de estupidez, el hombre se había sentado de espaldas a la puerta, y en el tiempo que le costó incorporarse y darse la vuelta, ya Vidrena y Garalay habían entrado en la habitación y echado el cerrojo. Garalay apoyó la espalda en la puerta mientras Alwaid se adelantaba hacia el hombre y Vidrena la seguía un paso atrás.&lt;br /&gt; -¿Qué significa esto?&lt;br /&gt; No era una pregunta muy inteligente, pensó Garalay, pero él parecía muy satisfecho de si mismo. Tenía la huidiza barbilla levantada y la larguirucha nariz arrugada en un gesto despectivo. Vestía lo que debía ser la última moda en Ternoy, una camisa negra llena de encajes y volantes, de mangas anchas, y unos ceñidos pantalones rojos que resaltaban el humillante hecho de que tenía las piernas torcidas. Alwaid cruzó los brazos.&lt;br /&gt; -Mira, Dren, lo que me sustituye en la Fortaleza. ¿No es patético?&lt;br /&gt; -Tú tienes más clase.&lt;br /&gt; -Gracias.&lt;br /&gt; -Márchate de aquí o llamaré a la Guardia.&lt;br /&gt; El Gobernador de la Fortaleza de los Pantanos comenzó a retroceder hacia el cordón rojo que debía servir para llamar a la Guardia si el sujeto en cuestión se encontraba en apuros, o tal vez a un criado que le dijera a qué pie correspondía cada zapato, pensó Vidrena. Y trató de no apartar la mirada cuando Alwaid se acercó poco a poco al hombre, le rodeó la cintura con un brazo para atraerle hacia ella, le tapó la boca con la otra mano para que no gritase y le mordió en el cuello. Estuvo observando hasta que el hombre dejó de debatirse y Alwaid le dejó caer al suelo como un fardo, y se volvió hacia ella limpiándose la boca con la manga de la camisa.&lt;br /&gt; -No hay nada como un buen desayuno. ¿O es la hora de la cena?&lt;br /&gt; Garalay se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento. Lo soltó poco a poco, tratando de no notar el sabor a bilis en su lengua. Algo le decía que aquella no iba a ser la primera muerte de aquel estilo que vería.&lt;br /&gt; -Vaya, sea la hora que sea, este idiota tenía el suyo recién servido. Id comiendo mientras me arreglo. Supongo que tendrás hambre, ¿cuánto hace que no comes?&lt;br /&gt; -Desde el día anterior a que intentaras matarme.&lt;br /&gt; Vidrena le ofreció la silla a Garalay, y ella misma se sentó en la mesa, de cara a la puerta. El desayuno del difunto Gobernador de los Pantanos podía haber sido la cena de dos jeddart, pensó Garalay mientras trataba de decidirse entre todos los manjares que había sobre la mesa: carne asada fría, huevos hervidos, pan tostado, mantequilla, cuatro tarros de mermelada, tres de ellos de frutas que ella no había probado nunca, bizcocho, leche templada y una extraña bebida negra de olor ácido. Lo probó con la lengua y lo notó tan amargo que prefirió no probar el resto.&lt;br /&gt; -Me lo recordarás el resto de mi vida, ¿no? -Alwaid iba golpeando poco a poco la pared mientras hablaba, hasta que encontró un lugar que sonaba a hueco. Tanteó a su alrededor hasta encontrar un resorte que abrió la pared, se agachó y tiró de un arcón hasta sacarlo -Eres una bruja rencorosa. Yo nunca te recuerdo que antes tú habías intentado matarme a mí.&lt;br /&gt; Las polillas habían respetado la ropa, como comprobó Alwaid satisfecha. Aquel arcón de cedro valía lo que le había costado. Se quitó las ropas que llevaba a toda prisa y se volvió a vestir más deprisa todavía. Sobre la ropa se puso la ligera cota de malla y el tahalí y envainó la espada.&lt;br /&gt; -¿Por qué lo guardaste en un escondite secreto?&lt;br /&gt; -Hay que ser prevenida, ¿no te han enseñado eso en la Orden? -Alwaid tomó una máscara que había encontrado en el fondo del arcón y la miró como pensando en algo.&lt;br /&gt; -No. -Vidrena tenía la boca llena de bizcocho, pero la palabra sonó muy clara-. Esta vez nada de máscaras -Tomó un trago de la bebida negra y parpadeó sorprendida- ¡Café! ¿De dónde lo sacáis? En Crinale lo bebimos una vez, la Reina lo hizo servir para alardear ante un embajador de Gailander, y luego la muy tacaña estuvo una semana quejándose del precio.&lt;br /&gt; -Ventajas de servir al mal -bromeó Garalay-. Pierdes tu alma pero puedes tomar esto todos los días.&lt;br /&gt; Alwaid arrojó la máscara al fondo del arcón, lo volvió a guardar en su sitio y se peinó con la habilidad de quien hace cien años que no se ve en un espejo. Luego se acercó a la mesita donde las otras ya estaban terminando el desayuno del muerto.&lt;br /&gt; -Y ahora hablemos claro, Dren. ¿Por qué me has rescatado?&lt;br /&gt; Vidrena sonrió.&lt;br /&gt; -No te he rescatado, te he tomado como rehén.&lt;br /&gt; -Pues has cometido un error. ¿Recuerdas dónde me has encontrado? Pues ella me mandó allí. Envió a su lacayo favorito a Dagmar, puso en mi lugar a esa zorra paliducha y ordenó que me encerraran en esa mazmorra.&lt;br /&gt; -Entonces, tienes motivos para desear vengarte de ella, ¿verdad? Voy a ser sincera contigo. He regresado para matar a tu madre -Garalay se atragantó con un pedazo de tostada, pero ni Vidrena ni Alwaid se dieron por enteradas-, y como tú conoces el país mejor que yo, espero que me sirvas de guía.&lt;br /&gt; -¿Por qué tendría que hacer tal cosa?&lt;br /&gt; -Aparte del pequeño motivo de tu venganza... tal vez porque invadiste mi país, sitiaste mi castillo, mataste a mi esposo, me separaste de mis hijos, mataste a mi perra y... ¿qué más hiciste?, a ver, déjame recordar... Ah, sí, me mataste a mí. Soy una bruja rencorosa, tú misma lo has dicho. Puede que para ti hayan pasado cien años, pero para mí todo eso ocurrió ayer y aún estoy muy enfadada. Ya te he agradecido lo que hiciste por mí en los Pantanos, así que si quieres que te agradezca lo que hiciste ayer por mí en Dagmar, Wirda y yo estaremos encantadas de hacerlo.&lt;br /&gt; -No podrás salir de aquí si yo no te muestro el camino.&lt;br /&gt; -Por eso sigues viva. Vamos, Alwaid, solo tienes que guiarnos hasta el Castillo. Luego yo haré el resto.&lt;br /&gt; -No permitiré que la mates. A pesar de todo sigue siendo mi madre. Y también la tuya.&lt;br /&gt; -No te pongas sentimental, hermanita, te sienta como a mí el color rosa. Hagamos un trato: discutiremos eso cuando lleguemos al Castillo, ¿de acuerdo? Mientras tanto, tú estás de mi parte y yo no te mato. ¿Has terminado de desayunar, Lym? -Garalay asintió-. Bien. Salgamos de aquí y busquemos el pasadizo. Ese muerto ya está empezando a ponerme de los nervios.&lt;br /&gt; Alwaid se levantó.&lt;br /&gt; -No es necesario salir de aquí.&lt;br /&gt; Golpeó las paredes hasta encontrar otro sonido hueco. Tanteó con las palmas de las manos hasta encontrar el resorte, y una puerta secreta se abrió en la pared.&lt;br /&gt; -¿Hay alguna habitación de este castillo que no tenga un pasadizo secreto?&lt;br /&gt; -Lo dudo. A veces pienso que hay pasadizos secretos hasta en los pasadizos secretos.&lt;br /&gt; Garalay se bebió el café de un trago, contuvo las náuseas y salió corriendo tras ellas. Antes de cerrar la puerta secreta, Alwaid tiró del cordón rojo.&lt;br /&gt; -¿Por qué has hecho eso?&lt;br /&gt; -Para que vengan a recoger las sobras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Hasta la semana que viene.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114401734146978205?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114401734146978205/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114401734146978205&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114401734146978205'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114401734146978205'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/04/resumen-del-captulo-3-y-captulo-4.html' title='Resumen del Capítulo 3, y Capítulo 4'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114341099870941359</id><published>2006-03-26T23:54:00.000+02:00</published><updated>2006-03-27T00:09:58.730+02:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 2, y Capítulo 3</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Anteriormente, en esta historia: Mientras Jelwyn y Níkelon ven cómo las tropas de Ternoy entran en Ardieor con la intención de encontrar y destruir el Valle, Layda conoce a Estrella Negra de camino al castillo Negro y Garalay y Vidrena hacen otro viajecito en el tiempo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;CAPÍTULO 3&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Juro defender a todas las damas y doncellas que encuentre en mi camino (Arnthorn el intrépido)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt; Jelwyn no le había hablado desde el cruce del Vado. Níkelon no sabía si el ardiés estaba enfadado con él por lo que había dicho de Layda, preocupado por lo que pudiera ocurrir en el Valle, o las dos cosas a la vez y ni él mismo podía decidirse. Níkelon había intentado disculparse varias veces, pero no sabía cómo. Todo lo que se le ocurría le parecían tonterías.&lt;br /&gt; Así que no hablaba, ni se quejaba. No se sentía con derecho a protestar por la humedad, el apestoso olor, los mosquitos o lo malo que era el camino. Así eran los Pantanos, una inmensidad de juncos, árboles mustios con sus sospechosas raíces aéreas y charcas engañosas cubiertas de plantas acuáticas, sin sol ni calor, ni terreno seco donde acostarse.&lt;br /&gt; El día anterior, habían visto de lejos la Fortaleza de los Pantanos, el castillo del color del fango que emergía de las aguas como un reptil acorazado. Níkelon se había preguntado cómo podía alguien haber construido en un terreno que parecía tan poco apropiado, pero por lo que contaban los ardieses, la Fortaleza llevaba allí unos trescientos años y nadie había presentado quejas, que ellos supieran.&lt;br /&gt; Pero a Níkelon aún se le ponían los pelos de punta cuando pensaba en ella. La voz de Jelwyn le sobresaltó a pesar de que había hablado casi en un susurro.&lt;br /&gt; -Cuidado.&lt;br /&gt; Níkelon se detuvo y miró lo que había detenido a su compañero.&lt;br /&gt; Llevaban los caballos de las riendas, para ver mejor el camino que pisaban. Níkelon no acababa de verle la utilidad, pero Jelwyn estaba al mando, y sus manías eran órdenes.&lt;br /&gt; -¿Qué es eso?&lt;br /&gt; -Una telaraña.&lt;br /&gt; -¿Tan grande?&lt;br /&gt; Había pequeños esqueletos, de pájaros o tal vez de ranas, prendidos en la telaraña. Bolas de seda envolvían otras presas, aún vivas pero esperando a ser devoradas. En el centro de la telaraña, acechaba su propietaria. Tenía el tamaño de un corazón.&lt;br /&gt; Níkelon trató de disimular un escalofrío.&lt;br /&gt; -¿Qué hacemos?&lt;br /&gt; -Cortar la tela y pasar. A no ser que tengas una idea mejor.&lt;br /&gt; -¿Matarla?&lt;br /&gt; -¿Te dan miedo las arañas, Nikwyn?&lt;br /&gt; -Las arañas no, ese monstruo sí.&lt;br /&gt; -No pienso matar un animal que no me ha hecho nada ni es comestible, solo porque tú le tengas miedo.&lt;br /&gt; -Pues bien que has matado aquella serpiente hace un rato.&lt;br /&gt; -No es lo mismo. Aquella serpiente era venenosa y podría habernos mordido a alguno de los dos.&lt;br /&gt; -¿Cómo sabes que era venenosa?&lt;br /&gt; -Estamos en los Pantanos, Nikwyn, aquí lo que no es venenoso es ponzoñoso, y todo es carnívoro.&lt;br /&gt; -Lo que me pregunto es dónde estarán los habitantes.&lt;br /&gt; -¿La gente a la que tienes que liberar? Escondiéndose más hacia dentro, supongo. O espiándonos y preguntándose qué estamos haciendo aquí, además de discutir por tonterías.&lt;br /&gt; -¿Más hacia adentro? ¿Cómo que más hacia adentro?&lt;br /&gt; -Los Pantanos son muy grandes, Nikwyn, creía que te habías fijado en el mapa. Si no ocurre nada, tardaremos más de una semana en salir de aquí.&lt;br /&gt; Níkelon sintió que su mano derecha se crispaba en las riendas de su caballo. Gris, que había salido en persecución de algo, regresó con un ruidoso chapoteo. La perra se lo estaba pasando en grande con tanto fango.&lt;br /&gt; Jelwyn sacó algo de la boca de Gris. Se lo tendió a Níkelon para que lo examinara.&lt;br /&gt; -Mira, señales de vida.&lt;br /&gt; Era un trozo de tela azul. De seda, si Níkelon recordaba bien su tacto.&lt;br /&gt; -¿Esto significa que ya no estás enfadado conmigo?&lt;br /&gt; -Yo no estaba enfadado.&lt;br /&gt; -Entonces, ¿por qué no hablabas?&lt;br /&gt; -No tenía nada qué decir. Y, ya que has sacado el tema, Nikwyn, Layda es mi hija. Yo la he criado. Incluso podría decirse que es más mía que de su madre. Y esta es mi última palabra sobre el asunto, ¿está claro?&lt;br /&gt; -Como el agua. Vamos, Capitán, corta la maldita telaraña antes de que comencemos a echar raíces.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;  *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Briana lo había conseguido. Había estado esperando una oportunidad desde que habían entrado en aquellos espantosos pantanos, y, cansada de esperar, había decidido escaparse de todas formas. Mejor morir que seguir dejándose llevar de un lado a otro como un fardo.&lt;br /&gt; Tras toda una noche de retorcer las muñecas y forzar los dedos, los nudos se habían deshecho. Muy despacio para que los trhogol no notasen nada, Briana se inclinó, y, aunque tardó lo que le pareció una eternidad, deshizo los nudos de las cuerdas que atrapaban los pies. Esperó a que su sangre volviera a circular, se levantó y echó a correr.&lt;br /&gt; Los trhogol debieron sorprenderse tanto que al principio no reaccionaron. Pero Briana pronto comenzó a oír sus pasos tras ella. Con una energía que ni ella misma sabía de dónde sacaba, corrió más deprisa aún. Sus pies se hundían en el fango, le dolía el costado y respiraba con dificultad, pero siguió adelante, a pesar de sus agujetas. Oía los gritos y las pisadas de los trhogol tras ella, cada vez más cerca. Tropezó, cayó y volvió a levantarse. Tragó un poco de agua, y su sabor le produjo náuseas. Pero prefería morir ahogada antes que permitir que aquellos seres volvieran a ponerle las zarpas encima.&lt;br /&gt; Desesperada, casi a ciegas, atravesó una mata de juncos para acortar camino. Y se dio de manos a boca con los dos hombres. Sobre todo con el más alto, un sujeto moreno con una cicatriz en la cara que estuvo a punto de caer del golpe y de la sorpresa. Unos ojos muy claros, casi transparentes, devolvieron su mirada asustada, y luego miraron por encima de su hombro.&lt;br /&gt; -Oh, mierda.&lt;br /&gt; Y el hombre alto y moreno desenvainó una espada.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Vidrena se mordió el labio inferior y comenzó a caminar entre los combatientes. Garalay la siguió.&lt;br /&gt; La Vidrena que estaba luchando en aquella batalla galopaba llamando a Alwaid. No miraba nada, no veía nada. Garalay distinguió la delgada y desesperada figura de la que debía ser Hyrna: sola, asustada, desarmada, pero a salvo de la muerte porque el destino la reservaba para algo mejor de lo que ella misma imaginaba. Caminaba como en sueños, con la mirada fija en Vidrena, mientras los muertos y heridos caían a su alrededor, la lluvia golpeaba su cara y los rayos y truenos redoblaban en sus oídos.&lt;br /&gt; -Eran mis amigos. Y estaban muriendo por mí. Nunca debí haber permitido que ocurriera esto.&lt;br /&gt; Garalay apartó la mirada de Hyrna. Vidrena, a su lado, tenía los puños crispados. La Vidrena de la batalla acababa de encontrarse con Alwaid.&lt;br /&gt; -Esperaba con impaciencia este momento, Dren.&lt;br /&gt; -No estoy aquí para charlar.&lt;br /&gt; Saltaron rayos del choque entre las espadas. Garalay se estremeció. Había visto en acción a los mejores jeddart de Ardieor, y en aquel momento se dio cuenta de que al lado de Vidrena, no eran más que aprendices. La Señora de Ardieor parecía una especie de monstruo cuyo brazo izquierdo era una espada que movía por instinto, con la facilidad con que se respira en sueños. Garalay recordó que aquella no era una espada corriente. Era Wirda, y la leyenda se quedaba corta en lo que contaba de ella.&lt;br /&gt; La espada de Alwaid cayó de sus manos, pero Vidrena no se detuvo por eso. Alwaid se defendió con el escudo mientras trataba de coger la espada, pero Vidrena alejó el arma de una patada. Ella no llevaba escudo, nunca lo había utilizado, los jeddart decían que no hay mejor escudo que una buena espada. El de Alwaid se partió, y ella tropezó y cayó. Vidrena levantó a Wirda. Garalay se aguantó las ganas de gritar o cerrar los ojos. Sabía lo que ocurriría a continuación, y también que no debía intervenir para evitarlo, aunque lo estuviera deseando.&lt;br /&gt; -Adiós, hermana gemela.&lt;br /&gt; -¿Así me agradeces lo que hice por ti en los Pantanos? -contestó Alwaid con voz lastimera. Vidrena mantuvo a Wirda en alto, como pensándoselo. Hyrna gritó.&lt;br /&gt; -¡Mátala, Dren!&lt;br /&gt; Un rayo cayó sobre Wirda. Otro gesto dramático de Zetra, sin duda. La espada salió despedida de las manos de Vidrena, y Alwaid no dudó en aprovechar la ocasión. Recuperó su espada y la clavó en el vientre de Vidrena. Garalay oyó el chillido de dolor de Hyrna, incluso lo sintió en su propio vientre, mientras la Vidrena que había estado luchando en Dagmar se doblaba y caía de rodillas, y la que se encontraba a su lado mirándola tenía los ojos brillantes de cólera, los puños apretados y la cara contraída en un gesto de dolor y rabia.&lt;br /&gt; Alwaid levantó su espada para rematarla, y a continuación, como contaba la leyenda, «Fiera» murió tratando de proteger a su dueña, y Hyrna se levantó de un salto, se apoderó de Wirda y se interpuso entre Alwaid y Vidrena.&lt;br /&gt; -No te acerques a ella.&lt;br /&gt; Alwaid se rió.&lt;br /&gt; -¿Quién lo dice?&lt;br /&gt; -No la toques, maldita culebra bastarda. Yo no tengo nada que agradecerte, y no me importará matarte.&lt;br /&gt; -No puedes matarme, tonta. Solo la hija de Gartwyn podía hacerlo, y ahora no está para peleas.&lt;br /&gt; Y entonces le tocó a Hyrna el turno de reír.&lt;br /&gt; -¿Ah, sí? Pues, para que lo sepas, yo también soy hija de Gartwyn- Al lado de Garalay, Vidrena esbozó una sonrisa de amarga diversión-. Así que ya te puedes ir preparando, nena.&lt;br /&gt; Por un momento, Alwaid dudó. Pero Hyrna, empapada y esgrimiendo una espada que casi no podía mantener derecha, ofrecía un aspecto patético. Aquella jovencita pequeña y delgaducha, a punto de romperse azotada por el viento, no podía ser una amenaza seria para la Señora de los Pantanos.&lt;br /&gt; Alwaid se quitó la máscara.&lt;br /&gt; -Entonces, tampoco puedes matarme... hermana.&lt;br /&gt; Garalay se estremeció. Sabía que la cara de Alwaid era igual que la de Vidrena, pero nunca había imaginado que fuera tan igual. Si le hubiera dado más el sol, si hubiera tenido los ojos más oscuros y si la boca no hubiera tenido aquella expresión burlona tan desagradable, podría haberla confundido con Vidrena.&lt;br /&gt; -Vamos, Hyrna, dilo -murmuró, mientras la princesita de Galenday parecía dudar y tragaba saliva.&lt;br /&gt; -&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Medio &lt;/span&gt;hermana.&lt;br /&gt; Hyrna se lanzó hacia adelante, y Wirda atravesó sin esfuerzo el corazón de la Señora de los Pantanos. Alwaid se mantuvo en pie un momento, el justo para que Hyrna se preguntase si estaba o no muerta, y luego, igual que había hecho Vidrena unos momentos antes, cayó hacia atrás. Hyrna la pateó para comprobar que estaba muerta, soltó a Wirda y corrió hacia Vidrena.&lt;br /&gt; -¡Menuda jugarreta! Cuando vuelva a ver a Dinel le sacaré los ojos.&lt;br /&gt; -Lo mismo digo -murmuró la Vidrena que estaba al lado de Garalay mientras se acercaba a contemplar su propia no-muerte.&lt;br /&gt; -Dren... -decía en aquellos momentos Hyrna con voz llorosa, aunque las dos sabían que no podía llorar.&lt;br /&gt; Garalay vio alarmada cómo Vidrena se agachaba al lado de la princesita y alargaba una mano para acariciarle la mejilla. Como era de esperar, la mano atravesó la cara de Hyrna.&lt;br /&gt; -Pobre Hyrna, me gustaría tanto poder decirte que todo va a salir bien...&lt;br /&gt; La otra Vidrena estaba preguntando dónde estaba Wirda. Un presentimiento relampagueó en la mente de Garalay.&lt;br /&gt; -¡Dren, ahora! ¡Tienes que cogerla o se perderá!&lt;br /&gt; Vidrena apartó su mirada de Hyrna y la posó en su propia espada ensangrentada. Miró a Garalay como si por un momento no entendiera lo que le decía, y luego le lanzó un beso con los dedos a Hyrna, se levantó y recogió a Wirda del suelo.&lt;br /&gt; -Se ha... ido -oyó decir a Hyrna antes de desaparecer del todo.&lt;br /&gt; La batalla de Dagmar desapareció, y Vidrena y Garalay se encontraron en una oscura bóveda iluminada a duras penas por fétidas antorchas. Un hombre gritaba de dolor en algún lugar entre las sombras, a su derecha. Vidrena empuñó a Wirda en la antigua y eficaz posición de combate de los jeddart y aplastó la espalda contra la pared, al tiempo que tiraba de Garalay para que hiciera lo mismo. Permanecieron unos instantes allí, conteniendo la respiración hasta que comprobaron que nadie había advertido su presencia y el hombre volvió a gritar. Vidrena hizo un gesto de asco.&lt;br /&gt; -¿Dónde estamos?&lt;br /&gt; Vidrena olfateó.&lt;br /&gt; -Por el maravilloso aroma del aire, en la Fortaleza de los Pantanos.&lt;br /&gt; -¿Y qué hacemos aquí?&lt;br /&gt; -Me temo que he venido a pagar una deuda. O tal vez dos.&lt;br /&gt; Garalay recordó una voz burlona y al mismo tiempo lastimera: ¿Así me agradeces lo que hice por ti en los Pantanos?&lt;br /&gt; -Oh, cielos.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Briana intentó gritar, pero del susto se había quedado sin voz. Se dio la vuelta para escapar también de ellos, pero entonces vio que los trhogol casi la habían alcanzado.&lt;br /&gt; El hombre moreno la agarró del brazo con tanta fuerza que Briana pensó que tendría las marcas de sus dedos en la piel el resto de su vida, la echó tras él de un tirón, y gritó:&lt;br /&gt; -¡Nikwyn!&lt;br /&gt; El hombre que caminaba tras él respondió con una voz demasiado alegre para la ocasión.&lt;br /&gt; -¡Voy!&lt;br /&gt; Briana pensó en aprovechar la ocasión para escapar, pero entonces un extraño animal cuadrúpedo de pelaje gris, orejas puntiagudas, larga cola peluda, fino hocico y ojos brillantes, se interpuso en su camino y se alzó sobre sus cuartos traseros con la intención aparente de devorarla, o por lo menos de apoyar las patas delanteras en su pecho. Briana retrocedió, asustada, y su espalda tropezó con un tronco seco. Indefensa, quedó allí mientras la bestia sacaba una larga lengua rosada y lamía su cara como si estuviera hecha de algo dulce. Por fin, Briana llegó a la conclusión de que el animal no pretendía devorarla, lo apartó con mucho cuidado por si acaso y se dedicó a observar la pelea, aunque el bicho no dejaba de saltar ante ella, ponerse a dos patas y emitir extraños sonidos.&lt;br /&gt; Al encontrarse con ellos, Briana había temido que aquellos dos hombres estuvieran de parte de lo que la perseguía. Después de todo, eran los primeros seres vivos, aparte de la fauna, que había encontrado en los Pantanos. Pero pronto se hizo evidente que fueran quienes fueran, y estuvieran haciendo lo que estuvieran haciendo allí, eran humanos y enemigos de los trhogol. Lo cual les convertía de momento en los mejores amigos que tenía en el mundo.&lt;br /&gt; Tras limpiar las espadas, se volvieron a mirarla. Briana permanecía inmóvil, aún jadeante por el miedo y la carrera, con la espalda apoyada en el tronco seco. Sabía que estaba muy flaca, pálida y ojerosa, sentía el cabello empapado de agua de los pantanos mezclada con su propia grasa, y su vestido presentaba un aspecto tan lamentable como el resto de ella.&lt;br /&gt; -¿Y ahora qué?&lt;br /&gt; -Oh, no, otra vez no -Nikwyn miró a su compañero con los ojos entornados, y el compañero le devolvió una mirada ceñuda-. No estarás pensando en que volvamos al Valle y la dejemos allí.&lt;br /&gt; Fue entonces cuando Briana se dio cuenta de que les entendía. Hablaban en el mismo idioma que Estrella Negra y ella misma, aunque su forma de hablarlo se parecía más a la de él.&lt;br /&gt; -Tal vez podríamos llevarla a su casa, no creo que esté muy lejos de aquí.&lt;br /&gt; El hombre moreno soltó una seca carcajada.&lt;br /&gt; -Muy caballeroso. ¿Y si hay más de estos por el camino?&lt;br /&gt; Podría haberlo señalado, pero prefirió darle una patada en el costado a uno de los cadáveres. Briana se estremeció.&lt;br /&gt; -¿Y cuál es tu idea? ¿Dejarla aquí sola para que se la coma una de esas asquerosas arañas o algo peor?&lt;br /&gt; -Si hubiéramos hecho eso con la otra, ahora no estaríamos aquí.&lt;br /&gt; -La otra estaba decidida a causarnos problemas, si no la hubiéramos metido nosotros en el Valle habría encontrado la forma de colarse.&lt;br /&gt; Briana tomó aliento. No podía quedarse callada dejando que hablasen de ella como de una cosa. Había decidido tomar el control de su destino y lo haría le costase lo que le costase.&lt;br /&gt; -¿Puedo decir algo?&lt;br /&gt; El alto y moreno se calló a media palabra. El otro terminó la suya en voz tan baja que ella no pudo entender qué había dicho. Y los dos la miraron como si nunca hubieran visto nada como ella.&lt;br /&gt; -Habla -contestó el de la cicatriz en la cara. Por un momento, Briana sintió un ataque de pánico y no supo qué decir. Pero cuando empezó sintió que no podía detenerse.&lt;br /&gt; -Yo... yo no pretendo causar problemas, vengo de... de demasiado lejos como para que vuesas mercedes me lleven a casa, pero por favor, no me dejen aquí. Estoy... estoy muy cansada...&lt;br /&gt; Dijo las últimas palabras casi al borde del llanto histérico. Débil, se dijo, una drach de Lossián nunca llora, pero ella no era más que una Serpiente y había pasado demasiado miedo. Y de repente se encontró llorando como no lo había hecho en su vida, sintiendo cómo la mugre de su cara formaba una presa que por un momento retuvo sus lágrimas hasta que lograron romperla y caer formando profundos surcos en la suciedad.&lt;br /&gt; El alto y moreno pareció tomar una decisión. Sin decir nada, se acercó a ella y la rodeó con los brazos. Briana resistió el instinto que le ordenaba huir de aquella situación, apoyó la cara en el pecho del hombre y siguió llorando y moqueando. Por encima de sus sollozos, oyó su voz firme ordenando al otro:&lt;br /&gt; -Descarga los caballos, acampamos aquí.&lt;br /&gt; Su mano pareció buscar algo en el bolsillo, y de repente, maravilla de las maravillas, Briana encontró bajo su nariz un pedazo de tela blanca con olor a lavanda, algo húmedo pero limpio, y con unas iniciales bordadas. Un pañuelo.&lt;br /&gt; Se emocionó tanto al volver a ver uno después de tanto tiempo que casi dejaron de importarle sus ojos enrojecidos, su nariz colorada y la suciedad que estaba empeorando el estado de su vestido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Supongo que esperaríais que ocurriera algo así, ¿no? Para algo inventé a Bri. Hasta la semana que viene. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114341099870941359?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114341099870941359/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114341099870941359&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114341099870941359'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114341099870941359'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/03/resumen-del-captulo-2-y-captulo-3.html' title='Resumen del Capítulo 2, y Capítulo 3'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114296415844798630</id><published>2006-03-21T18:43:00.000+01:00</published><updated>2006-03-21T19:02:38.466+01:00</updated><title type='text'>Resumen del Capítulo 1, y Capítulo 2</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el capítulo anterior: Briana por fin ha sido sacada de la mazmorra, aunque no sabe dónde van a llevarla. Jelwyn y Níkelon hacen planes para entrar en Ternoy sin que les atrapen antes de tiempo, y Garalay ha entrado en el Mundo Borroso y despertado a Vidrena...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;  CAPÍTULO 2&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Layda había esperado llegar desde el Valle al Castillo Negro en apenas un parpadeo, pero a Zetra parecían habérsele acabado las fuerzas con el hechizo que había desprotegido el Valle y las había sacado de allí.&lt;br /&gt; Fuera del Valle, les había estado esperando una de aquellas bestias voladoras, con la que Zetra debía haberse puesto en contacto de alguna manera. Zetra había montado en la nuca de la bestia, había ayudado a Layda a montar delante, y luego las dos se habían elevado.&lt;br /&gt; Por más años que viviera, Layda sabía que nunca olvidaría la sensación del viento en la cara, el vértigo en la boca del estómago y la capa de Zetra envolviéndola para que no pasara frío. Ni siquiera se atrevía a mirar abajo, pero tenía bastante con la húmeda sensación en su nariz y sus ojos cada vez que atravesaban una nube para saber lo altas que iban. Se preguntó si alguien las estaría viendo desde el suelo y qué pensaría.&lt;br /&gt; Apenas tardaron día y medio en llegar al castillo en lo alto del precipicio. La muralla parecía parte de la roca de la montaña.&lt;br /&gt; La bestia se posó en el patio de armas, y fue introducida en un establo por dos pálidos jóvenes. Zetra se dirigió a la Torre del Homenaje, Layda supuso que para hablar con el Señor del Castillo, y la dejó sola en medio del patio. Nadie parecía darse por enterado de su presencia, así que Layda se puso las manos a la espalda y miró a su alrededor.&lt;br /&gt; Había un hombre sentado en un banco al lado de una puertecita. Había levantado con cierta indiferencia la mirada a la llegada de Zetra pero la había vuelto a fijar en lo que estaba haciendo. Desde donde estaba, Layda no podía distinguir su cara, pero sí sus rubios cabellos y sus ropas negras.&lt;br /&gt; No pudo resistir la tentación de acercarse a él. Sintió una leve punzada en el estómago cuando vio lo que estaba haciendo: afilaba su espada con una piedra, tal como ella había visto hacer a Jelwyn miles de veces. Descubrió algo asustada que si no había distinguido su cara cuando le había visto era porque la tenía cubierta por una máscara negra que solo dejaba al descubierto su boca, y comprendió quién era él, pero era demasiado orgullosa para retroceder cuando ya le tenía tan cerca. Además, él estaba tarareando. De todos los hombres del mundo, aquél era el único al que Layda nunca se había imaginado tarareando.&lt;br /&gt; Nadie le había enseñado el idioma de Ternoy, así que le saludó en ardiés.&lt;br /&gt; -Hola.&lt;br /&gt; Él calló y levantó la cabeza, sorprendido. Los ojos oscuros, casi negros, se entornaron al verla, pero la boca sonrió como si estuviera a punto de ofrecerle un dulce.&lt;br /&gt; -¡Hola! ¿De dónde has salido tú?&lt;br /&gt; -He venido con Zetra. Volando.&lt;br /&gt; -Qué bien.&lt;br /&gt; Se hizo un silencio bastante incómodo. Él estaba mirándola de arriba a abajo, tal vez preguntándose de qué le sonaba aquella cara.&lt;br /&gt; -¿Eres Estrella Negra?&lt;br /&gt; Él dejó la espada y la piedra de afilar a un lado.&lt;br /&gt; -Así me llaman. ¿Has oído hablar de mí?&lt;br /&gt; -¿Te llevas a los niños que no se portan bien?&lt;br /&gt; -¿Para qué? No soporto a los críos.&lt;br /&gt; Visto de cerca, Estrella Negra no era tan terrible. No dejaba de ser un asesino, y un enemigo de los ardieses, pero un enemigo encantador. Y, después de lo que había hecho ella misma, Layda no se consideraba con autoridad para juzgarle. Se apretó las manos para no arrancarle la máscara o tocarle el pelo.&lt;br /&gt; -¿Eres de las Tierras Peligrosas?&lt;br /&gt; -¿Lo parezco?&lt;br /&gt; -Bueno, no pareces de Ternoy.&lt;br /&gt; -¿Y qué aspecto se supone que tienen los de Ternoy?&lt;br /&gt; -De muertos.&lt;br /&gt; Estrella Negra dejó escapar un silbido.&lt;br /&gt; -Muy lista. ¿Sabes por qué los de Ternoy tienen aspecto de muertos?&lt;br /&gt; -¿Porque lo están?&lt;br /&gt; -Exacto, ellos están muertos, y yo también. Aunque no lo parezca.&lt;br /&gt; Bueno, él había sacado el tema.&lt;br /&gt; -¿Es verdad que mataste a mi madre?&lt;br /&gt; Sí, aquello había sido un escalofrío. Ya le había parecido verlo cuando le había preguntado si era de las Tierras Peligrosas, aunque había sido tan imperceptible que podría haberse tratado de una ilusión óptica. Pero su voz sonó con frialdad profesional al responder:&lt;br /&gt; -Es posible. Nunca pregunto el nombre antes de matar.&lt;br /&gt; -Seguro que a ella la recuerdas, la clavaste en un árbol con una lanza.&lt;br /&gt; A Estrella Negra casi se le cayó la espada.&lt;br /&gt; -¿Quién eres?&lt;br /&gt; -La hija de Farfel Aletnor. Dicen que a él también le mataste.&lt;br /&gt; La espada cayó al suelo con gran estrépito. Layda sonrió sin aparente malicia, mirando a los ojos del enemigo. Bastaba alargar la mano, pensó, un simple tirón de la máscara...&lt;br /&gt; Estrella Negra se levantó de un salto como si hubiera adivinado sus pensamientos.&lt;br /&gt; -Señora...&lt;br /&gt; Zetra apoyó su mano en el hombro de Layda.&lt;br /&gt; -Nos vamos, Layda, despídete del señor.&lt;br /&gt; Layda nunca supo por qué lo había hecho, sobre todo después de la clase de conversación que habían estado manteniendo ella y Estrella Negra, pero no se le ocurrió mejor forma de despedirse que tirar de una de sus mangas hasta que lo tuvo a una altura conveniente, ponerse de puntillas y darle un beso en la mejilla. En realidad el beso cayó en la máscara, pero no importaba. En aquel momento, él parecía de verdad un hombre muerto.&lt;br /&gt; Aquella vez, cuando montó en el Num, Layda sí que miró hacia abajo. Vio a Estrella Negra mirándola. Se protegía los ojos con la mano izquierda, y aunque la máscara ocultaba su rostro, Layda tuvo la impresión de que aún no se creía lo que acababa de ocurrirle.&lt;br /&gt; Y entonces Layda reconoció la canción que él había estado tarareando mientras afilaba la espada.&lt;br /&gt; La favorita de la Segunda del Valle: La doncella cisne.&lt;br /&gt; -¡Será embustero!&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;  *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Oculto entre los matorrales, Níkelon apenas podía creer lo que estaba viendo. Miró de reojo a Jelwyn, pero el ardiés parecía tan sereno como siempre. Mil, dos mil, cinco o diez mil, entre trhogol, hombres, no-muertos de al menos cuatro variedades, ogros y otros seres cuyos nombres ignoraba, y prefería que fuera así. Todos armados con espadas, hachas y mazas, lanzas y flechas, todos con fuertes armaduras y cotas de malla, con insignias rojas, blancas y negras. Bestias de carga, catapultas, torres de asedio, incluso un enorme ariete, todo aquello estaba cruzando el río, y Jelwyn tan tranquilo, como si lo hubiera esperado desde hacía tiempo, o como si viera cosas como aquella todos los días.&lt;br /&gt; El Plan, recordó Níkelon. Jelwyn y su padre, y el misterioso espía en Dagmar, habían provocado aquello. Pero, ¿esperaban una reacción semejante?&lt;br /&gt; Níkelon apartó la mirada.&lt;br /&gt; -Deberíamos avisarles -murmuró.&lt;br /&gt; -¿Crees que cambiaría algo?&lt;br /&gt; Níkelon esperaba que Norwyn ya hubiera conseguido llevarse a toda la gente del Valle, pero no creía que pudiera en tan poco tiempo.&lt;br /&gt; -¿No vas a hacer nada?&lt;br /&gt; -¿Eres invencible, Nikwyn? ¿Tienes una espada mágica que pueda aniquilar a cualquier enemigo? ¿La fuerza de cien hombres?&lt;br /&gt; -Pero...&lt;br /&gt;-Tengo una misión, y está al otro lado del río, no dejándome matar como un borrego. Vuelve tú si quieres, yo seguiré adelante.&lt;br /&gt;-¿Crees que ella se lo merece? ¡Ni siquiera se cree que es tu hija!&lt;br /&gt; Hay miradas que son como un puñetazo. Y la que le dirigió Jelwyn habría hecho trastabillar a Níkelon de haber estado de pie.&lt;br /&gt; -Vuelve si quieres -repitió- Yo seguiré adelante.&lt;br /&gt; Se puso un poco más cómodo para evitar que se le durmieran los brazos y siguió mirando.&lt;br /&gt; Ni en tiempos de Vidrena se había reunido contra Ardieor un ejército tan grande. Parecía que nunca iban a terminar de cruzar el río.&lt;br /&gt; Zetra debía estar furiosa de verdad. Níkelon pensó que tampoco era para tanto.&lt;br /&gt; Torcieron hacia el Oeste, en dirección a Dagmar. Jelwyn miró cómo se alejaban, con la sonrisa que Níkelon llamaba para si mismo "la de os vais a enterar". Pero sus uñas estaban clavadas en el suelo, y durante muchos días las tuvo llenas de tierra.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; -¿Cien años? ¿He dormido cien años seguidos?&lt;br /&gt; Garalay asintió, divertida por el asombro de Vidrena.&lt;br /&gt; -¡Y sin pesadillas!&lt;br /&gt; La niebla seguía rodeándolas e impidiendo que vieran el camino, pero a Garalay ya no le parecía tan aburrida, ni tan terrible. Vidrena irradiaba una vitalidad que hacía que el resto del universo careciera de importancia.&lt;br /&gt; -Cuéntamelo todo. ¿Qué pasó después de que Alwaid me matara?&lt;br /&gt; -No sé si «matar» es la palabra correcta en este caso, mi Señora.&lt;br /&gt; -Lo que importa es la intención, Lym, y ella quería matarme. -se rió en voz baja-. Me habría encantado ver su cara cuando Hyrna le dio su merecido. Pero no podía levantarme.&lt;br /&gt; -No sirvió de nada. Alwaid está viva. Bueno, algo parecido.&lt;br /&gt; -Sí, recuerdo haberte oído decir que ocupa mi puesto. ¿Qué ocurrió?&lt;br /&gt; -Como no la habías matado tú, Zetra pudo obligarla a regresar. Ahora es una No-Muerta. Una vampira.&lt;br /&gt; Vidrena soltó una risita.&lt;br /&gt; -Seguro que le encanta. Cuando estaba viva ya lo parecía... Pero sigue contando, ¿quién ganó la guerra de Galenday?&lt;br /&gt; -Jalen de Erdengoth. El hijo de Ildor.&lt;br /&gt; -¿Ildor se casó? Para que te fíes de los hombres. Tantas declaraciones de amor y en cuanto me matan, se casa.&lt;br /&gt; -Creía que no le amabas.&lt;br /&gt; -¡Claro que no, no soy imbécil! Pero tengo mi orgullo.&lt;br /&gt; -Fue por motivos políticos. Necesitaba la ayuda de Gailander para ganar, así que se casó con una prima del rey.&lt;br /&gt; -Espero que fuera lista, aunque si se casó con Ildor...&lt;br /&gt; -Teniendo en cuenta que tu hija se casó con Jalen…&lt;br /&gt; -¡Cielos! ¿Qué hacía él en Ardieor?&lt;br /&gt; -En realidad era ella quien estaba en Galenday. La había llevado allí el aprendiz del herrero de Dagmar, al que se lo habían ordenado en un sueño. Igron la puso al servicio de su hija…&lt;br /&gt; -Seguro que le encantaba la idea, al muy bastardo.&lt;br /&gt; -Y cuando la princesa iba a casarse con el heredero de Gailander, Jalen la raptó para evitar la boda.&lt;br /&gt; -Y al ver a mi Himanday decidió cambiar de novia, ya me lo imagino.&lt;br /&gt; -Pero no sin que ella conociera en Grialdán a Gaynor y el aprendiz de herrero, que eran las únicas personas capaces de reconocerla y contarle quién era. Así que en cuanto lo supo y logró creérselo, escapó, fue a Ardieor y le devolvió el Sello a Hildwyn. Y luego volvió a Galenday para que la coronaran.&lt;br /&gt; -¡Ja! Igron se debió revolver en su tumba. ¿Y qué hicieron con la princesa?&lt;br /&gt; -Juró lealtad a Jalen y le buscaron un buen novio. Galendo, por supuesto.&lt;br /&gt; Vidrena se detuvo, con la mirada fija en la niebla, como esperando algo.&lt;br /&gt; -Vuelve a recitarme esa profecía.&lt;br /&gt; Garalay lo hizo, y Vidrena volvió a arrugar la nariz como la primera vez que la había oído.&lt;br /&gt; -Mi canción era mejor.&lt;br /&gt; -Sí, pero las dos primeras Señales ya se han cumplido. Un descendiente de Himanday regresó al Valle con la espada de Tai y el Sello de Hierro, y yo entré en este mundo caminando sobre el reflejo de los rayos de luna en el Lago de Katerlain justo antes de un eclipse.&lt;br /&gt; -Supongo que tienes razón, pero aún estamos atrapadas aquí y no sé por dónde empezar a buscar a Wirda.&lt;br /&gt; Garalay puso su expresión más bondadosa.&lt;br /&gt; -Confía en el destino.&lt;br /&gt; -¿En ellas? Antes confiaría en una víbora recién despertada.&lt;br /&gt; -Eso no ha sido muy amable, bonita.&lt;br /&gt; Al oír la suave voz a sus espaldas, Vidrena se dio una rápida vuelta, llevándose la mano izquierda donde debía haberse encontrado la empuñadura de una espada, mientras con la derecha apartaba tras ella a Garalay.&lt;br /&gt; -Y eso es innecesario además de inútil.&lt;br /&gt; Garalay atisbó tras el hombro de Vidrena.&lt;br /&gt; El trono parecía flotar en la niebla. Brillaba con una luz suave, como la luna a través de las nubes. Sentada en él, una dama envuelta en largos ropajes blancos, con la cabeza cubierta por un velo que apenas dejaba entrever su cara y una niña sentada en sus rodillas, con la cara cubierta por una máscara y vestida de blanco. Una media luna creciente colgaba de su cuello.&lt;br /&gt; -¿Sólo dos? ¿Dónde está vuestra hermana? ¿Defendiéndose de otra demanda por Muerte Indebida?&lt;br /&gt; Aunque no podía verles las caras, a Garalay le pareció que las diosas se sentían un poco incómodas al oír la pregunta. Rhaynon carraspeó y se miró las uñas.&lt;br /&gt; -Juzgando a un imbécil que ha intentado robar a Totó.&lt;br /&gt; Vidrena parpadeó, sorprendida.&lt;br /&gt; -El perro guardián del Mundo de los Muertos -le aclaró Garalay en voz baja.&lt;br /&gt; -Ignoramos para qué querían a un perro albino de dos cabezas. Pero eso no importa. Imagínatela un par de pasos atrás, a nuestra izquierda. Sabemos que no nos tienes miedo, Dren. Por eso nos gustas. Y como nos gustas, pasaremos por alto tu descortesía con nosotras.&lt;br /&gt; -¿Porque os gusto o porque me necesitáis?&lt;br /&gt; -Querida, somos el Destino. ¿Crees que no podríamos haber escogido a otra persona? ¡Pero si el mundo está lleno de feroces guerreros de ojos brillantes y afilados como espadas! Y que nos habrían dado menos problemas. No tienes ni idea de cuánto tuvimos que forzar las leyes de la causalidad para que tantas casualidades convergieran en este momento. ¡Va a nacer una nueva era!&lt;br /&gt; -Por lo que recuerdo, un nacimiento suele ir acompañado de dolor y sangre.&lt;br /&gt; -Y también muchos gritos y agua caliente -añadió Garalay, un poco sorprendida de no encontrarse lo bastante impresionada por la situación.&lt;br /&gt; -Y una nueva esperanza.&lt;br /&gt; -Si el crío sobrevive a todas las enfermedades que le acechan y la madre no muere de las fiebres.&lt;br /&gt; Mait movió la cabeza.&lt;br /&gt; -¡Ardieses!&lt;br /&gt; -No os quejéis, vosotras nos hicisteis así. Permitisteis que Zetra existiera, que destruyera Lossián, creara su imperio y se volviera inmortal, y luego cargasteis la responsabilidad de destruirla ¡sobre mí! Todo esto es culpa vuestra, porque podríais haberlo evitado y no quisisteis, ¡así que dejaos de tonterías y vayamos al grano! ¡Quiero saber qué queréis de mí, cómo salir de aquí y dónde está mi espada!&lt;br /&gt; Ya está, pensó Garalay, ahora estamos muertas para siempre, nunca saldremos de aquí, seremos fantasmas perseguidas por garrapatas gigantes por toda la eternidad. Pero entonces oyó algo que al principio sus oídos se negaron a reconocer por increíble.&lt;br /&gt; Rhaynon se estaba riendo. Pero volvió a ser Mait quien habló.&lt;br /&gt; -Bien por Ardieor, tierra de hombres bellos y mujeres valientes. ¿O era al revés? Muchacha, si quieres una respuesta, haz la pregunta correcta.&lt;br /&gt; -Por favor, amables Damas, ¿me podríais indicar dónde demonios está mi espada?&lt;br /&gt; -La pregunta no es dónde. Es cuándo.&lt;br /&gt; -¿Cuándo?&lt;br /&gt; -Ahora.&lt;br /&gt; El trono con las dos damas desapareció, la niebla se aclaró y Garalay sintió cómo sus entrañas volvían a darse la vuelta. Cayó de rodillas sobre una superficie dura pero húmeda. Tierra, empapada y embarrada. Entonces oyó murmurar a Vidrena:&lt;br /&gt; -No es posible.&lt;br /&gt; Garalay se incorporó y miró a su alrededor.&lt;br /&gt; Se encontraban al pie de una colina, bajo un cielo gris plomizo de tormenta. Los rayos parecían latigazos dirigidos contra un pequeño castillo en lo alto de la colina, sobre todo contra la más alta de sus torres, en cuyas almenas ondeaba con heroica testarudez una bandera: un lobo gris sobre fondo verde. La puerta estaba abierta en un grito desesperado.&lt;br /&gt; Por toda la colina, y por el Valle que se extendía a sus pies, se estaba desarrollando una batalla. Hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, trhogol y No-Muertos y otros seres que ella no reconoció, muriendo y matando, hiriendo y siendo heridos. Acero contra acero, puños contra puños, incluso arañazos y tirones de pelo. Su sangre era arrastrada por la lluvia, sus cadáveres se amontonaban en el suelo. Garalay se cubrió la cara para no seguir viéndolo. Había oído contar aquella historia muchas veces, pero ni la Balada ni los relatos en prosa estaban a la altura de aquel horror.&lt;br /&gt; La Caída de Dagmar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿Qué espera a nuestros héroes al otro lado del Río? ¿Serán Garalay y Vidrena hechas picadillo en medio de la batalla? ¿Qué será de Layda y Estrella Negra? Respuestas la próxima semana.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114296415844798630?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114296415844798630/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114296415844798630&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114296415844798630'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114296415844798630'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/03/resumen-del-captulo-1-y-captulo-2.html' title='Resumen del Capítulo 1, y Capítulo 2'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114220700823552382</id><published>2006-03-13T00:24:00.000+01:00</published><updated>2006-03-13T00:43:28.266+01:00</updated><title type='text'>Resumen de la segunda parte, y Capítulo 1 de la tercera</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Qué  pasó en la segunda parte:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Níkelon, el tercer hijo del Rey de Galenday, estaba viajando de incógnito por su país cuando un misterioso sujeto le salvó de ser asesinado por sus anfitriones. Aquella misma noche, Níkelon y Jelwyn (el sujeto en cuestión) huyeron hacia Ardieor. Tras salvarse de un par de emboscadas llegaron a Comelt, donde Níkelon conoció a Garalay, la hermana menor de su salvador, y quien le había ordenado salvarle. Cuando llegan al Valle de Katerlain, las Damas Grises informaron a Níkelon de que le habían elegido para una difícil misión, al final de la cual terminaría convertido en Emperador de Ternoy. Níkelon aceptó con tres condiciones, la más peliaguda de las cuales era que le concedieran la mano de Garalay. Se le concedió, a pesar de las protestas de la chica. Poco después, en una emboscada, los ardieses capturaron a una extraña joven que acabó enfrentando al Señor de Ardieor con sus hijos. Al final, Jelwyn y el Señor de Ardieor terminaron luchando a muerte, la extraña joven resultó ser Zetra y huyó con la hija de Jelwyn, y Garalay se marchó caminando sobre el agua del lago con destino desconocido. Y luego, Jelwyn y Níkelon partieron hacia Ternoy en misión de rescate.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; TERCERA PARTE: EL REGRESO DE VIDRENA&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;No está muerta la que duerme eternamente. Y a todo el que duerme se le puede despertar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; CAPÍTULO 1&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Extraños son los caminos del destino (Jalen y Hindy)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; Cuando aún no tenía edad para sentirse humillada por no haber podido Transformarse, Briana había visitado un Oráculo. El Oráculo era una vieja bidente (como decía la Suma Sacerdotisa del Templo de la Dama de Plata riéndose de su propio juego de palabras) que vivía en el fondo de una cueva rodeada de todos los adminículos necesarios para crear un ambiente terrorífico: cráneos con velas pegadas en la coronilla, murciélagos colgando de la pared, pócimas burbujeando en diversos calderos y una escudilla donde dejar las monedas. Briana había dejado dos monedas de cobre y, siguiendo las instrucciones de la vieja, le había alargado las manos.&lt;br /&gt; -Esto es muy interesante -había dicho ella tras dar un trago de lo que se suponía que era una poción que abría la mente para recibir al espíritu de la diosa. Cada vez que pronunciaba una ese, escupía gotitas de saliva, pero Briana ya había sido advertida y se mantenía a distancia-. Muy, muy interesante.- Sus ojos brillaban como monedas de oro.- Niña, en vuestro futuro veo un extranjero alto y moreno.&lt;br /&gt; Briana procuró no sonreír. Ya había oído contar que la vidente del Oráculo siempre veía extranjeros altos y morenos en las manos de todas las jovencitas que la visitaban. No parecía tener en cuenta que los únicos extranjeros de cualquier tamaño y color que habían pisado tierra lossianesa eran Garlyn y sus seguidores, seiscientos años antes.&lt;br /&gt; -Sí, veo un hombre de ojos claros y mirada oscura, de voz dulce y sonrisa amarga, de triste pasado e incierto futuro. Y también veo que seréis vos quien le encuentre a él, y solo entonces os encontraréis a vos misma.&lt;br /&gt; Sí, pensó Briana. La Sacerdotisa tenía razón. La vidente bidente era una estafa. Si alguna vez regresaba a Lossián, volvería a la cueva y, si aún vivía, le pediría explicaciones. Y también sus dos monedas de cobre.&lt;br /&gt; Briana aún tenía la nariz congestionada, pero ya estaba casi recuperada de su resfriado, o lo que fuera que hubiera pasado. Aún tenía moratones donde la había golpeado Lajja, pero cada vez costaba más verlos. Seguían proporcionándole agua, alimento y música vocal de fondo, pero por otra parte parecían haberse olvidado de ella. Briana apenas recordaba ya cómo era la luz del día. Trataba de entretenerse recordando tonterías de su vida pasada, como aquella visita a la vidente bidente, pero cada vez era más difícil. Había llegado a una situación en que casi hubiera agradecido que la matasen de una vez.&lt;br /&gt; Y un día, cuando ya estaba pensando en que la próxima vez que le llevasen aquella nauseabunda comida se negaría a tomarla, se abrió la puerta, y uno de aquellos seres asquerosos (trhogol, había oído que se llamaban) la obligó a levantarse a tirones, le ató las manos y la arrastró fuera del calabozo.&lt;br /&gt; Por un momento, Briana pensó que iban a matarla, o quizás a torturarla un poco. Pero la llevaron al patio de armas. La luz del día le hizo guiñar los ojos. El árbol marchito seguía allí en medio. Lástima de bellotas, pensó Briana recordando su sueño.&lt;br /&gt; Levantó su mirada hacia la Torre Norte. En la ventana, mirando hacia el patio, estaba aquella pálida bruja. Debía haber sido ella quien había ordenado que se la llevaran. Mientras Briana trataba de acostumbrarse a la idea, oyó el ruido de la puerta abriéndose y un brusco tirón de sus cadenas la hizo ponerse en marcha.&lt;br /&gt; Si iban a matarla, lo harían fuera de allí. Al aire libre. Mientras salían por la vieja puerta y comenzaban a descender la colina, Briana pensó que podría haber sido peor.&lt;br /&gt; Pero no se le ocurría cómo.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; El gris amanecer de las Tierras Peligrosas encontró a Jelwyn y Níkelon montados en sus caballos. La noche había sido tan oscura que Níkelon nunca pudo explicarse cómo los caballos habían podido continuar andando sin tropezar con nada ni salirse del camino, y tan silenciosa que hasta los jadeos y olfateos de Gris provocaban siniestros ecos en las montañas.&lt;br /&gt; Cuando la luz comenzó a resbalar desde las cumbres y a dejarse caer como por descuido sobre los pinos mustios, los robles moribundos y los vigorosos espinos, Jelwyn decidió que ya era hora de descansar un poco, desayunar y tal vez dormir, así que se apartaron del camino y buscaron un lugar resguardado donde pasar la mañana.&lt;br /&gt; Mientras se calentaba el agua para la menta, Jelwyn sacó un arrugado pergamino de las alforjas de su caballo y lo extendió en el suelo ante Níkelon.&lt;br /&gt; -Si seguimos a este ritmo, llegaremos al Vado mañana al anochecer.&lt;br /&gt; -¿No se puede cruzar la frontera por otro lugar?&lt;br /&gt; -En los Viejos Tiempos se podía cruzar en barco desde Threelet. Pero ahora, aunque pudiéramos ir allí y robar uno, perderíamos demasiados días -Jelwyn señaló una amplia curva cerrada irregular rellena de rayitas discontinuas-. Los Pantanos. Existe una senda bastante segura que los atraviesa, pero los trhogol la conocen. También existen un millón de sendas más, llenas de arenas movedizas, criaturas carnívoras, y algunas sin salida. Podríamos evitar esos peligros rodeándolos -bordeó con el dedo- por el Este, o por el Oeste. Perderíamos más tiempo, pero nos evitaríamos encuentros desagradables. Y la Fiebre.&lt;br /&gt; -Tú estás al mando, ¿qué prefieres hacer?&lt;br /&gt; -Un momento -Jelwyn apartó la pequeña cacerola del fuego, echó las hojitas de menta y regresó al mapa-. Los mapas no son muy buenos, se dibujaron siguiendo las instrucciones que daban mis antepasados si lograban regresar de Ternoy, y los mejores se perdieron con Dagmar. Las tres opciones son peligrosas y elijamos la que elijamos, iremos casi a ciegas.&lt;br /&gt; -La aventura es la aventura. Si las tres opciones son peligrosas, opino que deberíamos elegir el camino más corto.&lt;br /&gt; -Olvidaba que estoy tratando con el Libertador de los Pantanos.&lt;br /&gt; Níkelon sintió que se ruborizaba de cólera. Pero Jelwyn no se dio por enterado. Dobló el mapa y lo volvió a guardar en las alforjas, sirvió la menta y comenzó a bebérsela todo lo deprisa que se puede beber un líquido casi hirviente.&lt;br /&gt; -Dagmar tiene razón. Haces la menta demasiado fuerte.&lt;br /&gt; Jelwyn negó con la cabeza.&lt;br /&gt; -Vuestros paladares son demasiado débiles.&lt;br /&gt; Por la actitud de Jelwyn, Níkelon habría podido creer que la noche anterior había sido una pesadilla. Desde luego, era tan incomprensible como la más extraña de ellas.&lt;br /&gt; -¿Por qué has venido? ¿Para encontrar a Dag?&lt;br /&gt; -Entre otras cosas. Mira, Jelwyn, la terrible verdad es que eres el mejor amigo que he tenido nunca, y no quería quedarme solo entre desconocidos. Además, se supone que soy el Liberador de los Pantanos, tú mismo lo has dicho, y me he cansado de esperar a que las Damas Grises me digan si estoy o no preparado. Así que me he puesto en marcha.&lt;br /&gt; Jelwyn le miró con las cejas alzadas desde detrás de la taza de menta, terminó de tragar el líquido y dejó la taza en el suelo con deliberada calma, antes de contestar.&lt;br /&gt; -¿De verdad soy el mejor amigo que has tenido nunca? -Níkelon asintió-. Tu vida debe haber sido muy triste.&lt;br /&gt; -Soportable. ¿Y ahora qué haremos?&lt;br /&gt; Jelwyn torció las comisuras de los labios hacia abajo.&lt;br /&gt; -No sé lo que harás tú, pero yo iré al Castillo Negro, rescataré a Layda, volveré con ella y dejaré que decida si quiere irse de Ardieor conmigo o quedarse y heredar a su abuelo. Ya iré pensando en los detalles del plan por el camino.&lt;br /&gt; -Parece fácil.&lt;br /&gt; Jelwyn no captó la ironía, o tal vez no tenía ganas de hacerlo. Recogió las cosas, tendió la manta y se acostó con la mano izquierda sobre la empuñadura de su espada, preparado para reaccionar al menor sonido. Cerró los ojos y en poco tiempo pareció dormido. Níkelon aún rabiaba de ganas de preguntarle por qué creía que Layda se había portado como se había portado, y por qué se empeñaba en ir a rescatarla después de cómo le había tratado ella, y si era o no de verdad su hija, y si tenía algún plan para rescatar a la gente del Valle si caían prisioneros, y cómo era posible que durmiera tan tranquilo con tantas preocupaciones.&lt;br /&gt; Y sobre todo, por qué había dado por supuesto que él, Níkelon, iba a hacer la guardia.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Garalay caminaba en medio de la niebla, como en sus pesadillas, con el corazón dispuesto a acelerarse en cuanto oyera el más mínimo ruido. No oía sus propios pasos, ni siquiera estaba segura de estar caminando. Al entrar en el Mundo Borroso, sus entrañas parecían haberse dado la vuelta en su interior cual tortilla lanzada al aire por manos hábiles desde una sartén. Al principio, había desconfiado de sus piernas. La niebla le impedía ver dónde ponía los pies, hacia dónde iba y desde dónde. La posibilidad de equivocarse de camino la aterraba más que la de no salir viva de allí.&lt;br /&gt; Así que esto es el Otro Mundo, pensó. El Mundo Borroso. Era lo más decepcionante que había visto en su vida. Ni siquiera tenía un paisaje digno de tal nombre. Solo niebla y oscuridad, y mucho frío.&lt;br /&gt; Y entonces comenzó el ruido. Un sonido como de miles de patas acercándosele a toda velocidad. No, se corrigió. No era como de miles de patas. Eran miles de patas. O tal vez no fueran miles, pero aún así eran demasiadas patas.&lt;br /&gt; De repente, aquello surgió de entre la niebla. Con todas sus patas (ocho), con todos sus quelíceros (dos) y con todo el resto de su hinchado cuerpo cargando contra ella. Una garrapata. No, pensó Garalay mientras el pánico trepaba a su garganta para ponerse a salvo. La garrapata. Si no era ella, debía ser una descendiente muy directa de la Primera Garrapata, aquella que había enloquecido a los perros de los primeros humanos junto a las primitivas hogueras, y de la cual las garrapatas actuales no son más que imágenes repetidas hasta el infinito en un espejo defectuoso. Ante semejante visión, Garalay olvidó su dignidad, y, a falta de silla o mesa a la que encaramarse, piedra con la que machacar al arácnido o aceite con el que untarle, dio media vuelta y echó a correr con la alucinada lentitud de las pesadillas, hasta que sus piernas se agarrotaron, sintiendo la presencia del asqueroso bicho tras ella, oyendo el sonido de sus patas acercándose. Más de una vez, un roce en la nuca la hizo lanzar un chillido. Algo se enredó con su tobillo, y Garalay, con un grito de pánico, rodó por un suelo demasiado duro y real para su gusto. Intentó levantarse, pero un tirón en el hombro la dejó jadeando de dolor. Con un estremecimiento de asco, esperó el picotazo.&lt;br /&gt; Y entonces oyó una voz joven y alegre que decía en un perfecto ardiés con acento de Dagmar:&lt;br /&gt; -¡Eh, bicho, métete con alguien de tu tamaño!&lt;br /&gt; Y luego, el silencio. Garalay nunca supo si había habido una lucha silenciosa o la garrapata se había marchado asustada. Solo supo que el maldito artrópodo desapareció y el propietario de la voz se agachó a su lado.&lt;br /&gt; -Ya sé que es una pregunta tonta, pero ¿te encuentras bien?&lt;br /&gt; Garalay levantó la cabeza.&lt;br /&gt; Estuvo a punto de gritar ¡Nikwyn!, pero se contuvo. Él la miró con un destello de pánico en los ojos.&lt;br /&gt; -¿Dagmar?&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;  *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; La Dama Gris de Dagmar estaba sacando una capa del arcón cuando la puerta de la Torre se abrió como impulsada por una irresistible corriente de aire. Lym Vaidnel se detuvo en la puerta para recuperar el aliento.&lt;br /&gt; -¡Se van!&lt;br /&gt; -¿Quién?&lt;br /&gt; -Norwyn y la Segunda. Dice que ahora Jelwyn es el Señor de Ardieor y que le ordenó que se fueran a Comelt, con todos los que quieran seguirle. Pero nadie sabe si es verdad porque Jelwyn no está aquí para confirmarlo.&lt;br /&gt; -Bueno, al menos alguien tiene sentido común. Ve a buscar a Artdia Trheelet y tu Maestra y diles que preparen sus cosas. Nos vamos con ellos.&lt;br /&gt; -¿Vamos a abandonar al Señor de Ardieor?&lt;br /&gt; -No. Vamos a esperar su regreso en Comelt. ¡Date prisa, o se irán sin nosotras!&lt;br /&gt; La lym salió corriendo. La Dama Gris se agachó y buscó en el arcón. Allí estaba. El cofrecillo de aspecto insignificante, y en su interior, el famoso veneno de las Damas Grises. Sus manos temblaron un poco al cogerlo. Lo dejó en el suelo con mucho cuidado, se puso la capa, se la cerró con su broche en forma de mariposa, tomó el cofrecillo y se dirigió a la Casa Aletnor.&lt;br /&gt; Los ardieses corrían de un lado a otro con sus cosas, broncas discusiones resonaban por todo el Balle. La Dama Gris distinguió a Lym Vaidnel hablando con Norwyn. El joven miró hacia ella e hizo una ligera inclinación de cabeza. La Dama Gris respondió con otra.&lt;br /&gt; Se detuvo unos instantes en el umbral de la Casa. En el momento en que se suponía que debía mostrar más valor, estaba asustada. Pero él sabía que estaba allí.&lt;br /&gt; -Entra.&lt;br /&gt; Parecía haber envejecido diez años. La recorrió de arriba a abajo con una larga mirada.&lt;br /&gt; -Así que vosotras también me abandonáis.&lt;br /&gt; No era una pregunta, ni siquiera un reproche. La Dama Gris asintió.&lt;br /&gt; -He hablado con Arlina, esta mañana. En realidad, ella ha hablado conmigo. Están muy enfadadas. Ella y Katerlain. Dice que cuando todo termine cerrarán el Valle y se lo llevarán. Nadie volverá a encontrarlo nunca.&lt;br /&gt; -Cuando todo termine... ¿En qué me he equivocado, Artdia Dagmar? ¿Cuándo comenzó a derrumbarse todo? ¿Por qué he tenido que perderles a los tres?&lt;br /&gt; -No se puede competir con un muerto. Los vivos pueden cometer errores, pero Farfel siempre estaba en tu memoria con su brillante perfección. Y nunca dejaste de restregárselo por las narices a Jelwyn, como si él no hubiera lamentado su muerte tanto como tú. A veces parecía que sentías más que Jelwyn estuviera vivo que el que Farfel estuviera muerto.&lt;br /&gt; -¿Has venido solo para atormentarme, Dama Gris? Porque para eso me basto yo solo.&lt;br /&gt; -Querido, tú has preguntado. Yo solo te he dado las respuestas. Si no te gustan es cosa tuya.&lt;br /&gt; -¿Sabes que te odio cuando tienes razón? -Heryn suspiró- Nunca debí aceptar el Sello. Nunca debería haber permitido que mi hermano renunciase a Ardieor. ¿Recuerdas la maldición? Quien tome el Sello a la fuerza, lo perderá del mismo modo, quien se muestre indigno de él, perderá su vida.&lt;br /&gt; -Podrías evitarlo. Podrías venir con nosotros.&lt;br /&gt; -No digas tonterías, Dama Gris. Si de verdad pensaras eso, no habrías venido con... lo que llevas en ese cofrecillo. ¿Crees que no me he dado cuenta?&lt;br /&gt; La Dama Gris tembló. Se le había secado la garganta y tenía la lengua pegada al paladar. Pero aún consiguió susurrar:&lt;br /&gt; -Heryn...&lt;br /&gt; -No importa.&lt;br /&gt; -¿Qué es lo que no importa?&lt;br /&gt; Heryn se adelantó hacia ella y tomó el cofrecillo de sus manos. La Dama Gris continuó en la misma posición, con las manos extendidas como si aún sostuviera algo.&lt;br /&gt; -Nada. He sido el Señor de Ardieor más desastroso desde los tiempos de Gartwyn, pero aún estoy a tiempo de remediarlo. No iré contigo a Comelt, y no me dejaré atrapar vivo. Si vuelves a verlo, dile a Jelwyn que lo lamento. Intenté decírselo, pero no sé si me entendió -Heryn abrió el cofrecillo y miró la redoma-. ¿Tiene buen sabor? Espero que no sea muy empalagoso.&lt;br /&gt; La Dama Gris dejó caer sus manos. Se sintió estúpida al notar las lágrimas cayendo por sus mejillas.&lt;br /&gt; -El veneno nunca tiene buen sabor.&lt;br /&gt; -No te he dado permiso para llorar, Dama Gris.&lt;br /&gt; -Lo siento. Lo siento mucho, todo lo que ha pasado.&lt;br /&gt; -Tenía que ocurrir, supongo. De una forma o de otra.&lt;br /&gt; En un impulso que ni ella supo explicarse, la Dama Gris abrazó a Heryn.&lt;br /&gt; -Te quiero mucho, Último Señor del Valle. Que tengas un buen viaje.&lt;br /&gt; Heryn le palmeó la espalda.&lt;br /&gt; -Date prisa, Artdia Dagmar, o te dejarán aquí.&lt;br /&gt; Ella se apartó, se limpió las lágrimas y salió de la Casa sin mirar atrás.&lt;br /&gt; No lo vio, pero podía adivinar cómo Heryn se sentaba, sacaba la piedra de afilar y comenzaba a pasarla por la hoja de su espada muy, muy despacio.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;  *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; -Mis amigos me llaman Garalay. -Como él aún parecía un poco asustado y muy sorprendido, Garalay añadió:- Es el nombre del petirrojo en idioma Antiguo. Me lo puso una Antigua. La Dama del Lago de Katerlain, no sé si llegaste a conocerla.&lt;br /&gt; Soy yo la que debería estar asustada, pensó. Se supone que llevas cien años muerto. Pero en lugar de decírselo, se incorporó del todo, se echó el pelo hacia atrás y se sacudió la posible suciedad que hubiera en su ropa.&lt;br /&gt; -¿Quién eres?&lt;br /&gt; -La Lym de la Dama Gris de Dagmar. Y si eres quien yo creo, tu tataranieta -Tal vez se hubiera dejado uno o dos «ta», pero no creía que la cosa tuviera mucha importancia.&lt;br /&gt; Tairwyn Lym-Dayra Tadenor, Capitán de la Guarnición de Dagmar, y por un breve par de años Señor de Ardieor, alargó la mano para tocarla. Garalay sintió un hormigueo cuando los dedos atravesaron su hombro.&lt;br /&gt; -¡Estás viva! Pensaba que eras un fantasma como yo. O que estabas soñando. ¿Cómo has entrado aquí?&lt;br /&gt; -A través del Lago de Katerlain. Caminé sobre el reflejo de los rayos de la luna llena en su superficie justo antes de un eclipse -Y, como adivinaba su próxima pregunta, anticipó la respuesta:- He venido para despertar a Vidrena, ¿sabes dónde está?&lt;br /&gt; Tairwyn sonrió.&lt;br /&gt; -¿Crees que podría no saberlo?&lt;br /&gt; Le ofreció el brazo como si ella pudiera agarrarse a él. Garalay sonrió, lo tomó como si de verdad pudiera tocarle y comenzaron a andar.&lt;br /&gt; La leyenda no le hacía justicia, pensó Garalay mientras su antepasado le explicaba cómo había soportado cien años en el Mundo Borroso, ayudando a los fantasmas y soñadores que se perdían por allí a encontrar sanos y salvos su camino, hacia su cuerpo o hacia el Otro Mundo, y en su tiempo libre (si es que allí podía hablarse de tiempo) velaba el sueño de su amada. Era más guapo que Níkelon, con la barbilla más firme y la nariz más recta y corta, y el verde de sus ojos era más oscuro. Pero no era tan alto como el galendo.&lt;br /&gt; La voz de Tairwyn irrumpió en sus pensamientos, justo a tiempo de evitar que se perdiera en ellos.&lt;br /&gt; -Ahí está.&lt;br /&gt; La Colina y el Círculo de Hielo. A Garalay se le hizo un nudo en la garganta. Le sudaban las manos y cualquier otro pensamiento que no fuera la colina y el círculo de hielo fue arrastrado lejos de su mente.&lt;br /&gt; Tairwyn le dio una palmadita en la espalda. La atravesó, pero Garalay agradeció la intención de todas maneras.&lt;br /&gt; -Toda tuya, petirrojo.&lt;br /&gt; Garalay compuso su gesto más valeroso y comenzó a subir la colina. Esperaba que fuera más difícil, tener que pasar pruebas o encontrar resistencia, como espinos, un dragón, una tormenta de nieve o voces amenazantes que trataran de obligarla a regresar con imaginativos insultos. Pero nada de esto ocurrió, y Garalay se encontró con decepcionante rapidez en lo alto de la colina, delante del círculo de hielo.&lt;br /&gt; Era tan transparente que podía ver a la mujer dormida. Desde la pulcra cabellera rubia, con su impecable corte por debajo de las orejas, hasta las centelleantes botas sin una mota de polvo. Las uñas, limpias y rectas, de las manos cruzadas sobre el pecho, la capa gris sin la sombra de una arruga, sujeta en el hombro derecho con una bruñida estrella roja, la cota de malla y los pantalones... Garalay se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración. A su lado Tairwyn suspiró. Debía haber subido mientras ella miraba embobada a la Señora de Ardieor.&lt;br /&gt; -¿No es la mujer más hermosa del mundo?&lt;br /&gt; Garalay asintió, sintiendo cada punta abierta de sus cabellos, cada arruga de su vestido, cada mota de polvo de sus zapatos y cada poro demasiado grande de la piel de su cara como si fueran muelas picadas.&lt;br /&gt; Caminó alrededor del círculo de hielo, y comprobó que, como tal círculo, estaba cerrado y no se podía atravesar. Y además, estaba muy frío.&lt;br /&gt; -Ábrete. -No ocurrió nada. Garalay recordó un antiguo cuento que había oído de pequeña y añadió a la desesperada:- Sésamo.&lt;br /&gt; Siguió sin ocurrir nada. Garalay insistió con todas las semillas que conocía, y con algunas de las que solo había oído hablar, incluso con un par de frutos y bayas silvestres, pero allí cada vez hacía más frío y el círculo hasta parecía solidificarse aún más.&lt;br /&gt; -¿Y si probaras con buenos modales? -Tairwyn parecía estar riéndose de que ella se hubiera lastimado el pie al darle una patada al hielo.&lt;br /&gt; -Esto son buenos modales. No os gustaría saber cómo son los malos. Ni a ti ni a esa estúpida pared.&lt;br /&gt; -Podrías pedírselo por favor.&lt;br /&gt; -No estás hablando en serio.&lt;br /&gt; Garalay intentó creer que aquella sonrisa era inocente. Pero hacía falta más fe en la humanidad de la que ella tenía.&lt;br /&gt; -Intentarlo no te costará nada.&lt;br /&gt; -Hablas igual que Nikwyn -Tairwyn se limitó a sonreír. Garalay soltó aire en un ruidoso suspiro-. Ábrete. &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Por favor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; El muro se fundió tan deprisa que tuvo que retroceder para que el agua no la salpicara.&lt;br /&gt; -¿Lo ves?&lt;br /&gt; Garalay se acercó a la cabecera del lecho de piedra. Recordó todos los cuentos que había oído sobre cómo despertar bellas durmientes. Lo primero en lo que pensó fue en besarla, pero no sabía dónde, ni cómo se lo tomaría ella. Sacudirla por los hombros, pellizcarle la mano o tirarle del pelo era una grosería, al igual que silbar en su oído. Se metió las manos en los bolsillos y entonces tropezó con el Sello. Casi había olvidado que lo tenía. Recordó la historia de Hildwyn y Himanday. Él se despertó cuando ella deslizó el Sello en su dedo...&lt;br /&gt; Garalay tomó con mucho cuidado la mano izquierda de Vidrena, y se sorprendió al hallar tan cálida la mano de alguien que había pasado cien años durmiendo en medio del hielo. Se sacó el Sello del bolsillo y lo deslizó en el dedo medio de Vidrena.&lt;br /&gt; -Despierta, mi Señora, Ardieor te necesita.&lt;br /&gt; Vidrena Lym-Gartwyn Aletnor, Señora de Ardieor, Gobernadora de Dagmar y Princesa de Galenday, se removió, emitió un débil gemido y farfulló:&lt;br /&gt; -Un ratito más, abuelo.&lt;br /&gt; Se dio media vuelta, apoyó la mejilla en las manos con un suspiro de satisfacción y siguió durmiendo. Garalay estaba comenzando a enfadarse.&lt;br /&gt; -Dren, llevas cien años durmiendo. Ardieor gime bajo la opresión, Alwaid usurpa tu puesto en la Torre Norte y tus descendientes se esconden en las montañas como alimañas acorraladas. ¿No crees que va siendo hora de que regreses y arregles las cosas?&lt;br /&gt; Los ojos oscuros, casi negros, de los que hablaba la leyenda, se abrieron y se clavaron como puñales en los de Garalay.&lt;br /&gt; -Dama Gris, ¿te digo yo cómo hacer tu trabajo? -Se incorporó, se desperezó y sonrió a la sorprendida Garalay-. Solo una Dama Gris es capaz de decir algo como «gime bajo la opresión».&lt;br /&gt; Garalay levantó la barbilla.&lt;br /&gt; -Soy la lym de la Dama Gris de Dagmar y eso era una met...&lt;br /&gt; -Eso era pura cursilería -Vidrena saltó del lecho, se ajustó el cinturón, se colocó bien la cota de malla y se echó atrás el pelo con los dedos-. ¿Nos vamos o vas a quedarte ahí cien años más con cara de tonta?&lt;br /&gt; -Sí, claro, quiero decir, sí, nos vamos. ¿Dón..?&lt;br /&gt; -Primero, a recuperar mi espada. Luego, a encontrar la manera de salir de aquí, y por último a salvar al mundo, se deje o no.&lt;br /&gt; -¿Tu espada? ¿Sabes dónde está?&lt;br /&gt; Vidrena negó con la cabeza. Garalay supuso que estaría algo contrariada porque ella había logrado terminar una frase.&lt;br /&gt; -No, pero si no comienzo a buscarla nunca la encontraré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Seguro que echabáis de menos a la dulce Dren tanto como yo, jeje. Hasta la semana que viene.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114220700823552382?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114220700823552382/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114220700823552382&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114220700823552382'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114220700823552382'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/03/resumen-de-la-segunda-parte-y-captulo.html' title='Resumen de la segunda parte, y Capítulo 1 de la tercera'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114160381163883099</id><published>2006-03-06T01:03:00.000+01:00</published><updated>2006-03-06T01:10:11.670+01:00</updated><title type='text'>Resumen del capítulo 14, y Capítulo 15</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;En el capítulo anterior:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Jelwyn descubrió quién era en realidad la "dulce" Adiel y  no le gustó nada el descubrimiento. Las Damas Grises le han comunicado a Garalay que ella también tiene una Misión, y el Señor de Ardieor corre grave peligro de volverse aún más loco de lo que está.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; CAPÍTULO 15&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Discusiones familiares! ¡Las odio! (Jalen y Hindy)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; Aquella vez las espadas no eran de madera. Y la lucha no era en broma, ni siquiera al principio. La luz de los relámpagos centelleaba en las hojas y en las miradas de los contendientes. Ninguno de los dos hablaba. No estaban para bravuconadas.&lt;br /&gt; Todo era cuestión de muñeca, se dijo Jelwyn mientras liberaba su espada de la de Heryn con un movimiento circular y luego saltaba hacia adelante para romper su guardia. No lo consiguió. Heryn le esquivó y se lanzó al frente. El filo de la espada rozó su mandíbula. Jelwyn giró en redondo, saltó también hacia adelante y Heryn estuvo a punto de caer. Jelwyn arremetió, se retiró y volvió a arremeter, con golpes rápidos y cortos, buscando la forma de hacerle perder de nuevo el equilibrio. Pero Heryn era más hábil y estaba aún más furioso que él.&lt;br /&gt; -Así que eso era lo que te proponías. Robarme a mi novia, traidor, embustero, mal hijo...&lt;br /&gt; Jelwyn no respondió. Estaba demasiado ocupado parando sus mandobles y esquivando el juego de pies que pretendía derribarlo. Una de tantas veces, la espada de Heryn le hirió en la mano izquierda. Jelwyn apretó los dientes para no gritar, pero no soltó la espada. Encolerizado casi hasta el límite, consiguió trabar con su pie derecho el de Heryn y hacerle caer. Heryn se las arregló para incluso en esa situación detener los golpes y levantarse.&lt;br /&gt; El viento de la tormenta le metía el pelo en los ojos, las gotas de lluvia comenzaban a empapar el suelo y los rayos parecían ponerle música a cada finta, estocada y contragolpe. Por un momento, Jelwyn se planteó la posibilidad de dejar caer su espada y arrojarse sobre la de Heryn para acabar con todo aquello de una vez, pero entonces vio su oportunidad. Heryn levantó el brazo, y Jelwyn golpeó con todas sus fuerzas y tuvo la satisfacción de ver la espada de su padre saltar por los aires y clavarse en el suelo a bastante distancia.&lt;br /&gt; -Y ahora, mi Señor, si quieres escucharme un momento... -jadeó, con el filo de la espada apoyado contra el cuello de Heryn. Él hizo un intento de hablar, pero Jelwyn presionó aún más la espada contra el cuello- ¡Y no me interrumpas porque ya estoy empezando a cansarme de tantas tonterías! Para empezar, tu novia me ha estado persiguiendo desde que llegamos aquí. Supongo que se le habrá olvidado decirte que se metió en mi habitación la misma noche que llegó al Valle. Y además, Dag tenía razón. Tu novia es una espía de Ternoy, más aún, se trata de Zetra en persona. Siento decirte esto, pero has demostrado ser indigno de llevar el Sello Ardiés. Así que si haces el favor de entregármelo...&lt;br /&gt; -Quien toma el Sello a la fuerza...&lt;br /&gt; -Ya estoy maldito, mi Señor, una más no me hará daño -Apretó la espada contra el cuello más aún, deseando que él entrase en razón y no tener que matarle, pero dispuesto a hacerlo si era necesario-. ¡Deprisa!&lt;br /&gt; -Farf...&lt;br /&gt; -Si oigo pronunciar su nombre otra vez, te reunirás con él en el infierno. ¡Dame el Sello ahora mismo!&lt;br /&gt; Heryn, poco a poco, se sacó el anillo del dedo medio de la mano izquierda.&lt;br /&gt; -Que su maldición vaya contigo, y la mía también. Deberías haber muerto en su lugar.&lt;br /&gt; Jelwyn atrapó el anillo en su puño.&lt;br /&gt; -¿Cómo sabes que no lo hice?&lt;br /&gt; Envainó la espada y puso el Sello en su dedo. Dio la espalda al anterior Señor de Ardieor y comenzó a caminar hacia la aldea.&lt;br /&gt; Un grito de mujer le hizo girarse a tiempo de evitar que Heryn le apuñalase por la espalda.&lt;br /&gt; El impulso hizo que el antiguo Señor de Ardieor rodase por el suelo. Se quedó allí, inconsciente. Jelwyn miró hacia el Lago, asombrado. Hacía años que no veía a Arlina, y nunca la había visto con una expresión tan preocupada.&lt;br /&gt; -¡Deprisa, al Círculo! ¡Layda está en peligro!&lt;br /&gt; No se lo hizo repetir. Tomó del suelo la espada de los Señores de Ardieor, y mientras la tormenta parecía empeñada en detenerle a cualquier precio, corrió todo lo rápido que pudo en línea recta hacia el Círculo de Piedras. Pero sólo llegó a tiempo de ver cómo estallaban las piedras, y cómo Zetra, con una risotada maligna que debía llevar años ensayando, se situaba en el centro, donde un montón de escombros marcaba el lugar donde había estado la piedra más alta, con Layda de la mano, y se despedía de él.&lt;br /&gt; Jelwyn gritó llamando a Layda, pero ella solo le miró con ojos vidriosos, se llevó la mano al cuello, desabrochó el collar de coral rojo y lo dejó caer al suelo.&lt;br /&gt; Y luego, las dos desaparecieron.&lt;br /&gt; Jelwyn permaneció un momento mirando al vacío, hasta que un movimiento atrajo su atención. Níkelon se había incorporado y trataba de reanimar a Garalay.&lt;br /&gt; -Dagmar -murmuraba-. Por favor, di algo. No me hagas esto ahora, por favor, di algo.&lt;br /&gt; Jelwyn se agachó a su lado. Con un extremo de su capa, limpió lo mejor que pudo la cara de Garalay. Níkelon ni siquiera prestaba atención a sus maniobras, la mirada fija en la pálida cara de la joven. Entonces, Garalay gimió y abrió los ojos.&lt;br /&gt; -Algo.&lt;br /&gt; Volvió la cabeza y miró a Jelwyn.&lt;br /&gt; -¿Se la ha llevado? -Jelwyn asintió-. Lo siento.&lt;br /&gt; -Has hecho lo que has podido.&lt;br /&gt; Garalay se incorporó.&lt;br /&gt; -¿Sabes quién era?&lt;br /&gt; -Me he dado cuenta hace un rato. ¡Maldición, hemos sido unos estúpidos! ¡Del primero al último! ¡Qué locos, qué imbéciles!&lt;br /&gt; -Estamos en peligro, Jel, el hechizo ya no nos protege, y ahora ella sabe dónde estamos. Hay que sacar a todo el mundo de aquí.&lt;br /&gt; -Me encargaré de ello.&lt;br /&gt; Níkelon sintió un pinchazo en el corazón. En todo el tiempo que les conocía, nunca se había sentido tan excluido como en aquel momento. Tuvo la impresión de que Garalay lo estaba haciendo a propósito.&lt;br /&gt; Garalay tomó las manos de Jelwyn y abrió mucho los ojos en un gesto de sorpresa. Bajó la mirada y vio el anillo en el dedo medio de la mano izquierda de él.&lt;br /&gt; -¿Qué ha ocurrido?&lt;br /&gt; -Es una larga historia.&lt;br /&gt; Garalay entornó los ojos.&lt;br /&gt; -Dámelo.&lt;br /&gt; -¿Cómo?&lt;br /&gt; -El Sello, Jelwyn, dámelo. Lo necesito.&lt;br /&gt; -¿Que lo necesitas? ¿Para qué?&lt;br /&gt; -¡No hagas preguntas! ¡Entrégamelo!&lt;br /&gt; -No. El Sello es mío, y su maldición también.&lt;br /&gt; Garalay se levantó de un salto. Hizo un solo gesto, un ademán casi imperceptible con la mano, y, ante la mirada asombrada de Níkelon, Jelwyn cayó desvanecido.&lt;br /&gt; -¿Qué le has hecho?&lt;br /&gt; Garalay se volvió a mirarle, y Níkelon se quedó paralizado mientras ella le quitaba el Sello a su hermano y lo guardaba en su bolsillo.&lt;br /&gt; -Poderes de Lym. Discúlpate de mi parte.&lt;br /&gt; Y salió corriendo hacia el Lago.&lt;br /&gt; Apenas hubo salido del claro, Níkelon se sintió liberado del hechizo y salió corriendo tras ella.&lt;br /&gt; Garalay era veloz, pero estaba cansada y debía dolerle todo el cuerpo. A él también le dolía cada lugar donde le habían golpeado las piedras, pero no le importaba. La alcanzó en el sendero y la agarró del brazo.&lt;br /&gt; -¡Tú no vas a ninguna parte!&lt;br /&gt; Garalay se debatía como un animal rabioso, intentando liberarse. Uno de sus frenéticos manotazos alcanzó la ya afectada nariz de Níkelon, y el dolor le nubló la vista por un instante. Garalay aprovechó para soltarse y echar a correr de nuevo. Níkelon olvidó el dolor pulsátil en la nariz y corrió tras ella. A pesar de la tormenta, del bosque o de cualquier cosa que se interpusiera en su camino, tenía que alcanzarla.&lt;br /&gt; El viento le metía el pelo empapado en los ojos, las gotas de lluvia resbalaban por su cuello y se perdían en el interior de su camisa, los truenos le ensordecían, pero Níkelon consiguió, si no alcanzar a Garalay, por lo menos ver dónde estaba.&lt;br /&gt; La vio al borde de la Roca de Arlina, mirando al agua como dispuesta a saltar. Níkelon reparó sorprendido en que a pesar de la tempestad, las aguas del lago permanecían tranquilas, y que en ellas una línea recta de luz de luna parecía un camino.&lt;br /&gt; -¡Dagmar!&lt;br /&gt; Ella se volvió a mirarle, y esperó a que llegase a su altura.&lt;br /&gt; Permanecieron en silencio, algo incómodos por la situación. Bajo la tormenta, parecían los dos únicos seres vivos del mundo.&lt;br /&gt; -¿Qué vas a hacer?&lt;br /&gt; -Tengo que irme. He tratado de explicártelo esta tarde pero no he podido.&lt;br /&gt; -¿Irte? ¿Dónde?&lt;br /&gt; Garalay movió la cabeza y luego, como si acabase de recordar que debía hacer algo, recorrió la distancia que les separaba.&lt;br /&gt; Las gotas de agua resbalaban por sus mejillas casi como lágrimas. Níkelon tenía un nudo en la garganta. Intentó pensar en algo para convencerla de que no se fuera. Tuvo la vaga idea de que sus labios se movían para decir algo, pero ella le cubrió la boca con el dorso de la mano. La tenía tan helada que lo parecía hasta en comparación con el viento.&lt;br /&gt; -No hables. No es el mejor momento.&lt;br /&gt; Níkelon apartó la mano de Garalay de su boca, pero la retuvo un momento entre las suyas.&lt;br /&gt; -Y tampoco debe ser el mejor momento para otra declaración de amor, ¿verdad?&lt;br /&gt; -Como dice una de nuestras canciones, «hay cosas más importantes que el amor y la vida».&lt;br /&gt; -No -Níkelon no sabía a qué le estaba diciendo no, pero le parecía que era importante decirlo.&lt;br /&gt; Y entonces, como en un sueño, sintió que ella le rodeaba el cuello con los brazos y le daba un suave beso en la boca. Níkelon la abrazó con todas sus fuerzas para impedir que se fuera antes de tiempo, y la besó como había deseado hacerlo desde que había despertado en Comelt y la había visto. Por un momento casi creyó que la había convencido de que se quedara, pero entonces ella se apartó y murmuró con voz triste:&lt;br /&gt; -Cuida de Jelwyn.&lt;br /&gt; Y luego, como si no hubiera ocurrido nada, caminó hacia el Lago y saltó al agua. Níkelon gritó, pensando que iba a verla ahogarse, pero para su sorpresa, Garalay caminaba por la delgada línea plateada, en dirección a la luna, con tan solo un delicado ondeo de su capa gris. Se volvió una vez más cuando él la llamó.&lt;br /&gt; -¡Vuelve entera!&lt;br /&gt; Garalay levantó la mano en señal de despedida y desapareció.&lt;br /&gt; Entonces, como decía la profecía, una profunda sombra comenzó a cubrir la luna. Níkelon cayó de rodillas en la oscuridad, mientras el eclipse se completaba, la tempestad le azotaba como con un látigo y luego, poco a poco, reaparecía la luna y la tormenta amainaba al mismo ritmo.&lt;br /&gt; Algo frío y puntiagudo se apoyó en la nuca de Níkelon, y una voz aún más fría y puntiaguda dijo con una calma tan falsa que hasta él se dio cuenta:&lt;br /&gt; -Dame un motivo para no matarte.&lt;br /&gt; Níkelon pensó a toda velocidad. Tenía la punta de una espada, sostenida por un jeddart furioso, apoyada en la base de su cráneo, en un lugar ideal para atravesarle el cerebro de parte a parte con un sencillo movimiento ascendente. Y no le importaba lo más mínimo el que lo hiciera o no. Todo su instinto de conservación acababa de desaparecer en la luz de la luna.&lt;br /&gt; -Adelante.&lt;br /&gt; La espada se retiró de su puesto. Níkelon se esforzó para no suspirar de alivio.&lt;br /&gt; -Idiota sentimental -Jelwyn envainó la espada y se adelantó hasta el borde del Lago -¿Dónde ha ido?&lt;br /&gt; Níkelon levantó la cabeza.&lt;br /&gt; -Al Otro Mundo.&lt;br /&gt; Jelwyn le miró, sorprendido.&lt;br /&gt; -¿Cómo lo sabes?&lt;br /&gt; -Por algo que me dijo una vez.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Heryn levantó la cabeza al oír cómo se abría la puerta.&lt;br /&gt; -Ah, eres tú.&lt;br /&gt; Jelwyn estaba en la puerta, con los brazos cruzados, pero no atravesó el umbral. Le dirigió una de sus miradas y habló con voz fría y tranquila.&lt;br /&gt; -Lamento decepcionarte, pero tu novia ha secuestrado a mi hija, y la tuya se ha escapado con el Sello, al parecer al Otro Mundo. Yo solo vengo a despedirme.&lt;br /&gt; -¿Despedirte?&lt;br /&gt; -Me voy de Ardieor. Hace días que estaba pensando en irme, pero no sabía dónde. Ahora lo sé.&lt;br /&gt; Heryn se llenó la copa.&lt;br /&gt; -A Ternoy, ¿verdad? Debe ser cosa de familia. Al menos una vez cada generación a uno de nosotros le da por explorar el viejo y querido País Oscuro -levantó la copa en un brindis-. Buen viaje.&lt;br /&gt; -¿Quieres que te traiga algún regalo?&lt;br /&gt; -Me conformo con que me devuelvas mi anillo -Carraspeó para evitar que Jelwyn se diera cuenta de que estaba a punto de quebrársele la voz, buscó algo en su bolsa y se lo arrojó. Jelwyn lo atrapó al vuelo sin molestarse en comprobar qué era. Esbozó una mediasonrisa irónica al reconocer su estrella roja-. Vuelve con el Sello, Capitán, y todo quedará olvidado.&lt;br /&gt; Jelwyn asintió.&lt;br /&gt; -Mi único propósito es recuperar a mi hija. Pero te traeré el Sello si me lo encuentro por el camino.&lt;br /&gt; Heryn trató de sonreír.&lt;br /&gt; -Yo también lamento haberte decepcionado.&lt;br /&gt; Jelwyn se limitó a dar media vuelta y marcharse.&lt;br /&gt; Era ya madrugada, y la mayoría de los habitantes del Valle dormían, ignorantes de lo que había ocurrido en el bosque y a orillas del Lago. Jelwyn no sabía cómo se enterarían, y prefería no imaginar cómo reaccionarían, pero recordaba las palabras de Garalay acerca de ponerles a salvo.&lt;br /&gt; Norwyn había dejado la cena en el hogar, dentro de una cazuela, después de comerse su parte. Jelwyn no tenía hambre, pero tampoco había comido desde el mediodía, así que se sirvió un muslo de lo que esperaba que fuera conejo (conociendo a Norwyn, no le hubiera extrañado que se tratase de gato montés), se cortó una rebanada de pan, y mientras se la comía buscó una vela a la luz del hogar, la encendió y entró en la habitación de Norwyn.&lt;br /&gt; El joven jeddart despertó sobresaltado en cuanto él le sacudió un poco por el hombro. A Jelwyn le pareció oír algo como «no es lo que parece», pero prefirió no indagar más. Tendida a los pies de la cama, Gris abrió los ojos y les observó con cierto interés.&lt;br /&gt; -¿Aún estás dispuesto a hacer cualquier cosa por mí? -Norwyn asintió. Jelwyn supuso que creería que aún estaba soñando. Resistió el impulso de darle un bofetón para espabilarlo, y arrojó la estrella roja sobre la manta-. Bien. Ahora estás al mando de la Segunda del Valle. Llévales a Comelt, y a todos los que quieran seguirte, el Valle de Katerlain ya no es un lugar seguro. El hechizo se ha roto y el Círculo de Piedras ha sido destruido. Diles que he tenido que marcharme pero volveré. Protege a Kayleena con tu vida si es necesario. Y, sobre todo, bajo ningún concepto permitas que Dulyn se proclame Señor de Ardieor. Si has de hacerlo, tienes mi permiso para matarle. Buena suerte.&lt;br /&gt; -¡Espera, Capitán! -llamó Norwyn cuando ya estaba a medio camino de la puerta- ¿Dónde les digo que has ido?&lt;br /&gt; -A ver a mi Abuelita. ¿Se puede saber qué estás haciendo?&lt;br /&gt; Norwyn se había levantado y se estaba vistiendo a toda velocidad.&lt;br /&gt; -Te acompaño. No pienso permitir que vayas solo a...&lt;br /&gt; -Nor, ¿has oído algo de lo que te he dicho?&lt;br /&gt; -Pero Capitán...&lt;br /&gt; -¡A Comelt, Nor! ¡Esto es una discusión familiar y tú no tienes nada que hacer en ella!&lt;br /&gt; -Pero es peligroso... Mira, Capitán, ya que no quieres que te acompañe, podrías llevarte a Gris. No te causará ninguna molestia, puede alimentarse sola, y será casi como si yo estuviera allí.&lt;br /&gt; La perra levantó las orejas al oír su nombre. Norwyn silbó para acabar de atraer su atención.&lt;br /&gt; -Irás con él. Y cuidarás de que no le pase nada malo -Gris ladró como si hubiera entendido lo que le decía su dueño.- Buena chica.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Mientras cabalgaba hacia la salida del Valle, Jelwyn hizo un rápido repaso mental de todo lo que llevaba consigo. Espada. Provisiones. Cantimplora con agua, que esperaba poder llenar por el camino. Collar de Layda. Ballesta y dardos para cazar cuando se le terminasen las provisiones. Laydas y puñales arrojadizos. Amuleto de la buena suerte. Una perra prestada trotando junto a las patas de su caballo. Una estrella negra abrochando su capa. Un par de maldiciones sobre su destino.&lt;br /&gt; Y una muda de ropa porque nunca se sabe qué puede ocurrir en un viaje y hay que estar prevenido.&lt;br /&gt; No, pensó con otra de sus semisonrisas amargas, no se olvidaba de nada. Él no era de los que se olvidan cosas.&lt;br /&gt; Excepto tal vez del bulto que le esperaba junto a la salida.&lt;br /&gt; -¿Qué haces aquí?&lt;br /&gt; Níkelon sonrió de oreja a oreja.&lt;br /&gt; -Esperando mi destino. Se supone que debo convertirme en el liberador de los Pantanos, así que te acompañaré por lo menos hasta allí.&lt;br /&gt; -¿Cómo sabes que voy... allí?&lt;br /&gt; -Cuando un Aletnor sale de su hogar en plena noche sin compañía no va a tomar un trago a la taberna de al lado -Níkelon se puso serio-. Sabes que Ella te estará esperando, ¿verdad?&lt;br /&gt; -Correré el riesgo.&lt;br /&gt; -Muy bien, pues seremos dos.&lt;br /&gt; Jelwyn sabía que no se puede luchar contra el destino, pero menos aún contra la testarudez de alguien que estaba tan loco como para haberse enamorado de una Lym. Gris gimoteó, impaciente por seguir con el paseo.&lt;br /&gt; -Yo estoy al mando, ¿entendido? Yo doy las órdenes y tú las obedeces. Sin replicar ni discutir.&lt;br /&gt; Níkelon asintió.&lt;br /&gt; -Como tú digas, Capitán.&lt;br /&gt; Los lobos aullaron mientras ellos entraban en el túnel.&lt;br /&gt; -¿Ni siquiera vas a mirar atrás?&lt;br /&gt; -Llevo siete años mirando atrás, Nikwyn. Comienza a dolerme el cuello.&lt;br /&gt; Pero Níkelon sí que miró atrás. Y por un momento, le pareció que, más que dormido, el Valle de Katerlain estaba muerto. Se estremeció, dio media vuelta y siguió a Jelwyn a las Tierras Peligrosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¿A dónde ha ido Garalay? ¿Encontrará lo que está buscando? ¿Qué será de Zetra y de Layda? ¿Terminarán Jelwyn y Níkelon tirándose de los pelos? Parte de las respuestas, la próxima semana.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114160381163883099?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114160381163883099/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114160381163883099&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114160381163883099'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114160381163883099'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/03/resumen-del-captulo-14-y-captulo-15.html' title='Resumen del capítulo 14, y Capítulo 15'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114103937808091470</id><published>2006-02-27T12:13:00.000+01:00</published><updated>2006-02-27T12:22:58.110+01:00</updated><title type='text'>Resumen del capítulo 13, y Capítulo 14</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Resumen del Capítulo 13: Lo que iba a ser una simpática demostración de esgrima ha acabado con una discusión tan fuerte entre Jelwyn y el Señor de Ardieor que éste ha expulsado a su hijo de los jeddart. Mientras tanto, Níkelon y Garalay han presenciado cómo Adiel, con la ayuda de Layda, ha intentado romper el hechizo que mantiene en pie el Círculo de Piedras y oculto el Valle.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;CAPÍTULO 14&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Adiós, adiós y mil veces adiós. Pero, ¿queréis iros de una vez? (Jalen y Hindy)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt; Las Damas Grises escucharon a Garalay con toda su atención, y luego la Dama Gris de Dagmar miró a Níkelon como acusándole de algo.&lt;br /&gt; -Vete, queremos hablar con mi Lym a solas.&lt;br /&gt; Garalay le oyó murmurar que «un gracias de vez en cuando no les haría daño», y trató de no sonreír al oírle cerrar la puerta con un poco más de fuerza de la necesaria.&lt;br /&gt; Las Damas Grises no sonreían.&lt;br /&gt; -¿Ocurre algo?&lt;br /&gt; -¿Cómo te va con él?&lt;br /&gt; -Es simpático. Pero me caería mejor si no estuviera obligada a casarme con él. ¿Es eso lo que queríais decirme?&lt;br /&gt; -No. Siéntate -Garalay se dejó caer en la silla-. ¿Sabes qué noche es esta?&lt;br /&gt; -¿El cumpleaños de alguien?&lt;br /&gt; -Tal vez en alguna parte, pero no nos referimos a eso.&lt;br /&gt; -Lym, hemos estado hablando con Arlina. Esta noche hay luna llena -Un hormigueo recorrió la espalda de Garalay. Lo habitual era que hubiera luna llena por lo menos una semana al mes, así que si Arlina y las Damas Grises pensaban que había algo especial en ello era que no sería una luna llena corriente.&lt;br /&gt; -¿La Segunda Señal?&lt;br /&gt; -No pareces sorprendida -La Dama Gris de Trheelet parecía algo ofendida. Garalay trató de no sonreír.&lt;br /&gt; -Es lógico. Después de la Primera Señal debe venir la Segunda.&lt;br /&gt; -Muy bien, Lym. ¿Y qué anuncian las Cuatro Señales?&lt;br /&gt; -¿La derrota de nuestros enemigos?&lt;br /&gt; -¿Y cómo dicen que serán derrotados nuestros enemigos?&lt;br /&gt; Garalay recordaba la Profecía. La conocía del derecho y del revés, pero no recordaba que dijera nada de cómo iban a ser derrotados los enemigos de Ardieor. Movió la cabeza en señal de rendición.&lt;br /&gt; -No lo sé.&lt;br /&gt; -Existe otra profecía, Lym. Una un poco más antigua.&lt;br /&gt; Artdia Vaidnel cerró los ojos y recitó con expresión solemne.&lt;br /&gt; -&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Ella duerme y sueña, esperando su momento, y volverá. Volverá para matar a Zetra, y Zetra no podrá hacer nada para evitarlo. Porque se esconda donde se esconda, mate a quien mate, la encontrará y Zetra morirá como la bestia cobarde que es. Así habla Rhaynon: No está muerta la que duerme para siempre, y con un poco de suerte puede morir hasta la muerte&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt; Garalay respingó, sobresaltada. Aquello sí que no lo esperaba.&lt;br /&gt; -¿Las Señales anuncian el regreso de... la Durmiente?&lt;br /&gt; -Esta noche, justo antes de que la sombra cubra la luna, se abrirá una puerta entre este mundo y el Otro. Y alguien deberá cruzarla. Alguien con el suficiente valor y fuerza como para resistir los peligros del Otro Mundo y despertar a la Durmiente. Alguien capaz de caminar sobre rayos de luna reflejados en el Lago.&lt;br /&gt; -Alguien de Su sangre.&lt;br /&gt; -¡Un momento, Maestras! ¿No habíamos quedado en que Nikwyn tenía que ir a los Pantanos? ¿Cómo podría al mismo tiempo..? -Garalay se interrumpió al advertir sus miradas compasivas. La verdad la golpeó como una pedrada en la frente-. No podéis estar pensando en serio lo que creo que estáis pensando.&lt;br /&gt; -Ella necesitará el Sello. Deberás conseguirlo y llevárselo. Por las buenas o por las malas.&lt;br /&gt; -¿Pretendéis que robe el Sello? ¿Es que habéis olvidado lo que le ocurre a quien toma el Sello a la fuerza? ¡Me &lt;span style="font-style: italic;"&gt;gusta&lt;/span&gt; tener diez dedos!&lt;br /&gt; -Habíamos dicho que se necesitaba valor, ¿recuerdas?&lt;br /&gt; Garalay inclinó la cabeza.&lt;br /&gt; -Podríais haber avisado con un poco más de tiempo.&lt;br /&gt; -Míralo por el lado bueno, Lym Dagmar. Puede que te libres de casarte.&lt;br /&gt; Garalay fingió no oír esta frase.&lt;br /&gt; -Necesitará algo más que el Sello. ¿He de buscarla también?&lt;br /&gt; Las Damas Grises se miraron.&lt;br /&gt; -Por lo que sabemos, Wirda ya se las arreglará para ser encontrada.&lt;br /&gt; Garalay suspiró y se levantó.&lt;br /&gt; -¿Puedo retirarme para pensar? Esto ha sido un poco... inesperado.&lt;br /&gt; La Dama Gris de Dagmar asintió.&lt;br /&gt; -No se lo ha tomado mal del todo -dijo la de Vaidnel en cuanto la puerta se cerró a espaldas de Garalay.&lt;br /&gt; -No, el portazo de él ha sido más fuerte.&lt;br /&gt; -Imaginaos si llegamos a contárselo todo...&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Jelwyn iba a marcharse. Había pasado todo el día pensándolo. Ya había perdido demasiado tiempo esperando que algo cambiara, que Layda reconsiderara su actitud o que su padre le diera alguna señal de que en realidad todo formaba parte del Plan.&lt;br /&gt; El Plan. Había sido una locura desde el principio, desde la Idea de Farfel. Pero, al menos en apariencia, todo había estado saliendo bien. Hasta que las Damas Grises lo habían enredado todo jugando con profecías, su hombre en Dagmar había desaparecido y el Señor de Ardieor parecía haberse vuelto loco de verdad.&lt;br /&gt; Lo peor era que Jelwyn sospechaba que él mismo comenzaba a volverse loco. Ya había perdido la cuenta de las noches que Jaysa había salido de sus sueños para pasearse por el Valle. La noche anterior, hasta le había mirado cuando la había llamado.&lt;br /&gt; Estaba atardeciendo. Jelwyn sabía que una de las aficiones de Arlina era hacer que en su Lago tanto los atardeceres como los amaneceres fueran más hermosos que en ninguna otra parte. Incluso tenía sobornados a los ruiseñores para que cantasen en el momento oportuno. Jelwyn sonrió y se dio una palmadita en la estrella negra que abrochaba su capa. Iba a echarla mucho de menos. Por supuesto, no iba a quedarse en Ardieor. No soportaría la compasión de Dayra ni las burlas de Dulyn. Por lo que Níkelon le había dicho, si no en la Guardia Real, al menos podría encontrar empleo al servicio de alguno de los señores de Galenday. Ya hallaría la forma de comunicarse con Dag para que le diera noticias de Ardieor.&lt;br /&gt; Un soplo de brisa rizó las grises aguas del Lago. El cielo se estaba oscureciendo hacia el Este. Como si alguien le hubiera dado una señal, el ruiseñor comenzó a desgañitarse.&lt;br /&gt; Y por la orilla del Lago, como salida de la neblina, caminando con su paso ágil y ligero, iluminada por la luz rojiza del sol poniente, apareció Jaysa.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Garalay estaba arrodillada en el jardín, escardando las malas hierbas. En realidad las estaba arrancando con una furia apenas contenida, como si tuviera algo personal contra ellas.&lt;br /&gt; No levantó la cabeza al oír los pasos que se acercaban. Un par de botas se detuvo ante ella, y luego descendió el resto del cuerpo.&lt;br /&gt; -Dagmar, ¿te encuentras bien?&lt;br /&gt; -¿Qué estás haciendo aquí?&lt;br /&gt; -Venía a verte.&lt;br /&gt; -¿Por qué?&lt;br /&gt; -Me gusta mirarte.&lt;br /&gt; Garalay levantó la cabeza y se rió.&lt;br /&gt; -No es cierto. Quieres saber qué me han dicho las Damas Grises que no pudieras oír, y tienes la osadía de pensar que voy a contártelo.&lt;br /&gt; -Yo te lo contaría, princesa, no tengo secretos para ti -Solo uno, pensó, mirando la cara enrojecida por el esfuerzo, los ojos brillantes y los mechones de pelo pegados a las mejillas por el sudor-. ¿No estarías más cómoda con el pelo recogido? A veces me pregunto por qué os empeñáis en llevarlo suelto.&lt;br /&gt; Todo iría bien mientras pudiera seguir desconcertándola. Níkelon se aguantó las ganas de sonreír cuando ella se echó el pelo tras las orejas y dijo en tono defensivo:&lt;br /&gt; -Es tradicional.&lt;br /&gt; -Es incómodo -Níkelon alargó la mano, tomó un mechón de cabellos y lo examinó con cara de experto-. Tienes las puntas abiertas, a mis hermanas les daría un ataque si tuvieran una sola punta abierta.&lt;br /&gt; -Así que has venido a verme para criticar mi peinado.&lt;br /&gt; -Norwyn está cazando en el bosque, él sabrá qué, y tu hermano ha desaparecido, creo que se ha ido a pensar, el muy temerario. Estaba solo y me aburría, así que he decidido venir a pelearme contigo hasta la hora de la cena.&lt;br /&gt; -¿Quieres quitarme las manos del pelo de una vez?&lt;br /&gt; Níkelon había recogido el cabello de Garalay en la nuca y había echado la cabeza atrás para contemplar el efecto.&lt;br /&gt; -Deberías tener un espejo. Me gustaría que pudieras verte.&lt;br /&gt; -No me gustan los espejos. Nunca se sabe quién puede salirte en uno.&lt;br /&gt; -¿Por qué estás tan triste? ¿Es por alguna tontería que te he dicho sin darme cuenta?&lt;br /&gt; -¿Por qué crees que todo tiene que ver contigo? -Níkelon apartó las manos de su nuca y Garalay sintió cómo el pelo volvía a esparcirse por su espalda. Bajó la mirada hacia sus uñas llenas de tierra-. Nikwyn, ¿piensas alguna vez en la muerte?&lt;br /&gt; Ahora era ella quien había conseguido desconcertarle. Las cosas habían comenzado a dejar de ir bien.&lt;br /&gt; -¿En la de quién?&lt;br /&gt; Garalay no pareció oír su patético intento de bromear.&lt;br /&gt; -Cuando tenía cinco años vi la emboscada en la que murió mi madre. Una flecha se le clavó en el ojo izquierdo y le atravesó el cerebro. Creo que no sufrió.&lt;br /&gt; -¿Qué hacías tú en una emboscada a esa edad? -El desconcierto comenzaba a dar paso a una cierta inquietud.&lt;br /&gt; -No estaba allí, Nikwyn. La vi dentro de mi cabeza... no se me ocurre otra forma mejor de explicarlo. También vi morir a mi tío, el padre de Dayra.&lt;br /&gt; -¿Dentro de tu cabeza?&lt;br /&gt; -Fue un resfriado mal curado. Siempre he pensado que su anterior Dama Gris era una incompetente, a no ser que entonces ya fuera una traidora y le dejara morir a propósito... -Garalay sacudió la cabeza-. Incluso vi lo de Jaysa. En todo este tiempo, la única muerte que no pude ver fue la de Farfel. A veces aún tengo la esperanza de que esté vivo en alguna parte y no pueda regresar porque haya perdido la memoria o algo así... -Garalay suspiró-. A menudo me he preguntado si también podría verme a mí misma -Sí, pensó Níkelon, las cosas ya habían dejado de ir bien. Estaba asustado-. Ahora lo sé.&lt;br /&gt; -¿Qué sabes?&lt;br /&gt; -Anoche tuve un sueño. Lo he recordado esta tarde. Estábamos los dos en un lugar horrible, unas ruinas en medio de una llanura oscura y desolada, y tú me llevabas en brazos, yo... yo estaba muy pálida y tenía sangre en la cara, y los ojos cerrados, y los tuyos brillaban como si estuvieras a punto de llorar. Creo... creo que porque yo estaba muerta.&lt;br /&gt; Níkelon la abrazó. Sabía que era peligroso, más que nada por la dificultad de explicarlo si alguien les sorprendía, y que en realidad no debía hacerlo, pero también sabía que si no aprovechaba aquella oportunidad lo lamentaría el resto de su vida. Incluso se atrevió a darle palmaditas en la espalda.&lt;br /&gt; -No lo permitiré, Dagmar. Nadie te hará daño mientras yo viva.&lt;br /&gt; Ella debía estar muy asustada, porque no intentó apartarle ni liberarse. Solo mantuvo la cabeza apoyada en su hombro y dijo en voz muy baja:&lt;br /&gt; -No podrás hacer nada. Nadie puede nada contra la voluntad de Rhaynon.&lt;br /&gt; -Según tu Rhaynon, yo debería estar muerto. Tal vez no sea tan poderosa como te imaginas.&lt;br /&gt; Garalay soltó una risita.&lt;br /&gt; -Ya sé que eres un héroe, no hace falta que seas tan temerario.&lt;br /&gt; -Aún no tienes ni idea de lo temerario que puedo llegar a ser -Más aún cuando ella no le estaba mirando-. Jelwyn cree que estoy enamorado de ti -Níkelon sintió cómo el cuerpo de Garalay se tensaba, y la soltó para permitir que se apartase si quería-. Lo malo es que me parece que tiene razón.&lt;br /&gt; Garalay se había apartado de él. Sus párpados habían formado dos aspilleras, y en su interior los ballesteros tenían las armas cargadas y apuntando. Su voz se disparó como un dardo.&lt;br /&gt; -¿Qué sabe él?&lt;br /&gt; -Nada. Solo me observó y sacó conclusiones. Y si tú de verdad fueras tan buena viendo cosas habrías sabido que esto iba a ocurrir. ¡Por los mil dioses de Galenday, princesa! ¡Tengo veintiún años y eres lo más bonito que he visto en mi vida! ¿Crees que tuve alguna oportunidad?&lt;br /&gt; Garalay bajó la cabeza. Los ballesteros suspiraron de alivio, dejaron caer los brazos y se apoyaron en la pared de la torre hasta nueva orden.&lt;br /&gt; -Será mejor que te vayas, Nikwyn. Tengo que acabar con las malas hierbas antes de que se haga demasiado oscuro para verlas.&lt;br /&gt; Níkelon dio media vuelta y estaba a punto de obedecer la orden cuando oyó que ella le llamaba. Sus pies se pararon sin que su cerebro tuviera nada que decir al respecto. Cuando se volvió a mirarla, Garalay seguía arrodillada donde había estado, con las manos en el vientre, como si le hubieran clavado una espada. Níkelon olvidó enseguida que ella acababa de echarle y corrió a su lado. La cara de Garalay estaba contraída en un gesto de dolor.&lt;br /&gt; -¡El Círculo! ¡Debo ir al Círculo! ¡Ayúdame a levantarme!&lt;br /&gt; -¿Que te ayude...?&lt;br /&gt; -¡Se me han dormido las piernas!&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Jaysa estaba delante de él. Si extendía el brazo, tal vez podría tocarla. O tal vez su mano la atravesaría. Por lo menos comprobaría si era o no un fantasma.&lt;br /&gt; La mano se posó en un hombro sólido como las convicciones de una Dama Gris.&lt;br /&gt; -¿Eres tú de verdad?&lt;br /&gt; -Capi, ¿quién más podría ser?&lt;br /&gt; No cabía ninguna duda. Era su cara, sus ojos, y todo el resto. Carne viva y cálida que temblaba bajo su mano, pelo fino y suave que se agitaba en la brisa. Y nadie más que ella se había atrevido nunca a llamarle capi.&lt;br /&gt; Pero aún había algo que no terminaba de convencerle.&lt;br /&gt; -¿Por qué, Jaysa? ¿Por qué ahora? Llevo seis años con la misma pesadilla. Te veo morir una noche tras otra, y cada vez me despierto con la esperanza de que solo haya sido una pesadilla y que estés a mi lado. Pero nunca estás ahí porque la pesadilla es un recuerdo, y yo estuve allí.&lt;br /&gt; -Has pensado tanto en mí, has deseado tanto que volviera, que me has obligado a salir del otro mundo. Pero solo tenemos hasta mañana, así que más vale que aprovechemos esta noche.&lt;br /&gt; -Aún no puedo creerme que estés aquí de verdad.&lt;br /&gt; -¿Por qué no me besas para comprobarlo?&lt;br /&gt; Aquella sí que era la Jaysa alegre y descarada que él había conocido. Jelwyn se apresuró a seguir su sugerencia.&lt;br /&gt; -Es demasiado bueno para ser real -murmuró, aunque los brazos de ella alrededor de su cintura y su cabeza apoyada en su hombro eran muy reales.&lt;br /&gt; -¿Por qué siempre tienes que ponerle inconvenientes a todo? ¿Es que no sabes cuánto tiempo he esperado este momento? -El súbito erizarse de los pelillos de su nuca indicó a Jelwyn que algo comenzaba a ir muy mal. Sí, aquella era la voz de Jaysa, pero no era del todo su forma de hablar. Sus ojos, pero no su mirada. Y en aquel beso había sentido una desesperación que la Jaysa viva nunca había mostrado. Pero aún así, habría podido pensar que todos estos eran los efectos de la muerte. Ella habría conseguido engañarle si no se hubiera equivocado de nombre después de volver a besarle. Porque no le había confundido con la misma persona con la que Jaysa le hubiera confundido.&lt;br /&gt; Ella le había llamado Gartwyn.&lt;br /&gt; Un rayo cayendo justo en su coronilla no habría producido en Jelwyn el mismo efecto que oír aquel nombre. Se separó poco a poco de quien ya sabía que no era Jaysa, que nunca lo había sido, recordando una frase de la «Canción de Wirda»: &lt;span style="font-style: italic;"&gt;la confundí con otra persona.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; Ahora sabía cómo había podido ocurrir.&lt;br /&gt; -¿Abuela? -murmuró horrorizado.&lt;br /&gt; Ya era definitivo. O el Plan había fracasado o había salido demasiado bien. En ambos casos, era un completo desastre. Y la culpa era suya por haber hecho caso de las brillantes ideas de Farfel.&lt;br /&gt; Y Ella, la mujer cuyo nombre acababa de descubrir que&lt;span style="font-style: italic;"&gt; no&lt;/span&gt; era Adiel, le estaba mirando con una sonrisa tan maligna que por un momento le dieron ganas de cavar un hoyo en el suelo y no parar hasta el centro de la tierra o más lejos aún.&lt;br /&gt; -Nunca se me ha dado bien recordar nombres -se quejó.&lt;br /&gt; Pero las cosas aún podían ir peor. Una voz familiar, la voz de alguien en cuya presencia al menos Jelwyn no había reparado, dijo alto y claro:&lt;br /&gt; -Traidor.&lt;br /&gt; Heryn había desenvainado la espada y avanzaba hacia él con muy malas intenciones.&lt;br /&gt;  Desde el incidente de la "pelea amistosa", Jelwyn siempre llevaba su espada consigo. La desenvainó justo a tiempo de detener el ataque mortal de su padre. Mientras una parte de su mente se daba cuenta de que era inútil intentar razonar con él, había otra que se preguntaba qué habría creído que estaba viendo para estar tan furioso, una tercera se ocupaba de manejar la espada de la forma idónea para no terminar ensartado y aún sobraba una cuarta que estaba comenzando a darse cuenta de que se acercaba una tormenta.&lt;br /&gt; Y una quinta que le indicó que... &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Adiel &lt;/span&gt;había desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; *****&lt;br /&gt;&lt;/div&gt; Por fin, el Círculo de Piedras. El Hechizo que mantenía el Valle a salvo de invasiones, el motivo de que aquellos malditos rebeldes aún no hubieran sido aplastados como se merecían. Ahora estaba segura de que las palabras de Estrella Negra eran ciertas: Ardieor estaba podrido por dentro, solo necesitaba un empujón para caer como un árbol muerto. Bastaba con romper el Hechizo y sus tropas entrarían triunfales en el Valle y capturarían a aquellos rebeldes, y luego ella se encargaría de hacer del resto de sus vidas una muerte lenta, dolorosa y humillante.&lt;br /&gt; Les había dado una oportunidad. Habría bastado con que aquel testarudo de Jelwyn hubiera caído en sus brazos la primera vez que lo intentó y ella les habría dejado en paz unos cuantos años más, por lo menos hasta que su nueva hija hubiera encontrado la maldita espada. Pero, ¿quién hubiera podido imaginarse que un hombre pudiera resistirse a ella?&lt;br /&gt; Sí, aquella era una noche especial, cualquiera podía notarlo. La luna estaba a punto de salir, y tal como había dejado las cosas al borde del Lago, la ocasión iba a celebrarse con sangre.&lt;br /&gt; Zetra levantó los brazos y sintió fluir el poder.&lt;br /&gt; -Layda.&lt;br /&gt; La niña, que había estado esperando con una paciencia poco propia de su edad, se levantó como una marioneta y se acercó a ella.&lt;br /&gt; -¿Aún quieres venir conmigo?&lt;br /&gt; Había sido tan fácil, sembrar la duda y la necesidad de saber la verdad en la mente de una niña, convencerla de que le mostrara el camino al Círculo... Y tenerla en su poder por si acaso fracasaba su plan de conseguir una hija natural. Bien educada, Layda podía servir a sus planes aún mejor que Alwaid, aunque Alwaid había sido tan incompetente que esto no era muy difícil.&lt;br /&gt; -Siempre.&lt;br /&gt; -Entonces dame la mano.&lt;br /&gt; La tormenta comenzó a formarse sobre sus cabezas. Las nubes cargaban unas contra otras como caballeros enfurecidos. La electricidad del aire erizaba sus cabellos y les pegaba las ropas al cuerpo.&lt;br /&gt; Zetra comenzó a recitar el contrahechizo. La voz que salía de su boca era y al mismo tiempo no era la suya, y entonaba, en un idioma duro y seco, tan antiguo que ya era viejo cuando el mundo era joven y las montañas acababan de nacer, palabras que hacían que el tejido mismo del universo gritase y tratase de subirse a una silla. Las piedras del Círculo se resistían, pero ella era siguió forzándolas hasta que notó que se estaban doblegando.&lt;br /&gt; Y entonces algo saltó sobre ella. Sintió que Layda soltaba su mano y el flujo de poder se interrumpió cuando su cara se golpeó contra un tronco.&lt;br /&gt; -¡Vete de aquí, Layda!&lt;br /&gt; Era la brujita, la que tenía nombre de pájaro.&lt;br /&gt; Zetra se revolvió, furiosa. Golpeó con ambos codos al mismo tiempo y oyó con satisfacción el grito de dolor de Garalay. Oyó cómo el chico galendo gritaba el verdadero nombre de la brujita y corría hacia ellas. Con un gesto, lo arrojó contra una de las piedras y levantó la mano para rematarlo. Por lo menos aquella parte del plan no se quedaría sin realizar.&lt;br /&gt; -Adiós, héroe de los Pantanos.&lt;br /&gt; Y una bola luminosa comenzó a formarse entre sus dedos. Riéndose aún, la lanzó contra el aún aturdido Níkelon.&lt;br /&gt; Garalay se interpuso de un salto en la trayectoria de la bola luminosa, levantó ambas manos y la golpeó en el aire. Zetra se agachó y la bola pasó sobre su cabeza, se estrelló contra un olmo joven y lo partió por la mitad.&lt;br /&gt; -¡Vete, Nikwyn! ¡Y llévate a Layda!&lt;br /&gt; -No sabes a quién te estás enfrentando, niña.&lt;br /&gt; Garalay tenía la cara sudorosa por el esfuerzo, los dientes apretados y un gesto de dolor, pero aún así pudo soltar una carcajada.&lt;br /&gt; -Claro que lo sé... Abuela. Hace tiempo que me he dado cuenta de quién eres. Debes estar desesperada para haberte rebajado a hacer algo tú misma.&lt;br /&gt; -Cuando quieres que algo se haga bien...&lt;br /&gt; -¡Está saliendo la luna! -gritó Layda.&lt;br /&gt; -¡Nikwyn, te he dicho que te la llevaras de aquí!&lt;br /&gt; -Él no puede moverse, Lym, y ella está de mi parte. Estás sola, y yo soy la más fuerte.&lt;br /&gt; Garalay cerró los ojos y murmuró una palabra. Zetra fue arrastrada hacia atrás como una hoja seca por viento de levante. Garalay se volvió para gritar:&lt;br /&gt; -¡Ahora, Nikwyn!&lt;br /&gt; Había sido una distracción fatal. Mientras Garalay daba la orden, un segundo hechizo brotó de las manos de Zetra, envolvió a Garalay en una oscura neblina, la levantó del suelo, la golpeó varias veces contra el tronco de un roble y la dejó caer, inconsciente, con un hilillo de sangre manando de su boca.&lt;br /&gt; Níkelon, olvidándose de Layda y de su propia seguridad, corrió hacia ella.&lt;br /&gt; -¡Tierno como un bizcocho! -se burló Zetra.&lt;br /&gt; Níkelon se volvió, furioso. Acababa de comprobar que Garalay seguía viva, pero aquello no había mejorado su humor.&lt;br /&gt; -¡Tú, bruja...!&lt;br /&gt; Corrió hacia ella con la espada desenvainada, pero chocó a medio camino con una pared invisible, y tuvo que retroceder frotándose la nariz magullada.&lt;br /&gt; -¿Qué vas a hacer, matarme? No tienes ni idea, chico. Ninguno de vosotros la tenéis. Yo destruí Lossián, yo vencí a vuestra estúpida reina Vidriera, y yo, con esta mano, he vencido vuestro tonto hechizo. ¡Ven conmigo, hija mía, el poder eterno nos espera!&lt;br /&gt; Layda corrió hacia Zetra y tomó su mano.&lt;br /&gt; La piedra del centro del círculo se rompió en miles de pequeños guijarros que al impactar con las demás las destruyeron a su vez. Níkelon saltó sobre Garalay para protegerla, y se cubrió la cabeza con las manos mientras sentía cómo algunos restos de las grandes piedras golpeaban su cuerpo.&lt;br /&gt; Antes de desvanecerse, oyó cómo Jelwyn gritaba el nombre de su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Las cosas se están poniendo mal, ¿eh? (risa cruel y fundido en negro). Espero que los fans me perdonen el cachondeo a costa de Lovecraft, pero es que la frase es taaaan bonita. hasta la semana que viene.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/14021914-114103937808091470?l=wirda.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wirda.blogspot.com/feeds/114103937808091470/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=14021914&amp;postID=114103937808091470&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114103937808091470'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/14021914/posts/default/114103937808091470'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wirda.blogspot.com/2006/02/resumen-del-captulo-13-y-captulo-14.html' title='Resumen del capítulo 13, y Capítulo 14'/><author><name>M.U.C.</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16117703730209413900</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-14021914.post-114044153584508596</id><published>2006-02-20T14:13:00.000+01:00</published><updated>2006-02-20T14:18:55.866+01:00</updated><title type='text'>Resumen del capítulo 12, y Capítulo 13</title><content type='html'>&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Capítulo anterior: Níkelon ha sobrevivido a un atentado, y Jelwyn está a punto de meterse en un gran problema.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;CAPÍTULO 13&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tal vez este mundo no sea lo bastante grande para los dos (Jalen y Hindy)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt; ¿Cómo había ocurrido aquello?, se preguntó Jelwyn mientras detenía una peligrosa estocada que iba directa a su costado y sentía una gota de sudor resbalando por delante de su oreja derecha para colarse por su cuello y perderse por allí. Había comenzado casi como una broma, su padre tenía ganas de alardear un poco delante de la chica y él le había seguido el juego más que nada para no discutir. Pero de repente, la cosa había comenzado a ir en serio. Y Jelwyn estaba luchando por su vida, o por lo menos por su integridad física, con una espada de madera y contra el único hombre de Ardieor que sabía manejarla mejor que él.&lt;br /&gt; Por un momento, pareció que había conseguido una cierta ventaja. Las espadas se habían trabado y el pie de su padre buscaba el punto débil en la espinilla que le haría perder el equilibrio. Sus caras estaban tan cerca que cada uno podía ver cómo brotaba el sudor de los pequeños poros en el nacimiento del pelo del otro. Jelwyn dominó el miedo que le producía aquella mirada enloquecida, esquivó el pie traidor y se las arregló para golpear con el suyo. Heryn, rugiendo de cólera, cayó al suelo. Pero incluso antes de llegar allí, se las arregló para golpear con la espada plana detrás de la rodilla derecha de Jelwyn. El golpe le pilló por sorpresa y le hizo caer de rodillas, con la espada en una peligrosa posición vertical. Jelwyn tuvo que soltarla para evitar sacarse un ojo.&lt;br /&gt; Jadeando, se incorporó sobre sus rodillas y recuperó la espada. Y entonces vio que algo metálico brillaba en la mano izquierda de Heryn.&lt;br /&gt; Un puñal. No la típica daga de lanzador, sino un puñal corto y afilado, de los que se empleaban para apuñalar en el estómago cuando las espadas se trababan durante más tiempo del aconsejable. Y él sólo tenía una espada de madera. Tratándose de un simple día de práctica, ni siquiera se había puesto cota de malla.&lt;br /&gt; -¿Te has vuelto loco, mi Señor?&lt;br /&gt; Heryn se limitó a sonreír. Le estaba mirando, pero Jelwyn tuvo la sensación de que no le veía a él. De reojo, pudo ver cómo Adiel sonreía satisfecha, como un gato harto de leche, y, aunque Jelwyn carecía de lo que en tono de burla solía llamar «los poderes de Dag», algo en él sint
